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Infinito

¿Cómo nos hemos organizado históricamente?¿Qué está sucediendo en los últimos siglos? 7/9

Doreen Valiente (1922-1999) fue una londinense que no creía en un dios, sino en una diosa. Tomó ese apellido de su segundo marido —norma patriarcal en numerosos Estados, mientras que solo costumbre en otros—, un exiliado republicano español. Suma sacerdotisa del aquelarre de Gerard Gardner (1884-1964), colabora junto a él en la creación de los rituales de la Wicca, una religión no teísta que se basa en los hechizos y en la naturaleza. Publica libros esenciales como Natural Magic (Magia natural), Witchcraft for Tomorrow (Brujería del mañana) o el de de poemas The Charge of the Goddess (La carga de la diosa).

Lounès Matoub (1956-1998) fue un cantautor que nació en Cabilia, país dentro de Argelia habitado por el pueblo amazigh que se encuentra también en varios Estados del norte de África. Su idioma es el tamazight y fue el que usó para escribir canciones de gran éxito, ya que apenas hablaba árabe. Fue un gran defensor de la laicidad y de la causa del pueblo amazigh, algo que le enfrentó tanto con el gobierno, como con las guerrillas islamistas que combatían contra él. Fue asesinado por el GIA (Grupo Islámico de Salvación) en 1998.

Ngūgī wa Thiong’o (1938-2025), desde Kenia, acusa a los europeos de imponer sus propias lenguas desde la llegada de los misioneros que enseñaban pasajes de La Biblia. Aunque es cierto que también usaron para ese propósito las lenguas originarias (desde bien pronto existen ejemplares traducidos a esas lenguas), convencieron a sus hablantes de que eran dialectos, unos instrumentos incorrectos para expresarse y herramientas inadecuadas para la literatura. Como señalaba ya en 1985 wa Thiong’o en su clásico Descolonizar la mente, los colonizadores al añadir las supersticiones cristianas a la cultura originaria, acabaron consiguiendo que la mayoría de la población colonizada fuese más sensible al conjunto de ellas. En este fragmento subraya la importancia de la novela como instrumento modelador de la realidad:

Las pretensiones imperialistas de liberar a África de las supersticiones, de la ignorancia y del terror a la naturaleza a menudo tuvieron como resultado un aumento de la ignorancia de los africanos, multiplicando sus supersticiones y acrecentando su miedo al amo que blandía el látigo y el fusil. Un africano, y particularmente uno que hubiera pasado por la escuela colonial, se remitiría seguramente antes a la Biblia, con sus explicaciones fantásticas sobre el origen del universo, sus revelaciones divinas sobre la “segunda venida” y sus aterradoras imágenes del infierno y de la condenación eterna para quienes pecaran contra el orden imperialista, que a las novelas, con sus cuidadosos análisis de las motivaciones de la acción y los personajes, y su presuposición general de que el mundo puede entenderse, o al menos analizarse, mediante la observación de los patrones de comportamiento de los individuos, o de los modelos cambiantes de las relaciones humanas entre grupos e individuos.

Gayatri Chakravorty Spivak (1942) es una teórica de la literatura y filósofa india conocida por sus pensamientos decoloniales y su revisión feminista de los escritos de Freud y Marx. Ha sido acusada de atea en numerosas ocasiones y nunca se ha molestado en decir que no lo sea. Reflexiona sobre la subalternidad frente a la hegemonía en su ensayo ¿Puede hablar el subalterno? que fue publicado en 1988. Según ella la clase, el origen étnico y el género nos pueden conferir una situación de subalternidad en la que podemos hablar, pero no se nos va a escuchar. Un antecedente de la Teoría de la Interseccionalidad desarrollada por Kimberle Creenshaw (1959), que comenzó señalando el género y la raza como factores que interactúan fomentando una doble discriminación, para mostrar finalmente que existen varios ejes (he encontrado diagramas posteriores con alrededor de catorce), en cada uno de los cuales estarás ubicadx en el lado de la dominación o en el de la opresión.

El siglo XX fue un periodo complejo y, a raíz de la Revolución Rusa —pero sobre todo después de la victoria aliada en la II Guerra Mundial, de la formación de un bloque partidario de la URSS y de la exportación de su modelo— en la mayoría de los países en los cuales se instalaron regímenes totalitarios de inspiración leninista, se favoreció un ateísmo de Estado en el que las religiones a veces eran muy perseguidas. Se consideraban una superestructura irracional típica de las sociedades capitalistas. Realmente este ateísmo forzado eliminaba —en ese momento de mediados del siglo pasado— las tradiciones de esos territorios (ahora han recuperado su fuerza). Unas tradiciones opresoras en muchos casos. En su última década, con el desmoronamiento de la Unión Soviética en 1991 —a la que habían precedido en su caída muchas dictaduras que la apoyaban—, las viejas religiones cobraron una fuerza mayor que la que tenían a principios de la centuria. Esta recuperación del vigor en los sectores más integristas es el principal factor que conduce a los atentados con un pretexto religioso de los inicios del XXI. 

Es hora de intentar construir una nueva organización con ese carácter no teísta y preocupada por la redistribución de la riqueza, pero que, promoviendo la convivencia, no sea dogmática y no induzca a las personas a cometer actos de violencia contra nadie, al tiempo que fomenta el respeto a una naturaleza, que no está ahí para que la explotemos y de la que nunca  fuimos el centro.

Desde hace ya tiempo quienes se dedican a la astronomía parecen lxs más confiables y certerxs a la hora de argumentar sobre la existencia o no de Dios, ya que empiezan a conocer cómo funciona el universo. Es el caso de Margherita Hack (1922-2013), astrónoma que se declaraba “atea, feminista y vegetariana en una Italia católica, machista y carnívora”. Sobre la necesidad de creer en dioses escribió en su obra Mi infinito. Dios, la vida y el universo: reflexiones de una científica atea. También sobre la incomprensión hacia la fe de lxs que no la tenemos.En ella leemos:

Quienes no aceptan la fe y, por tanto, no aceptan la «mediación» del misterio de la vida por parte de ninguna casta, estiman que creer en Dios es un modo infantil de explicar todo aquello a lo que la ciencia no puede dar respuesta, y nace de la necesidad de tener un apoyo, una guía, alguien que nos explique cual es el sentido de la existencia. Como prueba del infantilismo del creyente se recuerda que lo «divino» en la vida de los hombres se ha ido atenuando con el aumento del conocimiento, con el progreso de la ciencia y de la comprensión de los fenómenos.3

Aquellxs que han estudiado a fondo la astrofísica suelen tener convicciones ateas, o al menos no teístas. Ateo se confesó Stephen Hawking (1942-2018) quien tras escribir en El gran diseño declaró:

En el pasado, antes de que entendiéramos la ciencia, era lógico creer que Dios creó el Universo. Pero ahora la ciencia ofrece una explicación más convincente. Lo que quise decir cuando dije que conoceríamos ‘la mente de Dios’ era que comprenderíamos todo lo que Dios sería capaz de comprender si acaso existiera. Pero no hay ningún Dios. Soy ateo. La religión cree en los milagros, pero estos no son compatibles con la ciencia.4

En los primeros años del siglo XXI podemos encontrar a un grupo de autorxs que desarrollan sus escritos basándose en el convencimiento de que Dios no existe. Es el   entonces llamado “Nuevo Ateísmo”, con figuras como Cristopher Hitchens (1949-2011), Richard Dawkins (1941), Sam Harris (1967), Daniel C. Dennett (1942-2024), Victor J. Stenger (1935-2014), y Greta Christina (1969), esta última también bloguera y abiertamente lesbiana. Como escritorxs, consiguieron muy buenas ventas exhibiendo una marcada percepción de los peligros de la religión tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, 11 de marzo de 2004 en Madrid y 7 de julio de 2005 en Londres, atentados a los que seguirían otros y no solo en occidente, en una onda de destrucción que se extendió por todo el planeta.

Sikivu Hutchinson (1969) desde una óptica antirracista, critica los textos producidos por este movimiento del “Nuevo Ateísmo”. Considera que tienen una concepción estrecha de la ciencia y que ignora la justicia social. En 2010 fundó el Black Skeptics Group como una especie de santuario donde se pudiesen encontrar personas negras. Hutchinson opina en una entrevista que en cómo se enfoca la increencia hay una clara diferencia de género.

Mientras que a los hombres negros no creyentes se les da más margen de maniobra para ser herejes o simplemente “Desaparecidos en combate” de la iglesia, las mujeres negras que profesan abiertamente puntos de vista no teístas se consideran especialmente traidoras, habiendo abandonado su papel principal como proveedoras de tradición cultural o religiosa.5


1 Ngūgī wa Thiongo: Descolonizar la mente, Barcelona: Penguin Random House, 2015.

2 Un ejemplo de Diagrama de la Interseccionalidad se muestra en esta web https://www.pnitas.es/interseccionalidad-feminismo-interseccional/

3 Margherita Hack Mi infinito. Dios, la vida y el universo: reflexiones de una científica atea. Barcelona: RBA, 2012. 

4 Entrevista realizada a Stephen Hawking por el diario El Mundo en 2014. https://www.elmundo.es/ciencia/2014/09/21/541dbc12ca474104078b4577.html


5 Palabras extraídas de su entrevista de 2011 para el blog Echoes of CommonSense http://echoesofcommonsense.wordpress.com/2011/03/06/moral-combat-interview-with-dr-sikivu-hutchinson/