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¿Cómo nos hemos organizado históricamente? ¿Qué está pasando en los últimos siglos? 9/9

Como título del capítulo se señalan dos preguntas. En su respuesta no se puede obviar que históricamente nos hemos organizado partiendo, además de los teísmos y del sistema patriarcal, de la colonización europea del mundo y del racismo. Este último siempre ha existido, pero se institucionalizó alrededor del siglo XV, cuando las potencias europeas extendieron sus tentáculos por todo el globo terráqueo. Tales actitudes llevaron a la gente blanca a despreciar a aquellas que no lo eran demasiado (considerando que eran sub-humanas pero tenían alma) y a esclavizar a las más oscuras (a las que ya no veían como humanas en absoluto). De estos fenómenos, nos quedan en la actualidad el racismo —especialmente las secuelas de la posesión y de la trata de africanas negras esclavizadas que se realizó principalmente a través del Océano Atlántico— y la colonialidad o el neocolonialismo actual, consecuencia de los siglos de expansión europea y saqueo de diversas tierras.

Angela Davis, gran exponente del feminismo antirracista, analiza durante toda su carrera el racismo en EE. UU. y la evolución de la lucha contra él. En ¿Son obsoletas las prisiones? expone cómo, tras la emancipación, el fin del régimen de las leyes de Jim Crow1 y la lucha por los derechos civiles, ya desde la segunda mitad del siglo XX, el sector blanco y conservador de ese país se las arregló para llenarlo de cárceles y recluir en ellas a la población afroamericana:

Aunque el gobierno, las corporaciones y los medios de comunicación dominantes tratan de representar al racismo como una aberración desafortunada del pasado que ha sido relegada al cementerio de la historia estadounidense, este sistema sigue influenciando profundamente las estructuras, las actitudes y los comportamientos contemporáneos. No obstante, cualquiera que se atreviera a promover la reintroducción de la esclavitud, la organización de bandas de linchadores o el restablecimiento de la segregación legal sería desestimado sumariamente. Pero deberíamos recordar que lxs ancestrxs de muchxs de lxs más ardientes liberales de hoy no podrían haber imaginado la vida sin esclavitud, la vida sin linchamientos, o la vida sin segregación. La Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia que se reunió en Durban en 2001 divulgó la inmensidad de la tarea global para eliminar el racismo. Hay muchos desacuerdos respecto de qué es racismo y cuáles son las estrategias más efectivas para eliminarlo. Sin embargo, y especialmente con la caída del régimen de apartheid en Sudáfrica, existe un consenso global sobre el hecho de que el racismo no debe definir el futuro del planeta.2

Frente a la persistencia del racismo entre las actitudes habituales del siglo XXI, hemos de crear nuevas estructuras que sean capaces de impulsar el antirracismo de una forma cotidiana, que lo inscriban como una premisa más en las realidades de los pueblos.

El hecho de que la relación entre el racismo y el colonialismo se perciba como innegable, es un logro de las últimas décadas. También lo es que haya mejorado la situación respecto a la de hace cincuenta años, para muchas personas racializadas en los países centrales del capitalismo. Y esto ha generado una fuerte reacción. Eso aseguró Angela Davis en una conferencia en los suburbios del sur de París en septiembre de 2024.

Aníbal Quijano (1930-2018) desarrolla la Teoría de la Colonialidad del Poder en la que distingue el proceso colonial histórico de la colonialidad que comenzó cuando los países ya independientes se incorporaron a un mercado capitalista dominado por el eurocentrismo y se mantiene hasta hoy. 

María Lugones (1944-2020) analiza el fenómeno desde la intersección de raza, clase, género y sexualidad. Sostiene que la colonización impuso una dualidad binarista y heteronormativa que no existía previamente en todos los territorios colonizados y que se refleja en una colonialidad actual que consigue subyugar y controlar a mujeres e identidades de género no conformes.

Ochy Curiel (1963) en su artículo, ya de 2009, Hacia la construcción de un feminismo descolonizado explicaba qué significa la descolonización para los feminismos:

Desde el feminismo la descolonización implica no solo reconocer la dominación histórica económica, política y cultural de Europa sobre los pueblos de América, Asia y África sino las secuelas de estos procesos: las dependencias múltiples del Sur frente a procesos culturales y políticos que han sido producto del capitalismo, la modernidad occidental y la colonización europea, así como los efectos de la racialización y (hetero) sexualización de las relaciones sociales, la legitimación del pensamiento único, la naturalización y la institucionalización de muchas de las prácticas políticas de nuestros movimientos sociales. Entendemos que estas dependencias se actualizan en nuestra subordinación frente a las políticas de desarrollo y las lógicas colonialistas de la cooperación internacional.3

Cuando las potencias europeas (y más tarde los EE. UU.) ocuparon tierras de Abya Yala4, África, Asia y Oceanía, impusieron también sus lenguas —minusvalorando las que allí se hablaban— y su moralismo sexual cristiano, despreciando las tradiciones y creencias locales. Generaron un sentimiento de inferioridad que incluso se mantiene hoy en día tras las independencias.

La religión cristiana en sus diferentes variantes y nuestras costumbres (como la Navidad, hábilmente situada, ya en el siglo IV, unos días después del solsticio de diciembre) se fueron expandiendo con los procesos de colonización.

El colonialismo no ha terminado. En tierras como Guayana Francesa, Gibraltar, Sahara Occidental o el Estado palestino; en multitud de islas como Groenlandia, Guam, Polinesia francesa, las Vírgenes de los Estados Unidos, las Caimán, las Malvinas/Falkland o Kanaky5, entre otras, y enclaves militares como la base de la Bahía de Guantánamo o la de Diego García, siguen dependiendo de una metrópolis lejana. En el resto de tierras del Sur global, este fenómeno se articula en base al expolio que realizan diversas compañías radicadas en los países centrales (incluyendo a China, Singapur, Corea del Sur, Japón, Australia y Nueva Zelanda en ese concepto) y de los Programas de Ajuste Estructural obligatorios como requisito para refinanciar la deuda externa. El neocolonialismo también incluye la inversión extranjera condicionada, la presión diplomática o la imposición de modelos económicos. Las actuales relaciones entre lxs habitantes de los diferentes países son reflejo de una colonialidad reforzada por el imperialismo cultural y del neocolonialismo económico. Este es un punto de partida desde el que se debería analizar cualquier fenómeno internacional. Por ejemplo, la migración de las personas hacia Europa, que en la actualidad —después de seguir explotando y extrayendo recursos mediante sus empresas de las antiguas colonias tras una presunta descolonización— se erige como una de las zonas privilegiadas en esta realidad a la que nos enfrentamos, cada día más parecida a una distopía del cine de Hollywood. Tenemos que reconducirla, aunque nos enfrentemos a un futuro marcado por los efectos del caos climático, del traspaso de los límites planetarios y de la crisis energética y de materiales. Para lograrlo hemos de descolonizar las mentes. Pero no solo las de lxs habitantes del Sur global, también las del Norte. Es necesario que en Europa nos enfrentemos a nuestra historia colonial y cambiemos nuestra mentalidad desechando la supremacía blanca.

1 Leyes segregacionistas abolidas tras el movimiento por los derechos civiles, promulgadas años después de la abolición de la esclavitud, que fomentaron la llegada de una época caracterizada por el apartheid y los linchamientos racistas. Jim Crow era un personaje en un espectáculo caricaturesco, pero, ya en el siglo XIX, pasó a convertirse en una expresión peyorativa que significaba afroestadounidense.

2 Davis, Angela: ¿Son obsoletas las prisiones?, Córdoba (Argentina): Bocavulvaria Ediciones, 2017.

3 Curiel, Ochy: Hacia la construcción de un feminismo descolonizado en Aproximaciones críticas a las prácticas teórico-políticas del feminismo latinoamericano. Buenos Aires: En la frontera, 2010.

4 Nombre que el pueblo guna, situado entre las actuales Panamá y Colombia, usó para designar al continente americano antes de la llegada de los colonizadores de Europa.

5 Conocida en Francia como Nouvelle-Calédonie y en nuestros mapas como Nueva Caledonia.