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Uroboros 1/8

Es un círculo formado por una serpiente, un dragón o ambas que se muerde la cola. Una imagen milenaria que aparece en las culturas antiguas representando el ciclo de todo y el eterno retorno. En el Antiguo Egipto, la encontramos en los jeroglíficos que hay en la cámara del sarcófago de la pirámide de Unis. También hallamos el uroboros en la mitología nórdica, en copias medievales de documentos romanos que solían ser a su vez copia de otros griegos, esculpido en arquivoltas, canecillos y capiteles de monasterios e iglesias o en representaciones del dios Quetzalcoatl. Es utilizado por Cleopatra la Alquimista (Alejandría, s. III-IV) en su texto Chrysopoeia, texto del cual se conservan un par de copias de la Edad Media.

Es una imagen que puede aludir a la Congregación del Infinito. Sería posible emplearlo  en bisutería: colgantes, pendientes o pulseras; dibujarlo o esculpirlo en edificios; o que fuera estampado en algún tipo de tejido para ser llevado en una camiseta, un jersey o cualquier clase de prenda de vestir. Ya se tatúa en algunxs cuerpxs.

Otro símbolo con el que podríamos identificarnos es la lemniscata. Esta es una figura con forma de número ocho tumbado en la que se unen dos formas similares a elipses. Una curva que se ha empleado en matemáticas tradicionalmente para representar el infinito. Se ha utilizado en ocasiones en artes decorativas y fue también dibujada en la piel. Puede signarse sencillamente juntando las yemas de los dedos índice y pulgar de ambas manos. 

El uroboros podría ser dotado fácilmente, además de su tradicional significado de eterno retorno o de reencarnación, de un sentido adicional de increencia o ateísmo/agnosticismo, o por lo menos, de no teísmo. 

En origen, el signo de la cruz —aunque hoy en su uso en abalorios se pretenda obviar su significado profundo— lograba que lxs cristianxs se reconociesen y se agrupasen en comunidades en torno a una iglesia. Función similar podría desempeñar este símbolo con quienes crean que solamente existe este mundo y que probablemente sea infinito.

En mi opinión, los símbolos religiosos tradicionales, a pesar de que en ámbitos como la joyería, hoy hayan sido despojados de sus significados primitivos, suelen indicar cierto gusto por lo convencional. En cambio, podemos lograr que el uroboros posea unas connotaciones emancipadoras y más acordes con el siglo XXI, como de las luchas feminista, antirracista, anti/decolonial, ecologista, contra la xenofobia, a favor de la diversidad y de los derechos LGTBIQA+. Este signo podría convertirse en un indicador de refugio para mujeres, personas racializadas, migrantes, migradxs o disidentes sexuales y de género perseguidxs. 

Lo que parece más positivo y que fortalece a las religiones tanto, es que realizan unas reuniones un día a la semana y, de este modo, van creando una comunidad. Su principal defecto es que estas suelen ser muy jerárquicas. Estos encuentros normalmente se desarrollan fundamentándose en que alguien hable, ya se le llame sacerdote (católico u ortodoxo de las diferentes Iglesias de las que dependen), pastor, rabino, imán, o de cualquier modo —casi siempre de género masculino, aunque podemos encontrar algunas pastoras, rabinas e imanas1 en varios territorios—, lanza un sermón sobre su parroquia y transmite la palabra del dios de turno. Mientras, el público escucha, contesta fórmulas litúrgicas, realiza diversos rituales o lee fragmentos de su libro sagrado.

En esta organización podemos hacerlo mucho mejor y dejar hablar a cualquiera a condición de que tenga el turno de palabra. Hemos de eliminar las jerarquías y celebrar una asamblea semanal, seleccionando por sorteo alguien que modere los debates, otra persona que apunte los turnos de palabra y alguien más que tome actas de aquello que se diga. Incluso si el momento y lugar de la asamblea son por seguridad secretos, las actas deben ser públicas y publicarse sin incorporar nombres completos, únicamente iniciales. El orden del día lo acordarían lxs que hubiesen participado en la asamblea anterior. Esta asamblea únicamente sería capaz de tomar decisiones o elaborar resoluciones por consenso. Podríamos llamarlas Encuentros Asamblearios del Infinito y sería estupendo si consiguiésemos construir una comunidad en torno a ellas en la que surjan fuertes lazos. Visto el nivel de acoso por parte de las fuerzas de la derecha y la ultraderecha en la mayoría de sitios deberán de celebrarse de una forma más o menos secreta.

El único inconveniente de las asambleas es que a veces se vuelven interminables. Los Encuentros Asamblearios del Infinito no deberían durar demasiado. Ningún tema religioso es urgente y todos pueden esperar a otro día, así que siempre se puede terminar las asambleas a una hora previamente consensuada. Se suspenderían aunque no hubiesen llegado a una conclusión y se podrían retomar en la siguiente sesión.

Las reuniones semanales en los templos confieren un excepcional vigor a las grandes, viejas religiones erigidas partiendo de la dominación de las mujeres, frente al hecho de que atexs, agnósticxs, deístas, panteístas —o quienes no tienen claro en qué categoría se enmarcarían dentro de la presunción de que no hay ningún Dios pendiente de lo que digan, hagan o piensen— se congregan muy de tarde en tarde. Se puede considerar que ya son posibles las reuniones periódicas dentro de unos partidos políticos, unos sindicatos o unas asociaciones, pero estas organizaciones están dedicadas a otros fines. Con la Congregación del Infinito trataremos de crear sólidos sentimientos de pertenencia desde esos Encuentros Asamblearios. Han de constituir un pretexto para que, partiendo de un punto de vista ecologista y consciente de los límites planetarios, se reúnan semanalmente feministas con todo tipo de gente contraria al patriarcado, antirracista; que se oponga a las descomunales fuerzas de la supremacía blanca, de la xenofobia y del conservadurismo; que entienda que la criatura humana es interdependiente y ecodependiente; o que quiera manifestarse en contra de la injusticia que supone que hoy reproduzcamos las dinámicas culturales y comerciales propias del colonialismo. Todo desde una perspectiva que no sea cisheteronormativa y siempre asumiendo que no hay un dios vigilándonos —aunque sí haya quienes asumen que pueda existir—, y por lo tanto nadie nos va a premiar o castigar después de la muerte.

A pesar de que sea verdad que se puede levantar también de otras maneras una comunidad similar, lo cierto es que es que tal fenómeno hoy día apenas ocurre. Estas asambleas serían otro modo de intentar que sucediese. Una reunión de este tipo resulta especialmente deseable cuando en algún rincón de tu ciudad hay decenas de cristianos nacionalistas y conservadores rezando el rosario en la vía pública, como lleva sucediendo en Madrid desde otoño de 2023, momento en el que comenzaron en el marco de las protestas contra otra investidura del presidente Sánchez (ahora todavía se convocan rezos colectivos, aunque con una periodicidad mucho menor que la de entonces). 

Desde mi punto de vista, las religiones no son tanto un asunto de creencias —por ejemplo, en un dios creador— como de prácticas sociales sustentadas en el acto de reunirse. Desde aquí quiero destacar el gran valor de la comunidad frente al individualismo fomentado por las sociedades de consumo y después, con una mayor intensidad, por el neoliberalismo. Un individualismo cimentado sobre la explotación de las mujeres, para el que las únicas uniones deseables y válidas son las familias (preferiblemente nucleares) y las parejas, que despega con la revolución industrial y gana intensificación en las ya mencionadas sociedades de consumo de la segunda mitad del siglo XX y los primeros decenios del actual. Se impone como reacción a las millones de muertes que acompañaron a los movimientos sociales de masas del siglo pasado. Un modo de conducirse que en los próximos años va ir siendo menos eficaz, a medida que nos vayamos enfrentando a consecuencias del caos climático todavía peores que las ya experimentadas y a otros problemas ecológicos, en tanto que sí van a cumplir su cometido los sistemas comunitarios. Lo más beneficioso para proteger la vida natural, ya sea vegetal, animal, de hongos o protista, sería que nos acostumbrásemos a otros estilos de vida. Una comunidad compuesta por mujeres, personas de géneros no binarios y hombres, con fuertes vínculos establecidos por los cuidados mutuos, con unos principios sustentados en el combate contra la supremacía blanca, cierta visión neocolonial o los esquemas patriarcales, en el ecologismo, en el hecho de no ver como enemigxs a quienes vienen de otros países a buscarse la vida, en el respeto a LGTBIQA+ y en la valoración de aquellxs que tienen diferentes capacidades, constituiría una buena opción para ahorrar energía e intentar no dañar al medio ambiente. Los Encuentros Asamblearios del Infinito podrían convertirse en eventos en el que se reuniese gente sin Dios (o que no lo espera), feminista, antirracista, anti/decolonial, antixenófoba, ecologista, diversa y favorable a la diferencia.

En los lugares donde hay más pobreza, son pocas criaturas humanas las que demuestran un gran ateísmo/agnosticismo, casi todas suelen estar cerca de alguna variante de las viejas y grandes religiones. A menudo las masas no quieren ni oír hablar del laicismo. Pareciera que esa forma de pensar irreligiosa no va a tener éxito nunca. Lo cual sería una gran desventaja para estas sociedades. Yo creo que esto es así porque las religiones crean grupos en los que se da, entre otras cosas, el apoyo mutuo. Por ejemplo, es probable que con las actuales cosmovisiones, en la mayoría de países del continente africano, del occidente y el centro asiáticos o entre un descomunal número de latinoamericanxs, nunca aumente significativamente el porcentaje de lxs que se identifican con ese laicismo individualista. 


 1 Además de en varios países occidentales en los que se documenta su presencia, en la provincia china de Henan hay mujeres imanas desde el siglo XVIII, en la dinastía Qing.

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Pero, verdaderamente, ¿era indispensable una organización de carácter religioso? 10/10

Aquellxs que ya no creen o nunca han creído desconfían de las religiones. No contemplan la posibilidad de que una de ellas, atea/agnóstica pero no dogmática, pueda ayudar a librarnos de los viejos dioses. 

Es muy necesario un evento semanal que ofrezca una posibilidad para estructurar nuestras rutinas. Gran parte de la población, acostumbrada que transcurra su vida enmarcada en una caduca y machista religión no la va a reemplazar a cambio de nada. A lo mejor sustituiría la suya por otra agrupación. Intentemos que la nueva esté más acorde con los tiempos que vivimos, las libertades que hace décadas logramos conquistar y los conocimientos científicos actuales.

Tradicionalmente, las grandes religiones han sido un instrumento de control social pero podemos conseguir que la Congregación del Infinito construya en cambio, espacios de libertad, donde podamos relacionarnos sin prejuicios y ensayar nuevos proyectos de convivencia. 

En algunos Estados del este de Europa que se pretenden democráticos, la administración habla de homonormatividad —en vez de hacerlo sobre cisheteronormatividad—, prohiben hacer apología de la diversidad (lo consideran propaganda) y se promulgan leyes que dificultan la expresión de LGTBIQA+. Persecuciones que incluso llegan a penas de muerte o prisión son habituales en otras regiones mundiales, mientras en Abya Yala encontramos una homofobia o transfobia muy exacerbadas y una alta tasa de homicidios hacia gente del colectivo, especialmente de transfeminicidios. Enmarcadxs en un nuevo movimiento religioso seremos más difíciles de perseguir, teniendo en cuenta que la libertad de culto es uno de los sagrados pilares de esa supuesta democracia que nos venden —en realidad no es más que elegir periódicamente representantes—, en base a la cual se organizan hoy día la mayoría de las naciones1. De este modo, serán menos creíbles las acusaciones de formar parte de “Antifa” o de cualquier entidad considerada terrorista.

Estamos sufriendo últimamente en todo el planeta una gran ola de reacción a todas las conquistas que se han ido logrando en los últimos sesenta años. La organización aquí propuesta podría constituir otra forma de afianzarlas y presentar batalla, colaborando para que el pueblo se reuniese en asambleas todas las semanas.

Quienes no creemos en los antiguos dogmas, hace más de doscientos años que discutimos continuamente con teólogos y otras autoridades religiosas, para que se percatasen de lo absurdo de sus planteamientos, si bien lo único que hemos conseguido es generar su ira y la de sus fieles. Estimo que es mucho mejor centrar los esfuerzos en construir un movimiento alternativo que pueda hacerles la competencia a esos enormes y antiguos movimientos culturales pensados, al principio para compartir las creencias personales, pero que pronto se convirtieron en una institución más.

Las cosmovisiones contemporáneas, en las que los dioses no son relevantes y se contemplan los derechos de las mujeres y de LGTBIQA+, ya son las principales en muchas de nuestras sociedades. Tendríamos que profundizar más en extenderlas por todo el globo terráqueo, pero sobre todo debemos hacerlo incorporando el antirracismo, el anticolonialismo, la lucha contra la xenofobia y un ecologismo que tiene que divulgar que ya hemos alcanzado los límites planetarios, así como enseñarnos a mirar sin ese sesgo antropocéntrico y androcéntrico que tanto hemos cultivado en los últimos milenios. Es fácil que esta entidad religiosa antipatriarcal enraíce, solo hay que plantar la semilla.

Las religiones místicas y de las revelaciones siguen con la peligrosa tendencia —basta certificar la sexta extinción masiva y observar el cambio climático para notar que es peligrosa— de situar a Homo sapiens en el centro. Como apunta Marta Tafalla en Filosofía ante la crisis ecológica:

Desde la cosmovisión antropocéntrica es imposible entender el funcionamiento de la biosfera. En la biosfera cada especie es valiosa por sí misma, cada una es un tesoro de la evolución, cada una aporta su trabajo al hogar común y está entrelazada con las demás. La biodiversidad es un reino plural donde el monoteísmo resulta absurdo. Pero el ser humano se entroniza a sí mismo como emperador absoluto y afirma que la existencia de los otros seres vivos tan solo tiene sentido si le son útiles y tan solo en la medida en que lo son.2

Ya hemos tenido suficiente de esa realidad en la que, cuando se efectúan reuniones se hace bajo unos principios antropocéntricos (y androcéntricos), que imponen la cisheteronorma. Deberíamos deshacernos de ese excepcionalismo que nos dice que la humana sería la criatura más cercana a un hipotético Dios. Hay que ofrecer una alternativa más diversa para que, partiendo de otras premisas, podamos conseguir librarnos de esa forma de pensar.

Si se han dejado atrás los mitos que nacieron del antropocentrismo, el camino para asumir las opciones antiespecistas o animalistas es muy corto y está despejado. Habrá más personas que fomenten que se vuelvan masivas las costumbres veganas. Siempre ha habido carnívorxs, pero no formaban parte de una especie con alrededor de 8.200 millones de individuxs. El actual consumo de carne requiere la proliferación de macro instalaciones ganaderas. Como suele decir Fernando Valladares (1965) con las macrogranjas la humanidad se está pegando un tiro en el pie3. La cría en condiciones poco higiénicas de animales para su consumo seguramente fue la que provocó la mutación del virus de la COVID-19. ¿Quién sabe la cantidad de virus capaces de provocar pandemias mucho más letales que aparecerán si seguimos por la senda actual?

Si no puedes o no quieres dejar la carne, por favor, al menos minimiza su consumo, aunque sea por el mayor gasto en CO2 que es necesario para producirla. Tampoco es una solución cambiar la carne por el pescado. El actual consumo de pescado y marisco esquilma los fondos marinos y la acuicultura no es una solución ecológicamente viable. Además, todas las criaturas animales sufren y en la mayoría de regiones climáticas podemos alimentarnos sin incrementar esa cadena de inmenso sufrimiento que supone criar para luego matar. Tenemos que salir del centro; no podemos vivir como lxs primerxs cristianxs hace dos mil años. En aquella época éramos aproximadamente 300 millones alimentándonos en esta biosfera.

Muchas veces he escuchado opiniones que expresan que ser antiespecista, animalista, tener costumbres veganas o vegetarianas son actitudes solo de personas blancas y no es verdad. Las hermanas Aph Ko y Syl Ko lo desmienten en Aphro-ismo. Ensayos de dos hermanas sobre cultura popular, feminismo y veganismo negro. Syl Ko en su artículo titulado Anotaciones desde la frontera de la división humano-animal escribe:

Estamos en el centro de un giro radical que está teniendo lugar en el discurso pro-animal precisamente porque, desde la auto-reflexión podemos ver que nuestra lucha es su lucha. No lo digo simbólicamente. Lo digo literalmente.

Nos estamos dando cuenta de que al existir esta espacio extraño y liminal, el espacio de no-del-todo-humanas, somos forzadas a reconcebir y rechazar la articulación estándar de qué es el especismo y cómo combatirlo. Al reconocer explícitamente nuestro estatus de extrañas en términos de la división que hacen todos los “ismos” posibles, la dicotomía humano-animal, nos alineamos voluntariamente con nuestros semejantes, aquellas que no pertenecen a homo sapiens, en solidaridad, ya que todas de alguna manera seguimos prosperando a pesar del peso aplastante de “lo humano”.4

Evidentemente, hay teístas que abrazan el animalismo, el antiespecismo, la dieta o estilo de vida veganos. No obstante, desde el excepcionalismo humano es más complicado adoptar esas posturas. Estoy convencido de que será más fácil llegar a estos sentimientos y hábitos desde La Congregación del Infinito.

Hay un sector de la población que percibe las religiones como un vicio muy negativo o una costumbre a eliminar. Quienes opinan así, deberían pensar en la forma con la que se suele proceder al enfrentarse a las adicciones a la heroína y cómo a menudo no se hace una retirada radical de la droga, sino que se sustituye con metadona. En nuestro caso, esta entidad constituiría algo similar a una “metadona religiosa” para todas esas personas que no pueden prescindir de las formas de organización social que ofrecen las religiones.

Nos enfrentamos a unas poderosas ideologías conservadoras que se articulan en torno a los diversos credos. Hemos de usar sus mismas armas. El laicismo apareció en Occidente hace ya casi tres siglos, cuando se empezó a poner en tela de juicio el cristianismo y su intromisión en los asuntos públicos, ofreciendo una posibilidad de vida diferente a la que ofrecían las antiguas y androcéntricas organizaciones de carácter religioso, pero estas siguen hoy bien fuertes. Coordinarse en torno a una nueva atea, agnóstica o no teísta (no dogmática), apoyada en la democracia participativa, que combata la supremacía blanca, la mentalidad colonial, el régimen patriarcal, la xenofobia, que sea ecologista y esté a favor de los derechos de LGTBIQA+ es poner en práctica una táctica alternativa. Es hora de abrir un frente diferente en esta lucha.

Las grandes religiones teístas son hegemónicas en la mayor parte de este conjunto de rocas y agua en el que aparecimos. El combate contra ellas lleva sucediéndose alrededor de doscientos años y los avances no han sido lo que se podría esperar. Creo que, frente a una crisis ecológica (incluida la climática, pero no solo ella) como en la que vamos a tener que aprender a vivir, es el momento de cambiar de estrategia y enfocar la cuestión de otra manera. Este texto exhorta a la construcción de una opción que puede ser muy eficaz a la hora de restarles seguidores: erigir una no teísta y no dogmática que surja de las posibilidades del infinito, establecida a partir de la equidad, la no discriminación, el amor a la naturaleza, la asunción de que hemos rebasado peligrosos límites planetarios y la crítica al antropocentrismo. 

Además, dado que las condiciones de supervivencia en el planeta se van a deteriorar en los próximos años, una comunidad como esta sería muy útil cuando, al ver malos indicadores macroeconómicos, nos intenten colocar gobiernos y medidas neoliberales o proteccionistas, orientadas hacia los recortes de las prestaciones sociales.

1 Ciertamente hay naciones indígenas practican el asamblearismo, consiguiendo así una mayor calidad democrática.

2 Tafalla, Marta: Filosofía ante la crisis ecológica, Madrid: Plaza y Valdes, 2022.

3 Habla sobre las desventajas de las macrogranjas en este vídeo: https://youtu.be/N2pm7FzmWPw?si=BxjlRbdunH0Ii–j 

4 Ko, Sil: “Anotaciones desde la frontera de la división humano-animal”. En Ko, Aph y Ko, Syl: Aphro-ismo. Ensayos de dos hermanas sobre cultura popular, feminismo y veganismo negro. Madrid: Ochodoscuatro Ediciones, 2021.

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Pero, verdaderamente, ¿era indispensable una organización de carácter religioso? 9/10

Además de la educación, otra de las funciones, que en diferentes sociedades tienen la mala costumbre de adjudicarse las grandes y milenarias religiones, es la de ocuparse de una de las ceremonias más importantes en la vida social: los ritos funerarios. En numerosas sociedades todavía son una minoría los casos en los que es dispuesto un funeral laico, mientras que no es infrecuente que se concierten ceremonias cristianas, a veces incluso, a pesar de que la persona muerta no fuese religiosa. Para evitar esta intromisión de la vieja religión teísta local, aquí en muchas ocasiones no se prepara otro acto ceremonial, aparte de la reunión familiar con el cuerpo presente en el velatorio. Sospecho que estas costumbres en Europa Occidental se circunscriben a zonas de mayoría católica. Por contra, en televisión podemos observar cómo, en países en los que tuvo más éxito la reforma cristiana, es común recurrir a una empresa funeraria, de las que son capaces de ofrecer un funeral religioso siguiendo diferentes ritos o uno laico. Pero claro, para esto hay que gastar un dinero que puede que no tengamos. 

En los sitios en los que el cristianismo no es mayoritario, sino que lo son otras confesiones, son estas las que suelen determinar los ritos. Pero, en todas aquellas zonas en las que se encargan las viejas religiones, ¿qué ocurre con quienes no creemos en el alma ni en dioses? Ya sabemos que se puede disponer un velatorio laico con el cuerpo presente pero ¿y qué sucede si somos no creyentes cuando el cuerpo no está disponible o no se halla y quisiéramos hacer un homenaje? ¿O cuándo se quiere conmemorar un deceso que ocurrió hace ya tiempo? Se echa de menos una religión atea/agnóstica, como una opción más que pueda invocarse en esos duros momentos y que ofrezca un marco lógico que ayude a afrontar el fenómeno de la muerte.

Quienes defendemos las tesis antipatriarcales, antirracistas, antixenófobas, ecologistas o del colectivo LGTBIQA+ sufrimos una cantidad mayor de actos de acoso, hostigamiento, agresiones violentas y, en ocasiones, asesinatos que el resto de la población. Los responsables de esto suelen ser individuos que frecuentemente marchan en grupo y que se pueden catalogar como machistas, hombres influenciados por la manosfera1, incels2, homófobos, tránsfobos, personas a favor del supremacismo blanco… Es frecuente el uso del término “feminazi” para señalar a mujeres feministas y acusan al llamado “lobby gay” de guiar a quienes abogan por los derechos del colectivo. Asimismo cuando se intenta mostrar en los productos culturales una mayor diversidad se ha hablado de “cultura woke3 e inclusión forzada. Este término caricaturizado está produciendo despersonalización (con los terroríficos efectos que la historia nos ha demostrado que esto tiene). Pronto no seremos personas sino wokes. De todas formas, quienes solemos salir de las normas sugeridas o impuestas por el sistema cisheteropatriarcal, estamos acostumbradxs a las etiquetas negativas. No nos ha de importar de qué nos puedan acusar ni cómo nos quieran insultar. Y además, ¿para cuándo un día del orgullo woke protagonizado por los ecologismos, los feminismos transinclusivos e interseccionales, las diversidades étnicas, de orientación sexual y de género?

La Congregación del Infinito ha de convertirse en una respuesta a todas esas agresiones y, puesto que se suele acusar a la gente queer de actuar como integrantes de una secta, quizás ha llegado la hora de construir algo semejante alrededor de lo cual articularnos. El objetivo es dotarse de una estructura que nos volvería más fuertes. Incluso podría conseguir que los que nos agreden se lo pensasen dos veces antes de emplear la violencia contra nosotrxs.

También podría ser una excusa para que se relacionasen más las vecindades, llegar a conformar una razón de ser para gente psiquiatrizada, personas neuroatípicas o, en general, para cualquiera que necesite escapar de las dinámicas generadas por esta sociedad tan consumista y cimentada en el éxito económico.

En varios territorios no es legal apostatar de la vieja religión de la familia o la comunidad, así que frecuentemente nos veremos obligadxs a llevar nuestras actividades en secreto. Todavía hay demasiadas zonas donde no hay tolerancia religiosa. En algunas, ante tan clara posibilidad de agresiones, tendremos que hacernos pasar por individualistas, siguiendo el ejemplo histórico de aquellos momentos en los que lxs masonxs eran perseguidxs por ser liberales, celebrar reuniones de forma más o menos secreta y negar nuestra pertenencia a esta organización, pese a que formemos parte de ella. Seguramente a día de hoy, dada la vehemencia de lxs fieles de esas grandes religiones, sea más prudente que solo quienes vayan a participar en ellas sepan la hora y el lugar de esas asambleas. Ciertamente y a juzgar por lo extendida que está la extrema derecha por el planeta, es probable que nuestras asambleas fuesen atacadas por algún “lobo solitario” como el asesino de Utoya4 (Noruega) o por un grupo organizado. Lo más sensato sería hoy por hoy realizarlas en secreto. Quizás algún día podríamos salir a la luz. En cualquier caso, la amenaza de ultraderechistas o de adeptxs de las religiones teístas no puede convertirse en el motivo por el que no nos reunamos cada semana: ¿o es que ha ganado ya la reacción? El miedo a su violencia, a los ultras (financiados por gobiernos locales de derechas) o al que dirán no debe detenernos.

Asumamos que quienes formemos parte de una creencia nueva como la que aquí propongo deberemos reunirnos en secreto —de forma que solo conozcamos cuándo y dónde oficiaremos Encuentros Asamblearios quienes vayamos a participar— en aquellos sitios en los que no se respete la libertad de culto. De igual manera, tendremos que proceder donde esta sí se respete legalmente, pero estemos muy expuestxs a represalias por parte de la gente que practica religiones místicas y de las revelaciones. Represalias que se tomarán en algunas ocasiones directamente, en otras a través de ultraderechistas especializados en ejercer violencia, pero que es muy probable que se tomen.

La taqiyya, el kitman o la amonestanza (en la literatura hispanomusulmana)son costumbres que se fundamentan en el acto de negar y ocultar las propias creencias religiosas y siempre han sido muy comunes en diversas confesiones de Asia occidental para sobrevivir en ambientes hostiles. También fueron utilizadas por lxs moriscxs castellanxs o aragonesxs cuando en estos reinos cristianos se lxs obligaba a convertirse: se les forzaba a comer cerdo, beber alcohol o se imponía el bautizo a sus criaturas. Habrá que practicar la taqiyya en la mayoría de los países. A pesar de que en ciertos lugares se puede dar la imagen de que en la actualidad no habría ningún problema, debemos desconfiar, no hay que dejarse engañar por las apariencias. Siempre han existido persecuciones por motivos religiosos. No constituye ningún deshonor renegar o abjurar de las propias creencias, sobre todo cuando nos exponemos a represalias. Viendo el panorama de amenazas por parte de derechistas y ultraderechistas será conveniente simular que formamos parte de alguna de las religiones tradicionales o que no tenemos ninguna adscripción religiosa.

Durante el siglo I a.e.c., en la Roma de Lucrecio5 (99 a.e.c.-55 a.e.c.) se gozaba de cierta tolerancia religiosa —aunque no se puede hablar de ateísmo ni agnosticismo6— y no existía el integrismo que se impondría después. Es un buen momento para esa república esclavista que muy pronto se convertiría en imperio y en general, la situación político-económica es mejor a la que habría durante el el largo ocaso de esa cultura. Los hombres que no estaban esclavizados y tenían sus necesidades cubiertas, podían permitirse el lujo de obviar la religión. Con el paso del tiempo aparecieron nuevos cultos en torno a deidades que no eran las tradicionales del panteón romano, pero que se fueron incorporando a ese mundo a la vez que  el ejército romano guerreaba y conseguía controlar más territorios.

A mediados del siglo I llegó el cristianismo —ya el emperador Nerón (37-68) acusó a lxs cristianxs del incendio de Roma del año 64— y lo que en principio era una creencia más, a pesar de las grandes persecuciones que sufrió, se fue haciendo más fuerte, coincidiendo con que la situación político-económica se degradaba para Roma. Tras muchas décadas de persecuciones, el emperador Constantino (c.272-337) aumentó la consideración hacia la Iglesia cristiana y de quienes la seguían, convirtiéndose en la última etapa de su vida y llegando a bautizarse poco antes de su muerte. Tanto la elevó que, en el año 380, mediante el Edicto de Tesalónica que promulgó Teodosio (349-395), el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio. Con el paso de los años, la civilización romana cayó, antes en el Imperio de occidente y después en el de oriente, pero el cristianismo siguió prosperando, volviéndose la norma espiritual en la mayor parte del continente europeo. Lo que deberíamos aprender de la historia es que, hacer caso omiso a las religiones y practicar el ateísmo, agnosticismo o laicismo individualista, son actitudes que funcionan y son toleradas en tiempos de estabilidad económica. Sin embargo, en épocas de crisis civilizatoria, los regímenes apoyados en una religión son los más numerosos. Y probablemente estemos entrando en una situación de ese tipo, dado que son demasiadas las dificultades a las que actualmente nos tenemos que enfrentar. Así que nos conviene que exista una que proteja la diversidad —incluida la que aportamos la gente con discapacidad o neuroatípica—, que luche por la igualdad de derechos y venere los ecosistemas naturales.

Encuentro muy válida la construcción de formas laicas de crear comunidad, como centros sociales autogestionados —en espacios okupados o cedidos—, asambleas permanentes, grupos de consumo y, en general, cualquier colectivo que lo intente. Pero he llegado a la conclusión de que con una organización de carácter religioso, no dogmática, atea/agnóstica o no teísta, ecologista, aliada de disidentes sexuales y de género, que luche contra la supremacía blanca, las prácticas neocoloniales, el orden patriarcal y la xenofobia se puede llegar más lejos, incluso a quienes jamás pisarían un centro social autogestionado o nunca participarían en asambleas, partidos políticos, sindicatos, grupos de consumo… De hecho, podemos observar que son muchas las localidades en las cuales los centros comunitarios dependen de una iglesia, una mezquita o cualquier templo, circunstancia que nos da una idea de como este tipo de organizaciones son un acicate de la acción social.

El laicismo individualista hasta ahora prosperó intensamente en varias naciones enriquecidas. Es muy común entre el uno por ciento de los habitantes de la Tierra que acapara la riqueza y que más contamina con sus yates y sus jets privados. Pero, ¿qué pasará cuando se generalicen las vacas flacas? ¿Habrá laicismo en una fase de decadencia económica? ¿Y cómo será?

1 La palabra manosfera es una traducción del inglés mansphere. Está formada por diversos foros de Internet, influencers y canales de vídeo en los que se critica cualquier posición antipatriarcal, se estimula la misoginia y se fomenta la masculinidad reaccionaria.

Incel es el acrónimo de célibe involuntario y un concepto que agrupa a hombres que piensan que nunca serán elegidos para tener relaciones románticas o sexuales con mujeres. Es un término en el que pocos se quieren reconocer porque remite a grupos hombres que se asumen como fracasados, considerados “quejicas” y neonazis. Incluso ha habido atentados terroristas protagonizados por individuos que se identificaban a sí mismos como tales.

3 Woke es el participio del verbo To wake (despertar) que hace referencia a una frase que se hizo popular en el antirracismo: Stay awake, y que se podría traducir como “permanece alerta” (ante la motivación racista de diferentes sucesos).

4 El 22 de julio de 2011 un ultraderechista, cuyo nombre no quiero mencionar, asesinó a ocho personas en Oslo mediante una furgoneta-bomba y después a otras 69 que se encontraban participando en un campamento juvenil del Partido Laborista en la Isla de Utoya (Noruega).

5 Poeta romano conocido por su obra de sentimientos ateos De rerum natura (De la naturaleza de las cosas).

6 En aquel tiempo se desarrollaba una conducta en la que se podía aceptar o dudar que existiesen una o varias deidades y no se rendía culto a ninguna. Entre ciertas personas era usual no creer que los rituales religiosos tuviesen un significado sobrenatural ni que las deidades escuchasen las oraciones.