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¿Cómo nos hemos organizado históricamente? ¿Que está sucediendo en los últimos siglos? 1/9

En la prehistoria las religiones eran fundamentales para organizarnos. Como consecuencia del antropocentrismo, frecuentemente, se articulaban partiendo de un politeísmo en torno a un conjunto de dioses y diosas, pero en los milenios más recientes, en una clara expresión del patriarcado, las que más éxito tuvieron fueron aquellas en las que se dibujaba un cosmos surgido de un único dios masculino (aunque en los últimos decenios se diga que no tiene género).

Resulta sobrecogedor leer que a lo largo de miles de años, varias culturas han dedicado descomunales cantidades de tiempo a preparar la vida en otro mundo y a rendir culto a entes en los que ya nadie cree. Muchos, apenas conocidos o completamente desconocidos, se han desvanecido, aunque los más populares fueron recuperados y hoy son adorados en las religiones neopaganas. 

También tienen fuerza en Asia Oriental algunas que no parten de un dios creador. La budista o la jainista son ejemplos de ello, así como ciertas iglesias modernas que han aparecido en diversos lugares en los últimos doscientos años. Si bien a veces el budismo es considerado una filosofía más que una organización de carácter religioso, lo cierto es que, de hecho, constituye una de estas últimas, mayoritaria en varios Estados y que, para mucha gente, es atea. En algunos casos se contempla a Siddhartha Gautama —más conocido como Buda— como un dios y, frecuentemente, se combina con el culto a diferentes divinidades, de forma que no se podría considerar como tal. 

El hecho de ser atex1 o agnósticx en la Federación Rusa,China, Japón, Corea del Norte, Corea del Sur, Vietnam, Taiwan, Australia, Nueva Zelanda, Cuba, Uruguay, Argentina, Chile, Canadá, la mayor parte de Europa (salvo Polonia y El Vaticano), pero especialmente en territorios como la República Checa o Estonia, es muy normal. Si a esta constatación le añadimos que el budismo es una religión que no se basa en un dios creador de la realidad, resulta que puede haber bastante más de mil millones de personas ateas o agnósticas en la Tierra. Pertenecer a este grupo, en sitios como EE. UU., es aparentemente tolerado y se halla amparado por las leyes, pero no está bien visto. Y en otros países todavía menos garantes de los Derechos Humanos es un hecho intolerable que te hace pasar años en la cárcel, incluso en algunos, abandonar la religión teísta tradicional es un delito castigado con la muerte. La verdad es que sería conveniente que formases parte de un culto organizado, aunque fuese el de quienes practicasen una religión atea/agnóstica (o al menos no teísta), dadas la innegable crisis ecológica —que incluye el caos climático2— y la energética, que empieza a ser percibida en el Sur global3 y terminará extendiéndose a todo el planeta.

En demasiadas tierras son habituales los señalamientos y las persecuciones por no creer en el mensaje de las religiones dominantes, no llevar a cabo sus ritos y no acatar sus prohibiciones. El clásico individualismo típico de las naciones occidentales, puesto en práctica por las opciones laicas, tiene como resultado que quienes no siguen la tradición estén desprotegidxs y se enfrenten a la realidad con menos apoyos, sin formar parte de ninguna comunidad. Una situación que les ayudaría, pues en caso de problemas, lxs que forman parte de ellas suelen colaborar unidxs para intentar superarlos. Con esto no quiero decir que quienes siguen las grandes religiones patriarcales estén libres de ser individualistas —característica esta que en el primer acto del siglo XXI se puede aplicar a casi toda la población—, sino que la alternativa a ellas siempre se ha planteado desde esta perspectiva.

El ateísmo no es igual que el agnosticismo ni que otras formas de entender el universo. Unx atex niega la existencia de Dios, unx agnósticx sostiene que es imposible conocer si existe o no y unx panteísta asume que la naturaleza es Dios. Lo importante de algunas religiones tradicionales en Asia Oriental, del Sur y Sudoriental es que no son teístas, o sea, que no están interesadas en el concepto de una conciencia que haya creado el mundo y se relacione estrechamente con las personas.

El hecho de ser atex o escépticx no es una condición sine qua non para participar en esta nueva organización de carácter religioso que me dispongo a proponer. De igual manera podría hacerlo alguien agnósticx, panteísta, incluso deísta. Lo único requerido sería no adorar al dios padre de la tradición monoteísta. Mas tampoco a múltiples dioses como en la politeísta. Pero esto no significa que no se crea en nada. Hay diferentes modos de creer. Lo más usual es que la deidad que sea venerada se inmiscuya en nuestras vidas: que nos premie si hemos llevado una vida acorde a sus enseñanzas o que nos castigue si no lo hemos hecho y hemos cometido lo que se consideran pecados. También puede realizar actos que desafíen las leyes de la física, o sea milagros. Se trataría entonces de un culto teísta el que se profesa a su alrededor. 

Puede ocurrir que lo que se estime es que hay una entidad que creó la realidad en la que vivimos y estableció las leyes que gobiernan el universo, pero que no interfiere en los asuntos de sus creaciones. Eso representaría una creencia deísta. Lx deísta y lx teísta perciben por doquier señales de la existencia de ese ente, en cambio lx agnósticx y lx que sostiene posiciones ateas no creen que lo sean.

Quienes se definen como panteístas no ven la imagen de Dios4 como unx ser sobrenatural, sino que llaman así al universo o la naturaleza.

Los teísmos, al postular que los dioses miran, escuchan y prestan atención a nuestras acciones, pensamientos, palabras y omisiones, tienen cierto componente de egocentrismo, son la expresión tradicional del antropocentrismo y del androcentrismo. Ser deísta implica no dejarse llevar por esas tendencias que te empujan hacia los teísmos. Hay gente que cree en un dios que se sitúa por encima de la naturaleza, incluso acepta que ha creado algo que ha terminado siendo el universo, pero que no se preocupa de la existencia de las personas: ni las vigila, ni juzgará sus vidas cuando mueran. En uno que ni nos creó “a su imagen y semejanza”, ni observa nuestros actos, ni escucha lo que pensamos. Eso serían pensamientos deístas. Lxs deístas no creen que haya nadie comprobando si cumplimos o no los preceptos de determinada religión, nadie que pueda acompañarnos en los diversos trances de la vida o que escuche cuando alzamos nuestras oraciones. Si queremos que alguien nos comprenda y nos acompañe únicamente podremos contar con criaturas humanas5 —las animales pueden ofrecernos compañía pero no nos entienden profundamente—, entonces será conveniente organizarse y buscar el bienestar general.

El deísmo es un modo de creer que rechaza los cultos y no admite las revelaciones como fuentes de conocimiento, de manera que fue en muchas ocasiones reacio a la integración de quienes lo profesan en instituciones religiosas. Sin embargo, estas últimas en mi opinión, articulan determinados colectivos inmensamente útiles que proporcionan la estructura necesaria para que puedan erigirse unas comunidades muy apropiadas en situaciones comprometidas. 

Esta distinción entre deístas y teístas es fundamental. La mayoría de las religiones tradicionales son teístas: monoteístas son cristianismo, islam y judaísmo, entre otras menos conocidas como, sijismo, zoroastrismo, yazidismo, drusismo, bahaísmo o mandeísmo, por ejemplo; politeísta es la hindú, a pesar de lo cual en ella podemos encontrar escuelas deístas, incluso ateas. También la sintoísta, aunque quizá el adjetivo animista sea más propio al mencionar esta religión, ya que sus deidades están muy relacionadas con la naturaleza. Conocemos otras politeístas como las de las civilizaciones clásicas (ya extintas) y las de los pueblos que fueron colonizados, acosadas por las religiones místicas y de las revelaciones. Por el contrario, el jainismo y el budismo no son teístas —si bien, sobre todo en esta última, en muchas corrientes encontramos divinidades protectoras de tal o cual asunto—, como tampoco lo son muchas religiones creadas en lo siglos XX y XXI.

Entre los monoteísmos que se practican actualmente, los más antiguos son el judaísmo y el zoroastrismo, heredero del mazdeísmo6. Sin embargo su práctica se circunscribe a algunas decenas de miles de fieles frente a los más de dos mil millones que profesan el cristianismo en cualquiera de sus versiones o los más de mil ochocientos millones que lo hacen con el islam.

La comunidad científica, al igual que una importante parte de la población del planeta,  articula su pensamiento basándose en lo que se denomina ateísmo práctico, que sería no contar con la existencia de un dios en los problemas a los que se enfrentan. También es conocido el término apateísmo, que surge de una gran apatía hacia cualquier tema en el que deísmo o teísmo estén implicados.

1 No me sentiría cómodo usando siempre el masculino como genérico. La lengua española sigue una norma que dice que los sustantivos referidos a personas o animales deben ponerse en masculino cuando se desconoce el género de las aludidas o en cuanto se suponga que hay un hombre. Así, se dice “tres hermanos” aunque sean dos mujeres y un hombre. Para representar también a las personas con géneros no binarios que utilizan la “e” al hablar de sí mismas, tendría que incluir en este texto las tres versiones de cada palabra de género variable, pero no lo haré. Me siento más cómodo usando la “x” en las palabras que varían con el género. Debería pronunciarse con el sonido vocálico “e” o “i”. Prefiero la “x” antes que la “e” porque esta última vocal se utiliza para construir la forma del masculino plural en las palabras que terminan en consonante. De este modo, para usarla en un lenguaje inclusivo, tenemos que escribir: diosas/es, trabajadoras/es, autores/as, lectoras/es, escritoras/es, musulmanes/as, etc. Sin embargo, en algunos casos no lo usaré la “X” porque no lo encuentre justo, me resulte extraño o no lo considere necesario ni oportuno debido a la histórica opresión sobre las mujeres. En esas ocasiones escribiré de forma tradicional. 

2 Frecuentemente usaré esta expresión utilizada entre otrxs por Manuel Casal Lodeiro (1970) que me parece más acertada que “cambio climático”, pues esta última da idea del paso a otra situación estacionaria, algo que está muy lejos de suceder.

3 Notables son los escenarios de falta de combustible para motores diésel en Argentina, Bolivia, Nigeria (a pesar de ser un gran exportador de petróleo), Ecuador o Pakistan, entre otros.

4 Consideraré la palabra “ser”, contrariamente a la opinión la RAE,  un sustantivo ambiguo: del mismo modo que existen otros, como por ejemplo, “puente”, “mar”o “calor”. 

5 Me gusta emplear esta antigua expresión —aunque yo no sostenga que nadie nos creó— porque indica cierto infantilismo y cierta animalidad. Hemos de tener siempre presente que solo somos animales humanxs.

6 El mazdeísmo apareció en las estepas de Asia central en la segunda mitad del segundo milenio antes de la era común, se construye en torno a la lucha del creador, Ahura Mazda, y el espíritu del mal, Ahriman. Zoroastro, al que Nieztsche transformaría en el siglo XIX en su personaje Zaratustra, fue un gran predicador de estas creencias que terminó formando su propia secta que se convertiría en la religión oficial del Imperio Sasánida (las tierras que hoy conocemos como Irán y muchas más) entre los siglos III y VII.