En realidad, aunque se trate de posiciones distintas, el ateísmo no es tan diferente del agnosticismo. Son equivalentes. Para la vida cotidiana, tanto de atexs o agnósticxs, como la de panteístas o deístas, en el fondo es irrelevante si Dios existe o no. No es tan importante. No se cuenta con ello a efectos prácticos del día a día ni te puede acompañar en situaciones especiales. Quienes son teístas en cambio, notan la presencia de ese ser en su vidas en todo momento. Sin embargo, puesto que asumimos que no podremos contar a lo largo de nuestra vida con esa compañía divina, habremos de centrarnos en buscar la humana y será conveniente organizarse.
Encuentro paradójico que quienes participan en movimientos de liberación prefieran asumir la visión de un Dios teísta antes que la de una diosa deísta o de varixs todopoderosxs. Dejando de un lado la influencia del sistema patriarcal —omnipresente en las sociedades anteriores al siglo XXI (hoy en nuestra mano está que deje de serlo)—, es posible que sea por miedo a la soledad. Al tomar esa opción, se decantan por ser vigiladxs y juzgadxs como precio a pagar por sentirse acompañadxs en determinados trances de la vida. En esos momentos difíciles, yo creo que es más útil rodearse de otras personas, ya que es probable que en algún periodo de sus vidas se hayan encontrado o se encuentren en circunstancias similares a las tuyas. Quizás, que esta opción teísta resulte tan frecuente, simplemente sea porque faltan propuestas.
Personalmente, yo oscilo entre el ateísmo y el agnosticismo. Unas veces pienso que si alguna vez existió algunx únicx diosx, debió de sentir una gran soledad en su magnificencia, dado que era muy diferente de los seres que creó; y en el supuesto de que fuese omnipotente, habría cesado en su existencia, para que no existiese esa gran diferencia de estatus con sus creaciones y así, estas se sintiesen completamente libres. Otras veces lo que creo es que podrían ser un equipo o que nunca existió nada. En cualquier caso, jamás lo podremos saber.
En el pasado, aprendimos a vivir pensando que somos la suma de un cuerpo que se va deteriorando y de una conciencia articulada en torno un alma inmortal. Con el transcurrir de los siglos, se produjeron mayores avances en la ciencia y la medicina que nos permitieron comprender mejor lo que somos. A esto se añade la observación e identificación de ciertas demencias y enfermedades como la de Alzheimer, de modo que hoy en día es asumido que tal alma inmortal no existe y que nuestra conciencia es producto de la interacción de neuronas en nuestro cerebro. Parece que nada en nuestro yo es eterno, ni sobrevive tras la muerte. No obstante, hoy sospechamos que el espacio-tiempo es infinito y yo tengo la creencia de que nos volveremos a producir en él. Por ahora dejo esta idea aquí, ya la desarrollaré en el último capítulo.
Desde el siglo XV, Europa se dedicó a saquear, explotar y controlar políticamente grandes extensiones de la Tierra creando colonias y los europeos fijaron como una de sus metas difundir por el globo los cultos cristianos en sus diferentes versiones. A lo largo de los siglos XVI y XVII, mientras los misioneros se prodigaban evangelizando en las colonias, en su continente de origen se desencadenaron sangrientas guerras religiosas que indujeron a quienes las sufrían a preguntarse si no se viviría mejor sin religión. Seguramente aquí se encuentre la principal causa de que pronto surjan críticas en Europa al cristianismo y de que hoy no se perciban tantas en los países que sufrieron la colonización. Estas críticas se harían profundamente fuertes y terminarían extendiéndose a otros continentes planteando una situación como la actual, en la que una religión teísta y garante de la hegemonía masculina, que pretende fomentar los derechos humanos, pero que es inevitable relacionar con el machismo y el colonialismo, está perdiendo fieles globalmente de forma sostenida. Hay que entender que la gran extensión actual del cristianismo se debe a que era el culto que practicaban los colonizadores europeos.
La mayoría de territorios de esta parte del mundo eran muy conservadores, pero los Países Bajos, como fueron una república independiente tras librarse del domino español eran entonces bastante tolerantes y estaban abiertos a otras formas de pensar. Mientras que Baruch Spinoza (1632-1677) —a quien se considera casi siempre panteísta pero a veces secretamente ateo— publicó sus obras en el Amsterdam del siglo XVII, en otra parte del continente, donde las autoridades no eran tan tolerantes, fue escrito de forma anónima y mantenido en secreto —como texto para ser poseído en selectas bibliotecas, pero jamás publicado— el libro Theophrastus redivivus. Esto sucedió antes del período europeo y americano conocido como La Ilustración, aunque es unaobra no bien conocida hasta el siglo pasado. En el manuscrito, del que solo existen cuatro ejemplares, se puede leer:
La existencia de Dios, la creación del mundo a partir de la nada, que la religión sea entregada y enseñada por Dios y no fruto de la astucia de los gobernantes, la inmortalidad del alma y la existencia del Paraíso y de los Infiernos, no se pueden demostrar con la razón natural, a pesar de que algunos teologastros digan lo contrario.1
Aquel texto fue producto de una corriente de pensamiento que existía desde el siglo XVI o antes, frecuentemente ninguneada por los libros de historia, pero que en el XVII se extendió entre la clases altas de Francia: el libertinismo. Este movimiento cultural se desarrolló a través de veladas en salones, con frecuencia convocadas por mujeres, en los que se experimentaba una gran libertad para establecer amoríos y luego mantener relaciones sexuales, pero también para expresar opiniones diferentes a las usuales en materia política o de religión.
Al tiempo que había quienes podían permitirse el lujo (uno más entre tantos) de expresar su disensión ante la idea de la existencia de Dios, en otros lugares de Europa sucedían cosas diferentes. En 1674 en la ciudad de alemana de Jena (Turingia, Alemania), Mattias Knutzen distribuye unos panfletos ateos, en los que dice que no existen ni Dios, ni el diablo, ni las almas inmortales y que la Biblia es inverosímil debido a su gran cantidad de contradicciones. Las autoridades de la ciudad y de la Universidad de Jena comenzaron a perseguirle por ello pero él huyó y consiguió desaparecer del mapa.
En 1689, en Varsovia fue ejecutado Kazimierz Łyszczyński (1634-1689), conocido en inglés como Casimir Liscinski, que había escrito en la intimidad de su hogar el tratado De no existentia dei (La no existencia de Dios). Era un aristócrata y terrateniente que había estudiado filosofía mientras era jesuita, aunque luego dejó la orden. Su texto fue robado por un vecino al que había prestado dinero y que aprovechó para acusarlo de ateo con la finalidad de no tener que devolverle el préstamo. El manuscrito original fue mandado quemar por la Dieta o Sejm polaco-lituana, pero han sobrevivido algunas citas que aparecen en el documento que relata el proceso. Una de ellas dice:
La religión fue constituida por personas sin religión, que querían ser adoradas ellas mismas, ya que los dioses no existen. La piedad religiosa fue creada por impíos. El temor de Dios fue difundido por temerarios para que la gente tuviera miedo de ellos al final. La devoción que se dice piadosa es un diseño de los seres humanos. Las doctrinas religiosas, ya sea que digan ser lógicas o filosóficas, y que se jactan de ser la enseñanza de la verdad de Dios, son falsas, y por el contrario, la doctrina condenada como falsa, es la verdadera.
1 Rodríguez Donís, Marcelino: El Theophratus redivivus y la eternidad del mundo, Universidad de Sevilla.
