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¿Cómo nos hemos organizado históricamente?¿Qué está sucediendo en los últimos siglos? 4/9

En 1811, con 19 años, Percy Shelley (1792-1822) publica, en el actual Reino Unido, el panfleto La necesidad del ateísmo, ofensa que le valió la expulsión de la universidad de Oxford. Así que se casó por primera vez y se marchó a Escocia. Rápidamente se deterioró su vida conyugal, al tiempo que iba haciéndose seguidor de las teorías del librepensador William Godwin, viudo de la autora de Vindicación de los derechos de la mujer, Mary Wollstonecraft, con quien había tenido a su hija Mary (llamada así en honor a su madre, fallecida por fiebres puerperales tras dar a luz). Percy finalmente trabó amistad con el filósofo. Después se fugó con su hija Mary y su hijastra Claire, casándose con el tiempo con la primera —el matrimonio estaba lejos de ser una de la prioridades de la pareja Shelley—, la posterior autora de Frankenstein o el moderno Prometeo. Shelley fue un conocido poeta romántico y planteó el ateísmo en Gran Bretaña, actitud bastante comprometedora dada la religiosidad de la sociedad británica de aquella época.

En 1832, en la ciudad de Recife, en el Estado de Pernambuco en Brasil, Nísia Floresta (1810-1885) publica Direitos das mulheres e injustiça dos homens, una versión libre de Vindication of the Rights of Women (1792) de Mary Wollstonecraft, de Woman not Inferior to Man (1739), escrito por la mujer que firmaba como “Sophia, a Persone of Quality” y de otros panfletos. El de 1832 fue un texto pionero en tierras latinoamericanas. La autora dirigió en Río de Janeiro un colegio femenino, defendió a los pueblos indígenas y se declaraba abolicionista de la esclavitud. Estuvo muchos años en el país americano pero terminó marchándose a Francia.

Ludwig Feuerbach (1804-1872) nació en en las tierras que hoy llamamos Alemania, en el entonces independiente Estado de Baviera. En 1830, publica Pensamientos sobre la muerte y la inmortalidad. En el libro, el autor señala que las criaturas humanas morimos completamente y que no podemos esperar ninguna vida eterna después de la muerte. La inmortalidad es así, una cualidad que se puede atribuir a la especie, no a cada persona individual. En 1841 publica La esencia del cristianismo, ensayo en el cual explica que es nuestra especie la que creó a Dios en base a lo que no se cumple al definirnos. En este libro escribe:

La religión es la desunión del hombre consigo mismo: porque ella considera a Dios como a un ser opuesto a él. Dios no es lo que es el hombre —el hombre no es lo que es Dios. Dios es el ser infinito, el hombre el ser finito: Dios es perfecto, el hombre imperfecto; Dios es eterno, el hombre temporario; Dios es omnipotente, el hombre impotente: Dios es santo, el hombre pecaminoso. Dios y el hombre son dos extremos: Dios es lo absolutamente positivo, el contenido de todas las realidades: el hombre es sencillamente lo negativo, el concepto de la nada.1

Esta es la base de la idea de enajenación o alienación. Se muestra un Dios que es una creación del ser humano pero que cobra una especie de vida propia y lo domina. Este concepto fue retomado por Karl Marx (1818-1883) para la elaboración del socialismo científico.

Marx escribe en 1845 las Tesis sobre Feuerbach, pero no son publicadas durante su vida. En la tesis número 11 dice: «Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.» Para Marx no tiene sentido hablar de Dios porque no se ha demostrado su existencia, mientras que la realidad que sí que existe y ejerce una gran fuerza es la religión. La visión de Marx de la religión se basa en cómo el capitalismo se sirve de ella para mantener a los obreros2 adormecidos mientras siguen produciendo. Escribe en la Crítica de la filosofía del derecho de Hegel:

La miseria religiosa es a la vez la expresión de la miseria real y la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación sin alma. Es el opio del pueblo.3

En ese sentido la religión se muestra como una forma de alienación por dos razones: porque se centra en algo como es Dios, creado por el ser humano que se independiza de sus creadores y porque promete un Cielo a los obreros, donde les va a resarcir de todas las penalidades que sufren en La Tierra, sirviendo de consuelo y evitando así la revolución.

Marx además apunta que la religión suele apoyar realmente, no a las clases desfavorecidas —a pesar de que, entidades dependientes de ella se encarguen de prestar ciertos servicios sociales— sino a la clase dominante, fomentando que esta siga en el poder, favoreciendo que las circunstancias continúen siendo las mismas e intentando impedir que quienes las soportan se subleven.

Mijail Bakunin (1814-1876) conoce a Marx durante la estancia de ambos en París4 entre 1843 y 1845, mientras escribían en el periódico radical Anuarios franco-alemanes. A pesar de sus posteriores desavenencias, en ese momento son amigos, aunque muy críticos el uno con el otro. Mucho después, en 1868, cuatro años antes de ser expulsado de la Asociación Internacional de Trabajadores, el ruso escribe Federalismo, socialismo y antiteologismo, ensayo en el que plantea que si Dios existiese entonces la criatura humana sería su esclava y como en realidad es libre, Dios no existe. En él afirma:

A menos, pues, de querer la esclavitud, no podemos ni debemos hacer la menor concesión a la teología, porque en ese alfabeto místico y rigurosamente consecuente, el que comienza por A debe llegar fatalmente a Z, y el que quiere adorar a dios debe renunciar a su libertad y a su dignidad de hombre:

Dios existe, por tanto el hombre es esclavo.

El hombre es inteligente, justo, libre, por tanto dios no existe.5

De forma póstuma se publica Dios y el Estado, donde el autor sostiene que la imagen de Dios sirvió tradicionalmente al Estado para sofocar nuestro espíritu de rebelión y que si Dios existiese, no seríamos libres. Por lo tanto, habría que deshacerse de él.

John Stuart Mill (1806-1873) fue un filósofo, político y economista británico. Aun cuando en filosofía se dedicó a la lógica y la ética y fuera de ella, a temas propios de la política liberal de mediados del siglo XIX, en su Autobiografía relata su educación agnóstica:

Permitirme a mí adquirir nociones contrarias a sus propias convicciones y sentimientos en materia de religión hubiera sido algo incompatible con las ideas que tenía mi padre acerca del sentido del deber. Desde un principio, me inculcó la doctrina de que nada podía saberse en lo referente al origen del mundo; que la pregunta «¿Quién me ha creado?» no podía responderse, ya que carecíamos de la necesaria experiencia y de la información adecuada para contestarla; y que cualquier respuesta que diéramos nos llevaría a enfrentarnos con dificultades todavía mayores pues la cuestión siguiente se nos presentaría de inmediato en estos términos: «¿Quién creó a Dios?».6

Louise Michel (1830-1905) es una institutriz que participa en la insurrección de La Comuna de París y por ello es condenada a destierro en Nueva Caledonia. Durante su exilio forzado conoce el pensamiento anarquista. En 1880 regresa y se dedica a dar discursos por Francia y los países cercanos a París. Durante su actividad pública sufre varios atentados. En uno de ellos, un monárquico le dispara una bala que se mete en su cabeza pero Michel se recupera. Es una gran defensora de la igualdad de derechos entre mujeres y hombres, así como del divorcio que, había sido legal en Francia entre 1792 y 1816, pero que desde entonces y hasta 1884 fue ilegal.

En 1898, al final de su texto “La Comuna de París” escribe maravillada por el descubrimiento de los rayos X:

Ya se puede ver a través de los cuerpos opacos; entonces nada hay que impida llegar hasta el final. Los mundos también gracias a la ciencia, entregarán sus secretos, y será el fin de los dioses, la eternidad antes y después de nosotros en el infinito de las esferas persiguiendo igual que los seres sus eternas transformaciones. ¡Ánimo, he aquí el germinal secular!7

1 Ludwig Feuerbach: La esencia del cristianismo, Madrid: Trotta, 2013.

2 En aquella época no se pensaba en las obreras. Se consideraba que el trabajo de las mujeres solo conseguía abaratar los salarios y era algo a eliminar como el de las criaturas.

3 José Antonio Riestra: Karl Marx: escritos juveniles. Madrid: Emesa,1980.

4 También conoció a Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865), la escritora George Sand (1804-1876), Friedrich Engels (1820-1895) y a varias personas exiliadas por difundir ideas socialistas de diferentes países de Europa.

5 Mijail Bakunin: Federalismo, socialismo y antiteologismo. Madrid: Júcar, 1980.

6 John Stuart Mill: Autobiografía. En la recopilación de Cristopher Hitchens: Dios no existe: lecturas esenciales para el no creyente. Random House Mondadori: Barcelona, 2009.

7 Michel, Louise: La comuna de París: historia y recuerdos. Madrid: La Malatesta; La Laguna, Tenerife: Tierra de Fuego, 2014. 

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¿Cómo nos hemos organizado históricamente? ¿Qué está sucediendo en los últimos siglos? 3/9

A lo largo del siglo XVIII, con la disminución de los juicios por brujería y herejía, tras décadas de guerras religiosas y con las iglesias cristianas concentradas en evangelizar las colonias, se abrió en Europa occidental una oportunidad para cuestionar los dogmas de fe. Hasta ese momento histórico, decir que eras atex podría significar poner en peligro tu vida. Todavía el rey Luis XIV de Francia era un cristiano muy intolerante, lo que se traducía en que, si bien en París había una enorme cantidad de súbditxs atexs o deístas, no lo reconocerían públicamente, mucho menos ante su rey. 

En ese país, pero ya en la época de Luis XV que estaba más abierto a las críticas religiosas, el sacerdote Jean Meslier al morir en 1729, dejó un testamento conocido por la publicación posterior por parte de Voltaire (1694-1778) en 1762 —todavía durante ese mismo largo reinado— del texto titulado Extracto de los sentimientos de Jean Meslier. Hoy se distribuye como Testamento de un cura ateo, mientras el mismo testamento redactado por el propio sacerdote lo hace como Memoria contra la religión.

En el importante legado que nos dejó Meslier podemos leer:

Así también, so pretexto de conduciros al cielo y procuraros la felicidad eterna, os impiden gozar tranquilamente de cualquier bien en la Tierra. Por último, os reducen a sufrir en esta vida, la única que tenemos, las penas de un infierno, éste sí absolutamente real, con el pretexto de preservaros en la otra vida, una vida que evidentemente no existe, de las penas imaginarias de un infierno también inexistente. Como no existe tampoco esa vida eterna sobre la que tratan de alimentar vanamente —para vosotros, aunque para ellos no sea tan inútil— tanto vuestros temores como vuestras esperanzas.1

En 1761 Paul Heinrich Dietrich von Holbach, conocido como el barón d’Holbach (1723-1789) publica (atribuyéndoselo un hombre muerto para evitar la censura) Le cristianisme dévoilé (El cristianismo desenmascarado), al que siguen varios libros contra la religión cristiana. El barón organizaba unas cenas con tertulia a las que asistían intelectuales como el enciclopedista Denis Diderot (1713-1784) o Jean Jacques Rousseau (1712-1778) y en ellas se hablaba abiertamente de ateísmo. En 1770 publica, bajo el seudónimo de otro difunto, Système de la nature (Sistema de la naturaleza), donde insiste en que no hay ningún Dios y que la naturaleza sigue sus propias normas de funcionamiento. No en vano es considerada una de las obras cumbre del materialismo francés. El propio Holbach y Diderot eran de los pocos hombres ensayistas que se declaraban ateos en Europa, ya que era más usual decir que creías en Dios, mas no en el que describía La Biblia.

Desde la Edad Media se especulaba con la existencia de lo que se llamó Tratado de los tres impostores —que resultarían ser Moisés, Jesucristo y Mahoma— y se acusó de su autoría a diferentes personajes que no mostraban excesivo celo en su cristianismo o que tenían problemas con el papado. Por fin aparece un escrito que recoge este mito, publicado en los Países Bajos en 1719 de forma anónima y en francés, bajo el título La Vie et l’ Esprit de Mr. Benoît de Spinosa. Con una autoría seguramente colectiva, es probable que se compusiese durante la centuria anterior. Es un texto deísta, que niega que las tres grandes estrellas de las principales creencias establecidas pudiesen atribuirse la capacidad de describir cómo es Dios y señala que la secular ignorancia humana sobre casi todos los temas, consigue que le supongamos arquitecto de la realidad. Medio siglo después, esa desmitificadora obra sería simplificada —añadiendo algunos capítulos pero suprimiendo otros— y reeditado por Holbach y uno de sus propios editores bajo el título de Traité des trois imposteurs (Tratado de los tres impostores)

Uno de los temas de discusión preferidos en la época de la Ilustración, es el de la intrusión de la religión en la política. Este asunto no solo fue debatido por los filósofos que publicaban, sino que se fue haciendo cada vez más importante. Seguramente llegaría a las veladas en salones que organizaban mujeres ricas e instruidas para discutir diversas cuestiones. La principal consecuencia de estas polémicas fue que, años más tarde, en la Revolución, el nuevo poder instó a una importante descristianización de Francia. 

En noviembre del año en el que comenzó, 1789, se confiscaron diversas tierras y bienes de la Iglesia, en febrero de 1790, se suprimieron las órdenes religiosas y, en julio, la Asamblea Nacional Constituyente publicó la Constitución Civil del Clero, que quitaba a los sacerdotes sus derechos especiales, convirtiéndolos en funcionarios del Estado. El papa Pío VI la condenaría al año siguiente. Se aprobó el divorcio y el Estado se hizo cargo de funciones como el registro de nacimientos, defunciones y matrimonios, tareas antes confiadas a la Iglesia Católica. 

Olympe de Gouges (1748-1793), nacida como Marie Gouze en el sur del país, había recibido una formación muy básica pero suficiente para escribir como dramaturga tras enviudar y trasladarse a París con su hijo. En sus obras, los personajes hablaban de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, de la necesidad del divorcio y la abolición de la esclavitud. Participó en la Revolución Francesa y publicó en 1791 la Declaración de derechos de la mujer y la ciudadana como respuesta a la Declaración de derechos del hombre y del ciudadano, aprobada con un par de años de anterioridad por la Asamblea Nacional. Detenida por su defensa de los girondinos, en 1793 fue juzgada sumariamente y guillotinada.

Mary Wollstonecraft (1759-1797) se mudó de la conservadora Inglaterra —donde se relacionaba con una intelectualidad de clase alta, en la que era vista como una rebelde que mantenía relaciones sexuales sin necesidad de casarse— a la Francia revolucionaria. Había publicado varios textos antes de trasladarse, entre otros: en 1790, Vindicación de los derechos de los hombres, defendiendo la revolución en el país vecino; y, en 1792, Vindicación de los derechos de la mujer, una obra clave para los feminismos. En febrero de 1793, ya con Mary en París, Gran Bretaña y Francia entraron en guerra y la vida se volvió muy difícil para lxs británicxs. Mary se enamoró del ciudadano estadounidense Gilbert Imlay, que declaró ante su embajada haberse casado con ella, convirtiéndola convenientemente en ciudadana de los EE. UU. Mary se quedó embarazada de Imlay y dio a luz a su hija Fanny fuera de la capital. Él terminó abandonándola. Ella regresó a Londres en 1795 y, tras mucha desesperación, incluidos un par de intentos de suicidio, se casaría dos años más tarde con el político y filósofo William Godwin (1756-1836).

Mientras, en Francia continuó desarrollándose el proceso revolucionario. Se habían reivindicado los derechos del hombre (como antes en EE. UU.) y los de la mujer, pero siempre para las personas blancas (europeas y la mayoría de las eurodescendientes) o prácticamente blancas. Las más oscuras no eran consideradas criaturas humanas y por tanto, podían seguir esclavizadas.

En Paris, en lugares como Notre Dame, al principio de La Revolución se había instaurado el culto a la diosa Razón, entendida como una alegoría del pensamiento racional. Robespierre (1758-1794) —tiránico líder entre 1793 y 1794— así como quienes le seguían, eran más partidarios de no estimular el ateísmo, de modo que instigaron un culto al Ser Supremo en el que llegó a participar el dictador durante alguno de sus desfiles por las calles de París.

Miles de clérigos y monjas colgaron los hábitos. No fueron pocxs lxs que decidieron contraer matrimonio, para no despertar sospechas sobre su fidelidad a la Revolución. Gran parte de aquellxs que abandonaron sus prácticas religiosas no las recuperarían nunca. Como resultado, Francia se transformó rápidamente en un Estado mucho más laico que los de su entorno. Una característica que se mantendría en el tiempo y que, en adelante, formará parte de sus señas de identidad. Con el paso de los años, esta nueva manera de entender la vida se extendería, ya que tras las victorias obtenidas por la Revolución en las guerras contra las Coaliciones, que permitieron el establecimiento de repúblicas satélite de la francesa, y la evolución de ese modelo a través de las monarquías constitucionales que fomentó Napoleón en un primer momento, algunos valores revolucionarios y la semilla del librepensamiento serían propagadas por Europa. 

Tras el segundo derrocamiento y destierro definitivo del emperador, llegó un período reaccionario denominado Restauración, que duraría en Francia hasta 1830, año de la revuelta ciudadana que trajo la “Monarquía de julio” de la casa de Orleans —ya por fin constitucional para apaciguar a la ciudadanía— y que quedó superado definitivamente en Europa en 1848, año en el que se desataron numerosas revoluciones por todo el continente y se publicó el Manifiesto Comunista.

A lo largo del siglo XIX en Occidente la ciencia va sustituyendo a Dios como manera de explicar el mundo. Sobre esto, es muy significativa la anécdota protagonizada por Pierre Laplace y Napoleón Bonaparte, el que ha sido calificado como “ejecutor de la Revolución Francesa” que, por otra parte, había sido alumno del científico:

Se cuenta que cuando Pierre Simon Laplace(1749-1827) presentó a Napoleón su libro “Traité de Mécanique céleste”, éste —que había sido alumno suyo en la Escuela Militar— amigo de preguntas embarazosas, le comentó: “Habéis escrito un libro sobre el sistema del Universo, sin haber mencionado ni una sola vez a su Creador”. A lo que el autor contestó: “No he necesitado esa hipótesis, Sire”. La respuesta de Laplace hacía hincapié en el hecho de que 100 años antes, cuando Newton interpretó el funcionamiento del sistema solar utilizando su ley de la gravitación, no fue capaz de explicar ciertas irregularidades que deberían aparecer en algunas órbitas planetarias. Newton hacía entonces intervenir a Dios para corregir dichas anomalías y que el sistema siguiera siendo estable. Cuando le contaron a Lagrange2 este episodio, exclamó: “¡Ah, pero es una bella hipótesis, eso explica muchas cosas!3

1 Meslier, Jean: Testamento de un cura ateo. Buenos Aires: El cuenco de plata, 2011. 

2 Joseph-Louis Lagrange (1736-1813)  fue un importante físico, matemático y astrónomo que, aunque nació en Italia paso gran parte de su vida en Francia y en Prusia.

3 Texto extraído de una versión antigua de la web del Instituto de Física Corpuscular de la Universidad de Valencia.  https://ific.uv.es/rei/Historia/anecdotas2.htm

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¿Cómo nos hemos organizado históricamente? ¿Qué está sucediendo en los últimos siglos? 2/9

Encuentro paradójico que criaturas humanas que suelen participar en movimientos de liberación prefieran asumir la visión de un Dios teísta antes que la de una diosa deísta. Dejando de un lado al patriarcado —omnipresente en las sociedades anteriores al siglo XXI (hoy en nuestra mano está que deje de serlo)—, es posible que sea por miedo a la soledad. Al tomar esa opción, se decantan por ser vigiladxs y juzgadxs como precio a pagar por sentirse acompañadxs en determinados trances de la vida. En esos momentos difíciles, yo creo que es más útil rodearse de otrxs, ya que es probable que en algún periodo de sus vidas se hayan encontrado o se encuentren en circunstancias similares a las tuyas. Quizás, que esta opción teísta resulte tan frecuente, simplemente sea porque faltan propuestas.

Personalmente, yo oscilo entre el ateísmo y el agnosticismo. Unas veces pienso que si alguna vez existió algunx diosx, debió de sentir una gran soledad en su magnificencia, dado que era muy diferente de los seres que creó; y en el supuesto de que fuese omnipotente, habría cesado en su existencia, para que no hubiese diferencia de estatus entre ellx y sus creaciones y así, estas se sintiesen completamente libres. Otras veces lo que creo es que nunca existió nada. En cualquier caso, jamás lo podremos saber. 

Para la vida cotidiana, tanto de atexs o agnósticxs, como la de panteístas o deístas, en el fondo es irrelevante si Dios existe o no. No es tan importante. No se cuenta con ello a efectos prácticos del día a día ni te puede acompañar en situaciones especiales. Quienes son teístas en cambio, notan la presencia de ese ser en su vidas en todo momento. Puesto que asumimos que no podremos contar a lo largo de nuestra vida con esa compañía divina, habremos de centrarnos en buscar la humana y será conveniente organizarse.

En el pasado, aprendimos a vivir pensando que somos la suma de un cuerpo que se va deteriorando y de una conciencia articulada en torno un alma inmortal. Con el transcurrir de los siglos, los mayores avances en la ciencia y la medicina, a lo que se añade la observación e identificación de ciertas demencias y enfermedades como la de Alzheimer, hoy en día es asumido que tal alma inmortal no existe y que nuestra conciencia es producto de la interacción de neuronas en nuestro cerebro. Parece que nada en nuestro yo es eterno, ni sobrevive tras la muerte. Sin embargo, hoy sospechamos que el espacio-tiempo es infinito y yo tengo la creencia de que nos volveremos a producir en él. Por ahora dejo esta idea aquí, ya la desarrollaré en el último capítulo.

Desde el siglo XV, Europa se dedicó a saquear, explotar y controlar políticamente grandes extensiones de la Tierra creando colonias y los europeos fijaron como una de sus metas difundir por el globo los cultos cristianos en sus diferentes versiones. A lo largo de los siglos XVI y XVII, mientras los misioneros se prodigaban evangelizando en las colonias, en su continente de origen se desencadenaron sangrientas guerras religiosas que indujeron a quienes las sufrían a preguntarse si no se viviría mejor sin religión. Seguramente aquí se encuentre la principal causa de que pronto surjan críticas en Europa al cristianismo y de que hoy no se perciban tantas en los países que sufrieron la colonización. Estas críticas se harían profundamente fuertes y terminarían extendiéndose a otros continentes planteando una situación como la actual, en la que una religión teísta y garante de la hegemonía masculina, que pretende fomentar los derechos humanos, pero que es inevitable relacionar con el machismo y el colonialismo, está perdiendo fieles globalmente de forma sostenida. Hay que entender que la gran extensión actual del cristianismo se debe a que era el culto que practicaban los colonizadores europeos.

La mayoría de territorios de esta parte del mundo eran muy conservadores, pero los Países Bajos, como fueron una república independiente tras librarse del domino español eran entonces bastante tolerantes y estaban abiertos a otras formas de pensar. Mientras que Baruch Spinoza (1632-1677) —a quien se considera casi siempre panteísta pero a veces secretamente ateo— publicó sus obras en el Amsterdam del siglo XVII, en otra parte del continente, donde las autoridades no eran tan tolerantes, fue escrito de forma anónima y mantenido en secreto —como texto para ser poseído en selectas bibliotecas y no publicado— el libro Theophrastus redivivus. Esto sucedió antes del período europeo y americano conocido como La Ilustración, aunque es unaobra no bien conocida hasta el siglo pasado. En el manuscrito, del que solo existen cuatro ejemplares, se puede leer:

La existencia de Dios, la creación del mundo a partir de la nada, que la religión sea entregada y enseñada por Dios y no fruto de la astucia de los gobernantes, la inmortalidad del alma y la existencia del Paraíso y de los Infiernos, no se pueden demostrar con la razón natural, a pesar de que algunos teologastros digan lo contrario.1

Aquel texto fue producto de una corriente de pensamiento que existía desde el siglo XVI o antes, frecuentemente ninguneada por los libros de historia, pero que en el XVII se extendió entre la clases altas de Francia: el libertinismo. Este movimiento cultural se desarrolló a través de veladas en salones, a menudo organizadas por mujeres, en los que se experimentaba una gran libertad para establecer amoríos y luego mantener relaciones sexuales, pero también para expresar opiniones diferentes en materia de religión.

Al tiempo que había quienes podían permitirse el lujo (uno más entre tantos que gastaba esta gente) de expresar su disensión ante la idea de la existencia de Dios, en otros lugares de Europa sucedían cosas diferentes. En 1674 en la ciudad de alemana de Jena, Mattias Knutzen distribuye unos panfletos ateos, en los que dice que no existen ni Dios, ni el diablo, ni las almas inmortales y que la Biblia es inverosímil debido a su gran cantidad de contradicciones. Las autoridades de la ciudad y de la Universidad de Jena comenzaron a perseguirle por ello pero él huyó y consiguió desaparecer del mapa.

En 1689, en Varsovia fue ejecutado Kazimierz Łyszczyński (1634-1689), conocido en inglés como Casimir Liscinski, que había escrito en la intimidad de su hogar el tratado De no existentia dei (La no existencia de Dios). Era un aristócrata y terrateniente que había estudiado filosofía mientras era jesuita, aunque luego dejó la orden. Su texto fue robado  por su vecino, al que había prestado dinero y que aprovechó para acusarlo de ateo con la finalidad de no tener que devolverle el préstamo. El manuscrito original fue mandado quemar por la Dieta o Sejm polaco-lituana, pero han sobrevivido algunas citas que aparecen en el documento que relata el proceso. Una de ellas dice:

La religión fue constituida por personas sin religión, que querían ser adoradas ellas mismas, ya que los dioses no existen. La piedad religiosa fue creada por impíos. El temor de Dios fue difundido por temerarios para que la gente tuviera miedo de ellos al final. La devoción que se dice piadosa es un diseño de los seres humanos. Las doctrinas religiosas, ya sea que digan ser lógicas o filosóficas, y que se jactan de ser la enseñanza de la verdad de Dios, son falsas, y por el contrario, la doctrina condenada como falsa, es la verdadera. 

1 Rodríguez Donís, Marcelino: El Theophratus redivivus y la eternidad del mundo, Universidad de Sevilla.

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¿Cómo nos hemos organizado históricamente? ¿Que está sucediendo en los últimos siglos? 1/9

En la prehistoria las religiones eran fundamentales para organizarnos. Como consecuencia del antropocentrismo, frecuentemente, se articulaban partiendo de un politeísmo en torno a un conjunto de dioses y diosas, pero en los milenios más recientes, en una clara expresión del patriarcado, las que más éxito tuvieron fueron aquellas en las que se dibujaba un cosmos surgido de un único dios masculino (aunque en los últimos decenios se diga que no tiene género).

Resulta sobrecogedor leer que a lo largo de miles de años, varias culturas han dedicado descomunales cantidades de tiempo a preparar la vida en otro mundo y a rendir culto a entes en los que ya nadie cree. Muchos, apenas conocidos o completamente desconocidos, se han desvanecido, aunque los más populares fueron recuperados y hoy son adorados en las religiones neopaganas. 

También tienen fuerza en Asia Oriental algunas que no parten de un dios creador. La budista o la jainista son ejemplos de ello, así como ciertas iglesias modernas que han aparecido en diversos lugares en los últimos doscientos años. Si bien a veces el budismo es considerado una filosofía más que una organización de carácter religioso, lo cierto es que, de hecho, constituye una de estas últimas, mayoritaria en varios Estados y que, para mucha gente, es atea. En algunos casos se contempla a Siddhartha Gautama —más conocido como Buda— como un dios y, frecuentemente, se combina con el culto a diferentes divinidades, de forma que no se podría considerar como tal. 

El hecho de ser atex1 o agnósticx en la Federación Rusa,China, Japón, Corea del Norte, Corea del Sur, Vietnam, Taiwan, Australia, Nueva Zelanda, Cuba, Uruguay, Argentina, Chile, Canadá, la mayor parte de Europa (salvo Polonia y El Vaticano), pero especialmente en territorios como la República Checa o Estonia, es muy normal. Si a esta constatación le añadimos que el budismo es una religión que no se basa en un dios creador de la realidad, resulta que puede haber bastante más de mil millones de personas ateas o agnósticas en la Tierra. Pertenecer a este grupo, en sitios como EE. UU., es aparentemente tolerado y se halla amparado por las leyes, pero no está bien visto. Y en otros países todavía menos garantes de los Derechos Humanos es un hecho intolerable que te hace pasar años en la cárcel, incluso en algunos, abandonar la religión teísta tradicional es un delito castigado con la muerte. La verdad es que sería conveniente que formases parte de un culto organizado, aunque fuese el de quienes practicasen una religión atea/agnóstica (o al menos no teísta), dadas la innegable crisis ecológica —que incluye el caos climático2— y la energética, que empieza a ser percibida en el Sur global3 y terminará extendiéndose a todo el planeta.

En demasiadas tierras son habituales los señalamientos y las persecuciones por no creer en el mensaje de las religiones dominantes, no llevar a cabo sus ritos y no acatar sus prohibiciones. El clásico individualismo típico de las naciones occidentales, puesto en práctica por las opciones laicas, tiene como resultado que quienes no siguen la tradición estén desprotegidxs y se enfrenten a la realidad con menos apoyos, sin formar parte de ninguna comunidad. Una situación que les ayudaría, pues en caso de problemas, lxs que forman parte de ellas suelen colaborar unidxs para intentar superarlos. Con esto no quiero decir que quienes siguen las grandes religiones patriarcales estén libres de ser individualistas —característica esta que en el primer acto del siglo XXI se puede aplicar a casi toda la población—, sino que la alternativa a ellas siempre se ha planteado desde esta perspectiva.

El ateísmo no es igual que el agnosticismo ni que otras formas de entender el universo. Unx atex niega la existencia de Dios, unx agnósticx sostiene que es imposible conocer si existe o no y unx panteísta asume que la naturaleza es Dios. Lo importante de algunas religiones tradicionales en Asia Oriental, del Sur y Sudoriental es que no son teístas, o sea, que no están interesadas en el concepto de una conciencia que haya creado el mundo y se relacione estrechamente con las personas.

El hecho de ser atex o escépticx no es una condición sine qua non para participar en esta nueva organización de carácter religioso que me dispongo a proponer. De igual manera podría hacerlo alguien agnósticx, panteísta, incluso deísta. Lo único requerido sería no adorar al dios padre de la tradición monoteísta. Mas tampoco a múltiples dioses como en la politeísta. Pero esto no significa que no se crea en nada. Hay diferentes modos de creer. Lo más usual es que la deidad que sea venerada se inmiscuya en nuestras vidas: que nos premie si hemos llevado una vida acorde a sus enseñanzas o que nos castigue si no lo hemos hecho y hemos cometido lo que se consideran pecados. También puede realizar actos que desafíen las leyes de la física, o sea milagros. Se trataría entonces de un culto teísta el que se profesa a su alrededor. 

Puede ocurrir que lo que se estime es que hay una entidad que creó la realidad en la que vivimos y estableció las leyes que gobiernan el universo, pero que no interfiere en los asuntos de sus creaciones. Eso representaría una creencia deísta. Lx deísta y lx teísta perciben por doquier señales de la existencia de ese ente, en cambio lx agnósticx y lx que sostiene posiciones ateas no creen que lo sean.

Quienes se definen como panteístas no ven la imagen de Dios4 como unx ser sobrenatural, sino que llaman así al universo o la naturaleza.

Los teísmos, al postular que los dioses miran, escuchan y prestan atención a nuestras acciones, pensamientos, palabras y omisiones, tienen cierto componente de egocentrismo, son la expresión tradicional del antropocentrismo y del androcentrismo. Ser deísta implica no dejarse llevar por esas tendencias que te empujan hacia los teísmos. Hay gente que cree en un dios que se sitúa por encima de la naturaleza, incluso acepta que ha creado algo que ha terminado siendo el universo, pero que no se preocupa de la existencia de las personas: ni las vigila, ni juzgará sus vidas cuando mueran. En uno que ni nos creó “a su imagen y semejanza”, ni observa nuestros actos, ni escucha lo que pensamos. Eso serían pensamientos deístas. Lxs deístas no creen que haya nadie comprobando si cumplimos o no los preceptos de determinada religión, nadie que pueda acompañarnos en los diversos trances de la vida o que escuche cuando alzamos nuestras oraciones. Si queremos que alguien nos comprenda y nos acompañe únicamente podremos contar con criaturas humanas5 —las animales pueden ofrecernos compañía pero no nos entienden profundamente—, entonces será conveniente organizarse y buscar el bienestar general.

El deísmo es un modo de creer que rechaza los cultos y no admite las revelaciones como fuentes de conocimiento, de manera que fue en muchas ocasiones reacio a la integración de quienes lo profesan en instituciones religiosas. Sin embargo, estas últimas en mi opinión, articulan determinados colectivos inmensamente útiles que proporcionan la estructura necesaria para que puedan erigirse unas comunidades muy apropiadas en situaciones comprometidas. 

Esta distinción entre deístas y teístas es fundamental. La mayoría de las religiones tradicionales son teístas: monoteístas son cristianismo, islam y judaísmo, entre otras menos conocidas como, sijismo, zoroastrismo, yazidismo, drusismo, bahaísmo o mandeísmo, por ejemplo; politeísta es la hindú, a pesar de lo cual en ella podemos encontrar escuelas deístas, incluso ateas. También la sintoísta, aunque quizá el adjetivo animista sea más propio al mencionar esta religión, ya que sus deidades están muy relacionadas con la naturaleza. Conocemos otras politeístas como las de las civilizaciones clásicas (ya extintas) y las de los pueblos que fueron colonizados, acosadas por las religiones místicas y de las revelaciones. Por el contrario, el jainismo y el budismo no son teístas —si bien, sobre todo en esta última, en muchas corrientes encontramos divinidades protectoras de tal o cual asunto—, como tampoco lo son muchas religiones creadas en lo siglos XX y XXI.

Entre los monoteísmos que se practican actualmente, los más antiguos son el judaísmo y el zoroastrismo, heredero del mazdeísmo6. Sin embargo su práctica se circunscribe a algunas decenas de miles de fieles frente a los más de dos mil millones que profesan el cristianismo en cualquiera de sus versiones o los más de mil ochocientos millones que lo hacen con el islam.

La comunidad científica, al igual que una importante parte de la población del planeta,  articula su pensamiento basándose en lo que se denomina ateísmo práctico, que sería no contar con la existencia de un dios en los problemas a los que se enfrentan. También es conocido el término apateísmo, que surge de una gran apatía hacia cualquier tema en el que deísmo o teísmo estén implicados.

1 No me sentiría cómodo usando siempre el masculino como genérico. La lengua española sigue una norma que dice que los sustantivos referidos a personas o animales deben ponerse en masculino cuando se desconoce el género de las aludidas o en cuanto se suponga que hay un hombre. Así, se dice “tres hermanos” aunque sean dos mujeres y un hombre. Para representar también a las personas con géneros no binarios que utilizan la “e” al hablar de sí mismas, tendría que incluir en este texto las tres versiones de cada palabra de género variable, pero no lo haré. Me siento más cómodo usando la “x” en las palabras que varían con el género. Debería pronunciarse con el sonido vocálico “e” o “i”. Prefiero la “x” antes que la “e” porque esta última vocal se utiliza para construir la forma del masculino plural en las palabras que terminan en consonante. De este modo, para usarla en un lenguaje inclusivo, tenemos que escribir: diosas/es, trabajadoras/es, autores/as, lectoras/es, escritoras/es, musulmanes/as, etc. Sin embargo, en algunos casos no lo usaré la “X” porque no lo encuentre justo, me resulte extraño o no lo considere necesario ni oportuno debido a la histórica opresión sobre las mujeres. En esas ocasiones escribiré de forma tradicional. 

2 Frecuentemente usaré esta expresión utilizada entre otrxs por Manuel Casal Lodeiro (1970) que me parece más acertada que “cambio climático”, pues esta última da idea del paso a otra situación estacionaria, algo que está muy lejos de suceder.

3 Notables son los escenarios de falta de combustible para motores diésel en Argentina, Bolivia, Nigeria (a pesar de ser un gran exportador de petróleo), Ecuador o Pakistan, entre otros.

4 Consideraré la palabra “ser”, contrariamente a la opinión la RAE,  un sustantivo ambiguo: del mismo modo que existen otros, como por ejemplo, “puente”, “mar”o “calor”. 

5 Me gusta emplear esta antigua expresión —aunque yo no sostenga que nadie nos creó— porque indica cierto infantilismo y cierta animalidad. Hemos de tener siempre presente que solo somos animales humanxs.

6 El mazdeísmo apareció en las estepas de Asia central en la segunda mitad del segundo milenio antes de la era común, se construye en torno a la lucha del creador, Ahura Mazda, y el espíritu del mal, Ahriman. Zoroastro, al que Nieztsche transformaría en el siglo XIX en su personaje Zaratustra, fue un gran predicador de estas creencias que terminó formando su propia secta que se convertiría en la religión oficial del Imperio Sasánida (las tierras que hoy conocemos como Irán y muchas más) entre los siglos III y VII.

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La Congregación del Infinito 6/6

Los movimientos sociales que demostraron su fuerza en los años sesenta del siglo XX cambiaron la vida humana y tuvieron eco alrededor de todo el globo terráqueo. Conformaron una realidad posterior que ha sido diferente de forma definitiva. Algunos países, después de que ocurrieran estos cambios, se han empeñado en ignorarlos y en recuperar las tradiciones más opresivas para mujeres, disidentes sexuales y de género, pero tampoco en esos lugares la gente es ya la misma y va encontrando resquicios para saltarse las normas.

Estas nuevas cosmovisiones y modos más igualitarios de entender las sociedades siguieron creciendo y evolucionando durante el más de medio siglo que ya ha pasado desde entonces, a pesar de la reacción conservadora que se consagró posteriormente. Numerosos territorios, ya en ese revolucionario decenio, se encontraban en una nueva era, como apuntaba el musical Hair en 1967 en su canción The Age of Aquarius. Aunque a veces parezca que no —como en las elecciones de Donald Trump, Jair Bolsonaro, Benjamin Netanyahu, Javier Milei, Nayib Bukele, Viktor Orban, Giorgia Meloni, Narendra Modi, Kais Saied o Ferdinand Marcos Jr.— lo cierto es que hoy las relaciones humanas se están modificando en todos los sitios, en un proceso que se puede ralentizar pero no se podrá detener. Estamos cambiando, y de manera global. Hay personas que ya lo hicieron; otras lo están haciendo; otras lo harán; otras no lo harán pero lo harán sus descendientes; otras no tienen descendientes y no lo harán pero desaparecerán más pronto que tarde.

Realmente nos encontramos en una realidad nueva. Ya no estamos en la de los señoros. ¿A alguien le puede parecer posible que se repitan las guerras mundiales, el fascismo y el nazismo o los totalitarismos de inspiración leninista del siglo XX, con los avances actuales —insuficientes, claro está— de los feminismos, de los derechos LGTBQIA+ y del antirracismo? Si ahora tenemos a la ultraderecha instalada en gran cantidad de áreas del planeta es porque el patriarcado se siente amenazado.

Ha quedado claro que no construir una organización que se centre en esos cambios y dejar que estos vayan permeando en las diferentes culturas, está consiguiendo al final que sus efectos se retrasen y que esperar que las sociedades cambien con el tiempo resulta un poco iluso —se podría decir que naíf o ingenuo—, en tanto en cuanto conocemos perfectamente la terrible reacción a ellos. Hemos de acelerar el proceso.

Siempre han existido regímenes teocráticos pero desde finales del siglo XX la mayoría se han mostrado claramente antifeministas Quizás sea porque antes no les resultaba necesario, ya que el machismo es parte de una ideología que estaba muy presente en todas las culturas que nos han precedido. Además, en los últimos años hemos visto como se impone la retórica anti-diversidad1 en diferentes zonas. En todas ellas necesitamos constituir una alternativa a los sistemas hegemónicos. Gracias a las formas actuales de comprender, interiorizar la realidad y de conducirse en la sociedad de consumo, la ultraderecha gana cada vez más fuerza, así que una nueva opción parece deseable.

El mundo resultante a partir del segundo cuarto del siglo XXl va a ser muy diferente al del XX y anteriores. De hecho, ya es otro. Todavía hay quienes piensan que las poblaciones de origen no europeo son inferiores; quienes creen que las mujeres deben tener menos derechos; quienes consideran que que solo existen dos géneros: varón y mujer; que las relaciones sexuales y de pareja únicamente pueden darse entre géneros diferentes y que hay que conformarse con el que nos fue asignado al nacer. Pero ahora, en extensas áreas del planeta, hay leyes contra el racismo, para reducir la brecha de género, la violencia que esta provoca y contra la discriminación de cualquier tipo.

Durante los últimos milenios lo usual fueron el imperio del patriarcado y de la cisheteronormatividad. A medida que unos pueblos entraban en contacto con otros fue extendiéndose el racismo. Desde los 60 del siglo XX hemos cosechado algunos éxitos en la lucha contra estos marcos de referencia, unos éxitos que están siendo amenazados por la ultraderecha y hemos de dejarnos la piel para defenderlos. Estoy ofreciendo un instrumento para hacerlo.

Además, la naturaleza está ya muy dañada, hemos rebasado demasiados límites planetarios y el caos climático nos acecha. Es probable que muy pronto ocurran eventos que alteren radicalmente nuestros modos de vida. Vienen tiempos duros y es previsible que la ultraderecha siga aumentando su poder de decisión ante la insatisfacción de las expectativas de lxs ciudadanxs. Necesitamos un movimiento que sepa valorar todos los derechos conseguidos en los últimos sesenta años, añadidos a los civiles y sociales obtenidos desde el siglo XVIII y que exprese que no vamos a renunciar a nada de eso. 

Si ya sabemos que las cosmovisiones clásicas nos llevaron a sociedades machistas, heteropatriarcales, clasistas, supremacistas blancas, colonialistas, racistas (que llegaron a esclavizar personas y transportarlas grandes distancias en condiciones infernales) y con una enorme obsesión por el crecimiento y el beneficio individuales; si es patente que partiendo de presuposiciones antropocéntricas, estamos provocando le sexta extinción masiva, calentando el planeta y cruzando el resto de sus límites de seguridad, entonces todas esas concepciones del mundo deberían ser sustituidas.

Necesitamos un gran cambio. Una metamorfosis, como señala Yayo Herrero en su libro homónimo de 2025:

La metamorfosis requiere un gigantesco esfuerzo de educación social. Las dos grandes dificultades son la reorientación de las aspiraciones y deseos de una buena parte de la sociedad y la acumulación de poder por abajo para forzar los cambios. Por ello, una de las mayores dificultades para la transición ecosocial justa es el enorme trabajo que se requiere para que sea comprendida y deseada.

Hay que crear, como hacen los ecosistemas en sus inicios, un suelo que permita sembrar. En plena ofensiva de respuestas distópicas y con una buena parte de las izquierdas desorientadas, es obvio que la tarea política es ingente.2

Hacen falta otras perspectivas, se necesitan nuevos paradigmas, o dicho de otro modo, nuevos modelos con los que reconstruir la realidad en nuestras cabezas, y creo que la Congregación del Infinito los ofrece. Los Encuentros Asamblearios del Infinito podrían convertirse en reuniones de comunidades de mujeres, personas de géneros no binarios y hombres, donde puedan converger feministas, LGTBQIA+, gente que se defina como antipatriarcal, antirracista, antixenófoba, anticolonial, ecologista, antiespecista, etc.

Es frecuente que hablemos mucho sobre discriminaciones y ecología, que critiquemos ciertas actitudes discriminatorias y comportamientos antiecólogicos. Pero a menudo lo único que hacemos es hablar. Con la organización que aquí propongo pasaríamos a la acción.

El símbolo del uróboros puede servir para aglutinarnos. Juntxs seremos más fuertes, podremos entrenarnos en técnicas de autodefensa y será más fácil que nos ayudemos mutuamente, así estaremos mejor preparadxs para cualquier indeseable futuro que pueda acontecer.

1 Sobre todo estoy pensando en países de Europa Central y Oriental, Asia, África y las pequeñas islas del Pacífico, aunque en ocasiones sus efectos llegan a más tierras. Que se lo digan a lxs supervivientes del atentado de 2016 a la discoteca gay Pulse en Orlando (Florida, EE.UU.), en el que mataron a 49 personas y otras 53 resultaron heridas, que además, han de soportar las leyes contra la comunidad LGTBIQ+ de ese conservador estado.

2 Herrero, Yayo: Metamorfosis. Una revolución antropológica. Barcelona: Arcadia, 2025.

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La Congregación del Infinito 5/6

Los privilegios que se me otorgaron al nacer varón, blanco, en una familia no acomodada pero sí desahogada, ciudadano de uno de los Estados especialmente enriquecidos, más los que permitieron que estudiase (y conociese la historia universal), sumados a la comprensión que tengo de la realidad en la que nos encontramos y al hecho de que yo haya llegado hasta aquí y pueda escribir después de todos los perjuicios que ha sufrido mi salud, hacen que sienta una grandísima responsabilidad hacia el resto de seres vivxs que pueblan este planeta. Al formar parte de uno de esos Estados enriquecidos con el colonialismo —hoy aconfesional pero hasta hace poco agente de una intensa evangelización—, culpables de genocidios pasados y del que actualmente se está perpetrando en los mares contra quienes intentan migrar a estas tierras burlando las injustas leyes de extranjería; al ser testigo de la discriminación a la que se somete a lxs que logran hacerlo; al haber tomado conciencia de que ese pasado colonial ha conformado las actuales desigualdades Norte-Sur, la situación de colonialidad y el neocolonialismo; al percibirme ideológicamente heredero de un pueblo que fue humillado en una sangrienta guerra y después, en una larga dictadura ultraderechista y teocrática; al prever, asimismo, un futuro lleno de dificultades, siento el deber de ofrecer a las demás criaturas humanas un nuevo marco que sirva para que los pueblos se organicen lejos de dogmas, en base a la equidad, poniendo la vida en el centro, desechando los valores neoliberales y ofreciendo una alternativa a la ultraderecha.

Seguramente un hombre cis, blanco y europeo no sea —ahora que afortunadamente Europa ya no es el centro del mundo y que nos enfrentamos con diferentes grados de éxito al orden patriarcal y a la supremacía blanca— la persona más indicada para pedir y promover un cambio social. Quizá efectivamente, no lo sea, pero es que o lo hacemos ya o serán figuras de la ultraderecha, rojipardas1 o ecofascistas las que intenten hacer  reformas a las antiguas estructuras para que puedan continuar funcionando. Además, el caos climático cada vez se siente más, los ecosistemas naturales están ya en 2026 muy dañados y la llamada crisis energética —seguramente en el futuro se compruebe que es algo más que una crisis— se extiende cada vez más por los países del Sur global, de modo que apenas tenemos tiempo para elaborar nuevos modelos.

Con la Congregación del Infinito, una de las metas que me marco es mejorar la vida de la gente que no ha tenido los mismos privilegios que yo, intentando que se forme una comunidad que exija un mayor reparto de la riqueza. Otra es reducir ese exceso de individualismo que se percibe en todos los continentes, algo de vital importancia para derrotar a las fuerzas de la internacional ultraderechista y que será muy útil cuando lleguen crisis.

Siempre he tenido mis creencias personales pero de ahí a escribir esta extravagante propuesta hay un abismo. Estoy convencido de que es necesario plantear algo distinto para que las grandes religiones milenarias no sean tan fuertes y que, al mismo tiempo, se desarrollen nuevas formas de agrupamiento social. Es hora de ofrecer un paradigma diferente. Merece la pena lanzarse a ese abismo teniendo en cuenta lo que podría obtener la humanidad.

Esta nueva organización trataría de suponer una excusa para formar comunidades de tamaño considerable en las que intentemos que no haya jerarquías. El objetivo es articular un pretexto para que fluya la ayuda mutua.

Espero que haya quedado claro que para formar parte de ella no es necesario pensar lo mismo que yo, que aquí no hace falta que todxs partamos de las mismas premisas, ni siquiera hace falta tener fe en la existencia de ninguna figura. La diversidad de puntos de vista cuando se busca el bien común y se respetan los DD.HH. es muy positiva.

De todas formas, cualquier creencia, por absurda o estrambótica que parezca, es más positiva para relacionarse con el mundo, que el constructo de un dios que nos otorgó un alma inmortal, se encarnó en el hijo de una mujer virgen y nació hace mas de dos mil años en tierras palestinas. Tener fe en esas historias, además de negativo, ya que ha fomentado unos dañinos cultos a la virginidad y a la pasividad de las mujeres, es muy anticuado. Si vamos a creer en que hay algo después de la muerte —porque somos una enorme cantidad quienes elegimos tomar esa opción— resulta más positivo que lo hagamos, por ejemplo, en apariciones sucesivas del mismo cuerpo (que es un punto de partida de en quién se convertirá cada persona en función de sus vivencias) en el contexto del espacio-tiempo infinito. En cualquier caso, no necesitamos uniformidad en cuanto a planteamientos. El objetivo es estar organizadxs y formar comunidades: lx que quiera y se sienta capaz de hacerlo, que crea en cualquier cosa; lx que no, que no crea.

Los relatos de las viejas religiones místicas y de las revelaciones son, en el fondo, muy absurdos, pero a menudo no lo percibimos porque nos resultan habituales, dado que los hemos escuchado en incontables ocasiones. Estas truculentas historias, además de destilar misoginia no reflejan los grandes cambios que se produjeron en los años sesenta del siglo pasado. 

Felizmente, millones de personas vivimos instaladas en ese contexto nuevo que empezó en los años sesenta del siglo XX. Sus mayores hitos fueron el movimiento por los derechos civiles de EE. UU. —inicio de un proceso que, con el tiempo, tendría su eco en todos los movimientos antiapartheid y antirracistas de la Tierra—, el desarrollo de la segunda ola del feminismo (a la que décadas después seguirían otras dos), el despertar de la conciencia ecológica —hecho en el que tuvo una gran influencia la publicación del libro Primavera silenciosa de Rachel Carson en 1962— y el inicio del gay power, una lucha que se convertiría con el tiempo en el movimiento por los derechos LGTBQIA+. A esto hay que añadir la aparición de la cultura hippie —que incorporaba un deseo de vivir con mucha más simplicidad— y el desarrollo de multitud de comunas. Hoy, es absolutamente necesario recuperar esa voluntad de vivir de una manera más sencilla y en unas laxas comunidades (como las comunas hippies) para poder recuperar el mundo salvaje y adaptarse a los límites de nuestro entorno. 

Todos estos cambios comenzaron a ocurrir en sociedades con un relativo bienestar debido a una abundancia de recursos y energía —abundancia material que, en las décadas posteriores y en las primeras del siglo XXI, se mantendrá a costa del deterioro de la naturaleza hasta unos extremos que ponen en peligro la misma supervivencia humana y que ha producido ya la extinción de numerosas especies (o su desaparición en muchos territorios)—, así como a las conquistas obtenidas tras decenios de lucha obrera y social entre los siglos XIX y XX, en el contexto de una presunta descolonización que acabó en neocolonización y de la competencia con los regímenes de inspiración leninista o del llamado socialismo real.

Es destacable la influencia que tuvo el despliegue de los soldados estadounidenses en la II Guerra Mundial en las posteriores luchas por los derechos civiles en EE.UU. Fueron desplegados miles de soldados negros en la zonas en conflicto. En Europa la población blanca los trató como libertadores, sin tener que sufrir ninguna medida de apartheid y mezclándose más libremente que en su país. Al regresar a casa volvieron a encontrarse con la aplicación de las leyes segregacionistas. No obstante, ya habían comprobado que esa situación podía no existir. Esos veteranos, con veinte años más, seguramente formarían parte de las manifestaciones que demandaban el fin de la segregación.

1 El rojipardismo actual es una tendencia política que aúna las clásicas reivindicaciones del socialismo con una crítica a la diversidad (a la que ven como una trampa), al feminismo y un rechazo absoluto a la inmigración, acercándose así a los postulados de la ultraderecha. Su mayor exponente sería el partido político alemán Alianza Sahra Wagenknecht-Por la Razón y la Justicia (BSW) aunque se pueden encontrar individuos (casi siempre hombres) que tienen esas opiniones en todo el mundo.

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La Congregación del Infinito 4/6

Insisto en que la reaparición de aquello que llamamos “yo” a lo largo de la eternidad es una creencia personal que parece positiva, si bien no se necesita que nadie tenga fe en ella para participar en la Congregación del Infinito. Es posible que aceptes mis teorías y compartas mis postulados o acaso prefieras otra hipótesis. Podría ser que tú fueses espiritualista, que creyeses en energías, en la tradicional rueda de las reencarnaciones o en otras de cualquier tipo diferente; quizás tengas unas creencias chamánicas y fundamentadas en la naturaleza o sigas una religión acosada por las viejas, grandes y cisheteropatriarcales; también es posible que seas una persona materialista y escéptica. Podemos albergar diferentes concepciones sobre el funcionamiento del universo y de la Realidad —yo por ejemplo, tengo las mías— o no creer en nada que la ciencia no pueda demostrar y, sin embargo, formar parte de una organización de carácter religioso común.

La organización aquí propuesta es exigente respecto a la democracia, a los derechos humanos (así como de otrxs seres vivxs) y la aceptación de la diversidad, pero no requiere de creyentes. Pide, eso sí, que huyamos del antropocentrismo.

Para una gigantesca cantidad de personas sería imposible empezar a formar parte de ella sin una promesa de vida eterna. Son millones lxs que se ven incapaces de reemplazar unas antiguas creencias que aseguran la vida eterna en un paraíso, por la incertidumbre y por la afirmación de que esta vida que experimentamos es la única que existe. La fe es una respuesta de la criatura humana al enfrentarse a la angustia existencial, respuesta de la que se aprovecharon las viejas religiones construidas partiendo de la dominación de las mujeres.

Es muy posible que tú pienses que lxs Homo sapiens solo pueden existir en este planeta; que únicamente hubo, hay y habrá un universo; que no sabes si ha habido o habrá otros, pero solo conoces este; que en la Tierra igualmente hay posibilidades infinitas de seres vivos; que sin memoria no podemos volver a constituir el mismo yo o, en fin, cualquier razonamiento que te haga ser una persona escéptica sobre otras oportunidades para vivir nuestras vidas. No hace falta creer en nada, del mismo modo serás bienvenidx en los Encuentros Asamblearios del Infinito.

Reconozco que mis creencias pueden resultar muy interesantes para aquellxs que tienen pensamientos suicidas, aunque no más que cualquier creencia que prometa una vida eterna después de la muerte. Yo mismo —como cualquier disidente sexual o de género— los tuve en mi adolescencia. Me alegro, incluso ahora, de no haber seguido el camino que me indicaban. Hay que subrayar que las relaciones humanas entre adultxs no son como las de esas edades. Con el tiempo todo mejora. La vida da muchas vueltas y, pese a que en algunos momentos te sientas miserable y te parezca que nada merece la pena, resulta que en otros sí que somos capaces de disfrutar de ella. Y esto también se podría aplicar cuando estos deseos de desaparecer te asaltan siendo más mayor.

Si con esta entidad religiosa antipatriarcal podemos disminuir el número de quienes se suicidan pensando que les espera el Infierno, el Cielo cristiano —si al final son perdonadxs tras pasar un tiempo en el purgatorio— o un Paraíso musulmán; si a la larga somos capaces de disminuir la violencia que se produce alrededor del globo terráqueo, la humanidad habrá avanzado un poco. La vida es el principal derecho humano, no tiene que ser arrebatada poniendo por excusa ninguna fantasía o dogma, como ha ocurrido en la historia constantemente y todavía sucede. Aunque tampoco habría de serlo por algo que fuese real. 

No fui religioso en mis primeros cuarenta años de vida. Quizá influyó en esto el hecho de que no lo necesitase. Vivo en una sociedad donde impera el individualismo. No precisé una comunidad que me apoyase, si bien el hecho de no ser cisheterosexual, en alguna medida, me la ha proporcionado. 

Ijeoma Oluo (1980) en su libro Vamos a hablar de racismo nos recomienda siempre hacer un examen de nuestros privilegios:

Así que sí, todos deberíamos revisar nuestros privilegios. Y no solo cuando nos lo dicen en mitad de una discusión. Recomiendo practicarlo buscando tu privilegio cuando estés en una situación neutral. Siéntate y piensa en las ventajas que has tenido en la vida. ¿Has gozado siempre de una buena salud mental? ¿Has crecido siendo de clase media? ¿Eres una persona blanca? ¿Eres un hombre? ¿Eres neurotípico? ¿Eres un ciudadano con papeles del país en el que vives? ¿Has crecido en un hogar estable? ¿Tienes vivienda estable? ¿Tienes un medio de transporte fiable? ¿Eres cisgénero? ¿Eres heterosexual? ¿Eres delgado, alto o atractivo según los estándares? Tómate tu tiempo para profundizar en todas las ventajas que has tenido y que otras personas no. Anótalas.1

Fui una persona muy privilegiada, aunque ahora quizá no podría decirse lo mismo de mí, dadas mis condiciones de supervivencia. O sí, porque a fin de cuentas, logré seguir aquí después de haber tenido un tumor cerebral y gozo de unos beneficios y unos cuidados que me permitieron sobrevivir hasta ahora —cuando sufres ataxia severa, han de ayudarte para caminar, ducharte o hacer tus necesidades, tienes practicada de forma permanente una traqueostomía, te alimentas por sonda y ya no puedes comer ni beber, no vives, sobrevives—, así como tener la capacidad, las condiciones para escribir y las ganas de hacerlo. Además, mis privilegios de género, de raza y de clase siguen operando cuando interactúo con el resto de las personas. Siempre he poseído los que otorga ser un hombre cisgénero y blanco de clase media. En cuanto a los que otorga el capacitismo los tuve hasta hace diez años, cuando me movía como un bípedo. Ya no los tengo y como paso el día alimentándome, no suelo acudir a ningún evento que me obligue a estar fuera de casa más allá de mis noventa minutos de descanso entre comidas. 

Vivo en un Estado que tiene, del mismo modo, ciertos privilegios: forma parte de los enriquecidos, ofrece cierta seguridad social (con una cobertura muy por encima de la media mundial) y una sanidad pública (esto son derechos, más que privilegios). Es cierto que esta última sufre enormes aprietos y adolece de un presupuesto insuficiente, pero está muy avanzada y es gratuita. El hecho de vivir en una gran ciudad como Madrid, podría considerarse que también otorga ciertos privilegios —aunque tiene las desventajas de cualquier gran ciudad—, porque permite el acceso a determinados puestos de trabajo que ofrecen buenas condiciones y a unos hospitales que son punteros en el mundo. En uno de ellos trabaja la mayor de mis hermanas. 

Como formaba parte de una familia sin demasiados delirios de grandeza y acudí a instituciones públicas de enseñanza —que estaban mucho mejor presupuestadas hace cuarenta años que actualmente, ya que no competían con tantas concertadas—, tuve siempre la tremenda suerte de estudiar en centros laicos. Siendo muy pequeño, me estimularon mucho el interés por la lectura. Obtuve muy buenas calificaciones en el colegio y más que aceptables después en el instituto de educación secundaria. Supongo que esto constituyó una gran ventaja. Sin embargo, no era un niño feliz, ya que me sentía diferente. Un niño marica en la Europa de los ochenta que imaginaba una perspectiva vital bastante sombría, dominada por el rechazo generalizado y la homofobia. Pensaba que me infectaría con el VIH —que entonces no era crónico, sino que era poco menos que una sentencia de muerte— y desarrollaría la enfermedad del SIDA. Pero afortunadamente no fue así: el VIH se convirtió en un virus controlable y la aceptación de LGTBQIA+ aumentó. Conseguí un empleo del que me ha quedado una buena pensión. Además, he sido muy privilegiado en lo afectivo. Tengo un marido estupendo que se ocupa constantemente de mí, me ayuda en las correcciones ortotipográfica y de estilo, sin el que habría sido imposible escribir nada.

Soy una persona muy privilegiada, a pesar de haber quedado después de mis operaciones de 2015 y 2016 con unas malas condiciones de vida. Ya no tengo los privilegios que muchxs tenéis de caminar, de comer, de manejar objetos o de poder lavarme, vestirme y limpiarme el culo. Pero sigo aquí, a pesar de mis terribles secuelas y de todo lo pasado, deseoso de expresarme. El hecho de haber sido muy privilegiado por mi condición de hombre cis blanco con educación universitaria, arropado por una familia sin demasiados problemas económicos, originario de uno de los Estados enriquecidos a través del colonialismo e incluso del tráfico de personas esclavizadas —cuando Inglaterra ya lo había prohibido—, sumado a los conocimientos que he ido adquiriendo a lo largo de mi vida, me empujan a querer cambios en esta injustísima realidad. Se trabajó mucho, hubo y hay una gran cantidad de esfuerzos para que yo esté vivo y en mi casa. Por eso me lancé a escribir mis pensamientos y he ideado la Congregación del Infinito. Lo mínimo que podía hacer para intentar compensar era compartir unos planteamientos —para algunas criaturas humanas esperanzadores, para otras inquietantes o, simplemente, una estupidez (pero que en todo caso constituyen una opción más)— que he ido depurando en los últimos años pero me acompañaron toda la vida e intentar construir una alternativa a las viejas religiones que intentaron perpetuar la hegemonía masculina. Quiero ser útil y creo que no lo iba ser más manteniendo la boca cerrada y consumiendo valiosos recursos2. Sería estupendo que al final de todos esos privilegios que he tenido, por una vez surgiese algo bueno, como una entidad que fomentase la justicia y la igualdad de derechos alrededor del globo terráqueo, un texto que impulsase reuniones semanales de quienes se alejan del antropocentrismo, intentan no actuar imponiendo la cisheteronormatividad, se consideran feministas o antipatriarcales, antirracistas, tienen actitudes anticoloniales, antixenófobas y ecologistas.

1 Oluo, Ijeoma: Vamos a hablar de racismo. Benahavis (Málaga): Plankton Press, 2022.

2 No hay que olvidar que esos valiosos recursos son producto de la solidaridad de lxs trabajadorxs de este Estado pero también de los ingresos obtenidos por impuestos a empresas que expolian en el Sur global.

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La Congregación del Infinito 3/6

Mi cerebelo está dañado. Sin embargo, todavía conservo mis funciones cognitivas. Sabiendo que nos espera un futuro muy negativo, he de aprovechar que hoy aún funciona eficazmente la sociedad termoindustrial (a pesar de sus monstruosas injusticias) y que todavía estoy vivo, para escribir mis teorías, pensamientos y propuestas, con la esperanza de que algún día puedan ser ser útiles.

Supongo que no me quedarán demasiados años en esta vida, ya que aquí —mi marido me mantiene muy bien a pesar de mis graves secuelas— sobrevivimos en medio de un equilibrio muy precario, que probablemente no podrá mantenerse durante décadas. Sobre todo si, como ciertxs individuxs, asociaciones y medios de comunicación prevemos1, en los años venideros sufriremos un descenso energético. A pesar de ello, me consuela pensar que voy a volver a suceder en un sinfín de ocasiones, seguramente en otros universos.

Desde la perspectiva de una reaparición del mismo cuerpo, ¿significaría eso que yo siempre desarrollo mi tumor cerebral? No, no tienen por qué concurrir iguales circunstancias cada vez que te repites, ni van a suceder los mismos hechos. Algunos genes de tu código genético es posible que no se manifiesten.

No es necesario que los contextos sean idénticos. Si ahora tienes pocos recursos económicos, en otra vida tal vez te encuentres en una situación más desahogada, incluso podrías vivir en una sociedad con una justa repartición de la riqueza; si has sido racializadx o fuiste esclavizadx, quizás no lo seas en otra oportunidad (algún día será posible no ser blancx en Occidente sin estar racializadx); si en esta padeces una enfermedad o sufres un síndrome, puede ser que esto no suceda en otras. No creo que seamos tan originales e irrepetibles como pretendemos ser y probablemente corramos distinta suerte cada vez que ocurrimos. En cualquier caso, estas creencias no pueden constituir un nuevo motivo para no actuar ante determinadas situaciones injustas. Pensar que ahora llevamos una vida arrastrada pero después nos encontraremos en otra mejor no puede detener a nadie a la hora de buscar justicia, como sí ha ocurrido con el cristianismo e igualmente con otras religiones místicas y de las revelaciones.

Seguramente ya hemos vivido más veces en otros universos pero no tenemos recuerdos de ello en este cerebro. Me inclino a pensar que hay otras realidades en las que no se ha generado ese privilegio que detenta la gente blanca, ni la gran desigualdad entre esas zonas del globo que se han enriquecido más y aquellas otras que han sido víctimas de un gran saqueo, ni la que se produce entre quienes obtienen beneficio por la labor de otrxs, quienes actúan como sus emisarios (directivos de grandes empresas) y lxs que han de trabajar para obtener un salario que les permita vivir. Puedo imaginar un lugar en el que no exista el patriarcado, sin racismo, en el que no se hayan cometido crímenes como la colonización, la práctica de la esclavitud, los genocidios…. Ni la humanidad haya sido la causa de fenómenos como la extinción de numerosas especies de todo tipo de vida, del actual caos climático o de la contaminación de multitud de ecosistemas. Pero la realidad es este mundo en el que nos hallamos y sobre él hemos de seguir interactuando.

En la serie de televisión Battlestar Galactica2, lxs cylons, unxs robots que imitaban a las criaturas humanas, repetían en varias ocasiones la frase: “Todo esto ya ha ocurrido y volverá a ocurrir.” Seguramente se estaban refiriendo a la persecución de homo sapiens por parte de unas máquinas imitadoras pero, al verlo, yo no podía dejar de relacionar esta frase con el Eterno Retorno, una concepción filosófica del tiempo divulgada desde hace milenios en Asia Oriental, del Sur y Sudoriental —regiones en las que hallamos la samsara, una rueda que nos dice que la existencia se repite una y otra vez—, postulada en Occidente por el estoicismo griego y sugerida veintiún siglos después por Schopenhauer y Nietzsche. Mi propia versión sería: “Toda esta gente ya ha existido y volverá a existir. Yo ya he existido y volveré a existir”. Años más tarde viendo otras series, como la de dibujos animados Rick y Morty3, en la que lxs personajes viajan por diferentes universos en los que hay distintas versiones de sí mismxs, me reafirmé en mis creencias. 

Contemplo las distintas etapas de la vida como programas dentro de un ciclo que se repite eternamente. Por ejemplo, ahora estoy en una situación muy negativa pero en otros momentos soy un adulto independiente, a veces un niño o en ocasiones un adolescente. Podrán producirse programas cortos, interrumpidos o que no se desarrollen de forma óptima pero existen oportunidades en las que llevamos a término un programa largo y completo.

El hecho de concebir diferentes existencias o de que haya infinitos universos y de creerlo de manera totalmente irracional determinan que esta obra esté concebida como un texto religioso. Habrá quienes piensen que imaginar una especie de eterno retorno es sospechosamente conveniente en mi estado actual. Sin embargo, puedo asegurar que hace décadas que sospecho que la vida funciona de esa manera. Lo que sucede es que ahora tengo más tiempo para sistematizarlo y escribir sobre ello.

Tengo esas creencias pero de todas formas, no constituyen certezas que deban gobernar mis decisiones vitales ni las de de nadie. Es posible que resulten beneficiosas a la triste hora de aceptar que alguien que nos importaba se ha ido o que nos ayuden a afrontar nuestra propia muerte, pero no puedo decir que yo tenga una fe inquebrantable en ellas ni que dirijan mi día a día. La conciencia de que somos holobiontes según la terminología de Lynn Margulis (1938-2011) —o sea seres asociadxs con multitud de microbios (la mayoría bacterias)—, saber que dependemos del resto de ejemplares de nuestra especie y de la biosfera de este planeta en el que hemos evolucionado4 —a menudo conocida como Gaia—, añadida a la asunción de que debemos luchar constantemente contra nuestra tendencia al antropocentrismo, es lo único que puede guiar nuestro camino. Como apunta Jorge Riechmann en su Simbioética:

Si el proyecto fáustico de dominación sobre la naturaleza fracasa -y ya lo está haciendo, de la manera más trágica posible-, solo hay una perspectiva viable a largo plazo: simbiosis. Podemos llamarlo (…) simbioética o, también, cultura gaiana (…) Aunque la palabra simbioética pueda parecernos algo extravagante, en realidad remite a una antiquísima forma de estar en el mundo que ha sido natural para muchos pueblos y culturas: dar y recibir (con gratitud). Saberse parte de una Tierra viva donde nuestra existencia se entrelaza y ha de coordinarse con muchas otras formas de existencia.5

Casi cualquiera podría incluirse en nuestras reuniones. Quienes sí creen que tenemos un espíritu o un alma y que en el cosmos operan determinadas energías sobrenaturales, también serán bienvenidxs en los Encuentros Asamblearios del Infinito, como del mismo modo, lo serán aquellxs que se definen como totalmente materialistas o simplemente librepensadorxs, deístas, panteístas o cualquiera que no sea teísta. Igualmente sería deseable que se acercasen a ellos lxs que pertenecen a aquellas colectividades que, a pesar de poder tener creencias teístas, hayan sido señaladxs por las grandes religiones místicas y de las revelaciones como objetivo a destruir: wiccanxs, aquellxs que profesan religiones árticas, precoloniales —africanas, americanas, oceánicas o asiáticas—, de síntesis afroamericanaa (como la umbanda, la quimbanda, la santería, el vudú o el candomblé), chamánicas o animistas. Este último es el caso de una grandísima cantidad de pobladorxs originales en muchos territorios, a lxs que en numerosas ocasiones, los colonos de origen europeo intentaron imponer su modo de vida y cuyas creencias trataron de sustituir por el cristianismo. Sus comunidades se han construido tradicionalmente alrededor del respeto a la naturaleza. Para afrontar la crisis ecosocial a la que nos enfrentamos, tendríamos que aprender de las culturas en las que florecen, sobre todo en lo referente a formar agrupaciones sostenibles y con buen vivir.

1 Asociaciones como la gallega Vespera de Nada https://www.vesperadenada.org/ o la francesa Instituto Momentum https://institutmomentum.org/ y medios de comunicación como la revista 15/15\15 http://www.15-15-15.org/webzine/es/ o el blog The Oil Crash, de Antonio Turiel  https://crashoil.blogspot.com/

2 Battlestar Galactica fue una serie de televisión del género de ciencia ficción, emitida internacionalmente en diversas cadenas entre 2004 y 2008 y basada en otra que cosechó gran éxito a finales de los años 70 del siglo XX. Se trata de una epopeya espacial profundamente monoteísta, en la que lxs únicxs extraterrestres que aparecen son unxs robots y lxs supervivientes de una civilización humana que busca la Tierra.

Rick y Morty es una serie de televisión de animación para adultas que se ha emitido hasta ahora entre 2013 y 2025. En ella el abuelo Rick Sanchez dispone de un artefacto que genera portales entre diferente universos y va viajando por ellos con su nieto Morty.

4 La evolución tradicionalmente ha sido explicada basándose en modelos darwinistas de supervivencia de quien es más aptx. Sin embargo, los estudios de Piotr Kropotkin (1842-1921) establecieron que en ella hay un fuerte componente del apoyo mutuo y aproximadamente un siglo después, el gran impulso de Lynn  Margulis a la teoría simbiogenética, nos demostraron que no sabemos de esa evolución tanto cómo creíamos.

5 Riechmann, Jorge: Simbioética: Homo Sapiens en el entramado de la vida. (Elementos para una ética ecologista y animalista en el seno de una Nueva Cultura de la Tierra gaiana), Madrid: Plaza y Valdés, 2022.

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Infinito

La Congregación del Infinito 2/6

A mi parecer, surgimos como una improbable oportunidad que se repite con distinta suerte, durante varios intervalos de tiempo en el infinito. Según estas convicciones todas las realidades que sabemos que han llegado a existir tienden a repetirse y, en algún momento, todas las casualidades que han hecho que aparezcamos aquí van a volver a darse. Esta infinitud también la concibo en un plano espacial. Estoy seguro de que lejos del nuestro hay infinitos universos y apuesto a que en uno, en determinada galaxia, en un planeta azul volveremos a suceder. Podemos asumir que hay, a distancias inconmensurables de espacio-tiempo, otras versiones de nosotrxs en distintas situaciones conocidas de nuestra vida o en circunstancias que no hemos experimentado esta vez.

Estas creencias me ayudan a sobrellevar la pérdida de mis seres queridxs sin necesidad de recurrir a unx diosx ni a un alma inmortal. De igual manera, contribuyen a que afronte el día a día de mi situación actual y la certeza de mi propia muerte. Cuando ingresado en el hospital, tumbado en una cama, los ojos cerrados, sintiéndome con muy poca fuerza, pensé en un par de ocasiones que para mí se acababa todo y me precipitaba hacia un final inminente —afortunadamente me equivocaba y las veces que me he encontrado cerca de expirar estaba inconsciente—, pensar que iba a volver a comenzar la vida, a ser un niño de nuevo, me reconfortaba.

Considero que vivimos, morimos, luego volvemos a vivir y volvemos a morir, una y otra vez, sin principio ni final, si bien no tenemos recuerdos de nuestras vidas pasadas. El concepto de infinito es tan inmenso que todo se repite en él.

Tu madre, padre, abuelas, abuelos y demás antepasadxs también volverán a surgir. En algunos casos se conocerán y en otros no. Si tú apareces es porque sus gametos se han fusionado. De todas formas, esto no significa que siempre vayan a realizar su papel tradicional: es posible que no te críen. Suponiendo que lo hiciesen, ten en cuenta que aunque en esta línea espacio-temporal te maltratasen o abusasen, en otra puede que fuesen más dignxs de ser amadxs. Con el resto de familiares habrá oportunidades en las que coincidas y habrá otras situaciones en los que no os encontréis.

Yo no puedo creer que esta sea la única vez que hacemos el trayecto de la cuna hasta la tumba o las cenizas en un contexto de espacio-tiempo infinito. No es descabellado imaginar que ya hemos vivido antes, pero como lo hemos hecho a partir de otros cuerpos —opción que incluye otros cerebros— no nos acordamos. Podría decirse que soy ateo y no creo en las dimensiones espirituales. Y sin embargo, pensando, sujeto a menos límites que cualquier creyente, me he dado cuenta de que la muerte solo es un final parcial. No puede haber un final definitivo en estas circunstancias. 

Partiendo de la base ofrecida por esta creencia en las vidas sucesivas siendo siempre lx mismx ser humanx, es fácil llegar a la conclusión de que seríamos mortales pero eternxs, al igual que lo deberían ser —no vamos a caer en el viejo antropocentrismo— el resto de seres vivxs. En realidad la vida es eterna. A esta conclusión se puede llegar sin necesidad de creer en un mundo aparte, como un paraíso musulmán (Jannah), un Cielo cristiano, un Gan Eden judío, un Valhalla nórdico, un Tlalocan azteca, un Sukhavati budista, un Orun yoruba o un Elíseo griego, ni en la existencia de un Señor, de una diosa o de une diose de un género no binario. Siguiendo esta posibilidad, nuestra vida transcurre, después morimos y volvemos a suceder, en multitud de ocasiones en otros lugares del espacio-tiempo. Y no importa si, desde la óptica terrestre esto ocurre muchísimo después, ya que mientras avanza el tiempo, lxs sujetxs en cuestión no están y por lo tanto, no pueden percibir su paso. Según mi punto de vista, es inconcebible la vida de cualquiera como un suceso único e irrepetible en un espacio-tiempo infinito. Siguiendo con estas creencias, como acabo de indicar, lxs seres vivxs realmente somos eternxs. Lo que pasa es que no somos inmortales. Morimos repetidas veces. Pero entre muerte y muerte vivimos.

Dado que las criaturas humanas tenemos un cerebro muy plástico en la infancia, sobre una misma base van a surgir diferentes personalidades, en función de las circunstancias que aporte el ambiente y de lo que vayamos experimentando.

La eternidad, tal y como es explicada por el cristianismo —en el que se especifica que la tienes que pasar en el Cielo o el Infierno una vez que tu alma haya sido juzgada— siempre se me figuró una imagen muy aburrida. Me provocaba de niño angustia con solo pensar en ella. Es mucho más interesante una eternidad discontinua, en la que las muertes se alternan con las vidas, podemos correr distintas suertes, acabar siendo de un modo u otro y no somos conscientes de ser eternxs, o al menos, aunque podamos intuirlo, nunca vamos a tener seguridad de serlo. Sobrevivimos en medio de una gran incertidumbre. En ella la muerte parece un final absoluto. Yo estoy convencido de que no lo es.

Morimos, desaparecemos y nos volvemos a la nada de la que vinimos; permanecemos billones de años muertxs; pero eventualmente sucedemos otra vez, así que vivimos de nuevo durante unos años; luego, otra vez muertxs; luego, otra vez vivxs, y así sucesivamente. Este proceso también se da en diferentes puntos del espacio infinito. A enormes distancias habría otrxs yo atravesando distintas fases de la vida. Para lxs seres vivxs hay tres posibilidades: uno, únicamente existiríamos una vez durante un tiempo, de mayor o menor duración —que sería nuestra expectativa si no creyésemos en nada—, dos, existiríamos en un número determinado de ocasiones o tres, seríamos eternxs. De modo continuo, según nos dicen las religiones tradicionales, o de una manera discontinua, según estas creencias. 

Creer en la narración del alma y del Cielo o Paraíso me parece respetable pero es una hipótesis que no encuentro factible ni deseable. Los sistemas que imaginan una eternidad continua suelen incluir un Dios teísta, o sea un juez que vigila tu vida y del que no puedes escapar. Hay quienes vemos esa posibilidad como aterradora.

Aquí estamos, lxs dos vivxs: yo, mientras escribo este texto y tú cuando lees. Tú, lectorx: una más que improbable posibilidad que sin embargo, aconteció en este universo. ¿Realmente podemos estar segurxs de que esto no volverá a ocurrir en otro? ¿De que no hubiese ocurrido ya antes? ¿O de que no esté ocurriendo ya a distancias inconmensurables en el espacio infinito?

Cuando afrontamos la pérdida de alguien en nuestro entorno deberíamos pensar eso: que ya ha vivido y lo volverá a hacer. Que la muerte solo es una etapa en un ciclo en el que aparecemos y desaparecemos en diferentes universos. Cuando esta persona vuelva a surgir, habrá veces que no coincidamos con ella pero, dado que el espacio-tiempo es infinito, las ocasiones también lo son, de modo que habrá otros momentos en los que sí lo hagamos. Quizá estos pensamientos ayuden a mitigar el duelo.

Diariamente, son multitud aquellxs que han de encarar diagnósticos que les pronostican un desenlace relativamente cercano y sienten pánico frente al pensamiento de una absoluta desaparición. Planteamientos como este también podrían facilitar la aceptación de esos horizontes tan funestos. 

Esta perspectiva también podría reconfortar a quienes han optado por iniciar procesos de eutanasia.

Unas creencias así (siempre sometidas a duda) se podrían resumir en una especie de adaptación de la samsara o eterna rueda de las reencarnaciones —principio que guía varias religiones orientales— en la que solamente nos podemos reencarnar en nosotrxs mismxs.

Gracias a ellas siento que no importa aquello que me pueda pasar, soy una constante que surgirá de nuevo, tarde o temprano, en uno u otro lugar. 

De niño, al haber sido educado en la fe católica, se me inculcó la noción de la vida eterna después de que Dios juzgase tu alma. Imaginarme siendo consciente de tener que vivir esa eternidad me angustiaba inmensamente, me daba vértigo, sentía un vacío en el estómago que solo desaparecía si me abrazaba a cualquiera de mis seres queridxs. Pronto eso dejó de sucederme y, con el tiempo, he comprendido que ya estamos en esa eternidad prometida por las religiones místicas y de las revelaciones, no nos hace falta esperar a morir. En los momentos más felices de nuestra existencia tenemos que recordarlo y también cuando perdemos a alguien.

Entiendo la realidad como un videojuego en el que tenemos infinitas vidas, con una dificultad variable y en el que pasas por diferentes pantallas o secuencias cada vez. No obstante, son solo conjeturas; la única de la que podemos tener seguridad es la que vivimos ahora. Hay que conseguir que sea lo más respetuosa y fundamentada en la equidad que sea posible. 

Llegados a este punto tengo que hablar del mito de Sísifo. Sísifo era un griego que, por diversos motivos —entre ellos ponerle unos grilletes a Tánatos (la muerte) y engañar a Hades, dios del inframundo— fue condenado a empujar una piedra por la ladera de una montaña. Pero la piedra siempre volvía a caer ladera abajo, de forma que él tenía que sufrir continuamente para subirla. Su ejemplo fue puesto por Albert Camus (1913-1960) en El mito de Sísifo como muestra de lo absurdo de la condición humana. A través de esta alegoría, desaparecer se presenta como mejor opción que vivir eternamente. Según ella nuestra existencia podría parecer que implica sufrir continuamente la condena del pobre Sísifo. Afortunadamente sin embargo, también hay momentos muy felices. Es posible que haya para quienes resulte más seductora la idea de no volver a existir, que la de enfrentarse de nuevo a situaciones que les han hecho daño. Recorrer una y otra vez su vida podría considerarse una condena similar a la de Sísifo, sobre todo para lxs que han tenido una infancia dolorosa: para aquellxs que hubieron de trabajar en condiciones muy duras, para lxs que hayan sido víctimas de malos tratos físicos o psicológicos, para quienes sufrieron agresiones sexuales, o para aquellxs que en su niñez participaron en conflictos armados. Es evidente que hasta que no se tiene determinada edad, nadie es suficientemente dueñx de su destino y se está al menos en parte, en manos de lxs adultxs. La perspectiva de volver a pasar por una infancia desgraciada para posteriormente encontrar algo de felicidad puede no configurar un horizonte positivo. 

De la misma manera, puedo imaginarlo para lxs que nacieron y murieron esclavizadxs o para lxs que tienen enfermedades y síndromes de origen genético. La posibilidad de sufrir repetidamente, padecer una y otra vez, realmente podría imaginarse como un castigo equiparable al de Sísifo. 

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Infinito

La Congregación del Infinito 1/6

Partiendo de los Encuentros Asamblearios del Infinito, podemos articular la Congregación del Infinito, de forma que levantemos una estructura capaz de albergar a gente con creencias muy diferentes entre sí. Estas pueden ser más y menos peculiares, más y menos materialistas. Desde el rechazo al teísmo, a las jerarquías y el descrédito de los dañinos, antropocéntricos/androcéntricos mensajes de las religiones viejas y patriarcales, podemos hacer diferentes suposiciones sobre lo que pasa después de la muerte y, a pesar de ello, mientras así lo deseemos, continuaremos perteneciendo a esta organización de carácter religioso que no es dogmática.

Comentando un caso muy habitual —concretamente el de de cierta niña que quiso hacer la Comunión en la Iglesia Católica a pesar de que su madre y su padre la habían educado en el agnosticismo/ateísmo—, mi amigo el antropólogo I. P. me subrayó lo fundamentales que son los ritos en nuestra vida. Se suelen concretar en las diferentes culturas a través de tradiciones que, parecen muy importantes pero realmente no lo son tanto. Una inmensa cantidad de individuxs se acercan a las religiones porque quieren participar en determinado rito de celebración, así que al proponer una organización de este tipo resultan imprescindibles. La Congregación del Infinito va a rendir culto a la biosfera y a la aparición de la vida en el universo y, si bien podemos ver claros indicios de que este es un fenómeno que sucede en otros planetas, por ahora solamente tenemos constancia de que ocurre en la Tierra. Aquí surgió una especie que ha llegado a ser consciente de su momentánea existencia y es capaz de comunicarse. Se trata del único sitio en el que tenemos constancia de que esto ha sucedido pero probablemente existan más. Hablaría de vida inteligente pero no lo hago, ya que no parece demasiado inteligente que ocasionemos tanto daño al medio ambiente del planeta en el que sobrevivimos. En esta suerte de culto al verdor fijador de CO2, a la vida y a Gaia, cada Encuentro Asambleario del Infinito puede consensuar en qué van a consistir esos ritos de celebración y la periodicidad con la cual los realizarán.

Frente a ese laicismo individualista que hemos estado cultivando desde hace más de doscientos años con un éxito diferente —según pongamos el foco en unos países o en otros—, hemos de proponer una especie de ecologismo comunitario, fundamentado en el reparto justo de recursos, en el antirracismo, en el anticolonialismo, en el feminismo transinclusivo, en la lucha contra la xenofobia, en la valoración positiva de disidentes sexuales y de género y en general de toda la diversidad, también la de discapacitadxs o la de neurodivergentes. Podrían llevarse a cabo concentraciones, actos de conmemoración, marchas o procesiones —siempre que la seguridad estuviese garantizada— en diferentes fechas señaladas ya por otros movimientos de liberación. En ellas señalaríamos nuestros firmes compromisos con la democracia real (construida a partir de asambleas), los derechos humanos y de todxs lxs seres vivxs, así como nuestra voluntad de no ser dogmáticxs.

El nombre de esta organización de carácter religioso alude a la infinitud del espacio-tiempo. Por más que esto sea un supuesto que todavía se está discutiendo, yo prefiero asumir que así es y en base a ello elaboro mi relato.

Según la Teoría de la Relatividad el universo es finito pero ilimitado en lo que puede llegar a ser, ya que se expande. Hoy en día, una opinión muy extendida entre lxs expertxs en la materia es que es infinito. A mí me resulta difícil imaginar que algo que surge de un pequeño punto y se expande lo sea, pero no soy astrofísico. Tanto si lo es, y tiene infinitas galaxias, infinitas estrellas e infinitos mundos —la mayoría no habitables pero otros sí—, como si no lo es, pero forma parte de una cantidad infinita de universos en un multiverso; terminamos encontrándonos frente al infinito, una magnitud con la que nos topamos repetidamente además de en astrofísica, en matemáticas y en filosofía. 

El matemático alemán David Hilbert (1862-1943) ideó el Hotel Infinito para que se entendiesen mejor sus propiedades. Es la imagen de un hotel con infinitas habitaciones ocupadas en el que siempre hay hueco para las nuevxs huéspedes, toda vez que lxs antiguxs se desplacen a la que dobla el número de su habitación (2x) o, por ejemplo a la siguiente (x+1). Esta figura ilustra así diversas funciones que tienden a infinito.

El objetivo era explicar una imagen mental muy antigua. Podemos imaginar que surgió al enfrentarse a los inconmensurables mares, bosques, tundras o desiertos (si bien hace mucho tiempo que sabemos que todos estos accidentes geográficos tienen límites). Aparece ya en las teorías de quienes filosofaban en la antigua Grecia —asumo que también lo hacían en otros lugares y encontrarían la misma desasosegante abstracción—, aunque la tratan además en siglos posteriores diferentes autorxs en la historia de la filosofía.

En 2022, se produjo y emitió en plataformas de streaming de video de varios países, el documental de 79 minutos Un viaje al infinito (A Trip to Infinity), dirigido por Jonathan Halperin y Drew Takahashi. En él, varixs matemáticxs, físicxs y filósofxs nos acercaban a ese maravilloso concepto, en sus diferentes aspectos. En el documental se plantean unas hipótesis muy interesantes, entre ellas la de que los objetos que de hecho existen se desintegran, pero volverán a su configuración actual en algún momento del infinito y la de que existen infinitas versiones de la misma criatura humana (muy alejadas entre sí en el espacio-tiempo).

El fragmento que sigue nunca va a constituir un dogma. Es un pensamiento propio, pero es el origen de esta obra y el motivo principal que determinó que imaginase la Congregación del Infinito. Versa sobre mis creencias personales, del mismo modo que cualquiera puede albergar las suyas o no tener ninguna. Muchas personas sin fe llevan a  cabo reflexiones similares, según he podido comprobar en Internet. Las alumbré partiendo de una concepción materialista de la realidad y de que estoy seguro de que no tenemos un alma o un espíritu que pueda existir separadamente de nuestro cerebro.

Estimo que la noción de infinito debe englobar también diferentes espacio-tiempos, no solo el nuestro, otras dimensiones con distintas líneas de tiempo. Para mí es un término que, debido a su inmensidad, contiene todo aquello que es posible y donde, si hemos podido comprobar que algo existe una vez, puede volver a suceder y lo hará, salvo que lo consigamos evitar.

Siempre fui muy proclive a cavilar y he podido permitirme el lujo de hacerlo, dada mi situación privilegiada en este orden neocolonialista, racial, capitalista y patriarcal. Además, en los últimos años me he visto obligado a permanecer largas temporadas en un hospital, donde he tenido una gran cantidad de tiempo para pensar. Y a menudo lo hago sobre la existencia o la muerte.

Seguramente a ciertxs astrofísicxs les parezca un pensamiento absurdo. Aun así, yo tengo asumido que, ante las infinitas posibilidades ofrecidas por un espacio y un tiempo que a mi juicio no tienen final, tarde o tardísimo, lejos o lejísimos, quizá en otra dimensión, aparecerán un nuevo universo, una nueva Vía Láctea, una nueva Tierra, una nueva biosfera, una nueva criatura humana; emergerás unx nuevx tú.

Hugh Everett (1930-1982) fue un mecánico cuántico que, como solución a algunos problemas que daban resultados múltiples, propuso la Interpretación de los Muchos   Mundos, en la que existen distintos universos con diferentes versiones de nuestro yo en situaciones alternativas a la realidad que percibimos aquí.

Personalmente, considero que la vida es como un viaje en tren, no sabemos si de corta o larga duración, que tiene origen en el acto de nacer y cuyo destino final es la muerte. Ese viaje tiene diferentes encrucijadas que representarían nuestras decisiones. Puede que tomemos una u otra dirección pero el final es el mismo. Yo creo que hacemos esa travesía en una y otra ocasión. Pero no siempre es igual, unas veces tomamos una dirección en cierta encrucijada y otras veces otra. Tampoco son las mismas, en cada existencia, las condiciones de partida.