En 1811, con 19 años, Percy Shelley (1792-1822) publica, en el actual Reino Unido, el panfleto La necesidad del ateísmo, ofensa que le valió la expulsión de la universidad de Oxford. Así que se casó por primera vez y se marchó a Escocia. Rápidamente se deterioró su vida conyugal, al tiempo que iba haciéndose seguidor de las teorías del librepensador William Godwin, viudo de la autora de Vindicación de los derechos de la mujer, Mary Wollstonecraft, con quien había tenido a su hija Mary (llamada así en honor a su madre, fallecida por fiebres puerperales tras dar a luz). Percy finalmente trabó amistad con el filósofo. Después se fugó con su hija Mary y su hijastra Claire, casándose con el tiempo con la primera —el matrimonio estaba lejos de ser una de la prioridades de la pareja Shelley—, la posterior autora de Frankenstein o el moderno Prometeo. Shelley fue un conocido poeta romántico y planteó el ateísmo en Gran Bretaña, actitud bastante comprometedora dada la religiosidad de la sociedad británica de aquella época.
En 1832, en la ciudad de Recife, en el Estado de Pernambuco en Brasil, Nísia Floresta (1810-1885) publica Direitos das mulheres e injustiça dos homens, una versión libre de Vindication of the Rights of Women (1792) de Mary Wollstonecraft, de Woman not Inferior to Man (1739), escrito por la mujer que firmaba como “Sophia, a Persone of Quality” y de otros panfletos. El de 1832 fue un texto pionero en tierras latinoamericanas. La autora dirigió en Río de Janeiro un colegio femenino, defendió a los pueblos indígenas y se declaraba abolicionista de la esclavitud. Estuvo muchos años en el país americano pero terminó marchándose a Francia.
Ludwig Feuerbach (1804-1872) nació en en las tierras que hoy llamamos Alemania, en el entonces independiente Estado de Baviera. En 1830, publica Pensamientos sobre la muerte y la inmortalidad. En el libro, el autor señala que las criaturas humanas morimos completamente y que no podemos esperar ninguna vida eterna después de la muerte. La inmortalidad es así, una cualidad que se puede atribuir a la especie, no a cada persona individual. En 1841 publica La esencia del cristianismo, ensayo en el cual explica que es nuestra especie la que creó a Dios en base a lo que no se cumple al definirnos. En este libro escribe:
La religión es la desunión del hombre consigo mismo: porque ella considera a Dios como a un ser opuesto a él. Dios no es lo que es el hombre —el hombre no es lo que es Dios. Dios es el ser infinito, el hombre el ser finito: Dios es perfecto, el hombre imperfecto; Dios es eterno, el hombre temporario; Dios es omnipotente, el hombre impotente: Dios es santo, el hombre pecaminoso. Dios y el hombre son dos extremos: Dios es lo absolutamente positivo, el contenido de todas las realidades: el hombre es sencillamente lo negativo, el concepto de la nada.1
Esta es la base de la idea de enajenación o alienación. Se muestra un Dios que es una creación del ser humano pero que cobra una especie de vida propia y lo domina. Este concepto fue retomado por Karl Marx (1818-1883) para la elaboración del socialismo científico.
Marx escribe en 1845 las Tesis sobre Feuerbach, pero no son publicadas durante su vida. En la tesis número 11 dice: «Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.» Para Marx no tiene sentido hablar de Dios porque no se ha demostrado su existencia, mientras que la realidad que sí que existe y ejerce una gran fuerza es la religión. La visión de Marx de la religión se basa en cómo el capitalismo se sirve de ella para mantener a los obreros2 adormecidos mientras siguen produciendo. Escribe en la Crítica de la filosofía del derecho de Hegel:
La miseria religiosa es a la vez la expresión de la miseria real y la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación sin alma. Es el opio del pueblo.3
En ese sentido la religión se muestra como una forma de alienación por dos razones: porque se centra en algo como es Dios, creado por el ser humano que se independiza de sus creadores y porque promete un Cielo a los obreros, donde les va a resarcir de todas las penalidades que sufren en La Tierra, sirviendo de consuelo y evitando así la revolución.
Marx además apunta que la religión suele apoyar realmente, no a las clases desfavorecidas —a pesar de que, entidades dependientes de ella se encarguen de prestar ciertos servicios sociales— sino a la clase dominante, fomentando que esta siga en el poder, favoreciendo que las circunstancias continúen siendo las mismas e intentando impedir que quienes las soportan se subleven.
Mijail Bakunin (1814-1876) conoce a Marx durante la estancia de ambos en París4 entre 1843 y 1845, mientras escribían en el periódico radical Anuarios franco-alemanes. A pesar de sus posteriores desavenencias, en ese momento son amigos, aunque muy críticos el uno con el otro. Mucho después, en 1868, cuatro años antes de ser expulsado de la Asociación Internacional de Trabajadores, el ruso escribe Federalismo, socialismo y antiteologismo, ensayo en el que plantea que si Dios existiese entonces la criatura humana sería su esclava y como en realidad es libre, Dios no existe. En él afirma:
A menos, pues, de querer la esclavitud, no podemos ni debemos hacer la menor concesión a la teología, porque en ese alfabeto místico y rigurosamente consecuente, el que comienza por A debe llegar fatalmente a Z, y el que quiere adorar a dios debe renunciar a su libertad y a su dignidad de hombre:
Dios existe, por tanto el hombre es esclavo.
El hombre es inteligente, justo, libre, por tanto dios no existe.5
De forma póstuma se publica Dios y el Estado, donde el autor sostiene que la imagen de Dios sirvió tradicionalmente al Estado para sofocar nuestro espíritu de rebelión y que si Dios existiese, no seríamos libres. Por lo tanto, habría que deshacerse de él.
John Stuart Mill (1806-1873) fue un filósofo, político y economista británico. Aun cuando en filosofía se dedicó a la lógica y la ética y fuera de ella, a temas propios de la política liberal de mediados del siglo XIX, en su Autobiografía relata su educación agnóstica:
Permitirme a mí adquirir nociones contrarias a sus propias convicciones y sentimientos en materia de religión hubiera sido algo incompatible con las ideas que tenía mi padre acerca del sentido del deber. Desde un principio, me inculcó la doctrina de que nada podía saberse en lo referente al origen del mundo; que la pregunta «¿Quién me ha creado?» no podía responderse, ya que carecíamos de la necesaria experiencia y de la información adecuada para contestarla; y que cualquier respuesta que diéramos nos llevaría a enfrentarnos con dificultades todavía mayores pues la cuestión siguiente se nos presentaría de inmediato en estos términos: «¿Quién creó a Dios?».6
Louise Michel (1830-1905) es una institutriz que participa en la insurrección de La Comuna de París y por ello es condenada a destierro en Nueva Caledonia. Durante su exilio forzado conoce el pensamiento anarquista. En 1880 regresa y se dedica a dar discursos por Francia y los países cercanos a París. Durante su actividad pública sufre varios atentados. En uno de ellos, un monárquico le dispara una bala que se mete en su cabeza pero Michel se recupera. Es una gran defensora de la igualdad de derechos entre mujeres y hombres, así como del divorcio que, había sido legal en Francia entre 1792 y 1816, pero que desde entonces y hasta 1884 fue ilegal.
En 1898, al final de su texto “La Comuna de París” escribe maravillada por el descubrimiento de los rayos X:
Ya se puede ver a través de los cuerpos opacos; entonces nada hay que impida llegar hasta el final. Los mundos también gracias a la ciencia, entregarán sus secretos, y será el fin de los dioses, la eternidad antes y después de nosotros en el infinito de las esferas persiguiendo igual que los seres sus eternas transformaciones. ¡Ánimo, he aquí el germinal secular!7
1 Ludwig Feuerbach: La esencia del cristianismo, Madrid: Trotta, 2013.
2 En aquella época no se pensaba en las obreras. Se consideraba que el trabajo de las mujeres solo conseguía abaratar los salarios y era algo a eliminar como el de las criaturas.
3 José Antonio Riestra: Karl Marx: escritos juveniles. Madrid: Emesa,1980.
4 También conoció a Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865), la escritora George Sand (1804-1876), Friedrich Engels (1820-1895) y a varias personas exiliadas por difundir ideas socialistas de diferentes países de Europa.
5 Mijail Bakunin: Federalismo, socialismo y antiteologismo. Madrid: Júcar, 1980.
6 John Stuart Mill: Autobiografía. En la recopilación de Cristopher Hitchens: Dios no existe: lecturas esenciales para el no creyente. Random House Mondadori: Barcelona, 2009.
7 Michel, Louise: La comuna de París: historia y recuerdos. Madrid: La Malatesta; La Laguna, Tenerife: Tierra de Fuego, 2014.
