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Pero, verdaderamente, ¿era indispensable una organización de carácter religioso? 9/10

Además de la educación, otra de las funciones, que en diferentes sociedades tienen la mala costumbre de adjudicarse las grandes y milenarias religiones, es la de ocuparse de una de las ceremonias más importantes en la vida social: los ritos funerarios. En numerosas sociedades todavía son una minoría los casos en los que es dispuesto un funeral laico, mientras que no es infrecuente que se concierten funerales cristianos, a veces incluso, a pesar de que la persona muerta no fuese religiosa. Para evitar esta intromisión de la vieja religión teísta local, aquí en muchas ocasiones no se prepara otro acto ceremonial, aparte de la reunión familiar con el cuerpo presente en el velatorio. Sospecho que estas costumbres en Europa Occidental se circunscriben a zonas de mayoría católica. Por contra, en televisión podemos observar cómo, en países en los que tuvo más éxito la reforma cristiana, es común recurrir a una empresa funeraria, de las que son capaces de ofrecer un funeral religioso siguiendo diferentes ritos o uno laico. Pero claro, para esto hay que gastar un dinero que puede que no tengamos. 

En los sitios en los que el cristianismo no es mayoritario, sino que lo son otras confesiones, son estas las que suelen determinar los ritos. Pero, ¿qué ocurre pues, con quienes no creemos en el alma ni en dioses? Ya sabemos que se suele disponer un velatorio laico con el cuerpo presente pero ¿y qué sucede (en todas estas tierras en las que se ocupan de ello las religiones místicas y de las revelaciones) cuando el cuerpo no está disponible o no se halla y quisiéramos hacer un homenaje? ¿O cuándo se quiere conmemorar un deceso que ocurrió hace ya tiempo? Se echa de menos una religión atea/agnóstica, como una opción más que pueda invocarse en esos duros momentos y que ofrezca un marco lógico que ayude a afrontar el fenómeno de la muerte.

Quienes defendemos las tesis feministas, antirracistas, antixenófobas, ecologistas o del colectivo LGTBQIA+ solemos ser más hostigadxs y agredidxs que el resto de la población, por individuos que suelen marchar en grupo y que se pueden catalogar como machistas, incels1, homófobos, tránsfobos, personas a favor del supremacismo blanco… Es frecuente el uso del término “feminazi” para señalar a mujeres feministas y acusan al llamado “lobby gay” de guiar a quienes abogan por los derechos del colectivo. Asimismo cuando se intenta mostrar en los productos culturales una mayor diversidad se ha hablado de “cultura woke2 e inclusión forzada. Este término caricaturizado está produciendo despersonalización (con los terroríficos efectos que la historia nos ha demostrado que esto tiene). Pronto no seremos personas sino wokes. De todas formas, quienes solemos salir de las normas sugeridas o impuestas por el sistema cisheteropatriarcal, estamos acostumbradxs a las etiquetas negativas. No nos ha de importar de qué nos puedan acusar ni cómo nos quieran insultar. Y además, ¿para cuándo un día del orgullo woke protagonizado por los ecologismos, los feminismos transinclusivos e interseccionales, las diversidades étnicas, de orientación sexual y de género?

La Congregación del Infinito ha de convertirse en una respuesta a todas esas agresiones y, puesto que se nos suele acusar a la gente queer de actuar como integrantes de una secta, quizás ha llegado la hora de construir algo semejante que nos logre articular. El objetivo es dotarse de una estructura que nos volvería más fuertes, podría conseguir que los que nos agreden se lo pensasen dos veces antes de emplear la violencia contra nosotrxs.

En varios territorios no es legal apostatar de las viejas creencias, de modo que frecuentemente nos veremos obligadxs a llevar nuestras actividades en secreto. Todavía hay demasiadas zonas donde no hay tolerancia religiosa. En algunas, ante tan cierta posibilidad de agresiones, tendremos que hacernos pasar por individualistas y, siguiendo el ejemplo histórico de aquellos momentos en los que lxs masonxs eran perseguidxs por ser liberales, celebrar reuniones de forma más o menos secreta y negar nuestra pertenencia a esta organización, pese a que formemos parte de ella. Seguramente a día de hoy, dada la vehemencia de lxs fieles de esas grandes religiones, sea más prudente que solo quienes vayan a participar en ellas sepan la hora y el lugar de esas asambleas. Ciertamente y a juzgar por lo extendida que está la extrema derecha por el planeta, es probable que nuestras asambleas fuesen atacadas por algún “lobo solitario” como el asesino de Utoya3 o por un grupo organizado. Lo más prudente sería hoy por hoy realizarlas en secreto. Quizás algún día podríamos salir a la luz. En cualquier caso, la amenaza de ultraderechistas o de adeptxs de las religiones teístas no puede convertirse en el motivo por el que no nos reunamos cada semana: ¿o es que ha ganado ya la reacción? El miedo a su violencia, a los ultras (financiados por gobiernos locales de derechas) o al que dirán no debe detenernos.

Asumamos que quienes formemos parte de una creencia nueva como la que aquí propongo deberemos reunirnos en secreto —de forma que solo conozcamos cuándo y dónde oficiaremos Encuentros Asamblearios quienes vayamos a participar— en aquellos sitios en los que no se respete la libertad de culto. De igual manera, tendremos que proceder donde esta sí se respete legalmente, pero estemos muy expuestxs a represalias por parte de la gente que practica religiones místicas y de las revelaciones. Represalias que se tomarán en algunas ocasiones directamente, en otras a través de ultraderechistas especializados en ejercer violencia, pero que es muy probable que se tomen.

La taqiyya, el kitman o la amonestanza (en la literatura hispanomusulmana)son costumbres que se fundamentan en el acto de negar y ocultar las propias creencias religiosas y siempre han sido muy comunes en diversas confesiones de Asia occidental para sobrevivir en ambientes hostiles. También fueron utilizadas por lxs moriscxs castellanxs o aragonesxs cuando en estos reinos cristianos se lxs obligaba a convertirse: se les hacía comer cerdo, beber alcohol o se imponía el bautizo a niñxs. Habrá que practicar la taqiyya en la mayoría de los países. A pesar de que en ciertos lugares se puede dar la imagen de que en la actualidad no habría ningún problema, debemos desconfiar, no hay que dejarse engañar por las apariencias. Ha habido siempre persecuciones por motivos religiosos. No constituye ningún deshonor renegar o abjurar de las propias creencias, sobre todo cuando nos exponemos a represalias.  Viendo el panorama de amenazas por parte de derechistas y ultraderechistas será conveniente simular que formamos parte de alguna de las religiones tradicionales o que no tenemos ninguna adscripción religiosa.

En la Roma de Lucrecio4 (99 a.e.c.-55 a.e.c.) se gozaba de cierta tolerancia religiosa —aunque no se puede hablar de ateísmo ni agnosticismo5— y no existía el integrismo que se impondría después. Es un buen momento para esa república esclavista que muy pronto se convertiría en imperio y en general, la situación político-económica es mejor a la que habría durante el el largo ocaso de esa cultura. Los hombres que no estaban esclavizados y tenían sus necesidades cubiertas, podían permitirse el lujo de obviar la religión. Con el paso del tiempo aparecieron nuevos cultos en torno a deidades que no eran las tradicionales del panteón romano, pero que se fueron incorporando a ese mundo a la vez que  el ejército romano guerreaba y conseguía controlar más territorios.

A mediados del siglo I llegó el cristianismo —ya el emperador Nerón (37-68) acusó a lxs cristianxs del incendio de Roma del año 64— y lo que en principio era una creencia más, a pesar de las grandes persecuciones que sufrió, se fue haciendo más fuerte, coincidiendo con que la situación político-económica se degradaba para Roma. Tras muchas décadas de persecuciones, el emperador Constantino (c.272-337) aumentó la consideración hacia la Iglesia cristiana y de quienes la seguían, convirtiéndose en la última etapa de su vida y llegando a bautizarse poco antes de su muerte. Tanto la elevó que, en el año 380, mediante el Edicto de Tesalónica que promulgó Teodosio (349-395), el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio. Con el paso de los años, la civilización romana cayó, antes en el Imperio de occidente y después en el de oriente, pero el cristianismo siguió prosperando, volviéndose la norma espiritual en la mayor parte del continente europeo. Lo que deberíamos aprender de la historia es que, hacer caso omiso a las religiones y practicar el ateísmo, agnosticismo o laicismo individualista, son actitudes que funcionan y son toleradas en tiempos de estabilidad económica. Sin embargo, en épocas de crisis civilizatoria, los regímenes apoyados en una religión son los más numerosos. Y probablemente estemos entrando en una situación de ese tipo, dado que son demasiadas las dificultades a las que actualmente nos tenemos que enfrentar. Así que nos conviene que exista una que proteja la diversidad —incluida la que aportamos la gente con discapacidad o neurodivergente—, que luche por la igualdad de derechos y venere los ecosistemas naturales.

Encuentro muy válida la construcción de formas laicas de crear comunidad, como centros sociales autogestionados —en espacios okupados o cedidos—, asambleas permanentes, grupos de consumo y, en general, cualquier colectivo que lo intente. Pero he llegado a la conclusión de que con una organización de carácter religioso, no dogmática, atea/agnóstica o no teísta, ecologista, aliada de disidentes sexuales y de género, que luche contra la supremacía blanca, las prácticas neocoloniales, el orden patriarcal y la xenofobia se puede llegar más lejos, incluso a quienes jamás pisarían un centro social autogestionado o nunca participarían en asambleas, partidos políticos, sindicatos, grupos de consumo… De hecho, podemos observar que son muchas las localidades en las cuales los centros comunitarios dependen de una iglesia, una mezquita o cualquier templo, circunstancia que nos da una idea de como este tipo de organizaciones son un acicate de la acción social.

El laicismo individualista hasta ahora prosperó intensamente en varias naciones enriquecidas. Es muy común entre el uno por ciento de los habitantes de la Tierra que acapara la riqueza y que más contamina con sus yates y sus jets privados. Pero, ¿qué pasará cuando se generalicen las vacas flacas? ¿Habrá laicismo en una fase de decadencia económica? ¿Y cómo será?

Incel es el acrónimo de célibe involuntario y un concepto que agrupa a hombres que piensan que nunca serán elegidos para tener relaciones románticas o sexuales con mujeres. Es un término en el que pocos se quieren reconocer porque remite a grupos hombres que se asumen como fracasados, considerados “quejicas” y neonazis. Incluso ha habido atentados terroristas protagonizados por individuos que se identificaban a sí mismos como tales. Forman parte de lo que se denomina manosfera.

https://es.wikipedia.org/wiki/Manosfera

2 Woke es el participio del verbo To wake (despertar) que hace referencia a una frase que se hizo popular en el antirracismo: Stay awake, y que se podría traducir como “permanece alerta” (ante la motivación racista de diferentes sucesos).

3 El 22 de julio de 2011 un ultraderechista, cuyo nombre no quiero mencionar, asesinó a ocho personas en Oslo mediante una furgoneta-bomba y después a otras 69 que se encontraban participando en un campamento juvenil del Partido Laborista en la Isla de Utoya (Noruega).

4 Poeta romano conocido por su obra de sentimientos ateos De rerum natura (De la naturaleza de las cosas).

5 En aquel tiempo se desarrollaba una conducta en la que se podía aceptar o dudar que existiesen una o varias deidades y no se rendía culto a ninguna. Entre ciertas personas era usual no creer que los rituales religiosos tuviesen un significado sobrenatural ni que las deidades escuchasen las oraciones.

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Pero, verdaderamente, ¿era imprescindible una organización de carácter religioso? 8/10

En el Estado español uno de los racismos más habituales es el antigitanismo, lo encontramos por doquier. Es un tipo de discriminación que se aprendía en la infancia y después se enseñaba abundando en los estereotipos, infundiendo miedo, con chistes de gitanxs, etc. Se genera una dimensión simbólica del antigitanismo que “refuerza el distanciamiento cultural entre las personas gitanas y el resto de la sociedad y genera una desactivación de los mecanismos éticos fundamentales de identificación con el prójimo: la empatía, la compasión o la solidaridad.1

Otro de los racismos más habituales aquí es el antimoro, que resultó esencial en la construcción nacional. Como apunta Safia El Aaddam narrando un crimen muy conocido que se cometió en Granada a finales del siglo XV en España ¿racista?:

Una de las cosas que te puede sorprender es que nadie llama fanatismo ideológico a la quema de los libros escritos por imazighen2 y árabes que poblaron la península ibérica durante siglos. Aunque estas masacres existieron, no se explican en los libros de historia y, de hecho, no me sorprendería que ni siquiera hayas oído hablar de este hecho. 

Francisco Jiménez de Cisneros, más conocido como cardenal Cisneros, es una figura poderosa en la historia de España, a quien se suele destacar positivamente la mayoría de las veces. Su persona era tan poderosa y ejemplarque en la actualidad hay institutos y centros universitarios que llevan su nombre.  Insisto, institutos y universidades con el nombre de alguien que ha quemado miles de libros. El autor de esta masacre, Cisneros, lo que trataba de hacer —e hizo—, era imponer una única narrativa blanca y colonial. Asaltó la biblioteca de La Madraza nazarí de Granada, Al Madrasa, primera universidad pública de al-Ándalus, y ordenó quemar más de cuatro mil manuscritos en la plaza de Bib-Rambla (bab arrambla en árabe), una eliminación que también causó una pérdida incalculable de ciencia, literatura, filosofía, arte, medicina, poesía, historia y temática religiosa.3

Enseguida, cualquiera puede observar que la práctica de alguna de las patriarcales religiones místicas y de las revelaciones se encuentra profundamente enraizada en las costumbres de los pueblos y las personas definidas como racializadas o en las de quienes vienen de otros países y que, en numerosas ocasiones, articulan sus comunidades en torno a ellas. Incluso vemos que una parte importante de la gente considerada como no blanca utiliza una como seña de identidad. Una institución sustentada en la crítica de los teísmos corre el riesgo de caer en actitudes que podrían resultar racistas o xenófobas. Al plantear una alternativa atea/agnóstica —o como mínimo no teísta— hay que tener esto en cuenta, asumir que existe un racismo estructural en nuestras sociedades y que debemos luchar contra él. Hemos de interactuar desde posiciones antirracistas, trabajar para evidenciar la supremacía blanca/paya a la población que no la sufre y ofrecer resistencia a la xenofobia rampante.

Crecimos en un entorno que todavía hoy está marcado por el racismo y el machismo, si bien es cierto que hasta hace seis décadas, lo estaba en mucha mayor medida. Nos hemos aculturado en este medio así que, debemos advertirlo, cuando comencemos a desarrollar comportamientos machistas o racistas, para corregirlos. En cualquier sociedad habría que actuar de forma feminista y antirracista, pero en una como la nuestra debemos estar siempre sospechando.

No resulta positivo señalar que tal o cual cultura fomenta menos la igualdad de las mujeres o trata peor a LGTBQIA+. Esto refuerza las actitudes racistas. Y el propósito es construir algo para luchar contra el machismo y el racismo, no señalar a nada ni a nadie.

Hace siglos fue forjada una sociedad que nos invitaba a pensar a partir de prejuicios. Es urgente cambiarla. Una buena forma de hacerlo es intentar extender un paradigma en el que nos asumamos como producto de la naturaleza de la Tierra, en vez de creaciones a la imagen y semejanza de un ser imaginario que —de acuerdo— no tendrá género, pero ha sido casi siempre representado como un hombre viejo que además, en la mayoría de las ocasiones es blanco.4

En 2021 se estrenó una miniserie documental que se llama «Exterminad a todos los salvajes”, dirigida por Raoul Peck. Su título abunda en la concepción racista de lx no blancx como no del todo humanx. Relata muchas de las atrocidades que fueron cometidas por los hombres blancos a raíz del colonialismo, un hecho histórico que establece la normalización de la supremacía blanca y que ha sido clave para que esa  dañina presunción continue todavía hoy. Es inmensa la cantidad de sangre que fue derramada para llegar al momento actual y conquistar los derechos que tenemos ahora. No podemos perderlos. Durante las seis últimas décadas sujetxs diversxs, tradicionalmente subalternizadxs, como las mujeres, las personas racializadas y las LGTBQIA+ hemos logrado que en algunas partes de la Tierra se tuviesen en cuenta nuestras voces. Pero todavía estamos en riesgo de perder todos los avances que hemos conseguido. Por eso es apremiante que nos unamos y esta es una forma de hacerlo.

Una característica persistentemente negativa de las organizaciones de carácter religioso, una vez eliminadas sus veleidades dogmáticas y su cercanía al régimen machista y al conservadurismo, es que puedan convertirse en máquinas de exclusión. A nosotrxs no nos ha de importar si tú prefieres pensar que hay alguien acompañándote, vigilándote y juzgándote o si, por el contrario, estas convencidx de que no lo hace nadie; si formas parte de alguna religión teísta y patriarcal —en ese supuesto no estarás en nuestras asambleas, pero habrá otros foros en los que encontrarnos— o si huyes de cualquiera de ellas. En este último caso, sería inteligente que hubiese alguna comunidad que pudiese acogerte.

Es cierto que algunas agrupaciones formadas por los que gestionan las grandes y viejas religiones, ofrecen ayuda y servicios sociales. Sin embargo, lxs beneficiarixs de todo esto perciben —-igual que lo vemos quienes no lo somos— la desigualdad entre hombres y mujeres y la discriminación hacia LGTBQIA+ de las que hacen gala. Quizá, lo que están realizando en realidad es propaganda de sus valores a través de las “obras de caridad”, además de conseguir que las ONG que prestan estos servicios sean percibidas como imprescindibles y, al depender de instituciones que suelen formar parte de las religiones místicas y de las revelaciones5, asegurarse de que quienes representan a estas creencias sean mejor subvencionadxs en los presupuestos de los Estados. Mientras tanto, estas asociaciones supuestamente sin ánimo de lucro, frecuentemente actúan como muro de contención ante posibles reivindicaciones sociales.

Creo que una nueva confesión religiosa, ya que se beneficia fiscalmente por serlo, debe ofrecer servicios sociales a lxs que lo necesiten. La Congregación del Infinito estaría obligada a construir una ONG en forma de fundación sin ánimo de lucro que los pudiese prestar, de manera que acabase convirtiéndose en una alternativa a otras organizaciones asistenciales religiosas, como es el caso de Caritas, a la hora de ayudar a aquellxs que carecen de recursos o tienen muy pocos. Con esa entidad podríamos lograr que se constituyese otra de ellas, sin los sesgos morales que tiene una cristiana, pero igual de capaz de ayudar a quienes lo necesitan. También podría influir en la creación de estructuras en las que lxs ciudadanxs pudiesen ofrecer servicios de voluntariado, partiendo de otro prisma a través del cual mirar, menos antropocéntrico que los usuales en las confesiones clásicas —que en realidad son androcéntricos— y más consciente de los límites planetarios y de la naturaleza en su conjunto, señalando que esta no ha de estar a nuestro servicio.

Y ya cuando instituciones religiosas insisten en prestar servicios educativos se produce una situación perversa. Instruir enseñando, por ejemplo el cristianismo —con sus injustas visiones de las mujeres—, mientras intentas educar en igualdad es muy contradictorio. Lo que realmente sucede en las escuelas que se rigen siguiendo los principios de las grandes y viejas religiones que intentaron perpetuar la dominación de las mujeres (pero que ya no lo van a conseguir), adoctrinando en modelos anticuados y conservadores al alumnado (sí, los que adoctrinan son ellos), es un abuso institucionalizado de menores de edad. Únicamente un abuso moral, siempre y cuando en esas instituciones de enseñanza —casi siempre concertadas (o sea, subvencionadas por el Estado)— alguien no incurra además en abusos sexuales, delito que, según hemos comprobado en repetidas ocasiones por noticias en los medios de comunicación de masas, el clero católico comete sistemáticamente. Por no hablar de otro tipo de malos tratos físicos y/o psicológicos que a veces se infligen al alumnado.

Otros abusos asumidos de menores son los que se producen con la publicidad, al hacer que las criaturas deseen juguetes, experiencias en parques de diversiones o comida basura. También cuando la sociedad impone los valores de la cisheteronormatividad o cuando por diversos medios —en fiestas populares, en concursos de belleza infantiles y en diferentes situaciones que no voy a detallar aquí— se divulgan los del neoliberalismo, los de la supremacía blanca o el sexismo.

1 La última forma de racismo aceptada en Europa: el antigitanismo de Estado, de Ismael Cortés. Artículo en la sección de Derechos de Ciudadanía y Diversidad de la web del Ayuntamiento de Barcelona. 


2
Plural de amazigh, pueblo originario del norte de África —al que el árabe intentó asimilar— con idioma y escritura propias y al que pertenece la familia de Safia El Aaddam.

3 El Aaddam, Safia: España ¿racista?, Sant Llorenç d’Hortons (Barcelona): Penguin Random House Grupo Editorial, 2024.


4 No siempre, es imposible olvidar al actor Morgan Freeman en el film Bruce Almighty, dirigida por Tom Shadyac (2003) (Todopoderoso o Como Dios en lengua española) y su secuela. También hay que señalar que en los últimos años ha aparecido representado por una mujer.

5 Es destacable el conocido dato de que Caritas, que hace un trabajo muy importante y consigue ayudar mucho, es una confederación que depende de los obispados de la Iglesia Católica.

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Pero, verdaderamente, ¿era indispensable una organización de carácter religioso? 7/10

Una organización de carácter religioso que sea realmente emancipadora, debería promover valores más propios del siglo XXI, como la igualdad de derechos entre mujeres, hombres y personas de géneros no binarios, la buena disposición hacia disidentes sexuales y de género, la no discriminación, un reparto en las tareas domésticas y de cuidados más equitativo, el respeto al medio ambiente, el convencimiento de que la especie humana no tenía por qué dividirse en razas (aunque hace siglos que se procedió a ello, con propósitos de dominación) y de que las únicas cosmovisiones válidas no pueden ser las que proyectamos quienes somos percibidxs como blancxs y occidentales. A todo esto debe añadirse abandonar la valoración colonial de los países periféricos y la asunción de que el horizonte de los sistemas económicos no ha de ser el crecimiento, sino el bienestar de las personas 

Con la división de la humanidad en razas, los Estados europeos obtuvieron como mínimo dos ventajas: crearon el sentimiento en sus súbditxs de ser más humanxs que otrxs y consiguieron un pretexto para comerciar con personas.

En una sociedad racista como la nuestra, ser etiquetadx como blancx, es muy importante, a pesar de que para algunxs puede variar según el lugar en el que te encuentres —hecho que se ha observado en el caso del actor Antonio Banderas y tantxs artistas latinxs en EE.UU., consideradxs blancxs en sus países de origen pero no allá—, si bien para mucha gente de diferentes orígenes pasar por blanca no es una opción posible. Lxs que sí lo consiguen obtienen una serie de privilegios, mientras otrxs, que tienen la piel más oscura o simplemente son de otro grupo social (como en el caso de numerosxs gitanxs con un tono de piel más claro o de lxs judíxs), son percibidxs como racializadxs y se enfrentan a varios prejuicios y desventajas. Estas se hacen notar más cuanto más oscura tiene la piel alguien y se halla más lejos de la blanquitud.

Las ventajas son parte del privilegio blanco, que según Desirée Bela-Lobede en Ponte a punto para el antirracismo: “Es una hipótesis que plantea la existencia de un privilegio social que beneficia a las personas blancas, sobre todo en países mayoritariamente blancos, en comparación con lo que suelen experimentar las personas de otros grupos raciales en las mismas circunstancias sociales, políticas y/o económicas.”

Hipótesis que se ve confirmada cada vez que alguien racializadx intenta por ejemplo, alquilar una casa, comprueba que es objeto de la sospecha de vigilantes o cuerpos de seguridad en espacios públicos, no halla referentes en las instituciones ni en los medios de comunicación o si tiene el pelo afro, no encuentra quien se lo trabaje bien más allá de una peluquería especializada.

Todo este privilegio blanco es producto de una supremacía blanca que es muy real y que se refleja en diferentes aspectos. Como explica la autora:

Cuando se habla de supremacía blanca aparece el miedo. ¿Por qué? Porque en nuestra primera infancia se nos enseñó a vincular la supremacía blanca… ¿con qué? Con la extrema derecha, con los skinheads neonazis y con la violencia ejercida por estos grupos. Este aprendizaje se ve reforzado institucionalmente, y de forma especialmente intensa, desde los medios de comunicación y desde las industrias televisiva y cinematográfica. Sin embargo, eso es solo la punta del iceberg, porque la supremacía blanca, además de todo lo dicho está conformada por muchas otras facetas. Facetas tan invisibles a los ojos de las personas blancas que, al no ser capaces de registrarlas, las dan por inexistentes.

La supremacía blanca es un sistema de explotación y opresión de continentes, naciones y pueblos de otros grupos étnicos, predominantemente situados en el hemisferio sur. Este sistema de explotación está perpetuado institucionalmente, y con una base histórica, por parte de los estados nación blancos del continente europeo y norteamericano, con el fin de mantener y defender un sistema de riqueza, poder y privilegio que ha construido las sociedades y los estilos de vida actuales.

Es verdad que los blancxs siempre hemos resultado privilegiadxs en estas estructuras de opresión pero hoy sabemos que la supremacía blanca es injusta y hemos de luchar contra ella. Además, los “estilos de vida actuales” se caracterizan por una descomunal abundancia en los países centrales, en medio de un consumismo desaforado, situación que va a cambiar mucho en los próximos años.

Más adelante en el mismo texto reflexiona:

Creo sinceramente que es necesario que las personas blancas hablen más de supremacía blanca y privilegio blanco, y no tanto de racismo. Déjame que te explique por qué. No es que crea que no haya que hablar de racismo, pues es una de las consecuencias de la supremacía blanca. Pero en numerosas ocasiones, cuando se habla de racismo muchas personas blancas consideran que, al no ser racistas, no tienen nada que ver con el tema y, por lo tanto, no tienen nada que hacer. Creen que el racismo es algo que deben resolver las personas cuyas vidas se ven expuestas a esa opresión. Esto es tremendamente injusto. No somos las personas racializadas las que construimos un sistema que nos aniquila. ¿Por qué debemos, entonces, encargarnos del tema solo nosotras? Por eso creo que cambiar la conversación y hablar sobre supremacía blanca cambia el juego.1

Según cuenta Ibram X. Kendi en Cómo ser antirracista, la noción de “raza” aplicada a las criaturas humanas fue introducida por la corte portuguesa del siglo XV, englobando en el constructo “negro” o “negra” a quienes procedían de diversos pueblos y etnias de África: personas de rasgos diferentes y piel más oscura que, de este modo resultaron deshumanizadas. Así, consiguieron que se aceptase el tráfico de personas esclavizadas, un sangriento negocio que les proporcionaba pingües beneficios. El término “raza” es un concepto desarrollado por la cultura blanca, concretamente en la ganadería, extrapolado de ella. Hoy día es comúnmente aceptado y utilizado, pero no responde a ninguna realidad preexistente. Esa dañina imagen fue extendiéndose con el paso de los siglos y actualmente no podemos prescindir de ella a la hora de luchar contra el racismo en sus dos versiones principales: la segregacionista y la asimilacionista.

En el citado texto expone:

Las ideas asimilacionistas blancas desafían las ideas segregacionistas que afirman que las personas no blancas son incapaces de progresar, incapaces de alcanzar el estándar superior, incapaces de llegar a ser blancas y, por lo tanto, de ser completamente humanas. Los asimilacionistas creen, de hecho, que las personas no blancas pueden progresar y ser completamente humanas como las personas blancas. Las ideas asimilacionistas reducen a las personas no blancas al nivel de niños que necesitan instrucciones sobre cómo comportarse. Las ideas segregacionistas consideran a las personas no blancas «animales» si recurrimos a la descripción que Trump dedica a los inmigrantes latinoamericanos, imposibles de educar a partir de cierto punto. La historia del mundo racializado es una pelea a tres bandas entre asimilacionistas, segregacionistas y antirracistas. Las ideas antirracistas se fundamentan en la verdad de que los grupos raciales son iguales con todas sus diferencias, las ideas asimilacionistas se basan en la noción de que algunos grupos raciales son cultural o conductualmente inferiores y las ideas segregacionistas surgen de la creencia en una distinción genética y una jerarquía fija raciales.2

Con respecto al racismo, como ya dijo hace años Angela Davis, no se puede ser neutral: eres racista o eres antirracista. Si optas por ser neutral y te consideras total o relativamente blancx terminarás cayendo, seguramente sin pretenderlo, en el racismo asimilacionista. Kendi señala que hay que mostrarse claramente antirracista para luchar correctamente contra el racismo, usando todas las armas de las que dispongamos, incluida la discriminación utilizada de manera positiva. Es importante ir implementando políticas antirracistas para atenuar las desigualdades que secularmente se formaron entre lxs blancxs y lxs que no lo son.

Cuando escuchamos que alguien o que cualquier colectividad no es racista, con frecuencia no es verdad. Lo que suele ocurrir es que no se ha sometido a tensiones raciales.

Quienes integran la diáspora africana tropiezan continuamente con la islamofobia y el racismo (en mayor grado si su piel es más oscura).

1 Bela-Lobedde, Desirée: Ponte a punto para el antirracismo: consejos útiles para iniciar la alianza antirracista. Barcelona: Ediciones B, 2023

2 Kendi, Ibram X.: Cómo ser antirracista. Barcelona: Rayo Verde, 2020.

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Pero, verdaderamente, ¿era indispensable una organización de carácter religioso? 6/10

Los colonizadores europeos han pasado siglos evangelizando su inseparable religión cristiana a quienes habitaban las zonas colonizadas, sobre todo en los sitios donde se practicaba cualquier suerte de culto relacionado con la naturaleza. No tanto en los que dominaba una religión monoteísta y que debía ser respetada, como la musulmana. En unas áreas evangelizadas principalmente a través de las lenguas europeas, hicieron proselitismo no solo de las creencias cristianas, también impusieron su concepción binarista del género.

Oyèrónké Oyewùmí (1957) en su libro La invención de las mujeres nos explica como la sociedad yorùbá, pueblo del oeste de África que, además de en Nigeria, Benín, Ghana y Togo, está presente en otros países debido a la trata de personas esclavizadas, no se regía por criterios de género sino de antigüedad, ancianidad o senioridad y que fueron los misioneros los que impusieron su clasificación por géneros. Escribe: 

Para 1861, la biblia había sido traducida al Yorùbá, y la nueva élite cristiana se concentraba en la codificación de las costumbres, las tradiciones y la religión de la gente. Sin embargo, con frecuencia su visión estuvo seriamente coloreada por el cristianismo. Esto es particularmente notorio en relación al sexo. Tendían frecuentemente al sesgo androcéntrico en el lenguaje y la interpretación de las tradiciones Yorùbá. En las manos de seglares, teólogos y líderes cristianos de las iglesias Yorùbá, los pilares de la religión Yorùbá fueron masculinizándose. Olódùmarè1 comenzó a verse como “nuestro padre celestial”; si se les reconocía, las òrìṣà hembra se visualizaban nebulosamente con menos poder que los òrìṣà macho; y “nuestras ancestras y nuestros ancestros” se convirtieron en nuestros antepasados.2

A lo largo de los siglos XIX (en la mayoría de Abya Yala) y XX, los grandes imperios coloniales fueron desarticulados y la mayor parte de las tierras ocupadas consiguieron liberarse y constituirse en Estados independientes, aun cuando hoy quedan colonias con cierto grado de autonomía. En todas, entre otras muchas cosas, quedó el efecto que causaron los misioneros.

Quienes habitábamos en el entonces Reino de España —un Estado plurinacional que, hoy todavía, sigue siendo un reino, a pesar del anacronismo y la profunda injusticia que caracterizan a la institución monárquica—, fuimos muy insistentes con la evangelización asociada indisolublemente a la cruel colonización. Entiendo que predicar —acabando con multitud de prácticas culturales locales— y extender alrededor del globo una religión surgida en el extremo occidente asiático, que consiguió, aproximadamente a los trescientos años de su llegada a Roma, ser la oficial del Imperio Romano, fue una actividad muy perniciosa para las culturas colonizadas.

Quizá sea esa la razón por la que intento divulgar una alternativa como esta, porque me siento culpable del daño que causaron algunos de mis antepasados. Los procesos de colonización son un fenómeno histórico por el que, los Estados del injustamente llamado “viejo continente” que fueron colonizadores deberían pedir perdón a cada país del que fueron metrópoli. Son la causa de que encontremos una situación de colonialidad desde que terminaron los procesos de descolonización administrativa, situación en la que además, las empresas de las antiguas metrópolis siguen obteniendo beneficios de los territorios que eran colonias en un proceso de neocolonización.

En gran parte de las zonas que fueron colonizadas por países de Europa, el cristianismo en sus diferentes versiones determina la vida de una mayoría aplastante de habitantes3. Allí, en mi opinión, no van a tener nunca éxito los modelos de laicismo e irreligiosidad que se han seguido en este continente en el que escribo. Se necesitan estructuras diferentes. La organización propuesta en estas páginas puede ser una solución. Con ella lograríamos llegar a estratos de la sociedad que no acudirán jamás a centros comunitarios o sociales, que nunca formarán parte de sindicatos, asambleas permanentes, partidos políticos, asociaciones, grupos de consumo…

Las religiones son fenómenos de masas y, pese a que es cierto que están perdiendo fieles en determinados lugares, tomando una perspectiva planetaria están muy lejos de desaparecer. Hay una característica que logra que se mantengan, y es que tienen una dimensión social que actualmente no aporta la forma hegemónica de laicismo. En repetidas ocasiones, han conseguido mejorar la cohesión de amplios sectores de la población, entre ellos el de la gente más conservadora. En los templos se hicieron arengas, se dieron discursos, se encontraron aquellos que deseaban planear sus acciones destructivas y se concretó fecha y hora para ejecutar esos planes.

En casi todos los Estados, la mayoría sigue una de las grandes y viejas religiones (si bien en ocasiones no la practica), circunstancia que en algunos como Japón, China y Corea del Norte —estos dos últimos con inmensos déficits democráticos— no sucede, convirtiéndose en unas excepciones que afectan a más de mil millones de criaturas humanas. En el continente americano la mayoría se declara cristiana, es decir, fiel a una creencia que se extendió desde hace casi dos mil años y que impusieron los colonizadores. Hay quienes expresan sus dudas sobre Dios y Jesús. Además hay agnósticxs y atexs, pero es un porcentaje más pequeño de la ciudadanía el que se define como tal, si lo comparamos con el número que lo hace en Europa. En Abya Yala, los europeos y sus descendientes se esforzaron con una gran intensidad en imponer su religión y consiguieron crear importantes redes de control social a través del cristianismo. Procedieron a ello a partir de la doctrina vaticana del descubrimiento según nos cuenta Roxanne Dunbar-Ortiz en La historia indígena de Estados Unidos:

Desde mediados del siglo XV a mediados del XX, la mayor parte del mundo no europeo fue colonizado según la doctrina del descubrimiento, uno de los primeros principios de derecho internacional que promulgaron las monarquías europeas cristianas para legitimar la investigación, la elaboración de mapas y reclamación de tierras de otros pueblos fuera de Europa. La doctrina surgió de una bula papal emitida en 1455, que le permitía a la monarquía portuguesa apropiarse del África occidental. Después del infame viaje exploratorio de Colón en 1492, auspiciado por el rey y la reina del incipiente Estado español, otra bula papal extendió el mismo permiso a España. Las disputas entre las monarquía portuguesa y española condujeron al Tratado de Tordesillas (1494), a instancias del papa, que además de dividir el globo entre los dos imperios ibéricos, aclaraba que solamente las tierras no cristianas eran afectadas por la doctrina del descubrimiento.4

En Francia, Inglaterra o los Países Bajos no aceptaron estas bulas papales, aunque actuaron siguiendo su espíritu de legitimación del saqueo a través de la evangelización. Actualmente, en el sur del nuevo continente al que llegaron los marineros europeos, asistimos a una pugna entre dos formas de entender el cristianismo. Por un lado está la versión católica, propia de España y Portugal, en la que fueron evangelizadas las poblaciones originales, y por otro lado están las versiones reformadas. EE. UU. las ha fomentado porque las percibe más cercanas a sus valores que la tradicional iglesia católica, que con la Teología de la Liberación se mostró demasiado permeable a los movimientos izquierdistas. Frente a esta pugna entre esas variantes del cristianismo se podría plantear la Congregación del Infinito como alternativa ecologista, antidiscriminatoria, que luche contra la supremacía blanca, el orden patriarcal y la xenofobia, que incluso podría llegar a mostrarse decolonial, formando grupos en el Sur global independientemente de si este movimiento es más, o menos seguido en las zonas privilegiadas del planeta.

Los sacerdotes católicos, pastores y aquellos que se definen como cristianos hablan con frecuencia de “ideología de género” pero deberían hacerlo más bien de la ideología machista, un modo de entender el mundo transmitido y perpetuado por las antiguas religiones con sus desfasados marcos conceptuales, muy extendido, pero que anida especialmente en las mentes de los maltratadores, violadores y asesinos de mujeres. El régimen patriarcal es la fuente de la violencias machistas y es, sin cesar, reforzado por estas estructuras.

Reunirte para que (usualmente) un hombre, con una supuesta sabiduría, te cuente unas historias heteronormativas y en las que, las mujeres son mostradas meros apéndices de los hombres (en cuyo caso son buenas) o fuentes de todo mal (si por el contrario, son independientes), no parece una actividad demasiado constructiva. Las religiones milenarias han potenciado visiones misóginas en las que las mujeres solo son instrumentos de los hombres. Va siendo hora de aglutinar a quienes tenemos otras y queremos construir unas sociedades más igualitarias, que no sean tan patriarcales. Siempre han fomentado valores como la misoginia y el rechazo hacia lxs diferentes, valores que eran sostenidos hace mil o dos mil años pero ya no. Algo que es tan antiguo no puede regir nuestras vidas hoy día. Como escribía Bakunin en Federalismo, socialismo y antiteologismo con sus conceptos y su lenguaje del siglo XIX:

Nada es, en efecto, tan universal ni tan antiguo como el absurdo, y, al contrario, es la verdad la que es relativamente mucho más joven pues ha sido siempre el resultado, el producto, nunca el comienzo, de la historia; porque el hombre, por su origen, primo, si no descendiente directo del gorila, ha partido de la noche profunda del instinto animal para llegar a la luz del espíritu, lo que explica muy naturalmente todas sus divagaciones pasadas y nos consuela en parte de sus errores presentes.5

1 Olódùmaré es el nombre dado al ser supremo, omnipotente y creador de todo lo que existe.

2 Oyewùmí, Oyèrónké: La invención de las mujeres. Barcelona: Virus Editorial i Distribuidora, 2023.

3 Es mayoritario pero de una forma menos absoluta que en otras territorios donde actuaron los misioneros,  en  Australia y Nueva Zelanda, antiguas colonias de poblamiento, en las que se instalaron una gran cantidad de habitantes de la metrópoli, para lo cual, la población autóctona fue masacrada hasta que se convirtió en una minoría. Crimen que también fue cometido en la mayor parte del norte de Abya Yala (Las Américas), en las tierras que se convertirían en EE.UU y Canadá, naciones más religiosas dada la importante raíz puritana de sus colonos.

4 Dunbar-Ortiz, Roxanne: La historia indígena de Estados Unidos. Madrid: Capitan Swing, 2018

5 Bakunin, Mijail: Federalismo, socialismo y antiteologismo. Madrid: Júcar, 1980.