Además de la educación, otra de las funciones, que en diferentes sociedades tienen la mala costumbre de adjudicarse las grandes y milenarias religiones, es la de ocuparse de una de las ceremonias más importantes en la vida social: los ritos funerarios. En numerosas sociedades todavía son una minoría los casos en los que es dispuesto un funeral laico, mientras que no es infrecuente que se concierten funerales cristianos, a veces incluso, a pesar de que la persona muerta no fuese religiosa. Para evitar esta intromisión de la vieja religión teísta local, aquí en muchas ocasiones no se prepara otro acto ceremonial, aparte de la reunión familiar con el cuerpo presente en el velatorio. Sospecho que estas costumbres en Europa Occidental se circunscriben a zonas de mayoría católica. Por contra, en televisión podemos observar cómo, en países en los que tuvo más éxito la reforma cristiana, es común recurrir a una empresa funeraria, de las que son capaces de ofrecer un funeral religioso siguiendo diferentes ritos o uno laico. Pero claro, para esto hay que gastar un dinero que puede que no tengamos.
En los sitios en los que el cristianismo no es mayoritario, sino que lo son otras confesiones, son estas las que suelen determinar los ritos. Pero, ¿qué ocurre pues, con quienes no creemos en el alma ni en dioses? Ya sabemos que se suele disponer un velatorio laico con el cuerpo presente pero ¿y qué sucede (en todas estas tierras en las que se ocupan de ello las religiones místicas y de las revelaciones) cuando el cuerpo no está disponible o no se halla y quisiéramos hacer un homenaje? ¿O cuándo se quiere conmemorar un deceso que ocurrió hace ya tiempo? Se echa de menos una religión atea/agnóstica, como una opción más que pueda invocarse en esos duros momentos y que ofrezca un marco lógico que ayude a afrontar el fenómeno de la muerte.
Quienes defendemos las tesis feministas, antirracistas, antixenófobas, ecologistas o del colectivo LGTBQIA+ solemos ser más hostigadxs y agredidxs que el resto de la población, por individuos que suelen marchar en grupo y que se pueden catalogar como machistas, incels1, homófobos, tránsfobos, personas a favor del supremacismo blanco… Es frecuente el uso del término “feminazi” para señalar a mujeres feministas y acusan al llamado “lobby gay” de guiar a quienes abogan por los derechos del colectivo. Asimismo cuando se intenta mostrar en los productos culturales una mayor diversidad se ha hablado de “cultura woke2” e inclusión forzada. Este término caricaturizado está produciendo despersonalización (con los terroríficos efectos que la historia nos ha demostrado que esto tiene). Pronto no seremos personas sino wokes. De todas formas, quienes solemos salir de las normas sugeridas o impuestas por el sistema cisheteropatriarcal, estamos acostumbradxs a las etiquetas negativas. No nos ha de importar de qué nos puedan acusar ni cómo nos quieran insultar. Y además, ¿para cuándo un día del orgullo woke protagonizado por los ecologismos, los feminismos transinclusivos e interseccionales, las diversidades étnicas, de orientación sexual y de género?
La Congregación del Infinito ha de convertirse en una respuesta a todas esas agresiones y, puesto que se nos suele acusar a la gente queer de actuar como integrantes de una secta, quizás ha llegado la hora de construir algo semejante que nos logre articular. El objetivo es dotarse de una estructura que nos volvería más fuertes, podría conseguir que los que nos agreden se lo pensasen dos veces antes de emplear la violencia contra nosotrxs.
En varios territorios no es legal apostatar de las viejas creencias, de modo que frecuentemente nos veremos obligadxs a llevar nuestras actividades en secreto. Todavía hay demasiadas zonas donde no hay tolerancia religiosa. En algunas, ante tan cierta posibilidad de agresiones, tendremos que hacernos pasar por individualistas y, siguiendo el ejemplo histórico de aquellos momentos en los que lxs masonxs eran perseguidxs por ser liberales, celebrar reuniones de forma más o menos secreta y negar nuestra pertenencia a esta organización, pese a que formemos parte de ella. Seguramente a día de hoy, dada la vehemencia de lxs fieles de esas grandes religiones, sea más prudente que solo quienes vayan a participar en ellas sepan la hora y el lugar de esas asambleas. Ciertamente y a juzgar por lo extendida que está la extrema derecha por el planeta, es probable que nuestras asambleas fuesen atacadas por algún “lobo solitario” como el asesino de Utoya3 o por un grupo organizado. Lo más prudente sería hoy por hoy realizarlas en secreto. Quizás algún día podríamos salir a la luz. En cualquier caso, la amenaza de ultraderechistas o de adeptxs de las religiones teístas no puede convertirse en el motivo por el que no nos reunamos cada semana: ¿o es que ha ganado ya la reacción? El miedo a su violencia, a los ultras (financiados por gobiernos locales de derechas) o al que dirán no debe detenernos.
Asumamos que quienes formemos parte de una creencia nueva como la que aquí propongo deberemos reunirnos en secreto —de forma que solo conozcamos cuándo y dónde oficiaremos Encuentros Asamblearios quienes vayamos a participar— en aquellos sitios en los que no se respete la libertad de culto. De igual manera, tendremos que proceder donde esta sí se respete legalmente, pero estemos muy expuestxs a represalias por parte de la gente que practica religiones místicas y de las revelaciones. Represalias que se tomarán en algunas ocasiones directamente, en otras a través de ultraderechistas especializados en ejercer violencia, pero que es muy probable que se tomen.
La taqiyya, el kitman o la amonestanza (en la literatura hispanomusulmana)son costumbres que se fundamentan en el acto de negar y ocultar las propias creencias religiosas y siempre han sido muy comunes en diversas confesiones de Asia occidental para sobrevivir en ambientes hostiles. También fueron utilizadas por lxs moriscxs castellanxs o aragonesxs cuando en estos reinos cristianos se lxs obligaba a convertirse: se les hacía comer cerdo, beber alcohol o se imponía el bautizo a niñxs. Habrá que practicar la taqiyya en la mayoría de los países. A pesar de que en ciertos lugares se puede dar la imagen de que en la actualidad no habría ningún problema, debemos desconfiar, no hay que dejarse engañar por las apariencias. Ha habido siempre persecuciones por motivos religiosos. No constituye ningún deshonor renegar o abjurar de las propias creencias, sobre todo cuando nos exponemos a represalias. Viendo el panorama de amenazas por parte de derechistas y ultraderechistas será conveniente simular que formamos parte de alguna de las religiones tradicionales o que no tenemos ninguna adscripción religiosa.
En la Roma de Lucrecio4 (99 a.e.c.-55 a.e.c.) se gozaba de cierta tolerancia religiosa —aunque no se puede hablar de ateísmo ni agnosticismo5— y no existía el integrismo que se impondría después. Es un buen momento para esa república esclavista que muy pronto se convertiría en imperio y en general, la situación político-económica es mejor a la que habría durante el el largo ocaso de esa cultura. Los hombres que no estaban esclavizados y tenían sus necesidades cubiertas, podían permitirse el lujo de obviar la religión. Con el paso del tiempo aparecieron nuevos cultos en torno a deidades que no eran las tradicionales del panteón romano, pero que se fueron incorporando a ese mundo a la vez que el ejército romano guerreaba y conseguía controlar más territorios.
A mediados del siglo I llegó el cristianismo —ya el emperador Nerón (37-68) acusó a lxs cristianxs del incendio de Roma del año 64— y lo que en principio era una creencia más, a pesar de las grandes persecuciones que sufrió, se fue haciendo más fuerte, coincidiendo con que la situación político-económica se degradaba para Roma. Tras muchas décadas de persecuciones, el emperador Constantino (c.272-337) aumentó la consideración hacia la Iglesia cristiana y de quienes la seguían, convirtiéndose en la última etapa de su vida y llegando a bautizarse poco antes de su muerte. Tanto la elevó que, en el año 380, mediante el Edicto de Tesalónica que promulgó Teodosio (349-395), el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio. Con el paso de los años, la civilización romana cayó, antes en el Imperio de occidente y después en el de oriente, pero el cristianismo siguió prosperando, volviéndose la norma espiritual en la mayor parte del continente europeo. Lo que deberíamos aprender de la historia es que, hacer caso omiso a las religiones y practicar el ateísmo, agnosticismo o laicismo individualista, son actitudes que funcionan y son toleradas en tiempos de estabilidad económica. Sin embargo, en épocas de crisis civilizatoria, los regímenes apoyados en una religión son los más numerosos. Y probablemente estemos entrando en una situación de ese tipo, dado que son demasiadas las dificultades a las que actualmente nos tenemos que enfrentar. Así que nos conviene que exista una que proteja la diversidad —incluida la que aportamos la gente con discapacidad o neurodivergente—, que luche por la igualdad de derechos y venere los ecosistemas naturales.
Encuentro muy válida la construcción de formas laicas de crear comunidad, como centros sociales autogestionados —en espacios okupados o cedidos—, asambleas permanentes, grupos de consumo y, en general, cualquier colectivo que lo intente. Pero he llegado a la conclusión de que con una organización de carácter religioso, no dogmática, atea/agnóstica o no teísta, ecologista, aliada de disidentes sexuales y de género, que luche contra la supremacía blanca, las prácticas neocoloniales, el orden patriarcal y la xenofobia se puede llegar más lejos, incluso a quienes jamás pisarían un centro social autogestionado o nunca participarían en asambleas, partidos políticos, sindicatos, grupos de consumo… De hecho, podemos observar que son muchas las localidades en las cuales los centros comunitarios dependen de una iglesia, una mezquita o cualquier templo, circunstancia que nos da una idea de como este tipo de organizaciones son un acicate de la acción social.
El laicismo individualista hasta ahora prosperó intensamente en varias naciones enriquecidas. Es muy común entre el uno por ciento de los habitantes de la Tierra que acapara la riqueza y que más contamina con sus yates y sus jets privados. Pero, ¿qué pasará cuando se generalicen las vacas flacas? ¿Habrá laicismo en una fase de decadencia económica? ¿Y cómo será?
1 Incel es el acrónimo de célibe involuntario y un concepto que agrupa a hombres que piensan que nunca serán elegidos para tener relaciones románticas o sexuales con mujeres. Es un término en el que pocos se quieren reconocer porque remite a grupos hombres que se asumen como fracasados, considerados “quejicas” y neonazis. Incluso ha habido atentados terroristas protagonizados por individuos que se identificaban a sí mismos como tales. Forman parte de lo que se denomina manosfera.
https://es.wikipedia.org/wiki/Manosfera
2 Woke es el participio del verbo To wake (despertar) que hace referencia a una frase que se hizo popular en el antirracismo: Stay awake, y que se podría traducir como “permanece alerta” (ante la motivación racista de diferentes sucesos).
3 El 22 de julio de 2011 un ultraderechista, cuyo nombre no quiero mencionar, asesinó a ocho personas en Oslo mediante una furgoneta-bomba y después a otras 69 que se encontraban participando en un campamento juvenil del Partido Laborista en la Isla de Utoya (Noruega).
4 Poeta romano conocido por su obra de sentimientos ateos De rerum natura (De la naturaleza de las cosas).
5 En aquel tiempo se desarrollaba una conducta en la que se podía aceptar o dudar que existiesen una o varias deidades y no se rendía culto a ninguna. Entre ciertas personas era usual no creer que los rituales religiosos tuviesen un significado sobrenatural ni que las deidades escuchasen las oraciones.
