La Congregación del Infinito ha de ser una alternativa de paz. No podemos perseguir a teístas. Qué cada cual crea lo que quiera. Y si le hace feliz pensar que hay un dios vigilando sus actos, no hay ningún inconveniente para que siga, dentro de su estructura religiosa, con sus prácticas y creencias de siempre. 3c
Los colonizadores europeos han pasado siglos evangelizando su inseparable religión cristiana a quienes habitaban las zonas colonizadas, sobre todo en los sitios donde se practicaba cualquier suerte de culto relacionado con la naturaleza. No tanto en los que dominaba una religión monoteísta y que debía ser respetada, como la musulmana. En unas áreas evangelizadas principalmente a través de las lenguas europeas, no solo hicieron proselitismo de sus creencias cristianas, también impusieron su concepción binarista del género.
Oyèrónké Oyewùmí (1957) en su libro La invención de las mujeres nos explica como la sociedad yorùbá, pueblo del oeste de África que, además de en Nigeria, Benín, Ghana y Togo, está presente en otros países debido a la trata de personas esclavizadas, no se regía por criterios de género sino de antigüedad, ancianidad o senioridad y que fueron los misioneros los que impusieron su clasificación por géneros. Escribe:
Para 1861, la biblia había sido traducida al Yorùbá, y la nueva élite cristiana se concentraba en la codificación de las costumbres, las tradiciones y la religión de la gente. Sin embargo, con frecuencia su visión estuvo seriamente coloreada por el cristianismo. Esto es particularmente notorio en relación al sexo. Tendían frecuentemente al sesgo androcéntrico en el lenguaje y la interpretación de las tradiciones Yorùbá. En las manos de seglares, teólogos y líderes cristianos de las iglesias Yorùbá, los pilares de la religión Yorùbá fueron masculinizándose. Olódùmarè1 comenzó a verse como “nuestro padre celestial”; si se les reconocía, las òrìṣà hembra se visualizaban nebulosamente con menos poder que los òrìṣà macho; y “nuestras ancestras y nuestros ancestros” se convirtieron en nuestros antepasados.2
A lo largo de los siglos XIX (en la mayoría de Abya Yala) y XX, los grandes imperios coloniales fueron desarticulados y la mayor parte de las tierras ocupadas consiguieron liberarse y constituirse en Estados independientes, aun cuando hoy quedan colonias con cierto grado de autonomía. En todas, entre otras muchas cosas, quedó el efecto que causaron los misioneros.
Quienes habitábamos en el entonces Reino de España —un Estado plurinacional que, hoy todavía, sigue siendo un reino, a pesar del anacronismo y la profunda injusticia que caracterizan a la institución monárquica—, fuimos muy insistentes con la evangelización asociada indisolublemente a la cruel colonización. Entiendo que predicar —acabando con multitud de prácticas culturales locales— y extender alrededor del globo una religión surgida en el extremo occidente asiático, que consiguió, aproximadamente a los trescientos años de su llegada a Roma, ser la oficial del Imperio Romano, fue una actividad muy perniciosa para las culturas colonizadas.
Quizá sea esa la razón por la que intento divulgar una alternativa como esta, porque me siento culpable del daño que causaron algunos de mis antepasados. Los procesos de colonización son un fenómeno histórico por el que, los Estados del injustamente llamado “viejo continente” que fueron colonizadores deberían pedir perdón a cada país del que fueron metrópoli. Son la causa de que encontremos una situación de colonialidad desde que terminaron los procesos de descolonización administrativa, situación en la que además, las empresas de las antiguas metrópolis siguen obteniendo beneficios de los territorios que eran colonias en un proceso de neocolonización.
En gran parte de las zonas que fueron colonizadas por países de Europa, el cristianismo en sus diferentes versiones determina la vida de una mayoría aplastante de habitantes3. Allí, en mi opinión, no van a tener nunca éxito los modelos de laicismo e irreligiosidad que se han seguido en este continente en el que escribo. Se necesitan estructuras diferentes. La organización propuesta en estas páginas puede ser una solución. Con ella lograríamos llegar a estratos de la sociedad que no acudirán jamás a centros comunitarios o sociales, que nunca formarán parte de sindicatos, asambleas permanentes, partidos políticos, asociaciones, grupos de consumo…
Las religiones son fenómenos de masas y, pese a que es cierto que están perdiendo fieles en determinados lugares, tomando una perspectiva planetaria están muy lejos de desaparecer. Hay una característica que logra que se mantengan, y es que tienen una dimensión social que actualmente no aporta la forma hegemónica de laicismo. En repetidas ocasiones, han conseguido mejorar la cohesión de amplios sectores de la población, entre ellos el de la gente más conservadora. En los templos se hicieron arengas, se dieron discursos, se encontraron aquellos que deseaban planear sus acciones destructivas y se concretó fecha y hora para ejecutar esos planes.
En casi todos los Estados, la mayoría sigue una de las grandes y viejas religiones (si bien en ocasiones no la practica), circunstancia que en algunos como Japón, China y las dos coreas no sucede, convirtiéndose en unas excepciones que afectan a bastante más de mil millones de criaturas humanas. En el continente americano la mayoría se declara cristiana, es decir, fiel a una creencia que se extendió desde hace casi dos mil años y que impusieron los colonizadores. Hay quienes expresan sus dudas sobre Dios y Jesús. Además hay agnósticxs y atexs, pero encontramos un porcentaje más pequeño de la ciudadanía que se define como tal, si lo comparamos con el número que lo hace en Europa. En Abya Yala, los europeos y sus descendientes se esforzaron con una gran intensidad en imponer su religión y consiguieron crear importantes redes de control social a través del cristianismo. Procedieron a ello a partir de la doctrina vaticana del descubrimiento, según nos cuenta Roxanne Dunbar-Ortiz en La historia indígena de Estados Unidos:
Desde mediados del siglo XV a mediados del XX, la mayor parte del mundo no europeo fue colonizado según la doctrina del descubrimiento, uno de los primeros principios de derecho internacional que promulgaron las monarquías europeas cristianas para legitimar la investigación, la elaboración de mapas y reclamación de tierras de otros pueblos fuera de Europa. La doctrina surgió de una bula papal emitida en 1455, que le permitía a la monarquía portuguesa apropiarse del África occidental. Después del infame viaje exploratorio de Colón en 1492, auspiciado por el rey y la reina del incipiente Estado español, otra bula papal extendió el mismo permiso a España. Las disputas entre las monarquía portuguesa y española condujeron al Tratado de Tordesillas (1494), a instancias del papa, que además de dividir el globo entre los dos imperios ibéricos, aclaraba que solamente las tierras no cristianas eran afectadas por la doctrina del descubrimiento.4
En Francia, Inglaterra o los Países Bajos no aceptaron estas bulas papales, aunque actuaron siguiendo su espíritu de legitimación del saqueo a través de la evangelización. Actualmente, en el sur del nuevo continente al que llegaron los marineros europeos, asistimos a una pugna entre dos formas de entender el cristianismo. Por un lado está la versión católica, propia de España y Portugal, en la que fueron evangelizadas las poblaciones originales, y por otro lado están las versiones reformadas. EE. UU. las ha fomentado porque las percibe más cercanas a sus valores que la tradicional iglesia católica, que con la Teología de la Liberación se mostró demasiado permeable a los movimientos izquierdistas. Frente a esta pugna entre esas variantes del cristianismo se podría plantear la Congregación del Infinito como alternativa ecologista, antidiscriminatoria, que luche contra la supremacía blanca, el orden patriarcal y la xenofobia, que incluso podría llegar a mostrarse anti/decolonial, formando grupos en el Sur global independientemente de si este movimiento es más, o menos seguido en las zonas privilegiadas del planeta.
Los sacerdotes católicos, pastores y aquellos que se definen como cristianos hablan con frecuencia de “ideología de género”, pero deberían hacerlo más bien de la ideología machista, un modo de entender el mundo transmitido y perpetuado por las antiguas religiones con sus desfasados marcos conceptuales, muy extendido, pero que anida especialmente en las mentes de los maltratadores, violadores y asesinos de mujeres. El régimen patriarcal es la fuente de la violencia machista y es, sin cesar, reforzado por estas estructuras.
Reunirte para que (usualmente) un hombre, con una supuesta sabiduría, te cuente unas historias heteronormativas y en las que, las mujeres son mostradas meros apéndices de los hombres (en cuyo caso son buenas) o fuentes de todo mal (si por el contrario, son independientes), no parece una actividad demasiado constructiva. Las religiones milenarias han potenciado visiones misóginas en las que las mujeres solo son instrumentos de los hombres. Va siendo hora de aglutinar a quienes tenemos otras y queremos construir unas sociedades más igualitarias, que no sean tan patriarcales. Siempre han fomentado valores como la misoginia y el rechazo hacia lxs diferentes, valores que eran sostenidos hace mil o dos mil años, pero que hoy ya no son aceptables. Algo que es tan antiguo no puede regir nuestras vidas hoy día. Como escribía Bakunin en Federalismo, socialismo y antiteologismo con sus conceptos y su lenguaje del siglo XIX:
Nada es, en efecto, tan universal ni tan antiguo como el absurdo, y, al contrario, es la verdad la que es relativamente mucho más joven pues ha sido siempre el resultado, el producto, nunca el comienzo, de la historia; porque el hombre, por su origen, primo, si no descendiente directo del gorila, ha partido de la noche profunda del instinto animal para llegar a la luz del espíritu, lo que explica muy naturalmente todas sus divagaciones pasadas y nos consuela en parte de sus errores presentes.5
1 Olódùmaré es el nombre dado al ser supremo, omnipotente y creador de todo lo que existe.
2 Oyewùmí, Oyèrónké: La invención de las mujeres. Barcelona: Virus Editorial i Distribuidora, 2023.
3 Es mayoritario, pero tiene menos peso que en otras territorios donde actuaron los misioneros, en Australia y Nueva Zelanda, antiguas colonias de poblamiento, en las que se instalaron una gran cantidad de habitantes de la metrópoli, para lo cual, la población autóctona fue masacrada hasta que se convirtió en una minoría. Crimen que también fue cometido en la mayor parte de Norteamérica, en las tierras que se convertirían en EE.UU y Canadá, naciones más religiosas dada la importante raíz puritana de sus colonos.
4 Dunbar-Ortiz, Roxanne: La historia indígena de Estados Unidos. Madrid: Capitan Swing, 2018
5 Bakunin, Mijail: Federalismo, socialismo y antiteologismo. Madrid: Júcar, 1980.
