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La Congregación del Infinito 5/6

Los privilegios que se me otorgaron al nacer varón, blanco, en una familia no acomodada pero sí desahogada, ciudadano de uno de los Estados especialmente enriquecidos, más los que permitieron que estudiase (y conociese la historia universal), sumados a la comprensión que tengo de la realidad en la que nos encontramos y al hecho de que yo haya llegado hasta aquí y pueda escribir después de todos los perjuicios que ha sufrido mi salud, hacen que sienta una grandísima responsabilidad hacia el resto de seres vivxs que pueblan este planeta. Al formar parte de uno de esos Estados enriquecidos con el colonialismo —hoy aconfesional pero hasta hace poco agente de una intensa evangelización—, culpables de genocidios pasados y del que actualmente se está perpetrando en los mares contra quienes intentan migrar a estas tierras burlando las injustas leyes de extranjería; al ser testigo de la discriminación a la que se somete a lxs que logran hacerlo; al haber tomado conciencia de que ese pasado colonial ha conformado las actuales desigualdades Norte-Sur, la situación de colonialidad y el neocolonialismo; al percibirme ideológicamente heredero de un pueblo que fue humillado en una sangrienta guerra y después, en una larga dictadura ultraderechista y teocrática; al prever, asimismo, un futuro lleno de dificultades, siento el deber de ofrecer a las demás criaturas humanas un nuevo marco que sirva para que los pueblos se organicen lejos de dogmas, en base a la equidad, poniendo la vida en el centro, desechando los valores neoliberales y ofreciendo una alternativa a la ultraderecha.

Seguramente un hombre cis, blanco y europeo no sea —ahora que afortunadamente Europa ya no es el centro del mundo y que nos enfrentamos con diferentes grados de éxito al orden patriarcal y a la supremacía blanca— la persona más indicada para pedir y promover un cambio social. Quizá efectivamente, no lo sea, pero es que o lo hacemos ya o serán figuras de la ultraderecha, rojipardas1 o ecofascistas las que intenten hacer  reformas a las antiguas estructuras para que puedan continuar funcionando. Además, el caos climático cada vez se siente más, los ecosistemas naturales están ya en 2026 muy dañados y la llamada crisis energética —seguramente en el futuro se compruebe que es algo más que una crisis— se extiende cada vez más por los países del Sur global, de modo que apenas tenemos tiempo para elaborar nuevos modelos.

Con la Congregación del Infinito, una de las metas que me marco es mejorar la vida de la gente que no ha tenido los mismos privilegios que yo, intentando que se forme una comunidad que exija un mayor reparto de la riqueza. Otra es reducir ese exceso de individualismo que se percibe en todos los continentes, algo de vital importancia para derrotar a las fuerzas de la internacional ultraderechista y que será muy útil cuando lleguen crisis.

Siempre he tenido mis creencias personales pero de ahí a escribir esta extravagante propuesta hay un abismo. Estoy convencido de que es necesario plantear algo distinto para que las grandes religiones milenarias no sean tan fuertes y que, al mismo tiempo, se desarrollen nuevas formas de agrupamiento social. Es hora de ofrecer un paradigma diferente. Merece la pena lanzarse a ese abismo teniendo en cuenta lo que podría obtener la humanidad.

Esta nueva organización trataría de suponer una excusa para formar comunidades de tamaño considerable en las que intentemos que no haya jerarquías. El objetivo es articular un pretexto para que fluya la ayuda mutua.

Espero que haya quedado claro que para formar parte de ella no es necesario pensar lo mismo que yo, que aquí no hace falta que todxs partamos de las mismas premisas, ni siquiera hace falta tener fe en la existencia de ninguna figura. La diversidad de puntos de vista cuando se busca el bien común y se respetan los DD.HH. es muy positiva.

De todas formas, cualquier creencia, por absurda o estrambótica que parezca, es más positiva para relacionarse con el mundo, que el constructo de un dios que nos otorgó un alma inmortal, se encarnó en el hijo de una mujer virgen y nació hace mas de dos mil años en tierras palestinas. Tener fe en esas historias, además de negativo, ya que ha fomentado unos dañinos cultos a la virginidad y a la pasividad de las mujeres, es muy anticuado. Si vamos a creer en que hay algo después de la muerte —porque somos una enorme cantidad quienes elegimos tomar esa opción— resulta más positivo que lo hagamos, por ejemplo, en apariciones sucesivas del mismo cuerpo (que es un punto de partida de en quién se convertirá cada persona en función de sus vivencias) en el contexto del espacio-tiempo infinito. En cualquier caso, no necesitamos uniformidad en cuanto a planteamientos. El objetivo es estar organizadxs y formar comunidades: lx que quiera y se sienta capaz de hacerlo, que crea en cualquier cosa; lx que no, que no crea.

Los relatos de las viejas religiones místicas y de las revelaciones son, en el fondo, muy absurdos, pero a menudo no lo percibimos porque nos resultan habituales, dado que los hemos escuchado en incontables ocasiones. Estas truculentas historias, además de destilar misoginia no reflejan los grandes cambios que se produjeron en los años sesenta del siglo pasado. 

Felizmente, millones de personas vivimos instaladas en ese contexto nuevo que empezó en los años sesenta del siglo XX. Sus mayores hitos fueron el movimiento por los derechos civiles de EE. UU. —inicio de un proceso que, con el tiempo, tendría su eco en todos los movimientos antiapartheid y antirracistas de la Tierra—, el desarrollo de la segunda ola del feminismo (a la que décadas después seguirían otras dos), el despertar de la conciencia ecológica —hecho en el que tuvo una gran influencia la publicación del libro Primavera silenciosa de Rachel Carson en 1962— y el inicio del gay power, una lucha que se convertiría con el tiempo en el movimiento por los derechos LGTBQIA+. A esto hay que añadir la aparición de la cultura hippie —que incorporaba un deseo de vivir con mucha más simplicidad— y el desarrollo de multitud de comunas. Hoy, es absolutamente necesario recuperar esa voluntad de vivir de una manera más sencilla y en unas laxas comunidades (como las comunas hippies) para poder recuperar el mundo salvaje y adaptarse a los límites de nuestro entorno. 

Todos estos cambios comenzaron a ocurrir en sociedades con un relativo bienestar debido a una abundancia de recursos y energía —abundancia material que, en las décadas posteriores y en las primeras del siglo XXI, se mantendrá a costa del deterioro de la naturaleza hasta unos extremos que ponen en peligro la misma supervivencia humana y que ha producido ya la extinción de numerosas especies (o su desaparición en muchos territorios)—, así como a las conquistas obtenidas tras decenios de lucha obrera y social entre los siglos XIX y XX, en el contexto de una presunta descolonización que acabó en neocolonización y de la competencia con los regímenes de inspiración leninista o del llamado socialismo real.

Es destacable la influencia que tuvo el despliegue de los soldados estadounidenses en la II Guerra Mundial en las posteriores luchas por los derechos civiles en EE.UU. Fueron desplegados miles de soldados negros en la zonas en conflicto. En Europa la población blanca los trató como libertadores, sin tener que sufrir ninguna medida de apartheid y mezclándose más libremente que en su país. Al regresar a casa volvieron a encontrarse con la aplicación de las leyes segregacionistas. No obstante, ya habían comprobado que esa situación podía no existir. Esos veteranos, con veinte años más, seguramente formarían parte de las manifestaciones que demandaban el fin de la segregación.

1 El rojipardismo actual es una tendencia política que aúna las clásicas reivindicaciones del socialismo con una crítica a la diversidad (a la que ven como una trampa), al feminismo y un rechazo absoluto a la inmigración, acercándose así a los postulados de la ultraderecha. Su mayor exponente sería el partido político alemán Alianza Sahra Wagenknecht-Por la Razón y la Justicia (BSW) aunque se pueden encontrar individuos (casi siempre hombres) que tienen esas opiniones en todo el mundo.