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La vida en el centro 3/8

En todas las situaciones posibles —incluso en el supuesto de que se encontrase una fuente limpia e inagotable de energía (algo harto improbable)—, en los próximos años sufriremos, queramos o no, un gran descenso energético. Hoy día utilizamos masivamente los combustibles fósiles y son los elementos que han dado forma a casi todas nuestras actividades cotidianas en la sociedad actual. Su densidad energética es mucho mas alta de la que nos pueden aportar las energías “limpias” (tienen una mayor TRE). Ahora van siendo más difíciles de extraer y la humanidad se verá forzada a abandonarlos debido al caos climático que produce su utilización. Si la civilización pretende seguir disfrutando de los regalos que nos da este planeta, va a tener que llevar a cabo una enorme adaptación decrecentista, principalmente en el Norte Global. De todas formas, al tiempo que decrece la industria, ciertos sectores como la sanidad pública, la educación pública o los servicios sociales han de seguir creciendo.

Tradicionalmente se han asociado los decrecimientos con momentos de recesión y de crisis, en los que quienes ocupan las capas más bajas de la sociedad son lxs que más sufren. Pero como explica Jason Hickel en su artículo El decrecimiento: la teoría de la abundancia radical, esto no tiene por qué ser así:

La característica central de la economía del decrecimiento es que requiere un reparto progresivo de las rentas existentes, lo que invierte la lógica política habitual del discurso del crecimiento. A menudo, en su búsqueda de mejoras del bienestar humano, los economistas y los políticos han considerado el crecimiento un substituto de la equidad. Es más fácil desarrollar políticas que aumentan el total de las rentas y esperar que caigan suficientes migajas que mejoren la vida de la gente común que repartir las rentas existentes de forma más equitativa, pues lo segundo requiere atentar contra los intereses de la clase dominante. Pero si el crecimiento puede sustituir a la igualdad, por la misma lógica la equidad puede sustituir al crecimiento (Dietz y O’Neill, 2013). Si logramos un reparto más justo de las rentas existentes, podemos mejorar el bienestar humano y lograr objetivos sociales sin crecimiento —y por lo tanto sin un flujo añadido de materia y energía. Los mecanismos centrales para lograrlo, tal y como se ha explicado, son una semana más corta de trabajo, una garantía de empleo y una política de salarios dignos, así como inversión en servicios públicos. Al aumentar el acceso a la cobertura sanitaria generosa y de alta calidad, la educación, la vivienda a precios asequibles, el transporte, el agua y la luz y la infraestructura de ocio, se puede proporcionar a las personas los bienes que necesitan para vivir bien sin que necesiten disponer de ingresos elevados para disfrutarlos.1

Como le he escuchado decir a Antonio Turiel solo podemos hablar de decrecimiento si es realmente democrático y está planificado. Si no concurren estas condiciones estamos hablando de un empobrecimiento. Ciertamente bajará el PIB per capita pero hemos de compensarlo logrando que bajen mundialmente también los indicadores de desigualdad.

Se podría argumentar que esta medida solo ha de ser una receta para las poblaciones del Norte Global, que en otros países todavía hay margen para el crecimiento. No podemos esperar de ellos que la adopten pero sí que mejoren en la redistribución de bienes y prestación de servicios. En cualquier caso, la gente rica del Sur también ha de decrecer en sus consumos.

El capitalismo industrial fosilista —tanto el establecido siguiendo las doctrinas liberales, como el de Estado que se práctica en muchos países—, se ha desarrollado gestionando una Tierra con una gran abundancia y fomentando una falsa sensación de escasez. Este modelo económico no va a ser de utilidad en los próximos años, cuando lo que haya que gestionar sea la insuficiencia de energías y minerales, una contaminación cada vez mayor, el deterioro en general del medio ambiente y el caos climático. En su versión neoliberal planteó que no había que intervenir en un mercado que fue capaz de atomizarnos, para el que solo fuimos trabajadorxs-consumidorxs. Ahora está entrando en la que será su crisis definitiva. Deberemos luchar para que los sistemas que lo sucedan respeten los derechos de las mujeres, de la gente que migra, de LGTBIAQ+, actúen en favor del antirracismo y sean ecológicamente positivos. Han de ser las personas —sean consideradas ciudadanxs con derecho a voto en las principales elecciones o no—, en vez del mercado, las que decidan el destino de la energía que se consiga.

Kate Raworth (1970) es una economista inglesa conocida por su texto, Economía rosquilla: 7 maneras de pensar la economía del siglo XXI. En él desarrolla la idea de que nos tenemos que mover en un espacio en el que tengamos como techo los límites planetarios y como suelo una serie de mínimos imprescindibles para llevar una vida plena. Estas condiciones mínimas tendrían que estar aseguradas. Incluyen educación, sanidad, alimento, agua, energía, vivienda, redes, igualdad de género, igualdad social, capacidad de decisión política, paz y justicia, así como disponibilidad de empleo. Estos mínimos no están asegurados en muchos países del Sur. Expresa este modelo mediante un diagrama en forma de rosquilla, dónut o salvavidas.

En cualquier caso, nos tenemos que ir haciendo a la idea de que vamos a pasar a un contexto de postcrecimiento. En él, será necesaria una organización fuertemente aglutinadora. En esa post-sociedad de consumo, tan grandes serán las dificultades a las que nos enfrentaremos como los cambios con los que tendremos que responder.

Estamos en la antesala de una gran crisis civilizatoria que todavía solo contextualizan algunxs. “En la antesala” si nos referimos a los territorios más privilegiados, en otros hace tiempo que ya se encuentran en ella. Como advierte Yayo Herrero en La vida en el centro. Voces y relatos ecofeministas:

Atravesamos una crisis grave y multidimensional. Es una crisis ecológica, económica, de reproducción social, de legitimidad política y de valores. A pesar de toda la información disponible, la maquinaria de la economía global continúa devorando territorio y exprimiendo las últimas gotas de vida que quedan por saquear, explotando y generando sufrimiento a las personas y a los animales no humanos, alterando gravemente los ciclos naturales que organizan lo vivo y obligando a que, mayoritariamente mujeres, sostengan como puedan la vida humana en este sistema que la ataca.

Es más que una crisis global, hablamos de una verdadera crisis de civilización porque, a pesar de su manifiesta gravedad, pasa social y políticamente inadvertida para las mayorías sociales. Es la crisis de una civilización que, incapaz de activar el freno de emergencia, cree que progresa cuando en realidad se destruye a sí misma.2

La mayor parte de la población no lo quiere ver, a pesar de las numerosas evidencias. Pueden admitir que, al igual que pasa con el caos climático, el consumo desaforado de las sociedades de las zonas de privilegio le hace mal al planeta. Sin embargo piensa: “ya inventarán algo o la ciencia desarrollará alguna tecnología para mantener esta (por otra parte, inmensamente injusta) situación.”

Pero eso no va a ocurrir.

Decir esto en el Estado español en 2026, mientras tenemos un gobierno supuestamente progresista y cuando la oposición está quejándose continuamente de lo mal que vamos, puede parecer algo conservador pero no lo es. Lo que sí lo es —dado que intenta conservar el capitalismo industrial y no se adapta a los contextos de declive en los cuales tendremos que aprender a vivir tarde o temprano— es pretender que la energía está cara únicamente por la guerra en Ucrania, la guerra en Asia Occidental3, el resto de conflictos internacionales o la excesiva hambre de beneficios de las empresas energéticas; que la podemos obtener tan fácilmente como en los últimos dos siglos y que en los próximos años se debería producir un progreso similar al que hemos disfrutado en las décadas anteriores.

Por supuesto que la búsqueda del engrosamiento de beneficios empresariales —sobre todo se comprueba en el caso de los distribuidores alimentarios— es determinante en el aumento de la inflación. Es una variable que no se puede obviar en ningún análisis. Pero no es la única causa de la crisis que vamos a sufrir. De todas formas el estrechamiento de este margen será de vital importancia para ir sobreviviendo y atenuando los efectos del alza de los precios. 

Ciertamente vamos a sufrir, queramos o no, una importante contracción de la economía y ante esta perspectiva, lo único efectivo que podrían hacer las comunidades es lograr más justicia en el reparto de bienes y en la prestación de servicios, medida que seguramente conllevará críticas de los sectores más privilegiados, pero proporcionará la mayor cantidad de bienestar que pueda obtener la sociedad en su conjunto. Se trata, de la manera que hace ya tiempo apuntaba George Monbiot4, de trabajar para construir equipamientos que supongan lujos públicos, aunque solo se logre la suficiencia en el ámbito privado, en vez de lo inverso, que es la tendencia que se estado estimulando en las últimas décadas. Emilio Santiago Muíño (1984) en 2024, en su libro Vida de ricos, reflexiona acerca del concepto de lujo comunal. Plantea, por ejemplo, el aprovechamiento de edificios públicos ya construidos para que funcionen como palacios del pueblo y como refugios climáticos.

1 Hickel, Jason: El decrecimiento: la teoría de la abundancia radical. Universidad de Londres, Reino Unido.

2 Herrero, Yayo, Pascual, Marta y González Reyes, María: La vida en el centro. Voces y relatos ecofeministas. Madrid: Libros en acción, 2018.

3 Aunque sea el habitual, no me gusta utilizar el concepto «Oriente Medio».

4 Lo sugería en 2017, en el artículo Public luxury for all or private luxury for some: this is the choice we face publicado en The Guardian.  https://www.theguardian.com/commentisfree/2017/may/31/private-wealth-labour-common-space

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La vida en el centro 2/8

Las Conferencias de las Partes (COP) enmarcadas en la Convención de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático comenzaron en 1992. Tienen lugar todos los otoños boreales desde 1997 y han conseguido avances, aunque insuficientes. La COP28 de 2023 se desarrolló en Dubai y fue presidida por el jefe ejecutivo de la compañía estatal petrolera de Emiratos Árabes Unidos (ADNOC), que además era el Ministro de Industria emiratí. No se avanzó mucho, pero el hecho de que el desmesurado poder de las empresas de hidrocarburos estuviera muy presente en toda la cumbre, consiguió a modo de reacción que, en la declaración final, se apuntase explícitamente a los combustibles fósiles como principales responsables de la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) y 127 países acordaron su progresiva eliminación. La COP29 de 2024 se llevó a cabo en Bakú (Azerbaiyán), con gran cantidad de ausencias en cuanto a la afluencia de líderes y lideresas mundiales relevantes. Logró un acuerdo desalentador, aunque se profundice en el concepto de deuda ecológica, que implica que las naciones que iniciaron la producción del actual exceso de concentración de CO2 en la atmósfera tienen una deuda con el resto. El consenso adoptado fue que se financiaría con hasta 300.000 millones de dólares en 2035 a los países que no son responsables del actual caos climático y para los que sí tiene que haber desarrollo. En la COP30 de Belém se consiguió un incremento de la visibilidad de los pueblos indígenas de la región Amazonas, pero lo negativo es que la presión de los países exportadores de petróleo evitó que en su acuerdo final se mencionase a los combustibles fósiles. Se firmó el Mecanismo de Belém para la Transición Justa, destinado a mejorar las condiciones para que los pueblos del Sur global intenten una transición. Esta COP produjo un mayor avance en adaptación al cambio climático que en mitigación. Se anunció la celebración a finales de abril en la ciudad de Santa Marta (Colombia) de la Primera Conferencia Internacional para la Eliminación de los Combustibles Fósiles. La próxima COP31 será en la ciudad de Antalya (Turquía), si la situación bélica lo permite.

Los pactos alcanzados en las COP del clima (la ONU organiza otras COP de biodiversidad) son claramente insuficientes. Una constatación fundamental para entender  que estas son una especie de pantomimas anuales destinadas a que se paseen algunos líderes mundiales y parezca que están haciendo algo para evitar el caos climático. Sabemos que para mitigar sus efectos y no llegar a los peores escenarios, los combustibles que se encuentran todavía hoy bajo tierra deberían quedarse donde están. Hemos de ser conscientes de que esto no va a ocurrir y superaremos con mucha antelación los umbrales de seguridad aceptados en la COP21 de París en 2015. De hecho, ya en 2024, superamos uno: el de no exceder los 1.5º C respecto a la era pre-industrial.

Los poderes públicos han asegurado que estamos llevando a cabo la llamada Transición Energética para mantenernos dentro del umbral de seguridad. Pero se está empezando a ver que dicha transición no funciona y que ha sido planificada de forma que enriquezca aún más a las élites. Sobre ella reflexiona Manuel Casal Lodeiro en Las verdades incómodas de la Transición Energética (2024):

La Agencia Internacional de la Energía nos lanza una advertencia fijándose no tanto en las perspectivas de declive de los hidrocarburos sino en la necesaria reducción urgente de las emisiones de GEI: si no logramos hacer rápidamente esta transición, nos quedaremos “atrapados” en las infraestructuras anteriores, y sería ya demasiado tarde para completar la Transición Energética. Teniendo en cuenta que la transiciones energéticas se deben realizar cuando la fuente anterior aún no ha comenzado su declive, que el cénit global del petróleo pudo ser en 2018 y restando los 50 años habituales en dichas transiciones, vemos que deberíamos haber comenzado, como muy tarde… ¡en 1968! Pero es que aunque tomásemos el cénit de todos los combustibles fósiles y asumiésemos de manera optimista una fecha para dicho hito en torno a 2030, seguimos llegando terriblemente tarde, pues deberíamos haber comenzado una transición de verdad… ¡en 1980!1

Es lógico que el agricultor, el ganadero (a quienes la Transición Energética les dificulta la vida) o cualquier conductor que no puede entrar con su viejo coche a la zona de bajas emisiones del centro de las ciudades, se sientan engañados, acaben votando a la ultraderecha y rechazando el ecologismo. En ocasiones terminan negando un caos climático (últimamente solo su raíz antropogénica) que además —como asegura Marta Tafalla en Filosofía contra la crisis ecológica (2022)—, es un evento muy crítico para una sociedad como la nuestra, que se basa en la agricultura. Modificaciones en las temperaturas o en el régimen hídrico pueden conseguir que no se produzcan las cosechas que nos alimentan.

En clara sintonía con el hecho de que nos encontremos en una cultura individualista se ha hecho demasiado hincapié en que seamos lxs consumidorxs2 quienes tomemos medidas contra este caos climático. A menudo se nos indican acciones como: aislar mejor nuestras casas, viajar en transporte público, usar la bicicleta o caminar hasta nuestros lugares de trabajo. Conductas eficaces, sin duda, pero es que hace tiempo que lxs científicxs saben que las mayores causantes de este desajuste climático son las grandes compañías multinacionales o enormes instituciones de poderosos Estados. Sin embargo, es cierto que deberíamos adquirir nuevas costumbres para no emitir a la atmósfera tantos GEI3. Una gran reducción en el consumo de carne, pescado y marisco sería muy eficaz. La humanidad se va a ver forzada a reducir estos gases. Una disminución que tendrá consecuencias (en cuanto sea acordada) en sectores que emiten grandes cantidades de ellos, como en los transportes o en la fabricación de los productos de la industria de la automoción y de la industria aeronáutica. No es posible revertir en unos pocos años esta súbita (en tiempo geológico, no en humano) modificación del clima y vamos a notarla más en el futuro, pero todavía estamos a tiempo de no convertir la Tierra en un lugar inhóspito y de prevenir la muerte de millones de sus habitantes. Es increíble ver como nos dirigimos hacia una sucesión de catástrofes “naturales” pero no actuamos para mitigarla y tampoco nos adaptamos a ella. Las élites no se mueven ni siquiera cuando comprenden el peligro, porque su propósito es no perjudicar la esfera de los negocios. 

Las aerolíneas y el turismo, que ya sufrieron muchas pérdidas con la crisis de la COVID-19, también se resentirán tarde o temprano por las modificaciones de consumo necesarias para mitigar la emergencia climática en un contexto futuro de subida del precio de los combustibles añadida a los aumentos de este precio por guerras o escasez. Además, es esperable que suframos una serie de crisis consecutivas, de las que no podremos salir, pero que sí lograríamos ir afrontando con una mejor distribución de la riqueza, llevando una vida más sobria, generalizando la agricultura ecológica y volviendo a los pueblos desde las grandes ciudades. La permacultura urbana será de gran ayuda especialmente en las pequeñas aglomeraciones. Hemos de conseguir que tenga un amplio desarrollo.

De todas formas, el caos climático antropogénico no es la única de las amenazas ambientales a las que nos enfrentamos. El Stokholm Resilience Centre de la Universidad de Estocolmo desarrolló, en la primera década de este siglo, un modelo con nueve límites planetarios que en caso de ser traspasados harían inviable la vida humana en la Tierra4. Estos son: el agotamiento del ozono estratosférico, la pérdida de biodiversidad, la contaminación química, el cambio climático, el exceso de nitrógeno y fósforo, el consumo de agua dulce y el ciclo hidrológico global, la acidificación de los océanos, el cambio de uso de suelo, y la carga de aerosoles en la atmósfera. Ya hemos traspasado las zonas de seguridad de siete de los nueve límites. Vamos camino de nuestra propia destrucción.

Una vez asumido que nuestra trayectoria actual es autodestructiva, podemos concluir que la idea de formar comunidades —alejándonos de unas posiciones conservadoras que otorgan más estatus al hombre cis hetero, blanco y con dinero—, dejando que fluya la ayuda mutua, como las que fomentará la Congregación del Infinito es un buen plan. Necesitamos un cambio radical.

Es fácil que en los próximos años pasemos continuamente de una depresión económica a otra. Por ello es imperativo que adoptemos modelos que favorezcan la ayuda mutua, en vez de los competitivos que se impusieron desde la segunda mitad del siglo XX.

Donella Meadows (1947-2001), Dennis Meadows (1942) y su equipo en el clásico de 1972, Los límites del crecimiento ya nos indicaron que solo podremos sobrevivir si moderamos nuestras pretensiones y que existen ciertas líneas que no debíamos cruzar. Como alternativa a su informe, la Fundación Bariloche desarrolló entre 1972 y 1975 el Modelo Mundial Latinoamericano, incorporando principios como la equidad o la participación civil.

Algunas de las fronteras planetarias descritas en todos estos informes ya fueron rebasadas y otras lo están siendo así que, abróchense los cinturones porque la caída va ser dura. La organización aquí propuesta debe ser capaz de crear una red que amortigüe los golpes que ocasionará dicha caída, partiendo de elementos similares a los de las formas laicas de conducirse en la vida y mediante la ayuda mutua.

Nos hemos situado en una lógica sacrificial: los gobiernos —que tendrían que aplicar políticas de reparto de la riqueza— asumen que los ecosistemas naturales, e incluso la mismísima vida de las personas, deben ser sacrificados (especialmente en determinadas zonas) para que haya crecimiento y la economía vaya bien. Esto no se puede permitir.

Nuestras sociedades funcionan en un orden económico apoyado en el crecimiento continuo, proceso que exigiría recursos infinitos, pero se encuentran en un planeta que ya da muestras muy claras de su agotamiento. En los últimos años hemos podido escuchar en diferentes medios de comunicación la voz de Antonio Turiel5, exponiendo que en las siguientes décadas vamos a sufrir una descomunal bajada en la producción de petróleo según los datos de la Agencia Internacional de la Energía, aunque en ediciones anteriores de su Informe World Energy Outlook los maquilló para mostrar una futura disminución en la demanda. En el libro de Turiel,Petrocalipsis: crisis energética global y cómo (no) la vamos a solucionar (2020) y, desde hace tiempo, en su blog The Oil Crash sostiene que, como tampoco vamos a compensar esta disminución con las energías limpias y renovables, debido a que estas tienen una menor tasa de retorno energético6, en breve padeceremos una gran bajada de la cantidad de energía que lograremos obtener, condición que cambiará radicalmente nuestras sociedades. Otros textos, como En la espiral de la energía, de Ramón Fernández Durán (1947-2011) y Luis González Reyes; el clásico de 2015 de Pablo Servigne y Raphaël Stevens, Comment tout peut s’effondrer, traducido en 2020 como Colapsología; Colapso: capitalismo terminal, transición ecosocial, ecofascismo, de Carlos Taibo; La izquierda ante el colapso de la civilización industrial. Apuntes para un debate urgente, de Manuel Casal Lodeiro; o el de 2024, Colapso, de Flavia Broffoni, nos cuentan que el importante descenso energético que vamos a sufrir hará que colapse nuestra sociedad, industrial y consumista. 

1  Casal Lodeiro, Manuel: Las verdades incómodas de la Transición Energética. Barcelona: Icaria Editorial, 2024

2 Hay un interés en obviar que los más ricos con sus jets privados, sus yates y en general su modo de vida son capaces de producir en una hora cincuenta veces más gases de efecto invernadero de lo que emitirá unx consumidorx medix en toda su vida. 

3 Acrónimo de gases de efecto invernadero.

4 El diagrama con la situación actual de los nueve límites planetarios, con sus siete fronteras rebasadas, se puede ver en: https://www.pik-potsdam.de/en/institute/labs/pbscience

5 Doctor en Física Teórica y licenciado en CC. Matemáticas, creador de The Oil Crash, blog donde, desde 2010, Antonio Turiel nos anticipa la crisis energética https://crashoil.blogspot.com/

6 La tasa de retorno energético (TRE) es una relación entre la cantidad de energía que se utiliza para explotar un recurso energético y la que obtenemos finalmente de él.

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La vida en el centro 1/8

La ética de la Congregación del Infinito, sobre una base de respeto a los derechos humanos —y de todxs1 lxs seres vivxs—, se construye en torno al hecho de poner la vida en el centro de las relaciones. El encabezado de este capítulo es el título de al menos dos libros y una máxima en los feminismos que no debemos olvidar a la hora de construir cualquier estructura social. Quizás se haya convertido en un lugar común, aunque no por ello hay que dejar de tenerlo siempre presente.

Poner la vida en el centro era en las antiguas sociedades el motivo último que estaba en la raíz de la mayoría de las acciones de casi todas las mujeres. En los últimos siglos, gracias a las diversas olas de los feminismos se han ido aceptando también otros. La entidad que aquí propongo solo puede ser antipatriarcal, al contrario que las religiones hegemónicas, tan influenciadas por el machismo y el heteropatriarcado. Ese hecho explica que encontremos en ellas importantes dosis de misoginia y persecución de disidentes sexuales y de género.

Como nos explicaron hace años los movimientos feministas, desde el inicio de la historia, los hombres supuestamente cishetero —que eran los que mandaban— dieron más importancia al trabajo productivo que al trabajo reproductivo, desarrollado en el hogar y a cargo de las mujeres. Nos narraron unos relatos históricos protagonizados casi siempre por unos héroes masculinos. Y sin embargo, alguien tenía que sostener la vida de todos esos héroes.

Muchas criaturas de los años sesenta, setenta y ochenta del siglo pasado tuvimos todavía una madre que, por el machismo de ciertos maridos de su generación, el de ciertas familias, amistades o, en algunos casos, del propio interiorizado, no trabajaba fuera del ámbito doméstico: una mujer que se veía obligada a quedarse en casa cuidando de sus hijxs. Y como señalaron hace décadas diferentes teóricas feministas: tanto si trabajaban fuera como si no, las mujeres se solían ocupar de hacer las tareas domésticas, sin apenas compartirlas con el hombre que ejercía el rol de padre2

Otras autoras nos expusieron cómo cuando las mujeres se incorporaron de forma masiva al mercado laboral —a raíz de cierto reconocimiento obtenido por los feminismos de la segunda ola—, se produjo una gran crisis en el trabajo no remunerado de cuidados. Crisis que se ha ido parcheando con medidas (claramente insuficientes) para fomentar la conciliación en el trabajo, recurriendo a personas de la familia —casi siempre también mujeres—, amigas que no trabajaban fuera de casa o pagando (quienes pudiesen permitírselo), para que empleadas —que suelen ser de nuevo mujeres— realizasen las tareas del hogar, recogiesen a lxs niñxs del colegio o se ocupasen de quienes requerían cuidados. Estos empleos a menudo son precarios y suelen estar mal pagados. Todavía queda mucha tarea por delante en lo tocante a conseguir un reparto equitativo de los trabajos reproductivos y de cuidados. Poner la vida en el centro significa, avanzar en este reparto, concederle al trabajo reproductivo la importancia que se merece y fomentar la conciliación de la vida familiar con la laboral.

Sin embargo, que la vida se sitúe en el centro no significa que esta organización de carácter religioso no dogmática se oponga al derecho al aborto. Ante un estado de gestación, la vida que se pone en el centro es la que podría existir por sí misma, la de quien va a experimentarlo personalmente, que tendrá que decidir si va a interrumpir su embarazo o si quiere continuar con él.

Otra forma de poner la vida en el centro es cuidar el medio ambiente y aprender a sentirse parte de él. Al mismo tiempo que nos reunamos y construyamos comunidades de mujeres, personas de géneros no binarios y hombres, fomentaremos un culto a la clorofila. Esta sustancia es la responsable de que plantas y algas verdes fijen el CO2 del aire, a través de la energía aportada por el sol, y nos devuelvan oxígeno, intercambio que reduce ese peligroso gas de efecto invernadero, principal responsable del caos climático que hemos generado. Esta actitud seguramente nos resultaría útil para mitigarlo. El culto a la clorofila se puede concretar en un amor por los bosques, las selvas y también, aunque sean espacios creados por las criaturas humanas, por los huertos (frente a las grandes explotaciones agrícolas) y los bosques comestibles3. Restaurar los ecosistemas destruidos por siglos de acción humana es una medida que ayudaría a reducir la cantidad de dióxido de carbono que hay en el aire. Dentro de las técnicas dedicadas a ello hay una que se conoce como rewilding que consistiría en dejar que se asilvestraran diferentes tierras, recuperando así plantas, animales y otros tipos de vida.

Habría que dejar de fomentar el desarrollo económico a costa de la naturaleza. No la podemos seguir contemplando como algo que explotar: es necesario romper con la lógica extractivista. Tampoco nadie puede vivir “emancipadx de ella” porque somos ecológicamente dependientes, como lo cuenta Yayo Herrero en su artículo Lo personal es político: ecofeminismos en los territorios del Norte Global, inserto en el volumen recopilatorio de varias autoras Por qué las mujeres salvarán el planeta:

Occidente ha conformado a través de la historia una noción de Progreso que hace creer que es posible vivir como individuos aislados, emancipados de la naturaleza y desresponsabilizados del cuidado de quienes nos rodean. Esa triple emancipación es ficticia y sólo se pueden beneficiar de ella algunos sujetos, mayoritariamente hombres, pero el analfabetismo ecológico generalizado, el mito del crecimiento exponencial -imposible en un planeta con límites físicos- y la fe tecnológica que hace creer que siempre se inventará algo que resuelva todos los problemas, incluso los que la misma tecnología provoca, hace mirar a otro lado cuando llegan noticias y señales de la crisis civilizatoria que atravesamos.4

Poner la vida en el centro sería también presionar para eliminar las actualmente muy restrictivas leyes, reglamentos y directivas de extranjería, que regulan el movimiento de las personas. Mientras lo conseguimos habría que dedicar más medios para evitar las muertes de migrantes en todo el globo y, especialmente, en la frontera meridional de EE. UU. y en el Mediterráneo. Tendría que haber en este mar y en el Océano Atlántico, al menos en la ruta del archipiélago canario, una cantidad mayor de barcos de salvamento  —en las Islas Canarias durante los últimos meses, ha estado fondeado el barco Open Arms pero no está realizando labores de rescate— y no se deberían poner impedimentos a su trabajo, como hace el gobierno italiano. Lxs que se juegan la vida adentrándose en el mar para llegar a otro Estado que ofrece mejores condiciones de vida, lo hacen intentando burlar las crueles leyes sobre inmigración y extranjería, normas que, como ya he señalado, deberían ser derogadas, ya que moverse por el mundo es un derecho humano5.

Podemos marcarnos como meta reducir la diferencia entre los Estados con mayor IDH y aparentemente garantes de los derechos humanos y los que tienen los peores índices, en los que frecuentemente encontramos situaciones de violencia y que de este modo, nadie se viese forzadx a dejar su casa, abordando la raíz del drama. Pero en tanto alcanzamos ese deseado horizonte, deberíamos acoger mejor a lxs que migran, que no vienen, como a menudo escuchamos, ni a quitarnos el trabajo, ni a vivir de los subsidios, ni a delinquir. Los grandes flujos migratorios se seguirán produciendo. Es más, la llegada de población a los lugares donde se perciben más posibilidades aumentará en los próximos años. Una de las principales causas de esto será el desigual impacto de la crisis climática, dada la mayor capacidad de ciertos Estados de movilizar dinero para adaptarse a sus efectos. El resultado que está teniendo el hecho de poner dificultades a quienes migran, es que mueran más personas al intentar, de una manera desesperada, llegar a nuestras tierras.

Pero no solo tendríamos que reducir las trabas a la migración. Del mismo modo, deberíamos revisar nuestros regímenes supuestamente democráticos para que lxs que tienen otro pasaporte no sean consideradxs ciudadanxs de segunda clase y puedan expresar y efectuar su voluntad política. Quienes hemos nacido aquí deberíamos asumir la historia colonial y neocolonial del mundo y entender que recibir migración es consecuencia de ella. Ya es muy injusto poner dificultades a la entrada de migrantes en los territorios con mayor IDH, pero aún lo es más en un contexto en el que se empiezan a notar los efectos de un caos climático que estimularon las naciones del Norte Global al industrializarse y quemar combustibles fósiles. Además, la gente blanca ha estado yendo a vivir a otras tierras y expandiéndose por todo el planeta desde hace quinientos años. ¿Por qué lxs que no son blancxs no iban a poder hacerlo en el siglo XXI? Ya lo escribí antes pero insisto: quienes siembran colonización o neocolonización recogen migración.

No hay un alma inmortal para las criaturas animales ni para las humanas (que no son más que un tipo de las primeras), ni tampoco otro plano en el que pudiésemos existir eternamente, como predican las principales religiones patriarcales, de modo que hay que vivir en este y proteger la vida. Aquellxs que están creciendo hoy en día, tendrán que lidiar durante toda su existencia con una crisis climática, aunque seguramente con más amenazas ecológicas. Si realmente queremos que se mantenga la civilización humana en la Tierra, tenemos que actuar de otra manera, de forma que gastemos menos recursos naturales y que emitamos menor cantidad de gases de efecto invernadero. No podemos seguir residiendo a tanta distancia de los sitios a los que vamos a diario, lejanía que nos obliga a utilizar medios de transporte que suelen ser contaminantes y generadores de CO2, para llegar a ellos. Frecuentemente usamos vehículos automóviles de forma individual en vez de desplazarnos en unos transportes colectivos que, por otra parte, fueron maltratados durante décadas por las diversas administraciones y hoy prestan un servicio que claramente deja mucho que desear. Tampoco podemos habitar viviendas tan lejos de los lugares de producción de nuestros alimentos, circunstancia que supone que tengan que recorrer una desproporcionada cantidad de kilómetros hasta llegar a nuestras mesas. Lograríamos emitir menos —y llevaríamos una existencia mucho más ética— si nos acostumbramos a llevar una dieta vegetariana o vegana. Para afrontar un futuro descenso energético va a ser imprescindible una economía relocalizada, que como señala en muchas ocasiones Luis González Reyes, necesariamente será diversa. Hay que hacer un esfuerzo por relocalizar ya la industria y obtener la mayor parte de los alimentos de granjas agroecológicas que no se encuentren a demasiada distancia.

1   No me sentiría cómodo usando siempre el masculino como genérico. La lengua española sigue una norma que dice que los sustantivos referidos a personas o animales deben ponerse en masculino cuando se desconoce el género de las aludidas o en cuanto se suponga que hay un hombre. Así, se dice “tres hermanos” aunque sean dos mujeres y un hombre. Para representar también a las personas con géneros no binarios que utilizan la “e” al hablar de sí mismas, tendría que incluir en este texto las tres versiones de cada palabra de género variable, pero no lo haré. Me siento más cómodo usando la “x” en las palabras que varían con el género. Debería pronunciarse con el sonido vocálico “e” o “i”. Prefiero la “x” antes que la “e” porque esta última vocal se utiliza para construir la forma del masculino plural en las palabras que terminan en consonante. De este modo, para usarla en un lenguaje inclusivo, tenemos que escribir: diosas/es, trabajadoras/es, autores/as, lectoras/es, escritoras/es, musulmanes/as, etc. Sin embargo, en algunos casos no lo usaré la “X” porque no lo encuentre justo, me resulte extraño o no lo considere necesario ni oportuno debido a la histórica opresión sobre las mujeres. En esas ocasiones escribiré de forma tradicional. 

2 Si es que alguien lo hacía, ya que siempre existió una pequeña minoría de familias lésbicas que pasaban desapercibidas y muchas monomarentales (por viudedad, abandono o elección).

3 Un bosque comestible es uno formado por todo tipo de plantas que se ha diseñado de tal forma que pueda producir gran cantidad de alimentos de manera natural. Es una técnica de permacultura. En esta web viene muy bien explicado https://www.agrohuerto.com/los-bosques-comestibles-que-son/

4 Herrero, Yayo: Lo personal es político: ecofeminismos en los territorios del Norte Global. En: Por qué las mujeres salvarán el planeta. Varias Autoras. Barcelona: Rayo Verde, 2019.

5 Recogido en el art. 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

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Uroboros 8/8

La comunidad, en la actualidad, es la base de la sociedad en las culturas indígenas y campesinas. A lo largo del siglo XXI, a medida que los efectos del caos climático y la escasez de energías y minerales se vayan haciendo más patentes, va ser más y más necesaria para la población en general. Las relaciones comunitarias deberían ser las más abundantes en barrios, aldeas y pueblos, en lugar de las propias de esa masa de consumidorxs individualizadxs que habitan insertxs en familias nucleares, extensas, monomarentales o monoparentales. Pero han de ser protagonistas unas comunidades diversas, que articulen grupos que se rijan por criterios diferentes a los que mantuvieron las clásicas, dominadas en muchos casos por esquemas patriarcales y presuposiciones cisheronormativas que, frecuentemente evolucionaron adaptándose a las viejas religiones teístas. Podemos construir otras realmente emancipadoras, sobre la base de la igualdad de derechos, el respeto a la naturaleza y a los límites del planeta.

Rita Laura Segato (1951) apunta sobre las comunidades en la introducción de La guerra contra las mujeres:

Una comunidad, para serlo, necesita de dos condiciones: densidad simbólica, que generalmente es provista por un cosmos propio o sistema religioso; y una autopercepción por parte de sus miembros de que vienen de una historia común, no desprovista de conflictos internos sino al contrario, y que se dirigen a un futuro en común. Es decir, una comunidad es tal porque comparte una historia. En efecto, el referente de una comunidad o un pueblo no es un patrimonio de costumbres enyesadas, sino el proyecto de darle continuidad a la existencia en común como sujeto colectivo.1

Existen, por supuesto, comunidades laicas, como las que se construyen en torno a sindicatos, partidos políticos, asociaciones feministas, asociaciones LGTBQIA+, cooperativas, centros sociales, grupos de consumo responsable… Quizá haya más en el futuro, pero hoy en día, las colectividades que otorgan más cohesión cuando hablamos de grupos más grandes que la familia, si miramos todos los continentes, son las comunidades construidas alrededor de la religión. En cualquier caso, lo que se está proponiendo con la Congregación del Infinito no es renunciar a ningún tipo de laicismo, más bien es estimular la auto-organización de individuxs incluso si tienen cosmovisiones diversas.

Necesitamos comunidades feministas, antirracistas, anticoloniales, antixenófobas, ecologistas, aliadas de LGTBQIA+, edificadas sobre los derechos humanos (y de todxs lxs seres2 vivxs), que respeten el principio de igualdad y no otorguen prerrogativas ni a los hombres ni a gente blanca.

Necesitamos comunidades que no impongan la cisheteronorma, que apuesten por la no discriminación, tampoco por razón de diferente religión o de ausencia de ella, ni por las diferentes capacidades de cada cual.

Necesitamos comunidades que nos apoyen no solo cuando somos jóvenes y todo va bien, sino también en los momentos en los que tenemos grandes problemas, no somos buena compañía, no resultamos divertidxs, adquirimos discapacidades o si, a medida que pasa el tiempo, nos vamos convirtiendo en ancianxs.

Necesitamos comunidades que reconozcan que existen mujeres, hombres y una pequeña minoría de personas —en la década de los veinte del siglo XXI, quizás en el futuro esta categoría sea mayor— que se definen como de géneros no binarios; que el hecho de que te encuadres en una categoría u otra no depende exclusivamente de tus genitales y que hay quienes son cisgénero, cuando su género coincide con el que les fue asignado al nacer, y transgénero cuando esto no sucede.

Necesitamos comunidades que luchen más contra esa imagen que los medios de masas imponen, de las mujeres como muñequitas: bellas, delgadas, hipersexualizadas, no muy mayores, sin demasiadas curvas, entrenadas para gustar, coaccionadas para llevar el cabello largo, arreglado, bien peinado y a menudo imposibilitadas por diversas técnicas destinadas a aparentar mayor incapacidad y belleza, como por ejemplo el uso de largas uñas preciosamente decoradas, de tacones altos o la necesidad (especialmente dura para las mujeres negras) de tener el pelo perfecto. Que no les pidan que sean sexy, como demandan la publicidad y unas industrias culturales dominadas por los varones. De todas formas, no podemos asumir que cualquier búsqueda de la feminidad tradicional esté encaminada siempre a gustar a los hombres, ni proscribirla en una suerte de femmefobia3.

Necesitamos comunidades donde se fomenten otros tipos de feminidades y de masculinidades, más entremezcladas, en las que haya muchas más personas que se sitúen en el intermedio sin tener ningún problema por ello.

Necesitamos comunidades donde no haya líderes, para que no ocurra como en tantas otras, en las cuales hay un jefe que es un hombre blanco, (presumiblemente) cisgénero4  y (presumiblemente) heterosexual.

Necesitamos comunidades realmente diversas.

Los Encuentros Asamblearios del Infinito podrían ayudar a formar esas comunidades.

1 Segato, Rita Laura: La guerra contra las mujeres. Editor digital: Titivillus, 2016.

2 Consideraré la palabra “ser”, contrariamente a la opinión la RAE,  un sustantivo ambiguo: del mismo modo que existen otros, como por ejemplo, “puente” , “mar”o “calor”. 

3 Es un término que indica aversión y hostilidad hacia cualidades estereotípicamente femeninas.

4 Inolvidable, sea cierta o no, la revelación del secreto de la Papisa Juana, una leyenda que nos habla de la gran cantidad de mujeres que se hicieron pasar por hombres. http://archivo-t.net/transbutch/masculinidades-transgresoras/otro-hombre-mujer/

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Uroboros 7/8

El laicismo institucional fue, es y siempre será un instrumento esencial para la construcción de cualquier país en el que se intente establecer un gobierno que se pretenda democrático. Permitió a los organismos públicos, mientras iban consolidándose, que se separasen de las religiones. Todavía tiene una ingente tarea por delante, debe ser más fuerte en todo el globo terráqueo y hay que profundizar en él.

En cambio, el laicismo individualista es realmente un caballo de Troya del neoliberalismo en la guerra por mejorar la realidad. Se trata de una cualidad que en principio parece positiva —un regalo de la modernidad occidental— pero que a la larga resulta negativa. La ultraderecha, marchando de su mano, no para de crecer en nuestro entorno, ya sea a través de unos partidos o de otros. 

Estoy seguro de que esta actitud vital no es un factor desdeñable en el hecho de que los partidos neoliberales, conservadores o ultraderechistas estén sumando cada vez más ciudadanxs a su causa, circunstancia que nos podría hacer perder derechos y conquistas. Es necesario actuar de manera diferente, ofreciendo una alternativa y estimo que fomentar la creación de grupos que otorguen, a lxs que formen parte de ellos, sentimientos de pertenencia a una entidad superior —por supuesto, en un marco de respeto a los Derechos Humanos— es una buena estrategia. Al proveer de sentimientos tales, esta nueva organización puede constituir también una opción capaz de generar pertenencia, al estilo de las bandas callejeras. Si consigue conformar una corriente, situándose más allá de lo marginal, podría devenir en una herramienta eficaz para luchar contra pandillas, gangas, maras y entidades similares —sin necesidad de cometer atrocidades, como han hecho ciertos gobernantes—, en esta ocasión formando una comunidad ecologista, anticolonialista, en la que no impere la cisheteronormatividad, que luche contra el orden patriarcal, la supremacía blanca y la xenofobia.

Jorge Riechmann en este fragmento de Ecoespiritualidad para laicos, reflexiona sobre la importancia del fenómeno religioso en la vida humana:

Antropólogas y etnólogos han identificado más de cien mil religiones. Aunque la cultura europea gusta de pensarse a sí misma como secularizada, resulta dudoso que vayamos a superar el horizonte religioso alguna vez: parece formar parte de la condición humana como una suerte de universal antropológico.

Para hacer frente a la finitud humana, para encarar nuestra muerte, la estrategia básica siempre ha consistido en tratar de formar parte de algo más grande y perdurable que nosotros mismos. Esto puede intentarse sumiéndose uno en ciertas formas de alienación (por ejemplo, creencias extravagantes sobre formas de vida ultraterrena) o buscando vías de emancipación (las luchas por construir una buena comunidad humana, o la teoría Gaia).1

La teoría Gaia surgió en la década de los sesenta del siglo pasado como “hipótesis Gaia”. Sostiene que la biosfera de la Tierra conforma un superorganismo compuesto por los demás organismos vivientes. Fue desarrollada por el químico James Lovelock (1919-2022) al que se unió después la bióloga Lynn Margulis (1938-2011), y explica que dicho superorganismo regula las reacciones del planeta. Por tanto, la gran transformación antrópica que estamos produciendo, la que es provocada por la contaminación y el caos climático están dañando a Gaia. Y ella, a pesar de que nos creamos tan importantes, no necesita de la especie humana para seguir existiendo. 

Este es el orden de las cosas actual, marcado por la destrucción del medio ambiente, el extractivismo a cualquier precio y el individualismo. Los grupos dominantes encuentran muy positivo que quienes nos alejamos de posiciones conservadoras sigamos actuando de manera individualizada, como el maltratador de mujeres —que lo primero que hace es aislar a su víctima—, como los dirigentes de las multinacionales —que pondrán dificultades para que sus trabajadorxs se sindiquen— o los animales depredadores, que prefieren que sus presas no vayan en manada. Favorecerán que permanezcamos consumiendo atomizadxs en unidades familiares y no nos encontremos semanalmente, ya que podríamos organizarnos para realizar cualquier actividad. En las últimas décadas, en las opiniones y saberes oficiales nos estamos liberando de antiguos yugos mentales como el machismo, la cisheteronormatividad o la supremacía blanca y nuestro horizonte es la igualdad de derechos, así que los ricos y poderosos intentarán fomentar la desconfianza entre lxs ciudadanxs y trabajarán para que los discursos culturales apunten en una dirección que fomente el individualismo.

Cualquier noción de colectivización o empresa pública ha sido ampliamente criticada. Lo comunal fue completamente demonizado por la opinión pública (más bien la publicada). Incluso siendo conscientes de que estructuras de este tipo, a veces sin ser estatales, en ocasiones pueden ofrecer servicios públicos. 

Nos iría mejor dejando atrás comportamientos individualistas y aceptando habitar una propiedad comunal. Por ejemplo, lxs mayores podrían mejorar su calidad de vida si, llegado el momento, renunciasen a vivir solxs y se organizasen colectivamente para hacerlo mediante un sistema de cooperativa de cohousing, contando con espacios privados y otros comunitarios. Hoy ya existen alternativas para mayores, como por ejemplo Trabensol2, cooperativa de cohousing senior localizada en Torremocha (Madrid), la Muralleta en Santa Oliva (Tarragona) o el Residencial Santa Clara, de Málaga, aunque siguen siendo muy minoritarios, ya que precisan que quienes elijan estas opciones tengan un capital y dejen sus barrios o localidades de origen. Podríamos intentar ampliar este modelo a viviendas en los edificios de apartamentos de cualquier ciudad o pueblo, mediante la incentivación pública de permutas de pisos y de alquileres para mayores en determinados bloques, con la doble función de llegar a todas las clases sociales y no desarraigar a nadie de su entorno tradicional. Todo el proyecto tendría que ser gestionado por la propia vecindad. En estos pisos sería insuficiente tener solo un dormitorio para cada inquilinx, harían falta otras habitaciones para montar comedores o salas de estar para recibir a amistades y familiares. Y si faltasen cuartos se compartirían los destinados a dormir. Entre todxs lxs que allí morasen se podrían contratar algunxs profesionales. Residiendo de este modo seríamos capaces de evitar la soledad no deseada en la que se encuentran una gran cantidad de ancianxs, que ya no se pueden mover como cuando eran un poco menos viejxs y era posible la independencia. Una forma de ir acercándose a esta situación se podría producir si lxs individuxs que pasan de los setenta años, decidiesen residir en pisos grandes compartiendo los espacios. Tristemente son habituales esas noticias en las que hallan el cadáver de alguien de avanzada edad semanas después de que se produzca su fallecimiento. Con esta forma colectiva de llevar ese momento en el que la vejez resulta imposibilitadora de importantes tareas, claro que se perdería intimidad y espacio. Sin embargo, se ganaría calidad de vida para lxs mayores, que no olvidemos, son una fuente de conocimiento surgido de la experiencia que resulta indispensable para cualquier colectividad.

Esta importante presencia de la situación de soledad no deseada es fruto de que nuestra sociedad esté edificada a partir de las relaciones amorosas de dos y de las familias nucleares. Habitualmente, lxs hijxs se hacen adultxs y se independizan. Un gran porcentaje de mujeres sobreviven a sus parejas. Sería muy positivo que tuviesen una comunidad a la que recurrir si quisieran mudarse.

1 Riechmann, Jorge: Ecoespiritualidad para laicos, Santander (Cantabria): El Desvelo Ediciones, 2024

2 El artículo Cohousing senior, un envejecimiento hiperactivo en número 69 de la revista de El Salto nos explica su funcionamiento, cómo se formó el histórico Residencial Santa Clara y ofrece un buen acercamiento al tema. https://www.elsaltodiario.com/vejez/cohousing-senior-un-envejecimiento-hiperactivo

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Uroboros 6/8

Lo que funcionaba en ciertos lugares del occidente opulento en las décadas de mil novecientos setenta, ochenta, noventa, dos mil, dos mil diez y en la primera parte de los veinte —en estas últimas con sociedades ya étnicamente más diversas pero con un apoyo cada vez mayor a la ultraderecha—, no va a funcionar al final de este decenio ni en el de los treinta ni en siguientes del siglo XXI. En las naciones centrales del capitalismo, lxs residentes de muchas de las grandes ciudades han cambiado notablemente en los últimos cincuenta años. Cualquiera que viaje en transporte público puede comprobarlo. En Europa, entre lxs pasajerxs que vemos en los vagones de metro, de tren, en el autobús o en el tranvía percibimos una gran diversidad, conseguida por la presencia de una mayor cantidad de migradxs, reforzada por quienes ya han nacido en los países del Norte Global, pero se percibe que tienen ascendencia de otros que no pertenecen a ese grupo. Y la mayoría de ellxs (aunque las generalizaciones siempre son peligrosas), suelen estar acostumbradxs a formar parte de una estructura más grande y a encontrarse todas las semanas con lxs de su comunidad, especialmente con lxs que no ven a diario. No van a cambiar sus religiones antiguas por un laicismo individualista y, a pesar de que podría ocurrir que tampoco lo hiciesen por la Congregación del Infinito, merecería la pena intentarlo. 

Lxs migradxs sin la nacionalidad del país al que se han desplazado, a día de hoy, apenas tienen representación política1 en las instituciones llamadas democráticas, ya que la mayoría no puede votar. Es necesario potenciar las asambleas vecinales o ciudadanas locales y constituir una especie de agrupación estatal o federal de delegadxs, que resuma aquello que se haya discutido en dichas asambleas y que logre establecerse como otro de los poderes de la democracia (al menos de los no oficiales). Así como el mediático es el cuarto, o el económico es el quinto, un poder asambleario será el sexto. De esa manera, podrían obtener algún tipo de representación, mientras conseguimos llegar al horizonte político, que sería que sin necesidad de nacionalizarse estuviesen representadxs en la sede del legislativo.

En los últimos siglos, nos hemos ido alejando de las viejas comunidades y hace tiempo las sustituimos por un pretendido individualismo que, según precisa Almudena Hernando en La fantasía de la Individualidad, siempre se ha apoyado en la identidad relacional de mujeres, como las esposas, compañeras, madres, hijas, sobrinas, suegras, hermanas o cuñadas, por ejemplo, que convivían con esos hombres que se declaraban individualistas. Escribe:

Esta identidad deriva de la incapacidad para concebirse uno mismo fuera de las relaciones en las que se inserta. Debe comprenderse algo fundamental en este punto: la identidad relacional no implica que se dé mucha importancia a las relaciones que se sostienen (como puede suceder con la mayor parte de la gente individualizada), sino la imposibilidad absoluta de concebirse a uno/a mismo/a fuera de esas relaciones.2

Desde el siglo XIX, un significativo número de quienes huían de la cisheteronorma abrazaron los valores de las corrientes políticas liberales. Lograron escapar de esas antiguas comunidades que consideraban dañinas y que, en cierta medida, lo eran, pues daban cobijo, además de a la citada cisheteronorma, a los virus del patriarcado y de los estereotipos racistas. Numerosxs disidentes sexuales y de género se unieron a la masiva migración del campo a la ciudad que se produjo buscando una vida mejor y que continúa hasta hoy. Además de disfrutar de las clásicas ventajas que se obtienen con la residencia en una aglomeración —más facilidad para encontrar trabajo, mejor acceso a la sanidad o poder disfrutar con mayor facilidad de una vida cultural—, lxs que lo hacían gozaban de un oportuno anonimato. En ciertos barrios de las ciudades, construyeron nuevas uniones realmente más satisfactorias que la familia de sangre. Se fueron creando algunas comunidades no cisheteronormativas pero que, en cuantiosas ocasiones albergaban todavía en su interior cierta concepción patriarcal de las relaciones humanas y, si no era en ellas hegemónica la opinión de lxs individuxs racializadxs, asumían los esquemas que nos impone la omnipresente supremacía blanca. A medida que las sociedades se modernizaban, unas colectividades clásicas percibidas como “muy anticuadas” iban perdiendo terreno mientras lo ganaba esa ilusión de individualidad. Pero las comunidades son positivas, mucho más en situaciones difíciles. La Congregación del Infinito, si consigue establecerlas, podría ser útil para que estuviesen acompañadas todas esas personas que viven solas, hecho que es anecdótico mientras son independientes y salen de casa mucho pero que, con el tiempo, se suele volver crítico una vez que envejecen, dejan de serlo y de tener una vida social.

Tras los desastres causados por los totalitarismos durante el siglo pasado —unos regímenes que fueron levantados por partidos políticos cimentados en los movimientos de masas y que produjeron varios millones de muertxs y una descomunal opresión—, la opinión reflejada en el cine, los libros, la prensa, la radio, la televisión, Internet, los videojuegos, las RR. SS. y los media en general, ha sido y es favorable a que se extendiese un individualismo (neo)liberal. En las últimas décadas se ha impuesto, pero no podemos permitir que lo siga haciendo, y menos ahora cuando hemos dejado atrás la seguridad que ofrecía un aumento de la temperatura universal inferior a 1.5 ºC respecto a la época mundial pre-industrial, tenemos varios límites planetarios traspasados, ya han empezado las faltas de diésel en varios países periféricos y se ven serias dificultades en el horizonte de los centrales.

Que los intentos de mejorar la sociedad del siglo pasado acabasen en totalitarismos asesinos, no significa que, hoy en día, ya no haya que seguir promoviendo grandes cambios, sino que hay que hacerlo respetando los Derechos Humanos. Ante todo el daño que causaron esos regímenes y esas dictaduras, el liberalismo se ha configurado como el mejor de los modelos para organizarse. Como está adaptado al contexto de los últimos sesenta años, ya comenzamos a hablar a finales del siglo XX, de neoliberalismo. Esta corriente fue adquiriendo su preeminencia actual a partir del establecimiento de sanguinarias dictaduras, como la de Chile en 1973 o la de Argentina de 1976 y culminó con el ascenso al poder de Margaret Tatcher (1925-2013) en 1979 y del de Ronald Reagan (1911-2004) en 1980. A estos hechos se sumaron la ruptura del bloque soviético en 1989, con la subsiguiente desintegración de la URSS en 1991, y la consolidación de la sociedad de consumo. Pero el neoliberalismo está reñido con los límites planetarios y más temprano que tarde terminará su imperio. Considero que no debemos renunciar al proyecto de crear unos nuevos sistemas por los cuales nos organicemos las criaturas humanas, únicamente hay que esforzarse en proceder a ello de otra manera, sin imponer nada, ofreciendo nuevas alternativas a lo antiguo.

Las sociedades cimentadas en esta tendencia individualista, en el libre mercado y que desean aparentar que están desideologizadas, como las de la mayoría de países del centro y este de Europa, realmente no lo están en absoluto. La mayoría de su población se mueve entre el conservadurismo, el nacionalismo y el neoliberalismo. Todo enmarcado   en un sistema de relaciones machista, cisheteronormativo y que asume la supremacía blanca. Son campo abonado para unos partidos de ultraderecha que suelen ser apoyados por medios de comunicación financiados por los gobiernos de derecha. En ningún lugar hallamos una cultura que fomente la diversidad y la solidaridad.

Las izquierdas podremos obtener importantes triunfos en determinadas elecciones. Pero, mientras no consigamos construir tejido social en las calles —condición que no se cumple en la actualidad— son victorias que resultarán muy endebles. Esta nueva estructura que aquí propongo sería capaz de convertirse en otro generador de esa consistencia, indispensable para realizar cambios sociales, estableciendo comunidades de mujeres, hombres y personas de géneros no binarios con un marcado carácter feminista/antipatriarcal, antirracista, antixenófobo, anticolonial y ecologista, todo ello sin presionar con la cisheteronorma.

Nuestros adversarios políticos consiguieron crear ese tejido social hace siglos utilizando las religiones y las creencias irracionales. Y la verdad es que les ha ido muy bien, en los últimos sobre todo en contextos no occidentalizados. ¿Por qué nosotrxs no podríamos hacerlo?

Las tendencias individualistas, preponderantes hoy día, establecen que hemos de perseguir nuestro beneficio individual, y si no lo alcanzamos, nos convertimos en perdedorxs (losers). Sin embargo, la vida nunca fue de ese modo, algo que se notará más en las próximas décadas. Las narraciones de terror, de suspense, policiacas o los documentales true-crime (basados en crímenes reales) —todos productos especialmente pródigos en la cultura anglosajona, aunque ya extendidos al resto del planeta— invitan a profundizar en comportamientos individualistas: atrincherarse en casa, comprar armas para defenderse de posibles agresores y desconfiar del resto de lxs ciudadanxs.

En nuestra realidad hipertecnologizada se están iniciando una serie de inmensos cambios que van a tener como resultado que tengamos que adaptarnos progresivamente a vivir con menos energía. Únicamente haciéndolo en comunidades (esta vez construidas en torno a unos valores emancipadores) podremos hacer frente a los futuros desafíos cotidianos —incluso sobrevivir cuando las circunstancias se vuelvan más difíciles—, a los efectos de la crisis climática e intentar  proteger la naturaleza.

Para los sectores hegemónicos en política y economía solo hay realmente dos posibilidades deseables: o formas parte de la comunidad de alguna gran y antigua religión con unos principios convenientemente conservadores o puedes permanecer lejos de ellas pero llevar una vida individualista. No deberíamos permitir que las religiones patriarcales constituyan la única alternativa al individualismo reinante. La Congregación del Infinito se tiene que convertir en una opción para aquellxs que valoran lo mucho que aportan las relaciones comunitarias o incluso se plantean vivir en comunidad. 

1 Compuesta por algunxs concejalxs de nacionalidades que sí pueden votar en las elecciones municipales y por alcaldesxs (en las ocasiones en que alcanzan ese título).

2 Almudena Hernando: La fantasía de la individualidad. Traficantes de Sueños: Madrid, 2018

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Uroboros 5/8

Debemos tener presente que los partidos de ultraderecha o con políticas neoliberales son perjudiciales para el sostenimiento de la vida. Los que se definen como socialdemócratas (en realidad suelen ser socio-liberales) también pueden parecer dañinos pero tienen unos ideales de justicia, diversidad y equidad que es probable que queden como poso cuando el clima, el traspaso de los límites planetarios, así como la crisis de energías y minerales vuelvan obvio que es imposible mantener las prácticas del liberalismo económico. Y todavía no encontramos potentes partidos ecofascistas, pero en el momento en que sea evidente la crisis ecológica sin duda aparecerán, aunque esperemos que no seduzcan a un significativo número de votantes. 

Lxs migrantes, al viajar al Norte Global, trabajando intentan conseguir solo un poquito de lo muchísimo que, descarada e impunemente, hemos robado a sus pueblos —desde hace tiempo con nuestras empresas, sin necesidad de ocupar sus países— para terminar desestabilizando el clima universal y contaminando una gigantesca cantidad de ecosistemas.

Además, si nos paramos a pensarlo, es absurdo que alguien se arrogue los derechos sobre una tierra solo por haber llegado antes.

Los europeos de hace siglos cometieron con la colonización graves violaciones de eso que hoy conocemos como derechos humanos. Quedó una situación de colonialidad como secuela: quienes habitamos hoy en Europa, EE. UU. y otros espacios de privilegio, nos seguimos beneficiando de la explotación a la que empresas de nuestros territorios continúan sometiendo a trabajadorxs y recursos de países del Sur, de donde llegan indispensables productos, tanto para su consumo en los hogares como para propósitos energéticos.

Es necesario que ciudadanxs de todos los rincones nos agrupemos en torno a una nueva organización que parta de posturas ecologistas, con criterios antirracistas, anticoloniales, en contra de la xenofobia, de la minusvaloración de las mujeres, así como de la discriminación de disidentes sexuales y de género, capaz de reconocer el derecho a moverse libremente por el planeta para intentar llevar una vida mejor.

Debido a nuestra inacción, multitud de grupos reaccionarios se han ido adueñando de las instituciones, llegando a ocupar gobiernos —lo comprobamos de manera especialmente acusada en los casos de India, Rusia, EE. UU., Filipinas, Italia, Argentina, Chile, Túnez, Israel, Hungría, El Salvador o Panamá pero ocurre en muchos más sitios—, así que es urgente que cambiemos y dejemos de estar tan atomizadxs.

Volviendo a los Encuentros Asamblearios del Infinito, estos podrían celebrarse todas las semanas, los viernes, sábados o domingos (dependiendo de la ubicación de cada grupo), con vistas a que fuesen programados de forma simultánea a las reuniones de las otras religiones. Lo bueno de utilizar las mismas fechas que usa la religión hegemónica, es que nuestras rutinas están diseñadas para que una vez por semana acudamos a una reunión religiosa y ya hay días semanales de libranza en los trabajos, que en principio fueron creados para ello. No obstante, usar los días señalados para la oración podría ser problemático cuando se trate de practicar la taqiyya. Habría que convocar los encuentros a otra hora. 

En diversas tierras, encontramos dentro de las grandes religiones patriarcales a fieles sin demasiada fe pero, que valoran las actividades comunitarias o la labor que se hace a favor de aquellxs que tienen menos recursos, frente a la pasividad de un individualismo que tiene cierto regusto neoliberal, soslayando lo contaminadas con misoginia que están esas instituciones. Sin embargo, estas nuevas reuniones se podrían convertir en anclajes para lxs están habituadxs a acudir a un templo todos los fines de semana, a vivir en el seno de una religión. 

Tradicionalmente las reuniones políticas han sido vigiladas por las autoridades. Pero no ocurre lo mismo cuando estas tienen un cariz religioso. No es tolerable por no ser democrático que puedan ser prohibidas. El hecho de que una reunión sea religiosa la dota de un sentido diferente. Constituir una organización de carácter religioso y no una de otro tipo otorga ciertos beneficios. De este modo, atentaría contra la libertad religiosa, ilegalizar la Congregación del Infinito en cualquier territorio.

Los Encuentros Asamblearios del Infinito consistirían en unas reuniones religiosas periódicas de no teístas. Como todas, en el fondo serían un evento con cierto matiz excluyente (excluirían a monoteístas, politeístas o a quienes no quieren saber nada de este tipo de organizaciones). Por eso, al tiempo que convocamos en un pueblo o barrio una de ellas, nuestra obligación será participar en las convocatorias también de otras reuniones más inclusivas, cuando sea necesario, o intentar revitalizar las que ya estén normalizadas: las asambleas vecinales o ciudadanas1 —ya sean estas de barrio, de pueblo, de comunidad indígena local o de mancomunidad de municipios— y tratar de constituir un nuevo “poder de la democracia”, similar a los tres oficiales y a los no oficiales. 

Podemos aprender de ejemplos como las asambleas ciudadanas de Rosario (Argentina) en 2001, las de Quito (Ecuador) en 2005, las que surgieron en todo el Estado Español a raíz del 15M de 2011 o las que se han ido articulando por el planeta con el paso de los años. En este tipo de juntas, además de practicantes de esta nueva confesión, también han de participar cristianxs, musulmanxs, judíxs, hinduistas, adeptxs de cualquier religión teísta o lxs que no profesen ninguna. De ellas podrían salir delegadxs para formar una asamblea local, de esta para una autonómica, regional o estatal —en caso de Estados federados— y, a su vez, de esa para una estatal nacional o federal. Unas reuniones que tienen que ser periódicas, no como las extraordinarias Asambleas Ciudadanas para el Clima2 que también han de servir de ejemplo. 

Quienes formemos parte de la Congregación del Infinito, hemos de ayudar en la convocatoria periódica (lo idóneo sería con una frecuencia semanal) de las asambleas vecinales o ciudadanas para toda la comunidad y difundir —ya sea con carteles, nuestras RR.SS. o cualquier otro medio— sus convocatorias. Tenemos que tomar el rol de facilitadorxs o azafatxs en estas asambleas.

Es conveniente que nuestros Encuentros Asamblearios del Infinito, sean reuniones de pequeño tamaño, ajustadas como máximo a unas 150 personas, o sea al número de Dunbar3, y utilizar mecanismos de confederación para dimensiones más grandes. Parece prudente encontrarse de forma oculta y comunicarlo después, sin mencionar el nombre de quienes han acudido, para aquellxs que no deseen “salir del armario”. También será necesario hacerlo escondiéndose en todos los lugares donde no esté garantizada la seguridad de sus integrantes. 

Podrían constituirse en foros en los que reunirse semanalmente para discutir y elaborar estrategias con el fin de mitigar, paliar y adaptarse a las diversas amenazas, como el caos climático, la crisis energética, la de materiales, el brutal descenso en la biodiversidad, el aumento en la producción de desechos y contaminación que requiere una economía que necesita estar en constante crecimiento o cualquier otro tema que está causando o es causado por la emergencia ecológica. También para compartir experiencias de discriminación (solo si a lx afectadx le apetece) y discutir acerca de machismo, racismo, LGTBfobia, capacitismo, xenofobia… Aun en el caso de que no se llegase a consenso alguno convendría tomar acta de ellas para reflejar, al menos de manera aproximada, por donde han ido las discusiones. El objetivo real es crear una comunidad cohesionada, incluso sabiendo que dentro de ella van a aparecer diferentes cosmovisiones. 

En dichas asambleas participaría cualquiera que no se defina como teísta, independientemente de lo que pueda creer que encierra la palabra infinito. Podrían intervenir personas materialistas, ateas, agnósticas, deístas o panteístas y las que tengan creencias espiritualistas, en energías o en reencarnaciones. Igualmente podrían hacerlo quienes crean en determinados espíritus de la naturaleza aunque los llamen dioses. La finalidad no es crear un movimiento anti-teísta, sino de construir una alternativa no teísta.

En el presente, es una práctica habitual, después de cada reunión de un grupo, sindicato o asociación, quedarse bebiendo en un bar, para favorecer la creación de una comunidad en base a la camaradería. Que a partir de nuestros eventos se construya una es el principal motivo por el que se van a producir los Encuentros Asamblearios del Infinito. Sin embargo, esta colectividad resultaría demasiado sectaria si se ciñese solo a lxs que formasen parte de esta entidad religiosa no patriarcal. Convendría aprovechar también la diversidad que encontramos en las asambleas vecinales o ciudadanas y conseguir que se formasen otras allí.

1 Es destacable que no hace falta tener ningún tipo de documento identificativo oficial para participar en ellas, al contrario de lo que ocurre en las elecciones municipales, insulares, autonómicas, generales o europeas. En consecuencia, será posible que lxs que se encuentran en situación administrativa irregular se expresen allí.

2 Entre 2021 y 2022 tuvieron lugar en el Estado Español y en otros de la UE las Asambleas Ciudadanas por el Clima. En ellas se hicieron varias recomendaciones para cada país pero no tenían un carácter vinculante.
3 El antropólogo Robin Dunbar (1947) elaboró en los 90 del siglo XX una teoría según la cual 150 es la cantidad de personas con las que podemos mantener relaciones significativas, más allá de considerarlas simples conocidas.

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Uroboros 4/8

El recelo y el desprecio respecto a lxs migradxs que encontramos en toda Europa se han concretado institucionalmente en el despliegue de una necropolítica encaminada a que una significativa proporción de quienes pretenden instalarse en la UE se tengan que jugar la vida para entrar en el continente. También es muestra del peligroso racismo que se sigue extendiendo por todo el planeta. 

Hay que luchar permanentemente contra ese racismo, además de con políticas antirracistas, con algunas medidas para combatirlo como: conseguir un aumento de referentes no blancxs o no payxs, tanto en la realidad de los cargos institucionales como en las ficciones —con representatividad y agencia, sin incluir tokens1, gran cantidad de educación antirracista en los medios de comunicación de masas y RR.SS., así como multitud de eventos callejeros dedicados a la aceptación de quienes tienen diferentes culturas. 

Es un lugar común en grupos de ultraderecha que la población blanca, especialmente la de clase baja, esta siendo sustituida por la migrante. En 2011 Renaud Camus publica Le Grand Remplacement (El gran reemplazo), una obra en la que sostiene que la blanca y de cultura cristiana europea, no es que esté recibiendo unxs migradxs que aumentan su diversidad, sino que está siendo reemplazada por otra masa compuesta de ciudadanxs no blancxs y musulmanxs. Tesis islamófoba que igualmente sostiene Michel Houllebecq en su novela Sumisión, publicada en 2015. Renaud Camus no inventó nada, solo recogió un concepto que se repite en amplios sectores de la extrema derecha blanca de diversos países y que guía las acciones de quienes están a favor del supremacismo blanco, como el que en 2022 disparó en Buffalo (New York) o el que lo hizo en Jacksonville (Florida), en agosto de 20232

Por otra parte, el eco que tienen en Europa estas creencias explica el doble rasero con el que tratamos a lxs refugiadxs, según tengan una nacionalidad europea —además de la piel clara (el pelo rubio y los ojos azules son un plus) y creencias cristianas— o no.

En el sur de Abya Yala los fantasmas se alejaron después de la llegada del gobierno de izquierdas a Colombia, la derrota de Bolsonaro en Brasil y su posterior condena por intento de golpe de Estado, aunque se vuelven a acercar con los mandatos de Milei y Noboa o la instauración de gobiernos surgidos de sendas victorias electorales de la derecha en Bolivia y de su versión extrema en Chile. En el centro y el norte, a pesar de la alegría que nos aportan la presencia de Bernardo Arévalo (1958) en Guatemala y de Claudia Sheinbaum (1962) en México, con su continuación con las Mañaneras del Pueblo de Andrés Manuel López-Obrador (1953), tenemos que volver a vivir con el magnate Donald Trump (1946) queriendo decidir el destino de todo el hemisferio occidental. 

Estamos hablando de gobernantes que han salido de las urnas. Es preciso potenciar nuevos marcos conceptuales que destaquen la interdependencia y la ecodependencia de las criaturas humanas para que así lxs votantes no estén tan desubicadxs en las elecciones
 y elijan a quienes ante todo van a defender los derechos del pueblo.

No hay ningún tipo de reemplazo demográfico. En realidad se está produciendo una redistribución de individuxs de los Estados con menor IDH a los que, actualmente, tienen uno mayor (producto del colonialismo y del neocolonialismo); una ayuda para disminuir ligeramente la media de envejecimiento de lxs residentes de los países receptores; un movimiento de masas que relaja la presión a la que estamos sometiendo al medio ambiente y mejora ligeramente la situación demográfica que habíamos imaginado para el futuro. El resultado serán unas tierras con una composición étnica en la que se perciba diversidad.

Sin embargo la xenofobia y el racismo se encuentran fuertemente instaladas en los países centrales del capitalismo . Como explica Yayo Herrero (1965) en su ensayo Las migraciones en el Siglo de la Gran Prueba:

Cuando en los discursos xenófobos dicen “aquí no cabemos todos”, en realidad aluden a la imposibilidad de que los estándares materiales, políticos y simbólicos que se habían alcanzado solo para algunas partes minoritarias y ricas de la población sean viables para todos los nacionales si llegan muchas personas de fuera con las que haya que compartir.

La realidad incómoda es que efectivamente, no es posible que quepamos todos si los estándares materiales deseados suponen vivir como si existieran varios planetas en vez de uno parcialmente agotado. El bienestar material desigual de los países enriquecidos no se sostiene sobre la base material de su territorio, sino que se satisface acaparando otros territorios y expulsando irreversiblemente a quienes viven en ellos.3

Aquellxs que migran siempre tendrán que poder hacerlo porque es un derecho humano. La migración es una característica intrínseca de las criaturas humanas. Se trata de una práctica muy arraigada desde que éramos cazadorxs-recolectorxs y no encontrábamos seguridad alimentaria, política o para nuestra integridad física en el terreno que ocupábamos. Gracias a ella pudimos expandirnos por todo el planeta. Durante varias decenas de miles de años, lo usual era ser nómada. Esa es una condición que solo ha cambiado en los últimos diez mil años. No podemos olvidar que a grandes rasgos, la actual composición étnica de las sociedades en las diversas regiones de la Tierra, además de ser resultado de la colonización europea y del tráfico de africanxs esclavizadxs, es producto de milenios de oleadas de migración.

Hoy en día no se debería poner ninguna dificultad para migrar —como sí hacen las leyes de extranjería y el derecho internacional—, sobre todo teniendo en cuenta que la abundancia
que gastamos en las zonas de privilegio se ha apoyado en la colonización primero y la explotación a través de empresas después, de un gran número de lugares de los que recibimos migración. Además, quienes migran a menudo vienen huyendo de una realidad muy violenta y sin perspectivas de futuro. Continuamente nos llegan recursos de los  países periféricos, pero ponemos multitud de trabas al establecimiento en los centrales de sus habitantes. Es indispensable traer el café, el cacao, el petróleo, el gas, el litio… Pero es un problema si se trasladan definitivamente aquí personas migradas de donde se producen o se extraen esas materias primas.

En todos los países oponerse a la inmigración, además de negar la expresión de un derecho humano, es estar a favor de una gran injusticia histórica. Esta verdad ha de difundirse especialmente en aquellos que nunca han tenido colonias, pero han utilizado sus empresas para extraer del Sur materias primas convertibles en dinero, explotando a sus habitantes y a su medio ambiente para potenciar un Modo de vida imperial4 en todos estos Estados del Norte, “modo de vida” que sus gobiernos declaran innegociable y que perpetúa unas relaciones económicas y culturales de carácter colonial cimentadas en el despojo y el extractivismo.


Esta es una oposición que, en aquellos que durante años desplazaron ciudadanos y ciudadanas a otros territorios para colonizarlos, es por añadidura, una forma de situarse en contra de algo que podría ser contemplado como una compensación parcial o como un resultado de su afán expansionista del pasado. Como sentencian en los movimientos antirracistas: quien siembra colonización recoge migración. Los crímenes que perpetraron los colonizadores bajo el mando de hombres europeos oficialmente cis y heterosexuales son demasiado graves: maltrataron, asesinaron, cometieron violaciones y genocidios. Incluso crearon campos de concentración, como hicieron las autoridades alemanas en Namibia. Además, fueron los responsables de una gran destrucción epistemológica, hecho que contribuyó a una colonización cultural que ha seguido existiendo después de la presunta descolonización. Su desprecio por los idiomas locales tuvo la consecuencia de que millones de personas minusvalorasen su cultura y sus lenguas, que fueron relegadas a la condición de dialectos, una ignominia que aún hoy tiene repercusiones. Como señalaba ya en 1986 Ngūgī Wa Thiong’o en su clásico Descolonizar la mente, los colonizadores convencieron a la población de que sus lenguas maternas no eran tan valiosas como las europeas.

En África no solo se colonizó, sino que también se esclavizó a personas y se traficó con ellas para llevarlas a Abya Yala principalmente. En esta nueva tierra, quienes de allí eran traídxs
secuestradxs y sus descendientes, además de asesinatos, violaciones y diversas vejaciones cometidas a menudo por los hacendados y tratantes de esclavizadxs, sufrieron una presión evangelizadora aún más fuerte por parte de los misioneros. 

Ahora resulta moralmente indecente oponerse a que en los territorios europeos se instalen lxs que proceden de otros lugares. La gente que todavía no lo haga, tiene que aprender a valorar las manifestaciones de otras culturas, dejar de votar a partidos que ven la llegada de refugiadxs como un problema y comenzar a hacerlo a los que sí van a representar sus intereses en vez de los del empresariado. La mala atención que reciben quienes buscan refugio, el uso de terceros países donde se instalan cárceles para migrantes5, la inoperancia humanitaria ante las llegadas masivas, que haya quienes se juegan la vida adentrándose en el mar en débiles embarcaciones o colándose escondidxs en partes imposibles de vehículos o en remolques frigoríficos de camiones, sí son problemas. Que contraten a trabajadorxs y les paguen menos dinero por ser extranjerxs, que en áreas rurales tengan que vivir en chabolas, que no haya suficientes subsidios para aquella población que lo necesita, también lo son. Pero que vengan migradxs a establecerse aquí no lo es. Tenemos que saber identificar los verdaderos problemas, en vez de fomentar que personas desfavorecidas ataquen y culpabilicen de todo a otras que lo son más. También los poderes judiciales alrededor del globo deberían dejar de perseguir y criminalizar a quienes se encuentran en situación administrativa irregular. 

1  Personas (en la realidad) y personajes (en la ficción) racializadas cuya única función es cumplir con una cuota.

2 El 14 de mayo de 2022 en Buffalo, Nueva York, diez víctimas, en su mayoría afroamericanas, resultaron muertas en un ataque, con arma de fuego en un supermercado. El atacante transmitió en directo en Internet los terribles asesinatos. El 26 de agosto de 2023 en Jacksonville, Florida, otro hombre a favor del efectivamente existente supremacismo blanco mató a tiros a tres personas no blancas. Ambos publicaron sendos manifiestos. Seguramente se hayan producido más atentados en EE.UU. con motivación racista.

3 Herrero, Yayo: Las migraciones en el Siglo de la Gran Prueba. En Toma de tierra. Bilbao: Caniche, 2023.

4 Alusión al imprescindible libro de Ulrich Brand y Markus Wissen: Modo de vida imperial. Vida cotidiana y crisis ecológica del capitalismo, traducido y editado por Tinta Limón en 2021.

5 Por un lado, tenemos el caso de Albania y los centros cerrados para instalar migrantes pendientes de deportación que creó Giorgia Meloni y que según esta noticia reciben el respaldo de la UE. https://www.elsaltodiario.com/fronteras/meloni-centros-deportacion-migrantes-albania Por otro tenemos el patrocinio en la construcción de centros de detención en Mauritania y en otros países que son escala en los procesos migratorios.

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Uroboros 3/8

Afortunadamente, desde el siglo XIX, en el caso de los Estados independientes constituidos en Abya Yala (aunque con especial intensidad en EE. UU. y Canadá) o la segunda mitad del XX, en el caso de Europa, de Australia y de Nueva Zelanda —cuando tras la II Guerra Mundial era más fácil moverse—, los países occidentales enriquecidos han estado recibiendo grandes cantidades de migración internacional. Sus poblaciones están conformando sociedades étnica y culturalmente más diversas, hecho que podría aproximarse al ideal de reflejar mejor la variedad humana de la Tierra. Cada vez resulta más palpable que estos lugares nunca fueron únicamente blancos. Europa quizá solo lo fuese hace varios milenios, ya que a lo largo de los dos últimos, se trajeron personas no blancas secuestradas para ser esclavizadas, se instalaron habitantes de piel más oscura procedentes del norte de África y de Asia occidental y se fueron extendiendo las culturas judía y gitana.En el siglo XXI se ha generalizado la migración (especialmente la procedente de las tierras que fueron colonizadas), de modo que podemos ver en multitud de ciudades y pueblos más población no blanca de la que había antes.

Afortunadamente es un adverbio que puede usarse señalando que estar más mezcladas es una característica positiva para nuestras sociedades, que en ellas está mostrándose un multiculturalismo mayor que antes y podemos enriquecerlo con la interculturalidad.  Pero no se podría usar para describir el proceso de un significativo porcentaje de quienes migran, para lxs que es muy duro dejar su hogar, hacer un largo y a veces peligroso viaje para llegar a otro país, conseguir un trabajo, a menudo poco cualificado y sin derechos laborales, acabando como unx ciudadanx de segunda, que se ve obligadx a pagar impuestos pero que no puede votar en la convocatoria de elecciones de ámbito nacional, a menos que consiga la ciudadanía del Estado al que ha migrado.

El multiculturalismo se hace notar cuando en el seno de una cultura hegemónica, se perciben otras diferentes, con sus costumbres, por ejemplo, en materia de vestido, gastronómicas, religiosas o su forma de estar en el mundo. La interculturalidad se desarrolla en sociedades que han aceptado el multiculturalismo y en base a él intentan construir una sociedad edificada sobre valores como la libertad, la igualdad, la democracia o el respeto a los derechos humanos. Pero no basta con esto, es necesaria mucha educación antirracista para deconstruirse y lograr contrarrestar los mensajes recibidos en los siglos en los que se ha fomentado la supremacía blanca. 

Hace tiempo que hay en las grandes urbes receptoras, una gran cantidad de ciudadanxs venidxs de otras naciones (son ciudadanxs tengan o no su situación regularizada), más lxs que migraron siendo menores o lxs que, si bien nacieron ya en los del Norte Global, lo hicieron de ascendientes originarixs de otros países y, en muchos casos, todavía no han adquirido la nacionalidad de aquel en el que han nacido1.

Lo que sucede es que estas personas, a menudo racializadas, no están adecuadamente representadas en las instituciones ni en los medios de comunicación. Encontramos una mayor variedad étnica en la realidad cotidiana que la mostrada en los media. Además, quienes vinieron trajeron su propia cultura con sus costumbres, rituales y liturgias, unos elementos con los que mantienen la cohesión de su comunidad y que les diferencian. 

Las religiones, cuando son practicadas, son mecanismos que arropan e inscriben dentro de una comunidad. Se convierten en una fuente de arraigo. Como explica Richard Dawkins en El espejismo de Dios sobre lxs migradxs que formaron EE. UU.:

Un colega me señaló que los inmigrantes; desarraigados de la estabilidad y el confort de una familia extendida en Europa, podrían muy bien haberse unido a una iglesia como una especie de sustituto-parental en una tierra extranjera. No hay duda de que muchos estadounidenses ven a su propia iglesia local como una importante unidad de identidad; lo que de hecho tiene algunos de los atributos de la familia extendida.2

Da la impresión de no ser muy buena opción vital cambiar el abrigo que proporciona una comunidad que profesa la religión por una vida laica, en la que puede que seamos conscientes de que las viejas creencias religiosas son seguidas por cuestiones culturales, pero el escenario es uno en el que nos enfrentaríamos casi sin ayuda a una realidad en la que somos interdependientes. Esta es la oferta de un laicismo individualista, esencial para la modernidad occidental.

La Congregación del Infinito parece una propuesta más universal que las opciones laicas que tradicionalmente ha ofrecido el occidente que se enriqueció, y puede aportar un componente comunitario que hará que el apoyo mutuo y la solidaridad fluyan volviendo además, más soportables las dificultades económicas que ya se están sintiendo en numerosas tierras y que tarde o temprano se extenderán también al Norte Global. 

Al formarse una comunidad, ocurrirá como en cualquier reunión: los privilegios (de género, de raza, de clase, etc.) terminarán aflorando. Habrá que luchar contra ellos de una manera interseccional. Existen diferentes ejes de opresión, algunos como la edad, la  educación, el hecho de ser atractivx, ser de habla inglesa o el generismo3 no aparecen en el ejemplo que pongo a continuación. Sufre diferentes desventajas un hombre, transgénero, heterosexual, migrante, racializado, de clase baja; que las que sufre un hombre, cisgénero, homosexual, blanco, no migrante, de clase media; y de igual modo ocurre con una mujer, cisgénero, heterosexual, migrante, racializada, de clase baja; respecto a una mujer, transgénero, blanca, lesbiana, no migrante, de clase alta, o una persona de géneros no binarios, racializada, bisexual (o pansexual), no migrante y de clase media. Suponiendo que todxs tengan unas capacidades estándar. Esta perspectiva interseccional viene de los movimientos antirracistas y, a través del feminismo negro, está siendo conocida por el gran público. Evidentemente, no todos los ejes de esta rueda tienen la misma fuerza discriminatoria, pero siempre debemos tenerla en cuenta al analizar cualquier relación humana.

En los países enriquecidos, una parte de la sociedad rechaza la diversidad que está mostrándose y cada vez tienen más poder partidos ultraderechistas, que insisten en priorizar siempre a lxs autóctonxs en todos lo servicios que se puedan ofrecer, al tiempo que preconizan un retorno a los valores más tradicionales. 

En Europa se ha instalado un fuerte sentimiento de desprecio hacia quienes han migrado, especialmente si no cumplen el requisito de ser blancxs y cristianxs. La UE llama refugees a quienes intentan llegar a este continente huyendo de la guerra, de la pobreza, la violencia o de una combinación de ellas. Ante la llamada “crisis de los refugiados” de 2015, asignó a sus miembros una cantidad determinada de refugiadxs. Un sistema de cuotas diseñado por la Comisión Europea, que al final se quedó solamente en uno voluntario, en el que algunos Estados —entre ellos el español, a la sazón gobernado por el PP— redujeron la cantidad de lxs que estaban dispuestos a admitir, mientras Hungría y Austria se negaron a acoger a ningunx. Los intentos de la Unión de repartir a refugees aumentaron los sentimientos antieuropeístas que ya existían en el continente y que, posteriormente, encontraron eco en la opción de abandonar el organismo supranacional que se tomó en referéndum en el Reino Unido. En 2016 la UE llegó a un turbio acuerdo con Turquía para que retuviese en su territorio a lxs refugiadxs pero en 2020, este país abrió sus fronteras de manera momentánea para asustar al gigante. Esos siniestros convenios se han repetido en los últimos años con distintos Estados por los que es obligatorio pasar para llegar a  Europa.

Pero con el aumento de refugiadxs ocasionado por la invasión rusa a Ucrania, la Unión se mostró muy acogedora y activó la Directiva de Protección Temporal, que concede el estatus de asiladx a todxs aquellxs que posean su nacionalidad. Además, lxs ucranianxs que se encontraban ya dentro y no habían obtenido el asilo podrían volver a solicitarlo, puesto que la situación había cambiado. Esta política de puertas abiertas contrasta con la que se ha llevado a cabo con lxs que huían de los conflictos de Siria, Afganistán, Sudán, República Democrática del Congo… o con el genocidio que se está cometiendo con lxs migrantes que intentan llegar atravesando el Mar Mediterráneo o por el Océano Atlántico. La presunta xenofobia de la que hablan los medios de comunicación al hablar de la morofobia de Europa o su miedo a la migración procedente del África negra es en realidad racismo, con todas sus letras.

En la cumbre europea informal de Granada de 2023 pudimos observar posiciones muy negativas hacia la migración y con el Pacto Migratorio aprobado en 2024 por el Parlamento Europeo se han endurecido las reglas para permanecer en la UE.

Los partidos conservadores y ultraderechistas dominan los parlamentos nacionales en gran parte de Europa, al tiempo que en todo el continente se ha instalado un rechazo a quienes migran, especialmente si son de piel más oscura. Este rechazo a lxs migradxs se añade a una desmemoria frente al hecho colonial y una desresponsabilización respecto a la actual situación de colonialidad y el neocolonialismo. El desprecio hacia quienes vienen de fuera (sobre todo si no son blancxs) es el principal motivo que ha conseguido que una potencia como Italia haya caído bajo el influjo de la extrema derecha. Mientras, los partidos que se autodenominan progresistas no lo son tanto. Concretamente en el Estado español, el PSOE, a pesar de que en 2018 acogió el barco Aquarius 2, que había salvado gente de las aguas del Mediterráneo y que fue rechazado previamente por las autoridades italianas, no culpó al ministro Grande-Marlaska por la masacre de Melilla4, en la frontera de los Estados español y marroquí y patrocina cárceles para migrantes en Mauritania. Además, tampoco está entre sus planes ni cerrar los horribles CIE5 ni derogar la restrictiva Ley de Extranjería. 

1 En Europa se practica el ius sanguinis, un criterio jurídico que no otorga la nacionalidad por nacimiento sino que te la transmiten tus ascendientxs.

2 Dawkins, Richard, El espejismo de Dios, Barcelona: Espasa Calpe, 2007.

3 El generismo es un sistema cultural que se basa en asumir que el género es binario y que si eres una mujer no debes mostrarte demasiado masculina o butch y si eres un hombre demasiado afeminado.

4 El 24 de junio de 2022 varias decenas de migrantes (personas negras casi todas) que intentaban, desde Marruecos, saltar la valla que separa Nador (Marruecos) de Melilla en el Estado español, fueron masacrados por la policía de fronteras marroquí. A finales de ese año, el gobierno de coalición presidido por el PSOE archivó la investigación que exoneraba al Ministerio del Interior y a las fuerzas de seguridad españolas.

5 Esas siglas significan Centro de Internamiento de Extranjeros. En el Estado español, especie de cárceles donde las personas en situación administrativa irregular aguardan la ejecución de sus órdenes de expulsión (si tienen la mala suerte de que las detengan).

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Uroboros 2/8

Nos enfrentamos a un futuro que los poderes económicos y los medios de comunicación señalan como aceptable pero que es muy incierto. En él encontraremos una realidad determinada por: las guerras con todo el sufrimiento que conllevan, el alza (probablemente discontinua y persistente) de los precios del petróleo, los efectos negativos que tendrán los intentos de transición energética —de ecológica tiene poco— en la industria, el incumplimiento de los compromisos de reducción de la emisión de gases de efecto invernadero adquiridos en las reuniones del IPCC (con las catástrofes climáticas que vendrán asociadas) y las crisis que provocarán en pocos años los descensos generalizados en la obtención de determinados combustibles fósiles, incluso en el supuesto de que entonces los utilizásemos menos. A todo esto hay que añadirle la situación de escasez energética que se percibe ya en el Sur global, determinada por la merma en la recepción de petróleo de calidad, que se siente en forma de recortes en la obtención de diésel. En cualquier caso, el drama es que se está desdibujando la visión de un futuro que prometía que podríamos seguir consumiendo y viajando por el planeta como hasta ahora.

Eso no va poder ser, debido a una combinación de las necesarias medidas contra el caos climático, de sus brutales efectos y de la Gran Escasez1 de energías y minerales que estamos empezando a sufrir (aquí, donde yo me encuentro, todavía apenas se percibe, pero acabará haciéndolo más tarde o más temprano). La realidad es mucho más aterradora que los pronósticos de los partidos políticos y de la mayoría de medios de comunicación. Hemos de asumir que, después de una excepcional época de más de doscientos años de crecimiento, comienza un período de declive en el que la humanidad va a tener a su disposición cada vez un poquito menos de energía. Empleando una imagen que escuche sugerir a Yayo Herrero en al menos una de sus conferencias: desde hace más de dos siglos estábamos volando porque disfrutábamos de un exceso, dada la elevada densidad energética que nos han aportado los combustibles fósiles, pero ahora nos va a tocar efectuar un aterrizaje forzoso. Eso sí, lo tenemos que hacer en un terreno marcado por inmensos incendios forestales, tornados, inundaciones tras el paso de un huracán, un tifón, una DANA, una baja segregada, una borrasca, o como lo quieran llamar en cada sitio, y demás catástrofes “naturales”.

Así lo explica Fernando Valladares (1965) en su indispensable texto La recivilización:

Lo que los economistas optimistas han llamado progreso y desarrollo es una excepcionalidad histórica basada en la abundancia energética temporal que permitieron los combustibles fósiles. Podemos apurar los recursos que aún quedan y reventar el clima planetario, o dejar el 60% del gas y el petróleo y el 90% del carbón en el subsuelo y no entrar en escenarios apocalípticos. La ciencia ha echado las cuentas al respecto y aporta los mapas que precisan dónde están los combustibles que no deben abandonar los yacimientos donde se encuentran si queremos quedarnos en un entorno del calentamiento seguro, tal como todos los países acordaron en 2015.2

Mientras los partidos políticos no sean claros y no expliquen que debemos aterrizar y consumir menos, es fácil que la ultraderecha capitalice la furia que generarán esas promesas de progreso o de consumo frustradas, y como consecuencia consiga todavía más representantes en los parlamentos.

En previsión de una vida en peores condiciones, se impone la creación de redes que fomenten el apoyo mutuo. Creo que esta entidad religiosa no dogmática y antipatriarcal puede constituir una excusa para tejer estas redes que serán necesarias para salir adelante. De todas formas, incluso si finalmente no se cumplen los malos pronósticos, conviene estar preparadxs.

Mas allá de otro tipo de lazos, el hecho de encontrarse todas las semanas —en eventos similares a los que actualmente se programan en iglesias, mezquitas, sinagogas y demás lugares de reunión— es una costumbre que une enormemente. Así, habitantes del mismo barrio o pueblo pueden conocerse y ayudarse. En innumerables aldeas el único lugar de encuentro es la iglesia o la mezquita y esto no puede continuar hoy de este modo: tenemos que construir una alternativa.

Desde la descomposición de la URSS, del bloque que la apoyaba y la bajada de popularidad de los partidos comunistas en la mayoría de los países —sin contar excepciones como China o Corea del Norte o casos como los de Cuba, Laos y Vietnam (lugares, estos últimos, donde la prevalencia de los Partidos Comunistas en las instituciones no ha llevado aparejado un significativo descenso de la religiosidad)—, el ateísmo y el agnosticismo a menudo se han vuelto unas actitudes vitales muy individualistas. Actitudes que tienden a presentarse como una opción válida solo para quienes acaparamos los recursos a nivel planetario o como una opción  neoliberal. Y no lo son.

El laicismo es un punto de partida muy positivo cuando hablamos de la separación de las religiones y el Estado en cualquiera de sus instituciones, pero la mayoría de las veces se expresa de un modo demasiado individualista. Por eso creo en una organización de carácter religioso atea/agnóstica, aunque no dogmática —como mínimo, no teísta—, que estimule una opción comunitaria alternativa a las que propician las religiones místicas y de las revelaciones.

En nuestras sociedades, tenemos unas rutinas establecidas para que experimentemos las situaciones cotidianas de una forma muy atomizada. Esta nueva entidad lograría aportar una visión distinta extendiendo el apoyo mutuo a través de sus asambleas y demostrando que en cualquier lugar, se puede mantener una posición atea, agnóstica o no teísta sin necesidad de ser individualista. Podría constituir un aglutinante para que se encontrasen mujeres, gente con géneros no binarios y hombres, que tengan valores como el feminismo, el anticolonialismo, el ecologismo, que luchen contra la xenofobia, el racismo o la supremacía blanca, siendo siempre defensorxs de los Derechos Humanos, que lo hagan alejándose de la cisheternormatividad, asumiendo que debemos aprender a vivir dentro de los límites planetarios y repartir equitativamente la riqueza. Todo, a pesar de que no sean “como Dios manda”.

Debe quedarnos muy claro que las feministas no odian a los hombres cisheterosexuales —lo que odian son sus privilegios— y puesto que, resulta absurda la imagen de ellas en sus grupos o en sus espacios no mixtos reuniéndose con ellos, confío en que los Encuentros Asamblearios del Infinito constituyan un espacio catalizador para que además de conseguir que esto suceda, se organicen asambleas en las que también puedan encontrarse personas de géneros no binarios, partiendo de una perspectiva ecologista, no  cisheteronormativa, contraria al patriarcado, antirracista y anticolonial. 

Un sistema erigido sobre un laicismo individualista ha funcionado muy bien en numerosos Estados centrales que se han enriquecido a costa del resto y pueden ser considerados como occidentales. Pero ni la Tierra es solo Occidente, ni ese sistema funciona en los países situados al occidente pero con un menor IDH (los de Latinoamérica). Se ha fundamentado en la hasta ahora habitual opulencia energética sustentada por los combustibles fósiles, de la que hemos gozado en los últimos dos siglos, a costa de la naturaleza (emitiendo gases de efecto invernadero). La disponibilidad de estos combustibles —de elevada densidad energética— va a reducirse en los próximos años por sus efectos adversos en el clima o por su escasez. Su uso reportó gigantescos beneficios económicos, ha proporcionado un importante desarrollo a nuestra civilización industrial y creó una exorbitante abundancia, circunstancia que ha permitido un gran individualismo. Pero esa abundancia es excepcional en la historia. Habrá que aprender a vivir de un modo menos individualista, mas sin esos valores arcaizantes que de sobra conocemos. Ahí es donde encaja una nueva estructura que ha de esforzarse en construir comunidades en las que fluya la ayuda mutua.

1 Escuché a Antonio Turiel (1970) en alguna de sus presentaciones llamar así este momento que sin duda llegará en algún momento si no del presente siglo, del siguiente.
2 Valladares, Fernando: La recivilización. Desafíos, zancadillas y motivaciones para arreglar el mundo, Barcelona: Ediciones Destino, 2023.