Virginia Bolten (1876-1969) fue militante, anarquista, sindicalista y feminista. En 1899 dirigió la edición de la ciudad argentina de Rosario de La Voz de la Mujer, un periódico anarco-feminista que salió en 1896 y 1897 en Buenos Aires, cuyo lema era era “ni Dios, ni patrón, ni marido” y que defendía el amor libre frente al matrimonio. Virginia participó en diversas acciones en Rosario y en otros núcleos urbanos de Argentina. Era detenida frecuentemente por la policía. Durante una de sus detenciones fingió ser uruguaya y fue deportada al país vecino. Allí colaboró asiduamente con la publicación La acción obrera. Años después se apartó de la primera línea, si bien continuó ligada al movimiento anarquista. Escribía desde Montevideo en 1908:
Un Dios al que le toman la sangre todos los días en diferentes partes del mundo; un Dios que se traga y se digiere nos da una pobre idea de su potencia; un Dios que murió por redimir el mundo, y que está sin redimir a pesar de 19 siglos de muerte anual, su omnipotencia nos resulta impotencia; su poderío debilidad, porque sólo reina en cerebros débiles y enfermos, su justicia el colmo de la injusticia; su fuerza es degeneración porque sólo le agrada lo bestial y muestra repugnancia por lo natural permitiendo los conventos y castigando a las madres y a los hijos hasta la cuarta generación, por un pecado que no le es. En resumen para tener un Dios cruel, infame y vengativo, que sólo se ocupa de nosotros para el mal, preferimos pasarnos sin él.1
Bertrand Rusell (1872-1970), filósofo y matemático británico que en su vejez protestó contra la Guerra de Vietnam y las armas nucleares, publicó varios textos en los que proclamaba su ateísmo. En uno de ellos ¿Por qué no soy cristiano? escribe:
En este mundo, podemos ahora comenzar a entender un poco las cosas y a dominarlas un poco con ayuda de la ciencia, que se ha abierto paso frente a la religión cristiana, frente a las iglesias, y frente a la oposición de todos los antiguos preceptos. La ciencia puede ayudarnos a librarnos de ese miedo cobarde en el cual la humanidad ha vivido durante tantas generaciones. La ciencia puede enseñarnos a no buscar ayudas imaginarias, a no inventar aliados celestiales, sino más bien a hacer con nuestros esfuerzos que este mundo sea un lugar habitable, en lugar de ser lo que han hecho de él las iglesias en todos estos siglos.2
En 1950 le conceden el Premio Nobel de Literatura. Bertrand Rusell —que era un rico aristócrata— se convirtió en un decidido anticomunista tras viajar a la Unión Soviética y comprobar (como Emma Goldman) en qué había quedado la Revolución de Octubre.
Igual de anticomunista fue siempre Ayn Rand (1905-1982). Exiliada a EE. UU. desde la URSS, trabaja en Hollywood, publica en su país de acogida varias novelas, una serie de ensayos en los que alaba las virtudes del individualismo y una importante obra filosófica. Su figura de intelectual atea escandalizaba, periódicamente a través de la televisión, a la biempensante sociedad estadounidense de finales del siglo XX.
Frantz Fanon (1925-1961), nacido en Martinica, denunció el colonialismo y el racismo con el que operaban los gobiernos europeos, que colonizaban las mentes y, aunque consiguieron incluso que algunos de quienes eran colonizados se convirtiesen en soldados y se jugasen la vida por ellos —como hizo el propio Fanon en la II Guerra Mundial—, después eludían mostrar3 su presencia en los desfiles de sus ejércitos. Tras finalizar la guerra, las metrópolis pretendían seguir controlando sus imperios coloniales pero las tierras ocupadas habían cambiado demasiado.
Escribe en Los condenados de la tierra (obra póstuma, publicada en 1961):
Pero los comunicados triunfantes de las misiones, informan realmente acerca de la importancia de los fermentos de enajenación introducidos en el seno del pueblo colonizado. Hablo de la religión cristiana y nadie tiene derecho a sorprenderse. La Iglesia en las colonias es una iglesia de blancos, una Iglesia de extranjeros. No llama al hombre colonizado al camino de Dios sino al camino del Blanco, del amo, del opresor. Y, como se sabe, en esta historia son muchos los llamados y pocos los elegidos.4
Ya antes del inicio de los procesos de descolonización, las diversas iglesias cristianas cambiaron su personal y se constituyeron nuevas congregaciones, a veces independientes. Sin embargo, tardó más en cambiar la imaginería que, a menudo aún hoy, sigue mostrando un Jesucristo con poca melanina. Los imperios coloniales se fueron, pero resulta obvio que allí se quedaron sus empresas, sus entidades eclesiásticas y su moralismo cristiano —decisivo en el hecho de que en la República de Uganda y otros países de su entorno, sean perseguidas las relaciones homosexuales y los cambios de identidad de género—, entre otras secuelas.
Jean-Paul Sartre (1905-1980) y Simone de Beauvoir (1908-1986) son dos existencialistas de convicciones ateas que formaron una pareja poliamorosa, avant la lettre. Nunca se casaron y acabaron convirtiéndose en un icono cultural para quienes seguían las corrientes de pensamiento izquierdistas.
Sartre publicó en 1943 el ensayo El ser y la nada, antes y después de muchos textos de diferentes géneros, llegando a serle concedido el Premio Nobel de Literatura en 1964, galardón que rechazaría. En 1946 publica la transcripción de la conferencia El existencialismo es un humanismo. En ambas obras desarrolla sus tesis existencialistas en las que se muestra una criatura humana, que es angustia, desamparo y desesperación, guiada por la nada ante la inexistencia de Dios, hecho que lo “condena” a ser libre. Sartre, como gran parte de lxs filósofxs de la segunda mitad del siglo XX, consideraba el problema de la existencia o no de Dios como una cuestión superada. Su muerte ya había sido certificada por Nietzsche en el siglo XIX. No podían sospechar el gran auge que experimentarían el cristianismo y el islam con el desplome de la URSS y el principio del siglo XXI.
Simone de Beauvoir es educada de pequeña para ser una buena cristiana. Pero a los quince años se da cuenta de que ya no cree. Con el tiempo comprende que la han educado además para ser mujer porque, como escribiría más adelante, “no se nace mujer, se llega a serlo”. Publica en 1949 El Segundo Sexo, texto que marca el inicio de la segunda ola de los feminismos. Las mujeres que desarrollaron diferentes teorías feministas en los sesenta habían leído este libro. Según escribe sobre ella Alicia Puleo en su blog:
En el feminismo existencialista de Simone de Beauvoir, el ser humano no es una esencia fija, sino «existencia», es decir «proyecto», «trascendencia», «autonomía», «libertad». Por lo tanto, escamotear a un individuo las posibilidades de proyectar su vida según lo entienda por el hecho de pertenecer al «segundo sexo», al sexo femenino, es dominación, es injusticia. Observemos que esta idea fundamental de «El Segundo Sexo» es hoy asumida por millones de personas que no han leído esta obra ni han oído hablar de ella.5
En este fragmento de Memorias de una joven formal, la autora francesa nos muestra sus pensamientos sobre la muerte al no creer ya en Dios:
Hice otro descubrimiento. Una tarde, en París, comprendí que estaba condenada a la muerte. Estaba sola en el departamento y no refrené mí desesperación: grité, rasguñé la alfombra roja. Y cuando me levanté atontada me pregunté: «¿Cómo hacen las demás personas? ¿Cómo haré?» Me parecía imposible vivir toda mi vida con el corazón retorcido por el horror. Cuando el vencimiento se acerca, me decía, cuando uno ya tiene treinta, cuarenta años y piensa: «¿Será para mañana?» ¿Cómo se soporta? Más que la misma muerte temía ese espanto que pronto sería mío, y para siempre.
Felizmente durante el año escolar esas fulguraciones metafísicas se espaciaron: me faltaba tiempo y soledad. En cuanto a la práctica de mi vida, mi conversión no la modificó. Había dejado de creer al advertir que Dios no ejercía ninguna influencia sobre mis conductas: nada cambió en ellas cuando renuncié a él. Yo había imaginado que la necesidad de la ley moral emanaba de él; pero se había grabado tan profundamente en mí que permaneció intacta después de su supresión. Mi madre no debía su autoridad a un poder sobrenatural sino que mirespeto daba un carácter sagrado a sus decretos. Seguí sometiéndome a ellos. Ideas de deber, de mérito, tabúes sexuales: todo fue conservado.6
Simone de Beauvoir desmitifica conceptos tradicionales como el matrimonio, la familia o la maternidad y por ello fue muy criticada.
1 Artículo escrito en La acción Obrera nº 13 con fecha de 20/04/1908.
2 Bertrand Rusell: ¿Por qué no soy cristiano? Barcelona: EDHASA, 1979.
3 Este blanqueamiento del ejército de la Francia Libre se percibe en que numerosos soldados no blancos que participaron en el desembarco de Provenza, fueron reemplazados por otros blancos en agosto de 1944 y, aunque lograron desfilar con ocasión de la Liberación de París, su presencia fue hurtada en numerosos desfiles.
4 Fanon, Frantz: Los condenados de la tierra. Tafalla (Navarra): Txalaparta, 2022
5 Texto escrito por Alicia Puleo con motivo del centenario de la filósofa francesa. Disponible en su blog. https://aliciapuleo.blogspot.com/2008/01/en-el-centenario-del-nacimiento-de-la.html
6 de Beauvoir, Simone: Memorias de una joven formal. Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1967.
