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Infinito

Uroboros 2/8

Nos enfrentamos a un futuro que los poderes económicos y los medios de comunicación señalan como aceptable pero que es muy incierto. En él encontraremos una realidad determinada por: los efectos negativos que tendrán los intentos de transición energética —de ecológica tiene poco— en la industria, el incumplimiento de los compromisos de reducción de la emisión de gases de efecto invernadero adquiridos en las reuniones del IPCC (con las catástrofes climáticas que vendrán asociadas) y las crisis que provocarán en pocos años los descensos generalizados en la obtención de determinados combustibles fósiles, incluso en el supuesto de que entonces los utilizásemos menos. A todo esto hay que añadirle la situación de escasez energética que se percibe ya en el Sur global, determinada por la merma en la recepción de petróleo de calidad, que se siente en forma de recortes en la obtención de diésel. En cualquier caso, el drama es que se ha desdibujado la visión de un futuro que prometía que podríamos seguir consumiendo y viajando por el planeta como hasta ahora.

Eso no va poder ser, debido a una combinación de las necesarias medidas contra el caos climático, de sus brutales efectos y de la Gran Escasez1 de energías y materiales que estamos empezando a sufrir (aquí, donde yo me encuentro, todavía apenas se percibe, pero acabará haciéndolo más tarde o más temprano). La realidad es mucho más aterradora que los pronósticos de los partidos políticos y de la mayoría de medios de comunicación. Hemos de asumir que, después de una excepcional época de más de doscientos años de crecimiento, comienza un período de declive en el que la humanidad va a tener a su disposición cada vez un poquito menos de energía. Estábamos volando porque disponíamos de ella en exceso, dada la elevada densidad energética que nos han aportado los combustibles fósiles, pero ahora nos toca efectuar un aterrizaje forzoso. Eso sí, lo tenemos que hacer en un terreno marcado por inmensos incendios forestales, tornados, inundaciones tras el paso de un huracán, un tifón, una DANA, una baja segregada, una borrasca, o como lo quieran llamar en cada sitio, y demás catástrofes “naturales”.

Así lo explica Fernando Valladares (1965) en su indispensable texto La recivilización:

Lo que los economistas optimistas han llamado progreso y desarrollo es una excepcionalidad histórica basada en la abundancia energética temporal que permitieron los combustibles fósiles. Podemos apurar los recursos que aún quedan y reventar el clima planetario, o dejar el 60% del gas y el petróleo y el 90% del carbón en el subsuelo y no entrar en escenarios apocalípticos. La ciencia ha echado las cuentas al respecto y aporta los mapas que precisan dónde están los combustibles que no deben abandonar los yacimientos donde se encuentran si queremos quedarnos en un entorno del calentamiento seguro, tal como todos los países acordaron en 2015.2

Mientras los partidos políticos no sean claros y no expliquen que debemos aterrizar y consumir menos, es fácil que la ultraderecha capitalice la furia que generarán esas promesas de progreso y consumo frustradas, de forma que consiga todavía más representantes en los parlamentos.

En previsión de una vida en peores condiciones, se impone la creación de redes que fomenten el apoyo mutuo. Creo que esta entidad religiosa no dogmática y antipatriarcal puede constituir una excusa para tejer estas redes que serán necesarias para salir adelante. Mas allá de otro tipo de lazos, el hecho de encontrarse todas las semanas —en eventos similares a los que actualmente se programan en iglesias, mezquitas, sinagogas y demás templos— es una costumbre que une enormemente. Así, habitantes del mismo barrio o pueblo pueden conocerse y ayudarse. En innumerables aldeas el único lugar de encuentro es la iglesia o la mezquita y esto no puede continuar hoy de este modo: tenemos que construir una alternativa.

Desde la descomposición de la URSS, del bloque que la apoyaba y la bajada de popularidad de los partidos comunistas en la mayoría de los países —sin contar excepciones como China o Corea del Norte o casos como los de Cuba, Laos y Vietnam (lugares, estos últimos, donde la prevalencia de los Partidos Comunistas en las instituciones no ha llevado aparejado un significativo descenso de la religiosidad)—, el ateísmo y el agnosticismo a menudo se han vuelto unas actitudes vitales muy individualistas. Actitudes que tienden a presentarse como una opción válida solo para quienes acaparamos los recursos a nivel planetario o como una opción  neoliberal. Y no lo son.

El laicismo es un punto de partida muy positivo cuando hablamos de la separación de las religiones y el Estado en cualquiera de sus instituciones, pero la mayoría de las veces se expresa de un modo demasiado individualista. Por eso creo en una organización de carácter religioso atea/agnóstica, aunque no dogmática —como mínimo, no teísta—, que estimule una opción comunitaria alternativa a las que propician las religiones místicas y de las revelaciones.

En nuestras sociedades, tenemos unas rutinas establecidas para que experimentemos las situaciones cotidianas de una forma muy atomizada. Esta nueva entidad lograría aportar una visión distinta extendiendo el apoyo mutuo a través de sus asambleas y demostrando que en cualquier lugar, se puede mantener una posición atea, agnóstica o no teísta sin necesidad de ser individualista. Podría constituir un aglutinante para que se encontrasen mujeres, gente con géneros no binarios y hombres, que tengan valores como el feminismo, el antirracismo, el ecologismo, que luchen contra la xenofobia y el racismo, siendo siempre defensorxs de los Derechos Humanos, que lo hagan alejándose de la cisheternormatividad, asumiendo que debemos aprender a vivir dentro de los límites planetarios y repartir equitativamente la riqueza. Todo, a pesar de que no sean “como Dios manda”.

Debe quedarnos muy claro que las feministas no odian a los hombres cisheterosexuales—lo que odian son sus privilegios— y puesto que, resulta absurda la imagen de ellas en sus grupos o en sus espacios no mixtos reuniéndose con ellos, confío en que los Encuentros Asamblearios del Infinito constituyan un espacio catalizador para que además de llevar esto a cabo, se organicen asambleas en las que también puedan encontrarse personas de géneros no binarios, partiendo de una perspectiva ecologista, no  cisheteronormativa, contraria al patriarcado, antirracista y anticolonial. 

Un sistema erigido sobre un laicismo individualista ha funcionado muy bien en numerosos Estados centrales que se han enriquecido a costa del resto y pueden ser considerados como occidentales. Pero ni la Tierra es solo Occidente, ni ese sistema funciona en los países situados al occidente pero con un menor IDH (los de Latinoamérica). Se fundamentó en la hasta ahora habitual opulencia energética sustentada por los combustibles fósiles, de la que hemos gozado en los últimos dos siglos, a costa de la naturaleza (emitiendo gases de efecto invernadero). La disponibilidad de estos combustibles —de elevada densidad energética— va a reducirse en los próximos años por sus efectos adversos en el clima o por su escasez. Por lo tanto, serán más difíciles la producción de bienes y la prestación de servicios. Su uso reportó gigantescos beneficios económicos, ha proporcionado un importante desarrollo a nuestra civilización industrial y creó una enorme abundancia, circunstancia que ha permitido un gran individualismo. Pero esa abundancia es excepcional en la historia. Habrá que aprender a vivir de un modo menos individualista, mas sin esos valores arcaizantes que de sobra conocemos. Ahí es donde encaja una nueva estructura que ha de esforzarse en construir comunidades en las que fluya la ayuda mutua.

1 Escuché a Antonio Turiel (1970) en alguna de sus presentaciones llamar así este momento que sin duda llegará en algún momento si no del presente siglo, del siguiente.
2 Valladares, Fernando: La recivilización. Desafíos, zancadillas y motivaciones para arreglar el mundo, Barcelona: Ediciones Destino, 2023.