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¿Cómo nos hemos organizado históricamente? ¿Qué está sucediendo en los últimos siglos? 7/9

Doreen Valiente (1922-1999) fue una londinense que no creía en un dios, sino en una diosa. Tomó ese apellido de su segundo marido —norma patriarcal en numerosos Estados, mientras que solo costumbre en otros—, un exiliado republicano español. Suma sacerdotisa del aquelarre de Gerard Gardner (1884-1964), colabora junto a él en la creación de los rituales de la Wicca, una religión no teísta que se basa en los hechizos y en la naturaleza. Publica libros esenciales como Natural Magic (Magia natural), Witchcraft for Tomorrow (Brujería del mañana) o el de de poemas The Charge of the Goddess (La carga de la diosa).

Lounès Matoub (1956-1998) fue un cantautor que nació en Cabilia, país dentro de Argelia habitado por el pueblo amazigh que se encuentra también en varios Estados del norte de África. Su idioma es el tamazight y fue el que usó para escribir canciones de gran éxito, ya que apenas hablaba árabe. Fue un gran defensor de la laicidad y de la causa del pueblo amazigh, algo que le enfrentó tanto con el gobierno, como con las guerrillas islamistas que combatían contra él. En 1988 un policía le dispara y se recupera tras una larga convalecencia. En 1994 le secuestran y le condena a muerte un supuesto tribunal islámico organizado por un grupo terrorista. Finalmente es asesinado por el GIA (Grupo Islámico de Salvación) cuatro años después.

Ngūgī wa Thiong’o (1938-2025), desde Kenia, acusa a los europeos de imponer sus propias lenguas desde la llegada de los misioneros que enseñaban pasajes de La Biblia. Aunque es cierto que también usaron para ese propósito las lenguas originarias (desde bien pronto existen ejemplares traducidos a esas lenguas), convencieron a sus hablantes de que eran dialectos, unos instrumentos incorrectos para expresarse y herramientas inadecuadas para la literatura. Frantz Fanon había destacado el hecho de que era obligatorio en las escuelas aprender la lengua del colonizador. Ya en 1985 wa Thiong’o en su clásico Descolonizar la mente señala que los colonizadores, al añadir las supersticiones cristianas a la cultura originaria, acabaron consiguiendo que la mayoría de la población colonizada fuese más sensible al conjunto de ellas. En este fragmento subraya la importancia de la novela como instrumento modelador de la realidad:

Las pretensiones imperialistas de liberar a África de las supersticiones, de la ignorancia y del terror a la naturaleza a menudo tuvieron como resultado un aumento de la ignorancia de los africanos, multiplicando sus supersticiones y acrecentando su miedo al amo que blandía el látigo y el fusil. Un africano, y particularmente uno que hubiera pasado por la escuela colonial, se remitiría seguramente antes a la Biblia, con sus explicaciones fantásticas sobre el origen del universo, sus revelaciones divinas sobre la “segunda venida” y sus aterradoras imágenes del infierno y de la condenación eterna para quienes pecaran contra el orden imperialista, que a las novelas, con sus cuidadosos análisis de las motivaciones de la acción y los personajes, y su presuposición general de que el mundo puede entenderse, o al menos analizarse, mediante la observación de los patrones de comportamiento de los individuos, o de los modelos cambiantes de las relaciones humanas entre grupos e individuos.1

Gayatri Chakravorty Spivak (1942) es una teórica de la literatura y filósofa india conocida por sus pensamientos anti/decoloniales y su revisión feminista de los escritos de Freud y Marx. Ha sido acusada de atea en numerosas ocasiones y nunca se ha molestado en decir que no lo sea. Reflexiona sobre la subalternidad frente a la hegemonía en su ensayo ¿Puede hablar el subalterno? que fue publicado en 1988. Según ella la clase, el origen étnico y el género nos pueden conferir una situación de subalternidad en la que podemos hablar, pero no se nos va a escuchar. Este concepto servirá como antecedente para la Teoría de la Interseccionalidad elaborada por la abogada y académica Kimberlé Creenshaw (1959), que comenzó en 1989 señalando el género y la raza como factores que interactúan fomentando una doble discriminación. Posteriormente la profesora de sociología Patricia Hill Collins (1948) amplía un concepto en el que existen varios ejes (he encontrado diagramas recientes diagramas con alrededor de catorce), en cada uno de los cuales estarás ubicadx en el lado del privilegio o en el de quien sufre la opresión2.

El siglo XX había constituido un periodo complejo. A raíz de la Revolución Rusa —pero sobre todo después de la victoria aliada en la II Guerra Mundial, de la formación de un bloque partidario de la URSS y de la exportación de su modelo— en la mayoría de los países en los cuales se instalaron regímenes totalitarios de inspiración leninista, se favoreció un ateísmo de Estado en el que las religiones a veces eran muy perseguidas. Se consideraban una superestructura irracional típica de las sociedades capitalistas. Realmente este ateísmo forzado eliminaba —en ese momento de mediados del siglo pasado— las tradiciones de esos territorios (ahora han recuperado su fuerza). Unas tradiciones opresoras en muchos casos. En su última década, con el desmoronamiento de la Unión Soviética en 1991 —a la que habían precedido en su caída muchas dictaduras que la apoyaban—, las viejas religiones cobraron una fuerza mayor que la que tenían a principios de la centuria. Esta recuperación del vigor en los sectores más integristas es el principal factor que conduce a los atentados con un pretexto religioso de los inicios del XXI. 

Es hora de intentar construir una nueva organización con ese carácter no teísta y preocupada por la redistribución de la riqueza, pero que promoviendo la convivencia, no sea dogmática y no induzca a las personas a cometer actos de violencia contra nadie, al tiempo que fomente el respeto a una naturaleza, que no está ahí para que la explotemos y de la que nunca  fuimos el centro.

Desde hace ya tiempo quienes se dedican a la astronomía parecen lxs más confiables y certerxs a la hora de argumentar sobre la existencia o no de Dios, ya que empiezan a conocer cómo funciona el universo. Es el caso de Margherita Hack (1922-2013), astrónoma que se declaraba “atea, feminista y vegetariana en una Italia católica, machista y carnívora”. Sobre la necesidad de creer en dioses escribió en su obra Mi infinito. Dios, la vida y el universo: reflexiones de una científica atea. También sobre la incomprensión hacia la fe de lxs que no la tenemos.En ella leemos:

Quienes no aceptan la fe y, por tanto, no aceptan la «mediación» del misterio de la vida por parte de ninguna casta, estiman que creer en Dios es un modo infantil de explicar todo aquello a lo que la ciencia no puede dar respuesta, y nace de la necesidad de tener un apoyo, una guía, alguien que nos explique cual es el sentido de la existencia. Como prueba del infantilismo del creyente se recuerda que lo «divino» en la vida de los hombres se ha ido atenuando con el aumento del conocimiento, con el progreso de la ciencia y de la comprensión de los fenómenos.3

Aquellxs que han estudiado a fondo la astrofísica suelen tener convicciones ateas, o al menos no teístas. Ateo se confesó Stephen Hawking (1942-2018) quien tras escribir en El gran diseño declaró:

En el pasado, antes de que entendiéramos la ciencia, era lógico creer que Dios creó el Universo. Pero ahora la ciencia ofrece una explicación más convincente. Lo que quise decir cuando dije que conoceríamos ‘la mente de Dios’ era que comprenderíamos todo lo que Dios sería capaz de comprender si acaso existiera. Pero no hay ningún Dios. Soy ateo. La religión cree en los milagros, pero estos no son compatibles con la ciencia.4

En los primeros años del siglo XXI podemos encontrar a un grupo de autorxs que desarrollan sus escritos basándose en el convencimiento de que Dios no existe. Es el   entonces llamado “Nuevo Ateísmo”, con figuras como Cristopher Hitchens (1949-2011), Richard Dawkins (1941), Sam Harris (1967), Daniel C. Dennett (1942-2024), Victor J. Stenger (1935-2014), y Greta Christina (1969), esta última también bloguera y abiertamente lesbiana. Como escritorxs, consiguieron muy buenas ventas exhibiendo una marcada percepción de los peligros de la religión tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, 11 de marzo de 2004 en Madrid y 7 de julio de 2005 en Londres, atentados a los que seguirían otros y no solo en occidente, en una onda de destrucción que se extendió por todo el planeta.

Sikivu Hutchinson (1969) desde una óptica antirracista, critica los textos producidos por este movimiento del “Nuevo Ateísmo”. Considera que tienen una concepción estrecha de la ciencia y que ignora la justicia social. En 2010 fundó el Black Skeptics Group como una especie de santuario donde se pudiesen encontrar personas negras. Hutchinson opina en una entrevista que en cómo se enfoca la increencia hay una clara diferencia de género.

Mientras que a los hombres negros no creyentes se les da más margen de maniobra para ser herejes o simplemente “desaparecidos en combate” de la iglesia, las mujeres negras que profesan abiertamente puntos de vista no teístas se consideran especialmente traidoras, habiendo abandonado su papel principal como proveedoras de tradición cultural o religiosa.5

1 Ngūgī wa Thiongo: Descolonizar la mente, Barcelona: Penguin Random House, 2015.

2 Un ejemplo de Diagrama de la Interseccionalidad se muestra en esta web https://www.pnitas.es/interseccionalidad-feminismo-interseccional/

3 Margherita Hack Mi infinito. Dios, la vida y el universo: reflexiones de una científica atea. Barcelona: RBA, 2012. 

4 Entrevista realizada a Stephen Hawking por el diario El Mundo en 2014. https://www.elmundo.es/ciencia/2014/09/21/541dbc12ca474104078b4577.html


5 Palabras extraídas de su entrevista de 2011 para el blog Echoes of CommonSense http://echoesofcommonsense.wordpress.com/2011/03/06/moral-combat-interview-with-dr-sikivu-hutchinson/

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¿Cómo nos hemos organizado históricamente? ¿Qué está sucediendo en los últimos siglos? 6/9

Virginia Bolten (1876-1969) fue militante, anarquista, sindicalista y feminista. En 1899 dirigió la edición de la ciudad argentina de Rosario de La Voz de la Mujer, un periódico anarco-feminista que salió en 1896 y 1897 en Buenos Aires, cuyo lema era era “ni Dios, ni patrón, ni marido”, o sea que criticaba el cristianismo, defendía la causa obrera y el amor libre frente al matrimonio. Virginia participó en diversas acciones en Rosario y en otros núcleos urbanos de Argentina. Era detenida frecuentemente por la policía. Durante una de sus detenciones fingió ser uruguaya y fue deportada al país vecino. Allí colaboró asiduamente con la publicación La acción obrera. Años después se apartó de la primera línea, si bien continuó ligada al movimiento anarquista. Escribía desde Montevideo en 1908:

Un Dios al que le toman la sangre todos los días en diferentes partes del mundo; un Dios que se traga y se digiere nos da una pobre idea de su potencia; un Dios que murió por redimir el mundo, y que está sin redimir a pesar de 19 siglos de muerte anual, su omnipotencia nos resulta impotencia; su poderío debilidad, porque sólo reina en cerebros débiles y enfermos, su justicia el colmo de la injusticia; su fuerza es degeneración porque sólo le agrada lo bestial y muestra repugnancia por lo natural permitiendo los conventos y castigando a las madres y a los hijos hasta la cuarta generación, por un pecado que no le es. En resumen para tener un Dios cruel, infame y vengativo, que sólo se ocupa de nosotros para el mal, preferimos pasarnos sin él.1

Bertrand Rusell (1872-1970), filósofo y matemático británico que en su vejez protestó contra la Guerra de Vietnam y las armas nucleares, publicó varios textos en los que proclamaba su ateísmo. En uno de ellos ¿Por qué no soy cristiano? escribe:

En este mundo, podemos ahora comenzar a entender un poco las cosas y a dominarlas un poco con ayuda de la ciencia, que se ha abierto paso frente a la religión cristiana, frente a las iglesias, y frente a la oposición de todos los antiguos preceptos. La ciencia puede ayudarnos a librarnos de ese miedo cobarde en el cual la humanidad ha vivido durante tantas generaciones. La ciencia puede enseñarnos a no buscar ayudas imaginarias, a no inventar aliados celestiales, sino más bien a hacer con nuestros esfuerzos que este mundo sea un lugar habitable, en lugar de ser lo que han hecho de él las iglesias en todos estos siglos.2

En 1950 le conceden el Premio Nobel de Literatura. Bertrand Rusell —que era un rico aristócrata— se convirtió en un decidido anticomunista tras viajar a la Unión Soviética y comprobar (como Emma Goldman) en qué había quedado la Revolución de Octubre. 

Igual de anticomunista fue siempre Ayn Rand (1905-1982). Exiliada a EE. UU. desde la URSS, trabaja en Hollywood, publica en su país de acogida varias novelas, una serie de ensayos en los que alaba las virtudes del individualismo y una importante obra filosófica. Su figura de intelectual atea escandalizaba, periódicamente a través de la televisión, a la biempensante sociedad estadounidense de finales del siglo XX.

Frantz Fanon (1925-1961), nacido en Martinica, denunció el colonialismo y el racismo con el que operaban los gobiernos europeos, que colonizaban las mentes y, aunque consiguieron incluso que algunos de quienes eran colonizados se convirtiesen en soldados y se jugasen la vida por ellos —como hizo el propio Fanon en la II Guerra Mundial—, después ocultaban su presencia en los desfiles de los ejércitos vencedores3. Tras finalizar la guerra y un breve regreso a su patria, estudia medicina en la Francia metropolitana. Es destinado a un hospital en Argelia y al estallar la guerra se une al Frente de Liberación Nacional. Fanon representa al gobierno provisional argelino en diversas conferencias alrededor de África. Las naciones europeas pretendían seguir controlando sus imperios coloniales pero las tierras ocupadas habían cambiado demasiado.

Escribe en Túnez en Los condenados de la tierra (obra póstuma, publicada en 1961):

Pero los comunicados triunfantes de las misiones, informan realmente acerca de la importancia de los fermentos de enajenación introducidos en el seno del pueblo colonizado. Hablo de la religión cristiana y nadie tiene derecho a sorprenderse. La Iglesia en las colonias es una iglesia de blancos, una Iglesia de extranjeros. No llama al hombre colonizado al camino de Dios sino al camino del Blanco, del amo, del opresor. Y, como se sabe, en esta historia son muchos los llamados y pocos los elegidos.4

Ya antes del inicio de los procesos de descolonización, las diversas iglesias cristianas cambiaron su personal y se constituyeron nuevas congregaciones, a veces independientes. Sin embargo, tardó más en cambiar la imaginería que, a menudo aún hoy, sigue mostrando un Jesucristo con poca melanina. Los imperios coloniales se fueron, pero resulta obvio que dejaron atrás sus entidades eclesiásticas y su moralismo cristiano5, entre otras secuelas que quedaron.

Jean-Paul Sartre (1905-1980) y Simone de Beauvoir (1908-1986) son dos existencialistas de convicciones ateas que formaron una pareja poliamorosa, avant la lettre. Nunca se casaron y acabaron convirtiéndose en un icono cultural para quienes seguían las corrientes de pensamiento izquierdistas.

Sartre publicó en 1943 el ensayo El ser y la nada, antes y después de muchos textos de diferentes géneros, llegando a serle concedido el Premio Nobel de Literatura en 1964, galardón que rechazaría. En 1946 publica la transcripción de la conferencia El existencialismo es un humanismo. En ambas obras desarrolla sus tesis existencialistas en las que se muestra una criatura humana, que es angustia, desamparo y desesperación,  guiada por la nada ante la inexistencia de Dios, hecho que lo “condena” a ser libre. Sartre, como gran parte de lxs filósofxs de la segunda mitad del siglo XX, consideraba el problema de la existencia o no de Dios como una cuestión superada. Su muerte ya había sido certificada por Nietzsche en el siglo XIX. No podían sospechar el gran auge que experimentarían el cristianismo y el islam con el desplome de la URSS y el principio del siglo XXI.

Simone de Beauvoir es educada de pequeña para ser una buena cristiana. Pero a los quince años se da cuenta de que ya no cree. Con el tiempo comprende que la han educado además para ser mujer porque, como escribiría más adelante, “no se nace mujer, se llega a serlo”. Publica en 1949 El Segundo Sexo, texto que marca el inicio de la segunda ola de los feminismos. Las mujeres que desarrollaron diferentes teorías feministas en los sesenta habían leído este libro. Según escribe sobre ella Alicia Puleo en su blog:

En el feminismo existencialista de Simone de Beauvoir, el ser humano no es una esencia fija, sino «existencia», es decir «proyecto», «trascendencia», «autonomía», «libertad». Por lo tanto, escamotear a un individuo las posibilidades de proyectar su vida según lo entienda por el hecho de pertenecer al «segundo sexo», al sexo femenino, es dominación, es injusticia. Observemos que esta idea fundamental de «El Segundo Sexo» es hoy asumida por millones de personas que no han leído esta obra ni han oído hablar de ella.6

En este fragmento de Memorias de una joven formal, la autora francesa nos muestra sus pensamientos sobre la muerte al no creer ya en Dios: 

Hice otro descubrimiento. Una tarde, en París, comprendí que estaba condenada a la muerte. Estaba sola en el departamento y no refrené mí desesperación: grité, rasguñé la alfombra roja. Y cuando me levanté atontada me pregunté: «¿Cómo hacen las demás personas? ¿Cómo haré?» Me parecía imposible vivir toda mi vida con el corazón retorcido por el horror. Cuando el vencimiento se acerca, me decía, cuando uno ya tiene treinta, cuarenta años y piensa: «¿Será para mañana?» ¿Cómo se soporta? Más que la misma muerte temía ese espanto que pronto sería mío, y para siempre.

 Felizmente durante el año escolar esas fulguraciones metafísicas se espaciaron: me faltaba tiempo y soledad. En cuanto a la práctica de mi vida, mi conversión no la modificó. Había dejado de creer al advertir que Dios no ejercía ninguna influencia sobre mis conductas: nada cambió en ellas cuando renuncié a él. Yo había imaginado que la necesidad de la ley moral emanaba de él; pero se había grabado tan profundamente en mí que permaneció intacta después de su supresión. Mi madre no debía su autoridad a un poder sobrenatural sino que mirespeto daba un carácter sagrado a sus decretos. Seguí sometiéndome a ellos. Ideas de deber, de mérito, tabúes sexuales: todo fue conservado.7

Simone de Beauvoir desmitifica conceptos tradicionales como el matrimonio, la familia o la maternidad y por ello fue muy criticada.

1 Artículo escrito en La acción Obrera nº 13 con fecha de 20/04/1908.

2 Bertrand Rusell: ¿Por qué no soy cristiano? Barcelona: EDHASA, 1979.

3 Un blanqueamiento del ejército de la Francia Libre que se percibe en el hecho de que en los desfiles en agosto de 1944, numerosos soldados no blancos que participaron en el desembarco de Provenza fuesen reemplazados por otros blancos. Aunque lograron desfilar con ocasión de la Liberación de París, los combatientes de las colonias francesas participaron  solo en las posiciones más escondidas en numerosos desfiles.

4 Fanon, Frantz: Los condenados de la tierra. Tafalla (Navarra): Txalaparta, 2022

5 Un moralismo decisivo en el hecho de que en la República de Uganda (especialmente) y otros países de su entorno, sean perseguidas las relaciones homosexuales y los cambios de identidad de género. En África central y del Sur las culturas anteriores a la colonización no eran tan tránsfobas ni homófobas como lo son ahora.

6 Texto escrito por Alicia Puleo con motivo del centenario de la filósofa francesa. Disponible en su blog. https://aliciapuleo.blogspot.com/2008/01/en-el-centenario-del-nacimiento-de-la.html

7 de Beauvoir, Simone: Memorias de una joven formal. Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1967.

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¿Cómo nos hemos organizado históricamente? ¿Qué está sucediendo en los últimos siglos? 5/9

Friedrich Nietzsche (1844-1900) ve el cristianismo como “una religión de esclavos”, que impide desarrollar nuestra voluntad de poder, uno de sus conceptos clave. Según él, fue erigido a partir de un gran desprecio por la vida terrenal, por el cuerpo humano, por el sexo y por el placer. En 1882 declaró la muerte de Dios en La gaya ciencia, hecho que representó un verdadero terremoto que trastocaba toda la realidad conocida hasta entonces. Quizá parezca que esa declaración es demasiado prematura: ¡se muestran tan fuertes hoy, casi ciento cincuenta años después, las religiones patriarcales! A finales del siglo XIX, la muerte de Dios pudo ser “certificada” entre intelectuales de ciertos países como Alemania o Francia y durante el XX, en importantes territorios de Europa Occidental. Un evento que no sucedería ni en el XIX ni en el XX en otros especialmente cristianos, como por ejemplo, la España de Franco —considerada por los fascistas la reserva espiritual de Occidente, el Portugal de Salazar, Italia o la República de Irlanda. Mucho menos durante el siglo XIX en otros países más lejanos. Ya en la centuria posterior, el ateísmo se extendería de la mano de los partidos comunistas de cada país surgidos al calor del triunfo de la Revolución Rusa. No perdamos de vista que la muerte de Dios se declaró en este continente en el que me hallo, pero este ser, para amplios sectores de la población mundial ubicados, sobre todo en Asia Oriental, nunca existió. En la actualidad, una parte no desdeñable de la ciudadanía de todo el mundo comparte esta visión. Habría que organizarla.

Treinta y seis años después de que el filósofo alemán declarase su muerte, en 1918 en Moscú, Anatoli Lunacharski, Comisario de Instrucción Publica de la URSS, presidió el tribunal en un juicio contra Dios acusándolo de múltiples crímenes contra la humanidad1. Fue encontrado culpable y ejecutado —si bien es difícil matar a alguien que probablemente no exista, hicieron disparos hacia el cielo— en un acto público. La idea de que Dios había muerto, de que era una figura que ya no podía determinar nuestras vidas, es un concepto que se extendió por la Tierra y, aunque ha perdido fuerza desde las dos últimas décadas del siglo XX, ha quedado en la mente de un significativo número de personas de todo el globo.

Nietzsche frecuentemente se apoya en el eterno retorno, una imagen que seguramente parta de la Samsara o la clásica Rueda de las reencarnaciones, que pensadores como el especialmente misógino2 Schopenhauer (1788-1860) habían importado de filosofías y religiones orientales. Estas doctrinas sostienen que nuestra existencia es parte de una rueda en la que se repiten las sucesivas vidas y reencarnaciones. En Así habló Zaratustra aparece este concepto aunque también se muestra otro, en mi opinión muy desafortunado: el de Superhombre. El consejo del filósofo con respecto al Eterno Retorno sería: “haz que tu vida merezca la pena ser vivida una y otra vez”; frente al mensaje cristiano: “puedes tener una vida miserable pero si cumples los mandamientos y tienes fe, tendrás otra vida mucho mejor después de la muerte”.

La utilización de las del pensamiento de Nietzsche por parte de dictaduras del siglo XX, como el nazismo o los fascismos, trajo consigo una desvalorización de sus tesis cuando estos sistemas políticos totalitarios  por fin cayeron.

Sigmund Freud (1856-1939) publica en 1927 El porvenir de una ilusión. En ella realiza un dibujo psicoanalítico de lo que supone la creencia en dioses para homo sapiens. Según él, las criaturas humanas se sintieron desvalidas al prever su propia muerte y al comprobar la capacidad de destrucción de los fenómenos naturales. Entonces se forjaron la ilusión de un padre que les protegiese. Freud escribe en su obra:

Ya sabemos que la impresión terrorífica que provoca al niño su desvalimiento ha despertado la necesidad de protección -protecciónpor amor-, proveída por el padre; y el conocimiento de que ese desamparo duraría toda la vida causó la creencia en que existía un padre, pero uno mucho más poderoso. El reinado de una Providencia divina bondadosa calma la angustia frente a los peligros de la vida; la institución de un orden ético del universo asegura el cumplimiento de la demanda de justicia, tan a menudo incumplida dentro de la cultura humana; la prolongación de la existencia terrenal en una vida futura presta los marcos espaciales y temporales en que están destinados a consumarse tales cumplimientos de deseo.3

Qiu Jin (1875-1907) es una mujer de la China imperial que se rebela contra la costumbre de vendar los pies a las jovencitas casaderas. Se libra de ello pero no de un matrimonio arreglado del que nacen dos criaturas. En 1896 se casa, pero en 1903, deja a su familia en Pekín y se marcha a Tokio a seguir formándose como poetisa. Allí entra en contacto con el movimiento para derrocar el imperio y establecer una república. Al volver a China lanza una revista para mujeres en la que las aconseja que estudien y que consigan independencia financiera para poder oponerse a los matrimonios forzados. Finalmente participa en un golpe de Estado frustrado contra el emperador y es ejecutada.

Pocos años después He-Yin Zhen (1884-1920) también viaja a Tokio donde entra en contacto con los movimientos antiimperialistas, aunque ella lo hizo junto con su marido y con el fin de refugiarse, puesto que les perseguían por anarquistas. Allí colabora en el establecimiento de la asociación feminista Nüzi Fuquan Hui (Asociación de Recuperación de los Derechos de las Mujeres) y en revistas como Tianyi (Justicia Natural) o Xin Shiji (Siglo Nuevo). En opinión de He-Yin Zhen, la mujer no será libre mientras exista el capitalismo. En su ensayo Sobre la cuestión de la liberación femenina escribe:

por miles de años, el mundo ha sido dominado por las reglas del hombre. Estas reglas están marcadas por distinciones de clase en las que los hombres —y solo los hombres— ejercen derechos de propiedad. Para rectificar las injusticias, primero debemos abolir la norma de los hombres e introducir igualdad entre los seres humanos, algo que significa que el mundo tiene que pertenecer igualmente a hombre y mujeres. La meta de la igualdad no puede ser alcanzada si no a través de la liberación de las mujeres.

Anarquista (y en este caso maestra) también es Teresa Mañé (1865-1939). Funda una serie de escuelas laicas, en las que apoya la educación mixta —en aquel momento era segregada— y aconfesional. Defiende la igualdad de la mujer y el amor libre. Colabora intensamente en La Revista Blanca y su suplemento Tierra y Libertad en su primera época (1898-1905) y en la segunda (1923-1936), ya dirigida por su hija Federica Montseny4. Escribe:

Pero si nosotros abogamos en favor de la libertad de enseñanza, no es para que podamos enseñar en las escuelas nuestras ideas ácratas, como los ortodoxos pretenden que se enseñe su religión; nosotros la queremos, sencillamente, porque queremos la libertad en todo y para todo, y porque tenemos confianza en nosotros, en nuestras ideas y en la misma libertad, que la consideramos superior a cuantas teologías y sistemas filosóficos puedan concebirse.5

Emma Goldman (1869-1940) fue una sindicalista dedicada a la causa obrera, no una filósofa o alguien que escribiese sobre Dios o las religiones. A pesar de ello, nos dejó artículos como La filosofía del ateísmo, donde se muestra muy optimista pues afirma que el teísmo está siendo sustituido por el ateísmo y que “hace tiempo que el teísmo se habría venido abajo sin el apoyo simultáneo del dinero y el poder”6. Tras participar en varias huelgas en un momento de gran conflictividad y después de algunas estancias en la cárcel, fue deportada de los EE. UU., a los que había emigrado desde la Rusia zarista en la que nació. Vivió en la URSS entre 1920 y 1922 pero no le gustó lo que encontró. De esa época son My Disillusionment in Russia (Mi desilusión en Rusia) y My Further Disillusionment in Russia (Mi posterior desilusión con Rusia). Murió en 1940 en su exilio canadiense, un año después de que la II República Española —con la que había colaborado— perdiera la guerra y mientras Hitler invadía países en Europa. Parecía que la ultraderecha —en aquel momento bajo la forma de unos opresivos regímenes, como el nazismo, el franquismo o los fascismos de distintos países— se iba a adueñar del mundo. Pero no lo hizo. Ahora también lo parece, usando un sistema de democracia representativa en el que apenas se permite votar a quienes no están nacionalizadxs y con el apoyo de magnates de empresas que influyen internacionalmente en la política. Hemos de organizarnos más para conseguir que de nuevo no lo logre. Con las dificultades económicas y laborales que traerá un planeta dañado con un clima cambiado y mas caros el petróleo y los recursos cada año, será posible que crezca aún más una extrema derecha que ya está muy bien situada. Es necesaria una alternativa a las ideologías neoliberales hegemónicas para impedir su dominio.

1 Aquí se puede saber más sobre el promotor de este curioso juicio: https://es.wikipedia.org/wiki/Anatoli_Lunacharski

2 Debemos partir de la base de que, hasta la segunda mitad del siglo XX, la mayoría de los hombres escritores tenían opiniones muy negativas de las mujeres y minusvaloraban más que hoy sus capacidades.

3 Sigmund Freud: El porvenir de una ilusión. Madrid: Taurus, imp. 2012

4 Federica Montseny Mañé (1905-1994) fue una política, sindicalista, anarquista y escritora española, ministra durante la Segunda República, siendo la primera mujer en ocupar un cargo ministerial en España y una de las primeras en Europa occidental.  https://es.wikipedia.org/wiki/Federica_Montseny

5 Extraído de la web del Centre de Formació d’Adults Teresa Mañé http://www.xtec.cat/cfa-teresamanye/ensenyament_teresa.html

6 Goldman Emma: La filosofía del ateísmo, en la recopilación de Cristopher Hitchens: Dios no existe: lecturas esenciales para el no creyente. Barcelona: Penguin Random House Mondadori, 2009.

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¿Cómo nos hemos organizado históricamente? ¿Qué está sucediendo en los últimos siglos? 4/9

En 1811, con 19 años, Percy Shelley (1792-1822) publica, en el actual Reino Unido, el panfleto La necesidad del ateísmo, ofensa que le valió la expulsión de la universidad de Oxford. Así que huyó a Escocia para casarse por primera vez. Rápidamente se deterioró su vida conyugal, al tiempo que iba haciéndose seguidor de las teorías del librepensador William Godwin, viudo de la autora de Vindicación de los derechos de la mujer, Mary Wollstonecraft, con quien había tenido a su hija Mary (llamada así en honor a su madre, fallecida por fiebres puerperales tras dar a luz). Percy finalmente trabó amistad con el filósofo. Después se fugó con su hija Mary y su hijastra Claire casándose con el tiempo con la primera —el matrimonio estaba lejos de ser una de la prioridades de la pareja Shelley—, la posterior autora de Frankenstein o el moderno Prometeo. Shelley fue un conocido poeta romántico y planteó el ateísmo en Gran Bretaña, actitud bastante comprometedora dada la religiosidad de la sociedad británica de aquella época.

En 1832, en la ciudad de Recife, en el Estado de Pernambuco en Brasil, Nísia Floresta (1810-1885) publica Direitos das mulheres e injustiça dos homens, una versión libre de Vindication of the Rights of Women (1792) de Mary Wollstonecraft, de Woman not Inferior to Man (1739), escrito por la mujer que firmaba como “Sophia, a Persone of Quality” y de otros panfletos. El de 1832 fue un texto pionero en tierras latinoamericanas. La autora dirigió en Río de Janeiro un colegio femenino, defendió a los pueblos indígenas y se declaraba abolicionista de la esclavitud. Estuvo muchos años en el país americano, pero terminó marchándose a Francia.

Ludwig Feuerbach (1804-1872) nació en en las tierras que hoy llamamos Alemania, en el entonces independiente Estado de Baviera. En 1830, publica Pensamientos sobre la muerte y la inmortalidad. En el libro, el autor señala que las criaturas humanas morimos completamente y que no podemos esperar ninguna vida eterna después de la muerte. La inmortalidad es así, una cualidad que se podría atribuir a la especie, no a cada persona individual. En 1841 publica La esencia del cristianismo, ensayo en el cual explica que es nuestra especie la que creó a Dios en base a lo que no se cumple al definirnos. En este libro escribe:

La religión es la desunión del hombre consigo mismo: porque ella considera a Dios como a un ser opuesto a él. Dios no es lo que es el hombre —el hombre no es lo que es Dios. Dios es el ser infinito, el hombre el ser finito: Dios es perfecto, el hombre imperfecto; Dios es eterno, el hombre temporario; Dios es omnipotente, el hombre impotente: Dios es santo, el hombre pecaminoso. Dios y el hombre son dos extremos: Dios es lo absolutamente positivo, el contenido de todas las realidades: el hombre es sencillamente lo negativo, el concepto de la nada.1

Esta es la base de la idea de enajenación o alienación. Se muestra un Dios que es una creación del ser humano pero que cobra una especie de vida propia y lo domina. Este concepto fue retomado por Karl Marx (1818-1883) para la elaboración del socialismo científico.

Marx escribe en 1845 las Tesis sobre Feuerbach, pero no son publicadas durante su vida. En la tesis número 11 dice: «Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.» Para Marx no tiene sentido hablar de Dios porque parte de un marco materialista en la que no se plantea si existe o no, mientras que la realidad que sí que existe y ejerce una gran fuerza es la religión. La visión de Marx de la religión se centra en cómo el capitalismo se sirve de ella para mantener a los obreros2 adormecidos mientras siguen produciendo. Escribe en la Crítica de la filosofía del derecho de Hegel:

La miseria religiosa es a la vez la expresión de la miseria real y la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación sin alma. Es el opio del pueblo.3

En ese sentido la religión se muestra como una forma de alienación por dos razones: porque se centra en algo como es Dios, creado por el ser humano que se independiza de sus creadores y porque promete un Cielo a los trabajadores, donde les va a resarcir de todas las penalidades que sufren en La Tierra, sirviendo de consuelo y evitando así la revolución.

Marx además apunta que la religión suele apoyar realmente, no a las clases desfavorecidas sino a la clase dominante, fomentando que esta siga en el poder, favoreciendo que las circunstancias continúen siendo las mismas e intentando impedir que quienes las soportan se subleven.

Mijail Bakunin (1814-1876) conoce a Marx durante la estancia de ambos en París4 entre 1843 y 1845, mientras escribían en el periódico radical Anuarios franco-alemanes. A pesar de sus posteriores desavenencias, en ese momento son amigos, aunque muy críticos el uno con el otro. Mucho después, en 1868, cuatro años antes de ser expulsado de la Asociación Internacional de Trabajadores, el ruso escribe Federalismo, socialismo y antiteologismo, ensayo en el que plantea que si Dios existiese entonces la criatura humana sería su esclava y como en realidad es libre, Dios no existe. En él afirma:

A menos, pues, de querer la esclavitud, no podemos ni debemos hacer la menor concesión a la teología, porque en ese alfabeto místico y rigurosamente consecuente, el que comienza por A debe llegar fatalmente a Z, y el que quiere adorar a dios debe renunciar a su libertad y a su dignidad de hombre:

Dios existe, por tanto el hombre es esclavo.

El hombre es inteligente, justo, libre, por tanto dios no existe.5

De forma póstuma se publica Dios y el Estado, donde el autor sostiene que la imagen de Dios sirvió tradicionalmente al Estado para sofocar nuestro espíritu de rebelión y que si Dios existiese, no seríamos libres. Por lo tanto, habría que deshacerse de él.

John Stuart Mill (1806-1873) fue un filósofo, político y economista británico. Aun cuando en filosofía se dedicó a la lógica y la ética y fuera de ella, a temas propios de la política liberal de mediados del siglo XIX, en su Autobiografía relata su educación agnóstica:

Permitirme a mí adquirir nociones contrarias a sus propias convicciones y sentimientos en materia de religión hubiera sido algo incompatible con las ideas que tenía mi padre acerca del sentido del deber. Desde un principio, me inculcó la doctrina de que nada podía saberse en lo referente al origen del mundo; que la pregunta «¿Quién me ha creado?» no podía responderse, ya que carecíamos de la necesaria experiencia y de la información adecuada para contestarla; y que cualquier respuesta que diéramos nos llevaría a enfrentarnos con dificultades todavía mayores pues la cuestión siguiente se nos presentaría de inmediato en estos términos: «¿Quién creó a Dios?».6

Louise Michel (1830-1905) es una institutriz que participa en la insurrección de La Comuna de París y por ello es condenada a destierro en Nueva Caledonia. Durante su exilio forzado conoce el pensamiento anarquista. En 1880 regresa y se dedica a dar discursos por Francia y los países cercanos a París. Durante su actividad pública sufre varios atentados. En uno de ellos, un monárquico le dispara una bala que se mete en su cabeza pero Michel se recupera. Es una gran defensora de la igualdad de derechos entre mujeres y hombres, así como del divorcio que, había sido legal en su país entre 1792 y 1816, pero que desde entonces y hasta 1884 fue ilegal.

En 1898, al final de su texto “La Comuna de París” escribe maravillada por el descubrimiento de los rayos X:

Ya se puede ver a través de los cuerpos opacos; entonces nada hay que impida llegar hasta el final. Los mundos también gracias a la ciencia, entregarán sus secretos, y será el fin de los dioses, la eternidad antes y después de nosotros en el infinito de las esferas persiguiendo igual que los seres sus eternas transformaciones. ¡Ánimo, he aquí el germinal secular!7

1 Ludwig Feuerbach: La esencia del cristianismo, Madrid: Trotta, 2013.

2 En aquella época no se pensaba en las obreras. Se consideraba que el trabajo de las mujeres solo conseguía abaratar los salarios y era algo a eliminar como el de las criaturas.

3 José Antonio Riestra: Karl Marx: escritos juveniles. Madrid: Emesa,1980.

4 También conoció a Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865), la escritora George Sand (1804-1876), Friedrich Engels (1820-1895) y a varias personas exiliadas por difundir ideas socialistas de diferentes países de Europa.

5 Mijail Bakunin: Federalismo, socialismo y antiteologismo. Madrid: Júcar, 1980.

6 John Stuart Mill: Autobiografía. En la recopilación de Cristopher Hitchens: Dios no existe: lecturas esenciales para el no creyente. Random House Mondadori: Barcelona, 2009.

7 Michel, Louise: La comuna de París: historia y recuerdos. Madrid: La Malatesta; La Laguna, Tenerife: Tierra de Fuego, 2014. 

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¿Cómo nos hemos organizado históricamente?¿Qué está sucediendo en los últimos siglos? 3/9

A lo largo del siglo XVIII, con la disminución de los juicios por brujería y herejía, tras décadas de guerras religiosas y con las iglesias cristianas concentradas en evangelizar las colonias, se abrió en Europa occidental una oportunidad para cuestionar los dogmas de fe. Hasta ese momento histórico, decir que eras atex podría significar poner en peligro tu vida. Todavía el rey Luis XIV de Francia era un cristiano muy intolerante, lo que se traducía en que, si bien en París había una enorme cantidad de súbditxs atexs o deístas, no lo reconocerían públicamente, mucho menos ante su rey. 

En ese país, pero ya en la época de Luis XV que estaba más abierto a las críticas religiosas, el sacerdote Jean Meslier al morir en 1729, dejó un testamento conocido por la publicación de un extracto del texto realizado por Voltaire (1694-1778) en 1762 —todavía durante ese mismo largo reinado— del texto titulado Extracto de los sentimientos de Jean Meslier. Hoy se distribuye como Testamento de un cura ateo, mientras el original del sacerdote lo hace como Memoria contra la religión. En el legado de Meslier podemos leer:

Así también, so pretexto de conduciros al cielo y procuraros la felicidad eterna, os impiden gozar tranquilamente de cualquier bien en la Tierra. Por último, os reducen a sufrir en esta vida, la única que tenemos, las penas de un infierno, éste sí absolutamente real, con el pretexto de preservaros en la otra vida, una vida que evidentemente no existe, de las penas imaginarias de un infierno también inexistente.

Como no existe tampoco esa vida eterna sobre la que tratan de alimentar vanamente —para vosotros, aunque para ellos no sea tan inútil— tanto vuestros temores como vuestras esperanzas.1

En 1761 Paul Heinrich Dietrich von Holbach, conocido como el barón d’Holbach (1723-1789) publica (atribuyéndoselo un hombre muerto para evitar la censura) Le cristianisme dévoilé (El cristianismo desenmascarado), al que siguen varios libros contra la religión cristiana. El barón disponía unas cenas con tertulia a las que asistían intelectuales como el enciclopedista Denis Diderot (1713-1784) o Jean Jacques Rousseau (1712-1778) y en ellas se hablaba abiertamente de ateísmo. En 1770 publica, bajo el seudónimo de otro difunto, Système de la nature (Sistema de la naturaleza), donde insiste en que no hay ningún Dios y que la naturaleza sigue sus propias normas de funcionamiento. No en vano es considerada una de las obras cumbre del materialismo francés. El propio Holbach y Diderot eran de los pocos hombres ensayistas que se declaraban ateos en Europa, ya que era más usual decir que creías en Dios, mas no en el que describía La Biblia.

Desde la Edad Media se especulaba con la existencia de lo que se llamó Tratado de los tres impostores —que resultarían ser Moisés, Jesucristo y Mahoma— y se acusó de su autoría a diferentes personajes que no mostraban excesivo celo en su cristianismo o que tenían problemas con el papado. Por fin aparece un escrito que recoge este mito, publicado en los Países Bajos en 1719 de forma anónima y en francés, bajo el título La Vie et l’ Esprit de Mr. Benoît de Spinosa.Con una autoría seguramente colectiva, es probable que se compusiese durante la centuria anterior. Es un texto deísta, que niega que las tres grandes estrellas de las principales creencias establecidas pudiesen atribuirse la capacidad de describir cómo es Dios y señala que la secular ignorancia humana sobre casi todos los temas, consigue que le supongamos arquitecto de la realidad. Medio siglo después, esa desmitificadora obra sería simplificada —añadiendo algunos capítulos pero suprimiendo otros— y reeditado por Holbach y uno de sus propios editores bajo el título de Traité des trois imposteurs (Tratado de los tres impostores)

Uno de los temas de discusión preferidos en la época de la Ilustración, es el de la intrusión de la religión en la política. Este asunto no solo fue debatido por los filósofos que publicaban, sino que alcanzó cada vez más importancia. Seguramente llegaría a las veladas en salones que organizaban mujeres ricas e instruidas para discutir diversas cuestiones. La principal consecuencia de estas polémicas fue que, años más tarde, en la Revolución, el nuevo poder instó a una importante descristianización de Francia. 

En noviembre del año en el que comenzó, 1789, se confiscaron diversas tierras y bienes de la Iglesia, en febrero de 1790, se suprimieron las órdenes religiosas y, en julio, la Asamblea Nacional Constituyente publicó la Constitución Civil del Clero, que quitaba a los sacerdotes sus derechos especiales, convirtiéndolos en funcionarios del Estado. El papa Pío VI la condenaría al año siguiente. Se aprobó el divorcio y el Estado se hizo cargo de funciones como el registro de nacimientos, defunciones y matrimonios, tareas antes confiadas a la Iglesia Católica. 

Olympe de Gouges (1748-1793), nacida como Marie Gouze en el sur del país, había recibido una formación muy básica pero suficiente para escribir como dramaturga tras enviudar y trasladarse a París con su hijo. En sus obras, los personajes hablaban de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, de la necesidad del divorcio y la abolición de la esclavitud. Participó en la Revolución Francesa y publicó en 1791 la Declaración de derechos de la mujer y la ciudadana como respuesta a la Declaración de derechos del hombre y del ciudadano, aprobada con un par de años de anterioridad por la Asamblea Nacional. Detenida por su defensa de los girondinos, en 1793 fue juzgada sumariamente y guillotinada.

Mary Wollstonecraft (1759-1797) se mudó de la conservadora Inglaterra —donde se relacionaba con una intelectualidad de clase alta, en la que era vista como una rebelde que mantenía relaciones sexuales sin necesidad de casarse— a la Francia revolucionaria. Había publicado varios textos antes de trasladarse, entre otros: en 1790, Vindicación de los derechos de los hombres, defendiendo la revolución en el país vecino; y, en 1792, Vindicación de los derechos de la mujer, una obra clave para los feminismos. En febrero de 1793, ya con Mary en París, Gran Bretaña y Francia entraron en guerra y la vida se volvió muy difícil para lxs británicxs. Mary se enamoró del ciudadano estadounidense Gilbert Imlay, que declaró ante su embajada haberse casado con ella, convirtiéndola convenientemente en ciudadana de los EE. UU. Mary se quedó embarazada de Imlay y dio a luz a su hija Fanny fuera de la capital. Él terminó abandonándola. Ella regresó a Londres en 1795 y, tras mucha desesperación, incluidos un par de intentos de suicidio, se casaría dos años más tarde con el político y filósofo William Godwin (1756-1836).

Mientras, en Francia continuó desarrollándose el proceso revolucionario. Se habían reivindicado los derechos del hombre (como antes en EE. UU.) y los de la mujer, pero siempre para las personas blancas o que eran aceptadas como blancas. Las más oscuras no eran consideradas criaturas humanas y por tanto, podían seguir esclavizadas.

En Paris, en lugares como Notre Dame, al principio de La Revolución se había instaurado el culto a la diosa Razón, entendida como una alegoría del pensamiento racional. Robespierre (1758-1794) —tiránico líder entre 1793 y 1794— así como quienes le seguían, eran más partidarios de no estimular el ateísmo, de modo que instigaron un culto al Ser Supremo en el que llegó a participar el dictador durante alguno de sus desfiles por las calles de París.

Miles de clérigos y monjas colgaron los hábitos. No fueron pocxs lxs que decidieron contraer matrimonio, para no despertar sospechas sobre su fidelidad a la Revolución. Gran parte de aquellxs que abandonaron sus prácticas religiosas no las recuperarían nunca. Como resultado, Francia se transformó rápidamente en un Estado mucho más laico que los de su entorno. Una característica que se mantendría en el tiempo y que, en adelante, formará parte de sus señas de identidad. Con el paso de los años, esta nueva manera de entender la vida se extendería, ya que tras las victorias obtenidas por la Revolución en las guerras contra las Coaliciones, que permitieron el establecimiento de repúblicas satélite de la francesa, y la evolución de ese modelo a través de las monarquías constitucionales que fomentó Napoleón en un primer momento, algunos valores revolucionarios y la semilla del librepensamiento serían propagadas por Europa. 

Tras el segundo derrocamiento y destierro definitivo del emperador, llegó un período reaccionario denominado Restauración, que duraría en Francia hasta 1830, año de la revuelta ciudadana que trajo la “Monarquía de julio” de la casa de Orleans —ya por fin constitucional para apaciguar a la ciudadanía— y que quedó superado definitivamente en Europa en 1848, año en el que se desataron numerosas revoluciones por todo el continente y se publicó el Manifiesto Comunista.

A lo largo del siglo XIX en Occidente la ciencia va sustituyendo a Dios como manera de explicar el mundo. Sobre esto, es muy significativa la anécdota protagonizada por Pierre Laplace y Napoleón Bonaparte, el que ha sido calificado como “ejecutor de la Revolución Francesa” que, por otra parte, había sido alumno del científico:

Se cuenta que cuando Pierre Simon Laplace(1749-1827) presentó a Napoleón su libro “Traité de Mécanique céleste”, éste —que había sido alumno suyo en la Escuela Militar— amigo de preguntas embarazosas, le comentó: “Habéis escrito un libro sobre el sistema del Universo, sin haber mencionado ni una sola vez a su Creador”. A lo que el autor contestó: “No he necesitado esa hipótesis, Sire”. La respuesta de Laplace hacía hincapié en el hecho de que 100 años antes, cuando Newton interpretó el funcionamiento del sistema solar utilizando su ley de la gravitación, no fue capaz de explicar ciertas irregularidades que deberían aparecer en algunas órbitas planetarias. Newton hacía entonces intervenir a Dios para corregir dichas anomalías y que el sistema siguiera siendo estable. Cuando le contaron a Lagrange2 este episodio, exclamó: “¡Ah, pero es una bella hipótesis, eso explica muchas cosas!3

1 Meslier, Jean: Testamento de un cura ateo. Buenos Aires: El cuenco de plata, 2011. 

2 Joseph-Louis Lagrange (1736-1813)  fue un importante físico, matemático y astrónomo que, aunque nació en Italia paso gran parte de su vida en Francia y en Prusia.

3 Texto extraído de una versión antigua de la web del Instituto de Física Corpuscular de la Universidad de Valencia.  https://ific.uv.es/rei/Historia/anecdotas2.htm