Los grandes y viejos cultos siempre han permanecido junto a reyes, nobles, generales, coroneles, dictadores varios, terratenientes, poderosos empresarios y políticos, incluso al lado de jefes de gobierno que consiguieron sus cargos gracias a la democracia representativa. En algunos momentos, estos fenómenos institucionalizados desarrollaron el gusto por la sangre, la tortura física y el sufrimiento, ya que a su modo de ver, provocaban una purificación de lxs fieles. Esta nueva congregación ha de oponerse a cualquier forma de mortificación del cuerpo humano (exceptuando las que por motivos estéticos o sanitarios decida provocarse cada unx), como por ejemplo los diferentes modos de autoflagelación, circuncisión ritual o la mutilación genital femenina —cruel intervención en el cuerpo de las niñas motivada por una tradición patriarcal—. También estará en contra de las mutilaciones genitales que se aplican a lxs bebés intersexuales.
Además va a objetar ante la persistencia de los, cada vez menos frecuentes aunque todavía abundantes, matrimonios arreglados —especialmente aquellos que implican a menores de edad—, señalando que no es una tradición vinculada a ninguna religión o cultura. En realidad, constituye una práctica machista y que atenta contra los derechos humanos.
En Europa Occidental —seguramente también en otros sitios— es fácil escuchar frases del tipo “todas las religiones son negativas” o “solo buscan controlar a la gente”. Incluso se acusa, con ánimo de ofender, a determinados movimientos sociales de conformar una. Mientras, en importantes áreas de la Tierra, la mayoría de la población no puede imaginarse sin ser parte de una de ellas, un fenómeno relacionado con el sentimiento de pertenencia a un colectivo, con el hecho de formar parte de una entidad que es más importante que nuestra existencia y nuestros padecimientos.
Las encuestas detectan un porcentaje mayor de atexs, agnósticxs o no creyentes en la doctrina de ninguna iglesia entre quienes viven en sociedades individualizadas, disponen de un mayor poder adquisitivo y son originarias del Norte Global —proporción muy disminuida en EE. UU, o en Canadá y que apenas encontramos en Israel, Turquía, Kuwait o los países con alto IDH1 de la península arábiga—, mientras lxs que viven en el Sur, pareciera que necesitasen estar encuadradxs en una de las religiones grandes, viejas y erigidas sobre la subyugación de las mujeres.
Las organizaciones de carácter religioso influyen poderosamente en la vida cotidiana de sus fieles, lxs movilizan y colaboran en la elaboración de sus formas de entender la vida, en sus cosmovisiones. Son unos instrumentos que, al contemplarlos a nivel planetario, se revelan demasiado poderosos como para prescindir de ellos. Como explica Daniel Dennett en Romper el hechizo, en determinadas circunstancias, pueden resultar muy convenientes:
Ciertamente, la religión puede sacar a relucir lo mejor de una persona. No obstante, esta propiedad no es privativa de este fenómeno. Tener un hijo usualmente produce un maravilloso efecto de madurez en una persona. La guerra, como bien se sabe, brinda a la gente abundantes circunstancias para las cuales tiene que estar a la altura, como también ocurre con desastres naturales como las inundaciones y los huracanes. Pero para el trasiego diario, probablemente no haya nada tan efectivo como la religión: hace más humilde y paciente a la gente poderosa y con talentos, hace que la gente común y corriente se supere a sí misma, provee de un firme soporte a las muchas personas que necesitan desesperadamente de ayuda para mantenerse alejadas de la bebida, las drogas o el crimen. Personas que de otro modo estarían totalmente ensimismadas, o que serían superficiales, o toscas, o que simplemente se darían por vencidas con facilidad, con frecuencia son ennoblecidas por su religión, pues les da una perspectiva de la vida que las ayuda a tomar esas difíciles decisiones que todos estaríamos orgullosos de tomar.2
Resultaría muy beneficioso que la motivación, la fuerza y la firmeza en las propias convicciones que podemos ver en las manifestaciones religiosas tradicionales, se pudiesen apreciar también en una entidad que difunda el feminismo, el antirracismo, el anticolonialismo, el ecologismo, los derechos del colectivo LGTBIQA+ y que nadie puede ser nunca ilegal.
El problema de las religiones es el contenido, no el continente. El debate sobre este tema se suele enfocar desde una óptica neoliberal e individualista. No hay nada reaccionario en construir una comunidad en torno a un lugar en el que encontrarse cada fin de semana. Lo negativo hasta ahora han sido los valores de esas comunidades.
Con este planteamiento que hago de una organización de carácter religioso, pero atea, agnóstica o no teísta —útil también para deístas y panteístas—, me gustaría colaborar en un cambio en la forma de entender la realidad. No solo para quienes han alcanzado un estatus en la sociedad que les permite vivir de forma aparentemente independiente, también para quienes lo hacen en entornos no individualistas, en pueblos o barrios con menor nivel de recursos económicos que la media y que necesitan ayudarse de manera importante unxs a otrxs para salir adelante.
En las últimas décadas, multitud de personas se han desentendido de las religiones pero hay gente que, incluso en el supuesto de que quisiera, no podría hacerlo, por razones psicológicas, sociológicas y económicas. Más allá del daño que históricamente causaron y del recelo que lógicamente provocan, hemos de reconocer que estamos tratando con fenómenos culturales que aportan un gran componente de cohesión social a la vida, al tiempo que se ocupan de calmar nuestra angustia ante la muerte.
La Iglesia Católica, las protestantes, las ortodoxas y las instituciones equivalentes en otras de las religiones patriarcales no funcionan de manera democrática y todavía gozan de demasiado poder.
Es momento de construir una nueva, la Congregación del Infinito, que sea diferente, con la esperanza de que se haga conocida, masiva y se convierta en una alternativa ante las tradicionales. Trataría además, de ofrecer una opción atea/agnóstica o no teísta, con vistas a acabar en un futuro con el oligopolio que tienen los viejos cultos. Cada uno de ellos es el mayoritario en determinados Estados, podríamos decir que se reparten el globo terráqueo.
El propósito de todo esto es que se formen nuevas comunidades de mujeres, personas de géneros no binarios y hombres, en las que haya fuertes interacciones centradas en los cuidados y existan diferentes maneras de comprender nuestra existencia, pero conseguirlo sin alejar a nadie de su entorno tradicional. No debemos actuar como lo que podría ser calificado como una secta destructora de la personalidad.
Con ella podríamos luchar contra la soledad, que tan problemática se vuelve a medida que nos hacemos más mayores y dependientes, así como dotar de un extra de sentido a multitud de vidas que lo puedan necesitar.
Pareciera que las religiones solo pudiesen conformar entidades caducas. Que a partir de la Ilustración fueron señaladas como formas de pensamiento equivocadas que deberían ser sustituidas por la ciencia. Pero como dice Marina Garcés en Nueva ilustración radical:
Para la ilustración no se trata de establecer cuál es el saber más acertado sino cuál es la relación más acertada con cada una de las formas de la experiencia y el saber. La apuesta no consiste, por tanto, en sustituir a la religión por la ciencia y hacer de ella, como se dice a menudo, una nueva religión moderna. La ilustración no es el combate de la ciencia contra la religión o la razón contra la fe. Esta es una simplificación reduccionista que distorsiona lo que verdaderamente está en juego. Lo que la ilustración radical exige es poder ejercer la libertad de someter cualquier creencia a examen, venga de donde venga, la formule quien la formule, sin presupuestos ni argumentos de autoridad.3
Si propongo aquí una nueva organización de carácter religioso tampoco puede ser dogmática, sino que sus ideas y creencias tienen que estar abiertas a la duda y la discusión. No debe importarle si has tomado una opción atea, agnóstica o si, por el contrario, prefieres creer que la realidad fue creada por un dios que se desentiende de las criaturas que aparecieron en su creación (deísmo) o si piensas que la naturaleza —todo y todxs lxs seres vivxs— forma parte de un dios (panteísmo).
Será una en la que no va a ser necesario tener fe en la existencia de ninguna entidad, como sí sucede en las teístas, que te obligan a asumir que hay un ser que está siempre contigo, pendiente de lo que haces y que cuando mueras te va a juzgar en consecuencia, otorgándote un premio o un castigo eternos. Hemos de levantar una que permitirá que mantengas unas creencias propias no teístas, en energías, en el alma o animistas. Incluso podrías tener un pensamiento budista. Por supuesto, puedes también no creer en nada.
Lxs teístas replicarán que asumir el no teísmo es ya un dogma. Justo al revés: el teísmo lo es. Quienes afirman algo (por ejemplo, que hay un dios que nos observa), y no quienes lo niegan, son lxs encargadxs de demostrarlo.
1 Índice de desarrollo humano. Indicador elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y que clasifica a los Estados según diferentes variables como el ingreso per capita, la esperanza de vida, la tasa de alfabetización, etc. Sin embargo, tampoco es un índice fiable, ya que en su elaboración no se incluyen datos señalizadores de igualdad de género ni de trato a minorías ni a migrantes.
2 Dennet, Daniel: Romper el hechizo. Buenos Aires:Katz editores, 2007.
3 Garcés, Marina: Nueva ilustración radical. Barcelona: Anagrama, 2017.
