Hemos de modificar radicalmente nuestra cultura, nuestras formas de habitar y de consumir en este planeta para hacerlo de una forma más justa y sostenible. Tendríamos que construir comunidades resilientes, que se opusiesen a la supremacía blanca, a la colonialidad, a la norma patriarcal, a la xenofobia, ecologistas, en las que LGTBQIA+ y quienes tenemos diferentes capacidades nos sintiésemos a gusto, que fuesen autosuficientes, redujesen sus emisiones de gases de efecto invernadero y resistiesen frente a los daños provocados por el caos climático. En ellas deberíamos poner la vida en el centro y cuidarnos unxs a otrxs. Tareas de las que se encargaron tradicionalmente las mujeres, como son las de cuidados, deberían ser asumidas por toda la comunidad.
Para que todo ello funcionase hay que aprender a disfrutar de la vida con menos objetos y menos dinero. Una solución sería seguir el ejemplo de quechuas con la Sumaq Kawsay y de aymaras con la SumaKamaña, dos formas de hacerlo que priman el buen vivir y el bienestar comunitario frente al consumir.
El notable aporte cultural ancestral indígena del Sumak Kawsay o Buen Vivir (Vivir Bien en Bolivia), de acuerdo con muchos autores que ponen por escrito la antigua tradición oral de diversos pueblos de Nuestra América, tiene cinco principios: Sin conocimiento o sabiduría no hay vida (Tucu Yachay), Todos venimos de la madre tierra (Pacha Mama), La vida es sana (Hambi Kawsay), La vida es colectiva (Sumak Kamaña) y Todos tenemos un ideal o sueño (Hatun Muskuy).
Estos se sustentan en tres principios de la filosofía andina: Reciprocidad como solidaridad entre los seres humanos (el “prestamanos” individual y familiar al construir una vivienda o la “minga” como acción colectiva de interés comunitario), incluyendo los mandamientos de no ser ladrón, ni mentiroso, ni flojo.1
Los gobernantes europeos y norteamericanos siempre han hostigado a indígenas de Abya Yala, África, Asia, Oceanía, al pueblo Inuit y a otros alrededor del Polo Norte para imponer su propio modelo: un sistema que daña la naturaleza. Ahora necesitamos de los saberes ancestrales de estos pueblos para aprender a vivir dentro de los márgenes planetarios.
Sería conveniente darle más importancia a comunidades indígenas, sociedades de convivencia comunales, ecoaldeas… en fin, a nuevas relaciones sociales que no estén lastradas por los prejuicios clásicos.
La vida suele estar más amenazada en aquellos lugares en los que viven más personas pobres. Es muy obvio que no somos tratadxs como iguales alrededor del globo terráqueo, ni tenemos las mismas oportunidades. También lo es que si la industria ha de ocasionar «accidentalmente» desastres medioambientales y humanos, las élites empresariales prefieren que estos ocurran en Estados empobrecidos y apartados del foco mediático como en el caso de Bophal (India)2.
La Congregación del Infinito ha de actuar en los desastres ecológicos y proteger la vida en general, tanto la de lxs diversxs seres no humanxs que habitan nuestro planeta, como la de quienes sí lo somos. Una herramienta muy útil para este último fin son los Derechos Humanos, por ejemplo los recogidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU, aunque también están descritos en otros sitios. Escoger esa organización, aunque es criticada desde las derechas y las izquierdas, manifiesta la voluntad de partir de unos mínimos consensos. Intentará salvaguardar unos derechos que, a raíz de las revoluciones de los siglos XVII, XVIII, XIX y principios del XX, ya fueron proclamados y se comenzaron a considerar para los varones cisheterosexuales de la etnia dominante (casi siempre blanca), pero que para el resto de sujetxs solo empezaron a ser respetados en ciertos territorios durante la segunda mitad del siglo pasado y todavía hoy no se admiten en muchas partes del mundo.
Poner la vida en el centro igualmente significaría proteger el medio ambiente y la existencia de animales, plantas y de otrxs seres vivxs. Habría que conseguir que la ONU publicase una Declaración de Derechos de lxs Seres Vivxs que complemente a la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Las representaciones clásicas de las religiones teístas y erigidas sobre la subyugación de las mujeres suponen un rechazo de esta vida que conocemos, en favor de otra supuesta vida después de la muerte. Nietzsche, en su Ecce Homo escribe:
Todo lo que hasta ahora se llamó «verdad» ha sido reconocido como la forma más nociva, más pérfida, más subterránea de la mentira; el sagrado pretexto de «mejorar» a la humanidad, reconocido como el ardid para chupar la sangre a la vida misma, para volverla anémica. Moral como vampirismo. Quien descubre la moral ha descubierto también el no-valor de todos los valores en que se cree o se ha creído; no ve ya algo venerable en los tipos de hombre más venerados e incluso proclamados santos, ve en ellos la más fatal especie de engendros, fatales porque han fascinado¡El concepto «Dios», inventado como concepto antitético de la vida en ese concepto, concentrado en horrorosa unidad todo lo nocivo, envenenador, difamador, la entera hostilidad a muerte contra la vida! ¡El concepto «más allá», «mundo verdadero», inventado para desvalorizar el único mundo que existe, para no dejar a nuestra realidad terrenal ninguna meta, ninguna razón, ninguna tarea! ¡El concepto «alma», «espíritu», y por fin incluso «alma inmortal», inventado para despreciar el cuerpo, para hacerlo enfermar –hacerlo «santo»–, para contraponer una ligereza horripilante a todas las cosas que merecen seriedad en la vida, a las cuestiones de alimentación, vivienda, dieta espiritual, tratamiento de los enfermos, limpieza, clima!3
Sin embargo, otro tipo de moral que parta de la igualdad de derechos y de la no discriminación entre las criaturas humanas, del hecho de tomar distancia del antropocentrismo acercándose al antiespecismo o de intentar que se extiendan la democracia participativa, la justicia social y los valores ecológicos es muy positiva. Se puede añadir que es muy lícito intentar mejorar a la humanidad, aunque prescindiendo ya de los manidos y anticuados conceptos denunciados por el filósofo alemán.
Todos esos de cambios solo se deben plantear a través de medios pacíficos. La Congregación del Infinito no puede creer más que en la paz, al contrario que las grandes y viejas religiones místicas y de las revelaciones, que validan la noción de guerra santa, una noción anterior a la aparición del cristianismo y el islam. Como dice Michel Onfray en su Tratado de ateología: “A los palestinos [Dios]les prometió la destrucción total, la guerra santa según la expresión aterradora hipermoderna del libro de Josué (6:21)”4. Las guerras de religión —a menudo entre distintas sectas dentro de una misma creencia—, que han causado numerosas víctimas a lo largo de la historia, se hacen realmente por motivos económicos. Incluso si con esta nueva estructura provocásemos la ira de amplios sectores de la sociedad, no deberíamos participar en guerras, que, por otra parte, nunca podrán ser ni santas ni justas.
Habría que darle a la paz una oportunidad, como pedían en 1969 Yoko Ono (1933) y John Lennon (1940-1980) en su “encamada por la paz” y que de hecho grabaron en una canción en la habitación de su hotel. Es mejor intentar resolver los conflictos con resistencia pasiva, desobediencia civil y con acciones no violentas.
Las organizaciones feministas se han centrado siempre en poner la vida el centro, tarea muy difícil cuando hay que enfrentarse a los múltiples daños que causan los conflictos bélicos. Entiendo el feminismo como un movimiento esencialmente pacifista.
Es fácil que ante la Gran Escasez que sufriremos los próximos años se disparen en los Estados las actitudes beligerantes. La guerra y la destrucción es el destino que seguro nos espera si nuestros dirigentes siguen poniendo en práctica la máxima business as usual. Ya estamos viendo el daño que causan en las noticias las invasiones de Rusia a Ucrania, los ataques de Israel a distintos territorios y podemos encontrar multitud de guerras, como la de Yemen, la del Congo, la de Sudán o varios conflictos en África, Asia, Abya Yala y Oceanía que aparecen poco en los medios de comunicación. No hay que olvidar que hay diferentes Estados que albergan potentes armas de destrucción masiva y que algunos de ellos podrían provocar el invierno nuclear y la desaparición de gran parte de la vida que hay en este planeta. ¿De verdad vamos a dejar que esos horribles líderes mundiales tiren sus bombas y acaben con nuestra posibilidad de vivir en él? No podemos permitirlo. Es indispensable reactivar un movimiento pacifista que se mostró muy fuerte en las décadas de los sesenta, setenta y ochenta del siglo pasado, antes de la caída del bloque formado por la Unión Soviética y sus países aliados. Hay que apoyar la Campaña Internacional para abolir las Armas Nucleares (ICAN) y tendríamos que conseguir que más Estados firmasen el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPNW).
1 Artículo aparecido en el periódico ecuatoriano El Telégrafo https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/columnistas/1/que-es-el-sumak-kawsayx
2 El accidente de Bhopal tuvo lugar en 1984 en esta localidad del estado de Madhya Pradesh en India, cuando un escape de gas venenoso utilizado en la fabricación de plaguicidas por la empresa Union Carbide causó la muerte de entre 7.000 y 25.000 personas (si se cuentan las que fueron muriendo con el tiempo por los efectos del envenenamiento de aquel día) causando 500.000 heridxs de diversa gravedad.
3 Nietzsche, Friedrich: Ecce Homo. Madrid: Tecnos, 2017
4 Onfray, Michel: Tratado de ateología. Física de la metafísica, Barcelona: Anagrama, 2006.
