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La Congregación del Infinito 3/6

Mi cerebelo está dañado. Sin embargo, todavía conservo mis funciones cognitivas. Sabiendo que nos espera un futuro muy negativo, he de aprovechar que hoy aún funciona eficazmente la sociedad termoindustrial (a pesar de sus monstruosas injusticias) y que todavía estoy vivo, para escribir mis teorías, pensamientos y propuestas, con la esperanza de que algún día puedan ser ser útiles.

Supongo que no me quedarán demasiados años en esta vida, ya que aquí —mi marido me mantiene muy bien a pesar de mis graves secuelas— sobrevivimos en medio de un equilibrio muy precario, que probablemente no podrá mantenerse durante décadas. Sobre todo si, como ciertxs individuxs, asociaciones y medios de comunicación prevemos1, en los años venideros sufriremos un descenso energético. A pesar de ello, me consuela pensar que voy a volver a suceder en un sinfín de ocasiones, seguramente en otros universos.

Desde la perspectiva de una reaparición del mismo cuerpo, ¿significaría eso que yo siempre desarrollo mi tumor cerebral? No, no tienen por qué concurrir iguales circunstancias cada vez que te repites, ni van a suceder los mismos hechos. Algunos genes de tu código genético es posible que no se manifiesten.

No es necesario que los contextos sean idénticos. Si ahora tienes pocos recursos económicos, en otra vida tal vez te encuentres en una situación más desahogada, incluso podrías vivir en una sociedad con una justa repartición de la riqueza; si has sido racializadx o fuiste esclavizadx, quizás no lo seas en otra oportunidad (algún día será posible no ser blancx en Occidente sin estar racializadx); si en esta padeces una enfermedad o sufres un síndrome, puede ser que esto no suceda en otras. No creo que seamos tan originales e irrepetibles como pretendemos ser y probablemente corramos distinta suerte cada vez que ocurrimos. En cualquier caso, estas creencias no pueden constituir un nuevo motivo para no actuar ante determinadas situaciones injustas. Pensar que ahora llevamos una vida arrastrada pero después nos encontraremos en otra mejor no puede detener a nadie a la hora de buscar justicia, como sí ha ocurrido con el cristianismo e igualmente con otras religiones místicas y de las revelaciones.

Seguramente ya hemos vivido más veces en otros universos pero no tenemos recuerdos de ello en este cerebro. Me inclino a pensar que hay otras realidades en las que no se ha generado ese privilegio que detenta la gente blanca, ni la gran desigualdad entre esas zonas del globo que se han enriquecido más y aquellas otras que han sido víctimas de un gran saqueo, ni la que se produce entre quienes obtienen beneficio por la labor de otrxs, quienes actúan como sus emisarios (directivos de grandes empresas) y lxs que han de trabajar para obtener un salario que les permita vivir. Puedo imaginar un lugar en el que no exista el patriarcado, sin racismo, en el que no se hayan cometido crímenes como la colonización, la práctica de la esclavitud, los genocidios…. Ni la humanidad haya sido la causa de fenómenos como la extinción de numerosas especies de todo tipo de vida, del actual caos climático o de la contaminación de multitud de ecosistemas. Pero la realidad es este mundo en el que nos hallamos y sobre él hemos de seguir interactuando.

En la serie de televisión Battlestar Galactica2, lxs cylons, unxs robots que imitaban a las criaturas humanas, repetían en varias ocasiones la frase: “Todo esto ya ha ocurrido y volverá a ocurrir.” Seguramente se estaban refiriendo a la persecución de homo sapiens por parte de unas máquinas imitadoras pero, al verlo, yo no podía dejar de relacionar esta frase con el Eterno Retorno, una concepción filosófica del tiempo divulgada desde hace milenios en Asia Oriental, del Sur y Sudoriental —regiones en las que hallamos la samsara, una rueda que nos dice que la existencia se repite una y otra vez—, postulada en Occidente por el estoicismo griego y sugerida veintiún siglos después por Schopenhauer y Nietzsche. Mi propia versión sería: “Toda esta gente ya ha existido y volverá a existir. Yo ya he existido y volveré a existir”. Años más tarde viendo otras series, como la de dibujos animados Rick y Morty3, en la que lxs personajes viajan por diferentes universos en los que hay distintas versiones de sí mismxs, me reafirmé en mis creencias. 

Contemplo las distintas etapas de la vida como programas dentro de un ciclo que se repite eternamente. Por ejemplo, ahora estoy en una situación muy negativa pero en otros momentos soy un adulto independiente, a veces un niño o en ocasiones un adolescente. Podrán producirse programas cortos, interrumpidos o que no se desarrollen de forma óptima pero existen oportunidades en las que llevamos a término un programa largo y completo.

El hecho de concebir diferentes existencias o de que haya infinitos universos y de creerlo de manera totalmente irracional determinan que esta obra esté concebida como un texto religioso. Habrá quienes piensen que imaginar una especie de eterno retorno es sospechosamente conveniente en mi estado actual. Sin embargo, puedo asegurar que hace décadas que sospecho que la vida funciona de esa manera. Lo que sucede es que ahora tengo más tiempo para sistematizarlo y escribir sobre ello.

Tengo esas creencias pero de todas formas, no constituyen certezas que deban gobernar mis decisiones vitales ni las de de nadie. Es posible que resulten beneficiosas a la triste hora de aceptar que alguien que nos importaba se ha ido o que nos ayuden a afrontar nuestra propia muerte, pero no puedo decir que yo tenga una fe inquebrantable en ellas ni que dirijan mi día a día. La conciencia de que somos holobiontes según la terminología de Lynn Margulis (1938-2011) —o sea seres asociadxs con multitud de microbios (la mayoría bacterias)—, saber que dependemos del resto de ejemplares de nuestra especie y de la biosfera de este planeta en el que hemos evolucionado4 —a menudo conocida como Gaia—, añadida a la asunción de que debemos luchar constantemente contra nuestra tendencia al antropocentrismo, es lo único que puede guiar nuestro camino. Como apunta Jorge Riechmann en su Simbioética:

Si el proyecto fáustico de dominación sobre la naturaleza fracasa -y ya lo está haciendo, de la manera más trágica posible-, solo hay una perspectiva viable a largo plazo: simbiosis. Podemos llamarlo (…) simbioética o, también, cultura gaiana (…) Aunque la palabra simbioética pueda parecernos algo extravagante, en realidad remite a una antiquísima forma de estar en el mundo que ha sido natural para muchos pueblos y culturas: dar y recibir (con gratitud). Saberse parte de una Tierra viva donde nuestra existencia se entrelaza y ha de coordinarse con muchas otras formas de existencia.5

Casi cualquiera podría incluirse en nuestras reuniones. Quienes sí creen que tenemos un espíritu o un alma y que en el cosmos operan determinadas energías sobrenaturales, también serán bienvenidxs en los Encuentros Asamblearios del Infinito, como del mismo modo, lo serán aquellxs que se definen como totalmente materialistas o simplemente librepensadorxs, deístas, panteístas o cualquiera que no sea teísta. Igualmente sería deseable que se acercasen a ellos lxs que pertenecen a aquellas colectividades que, a pesar de poder tener creencias teístas, hayan sido señaladxs por las grandes religiones místicas y de las revelaciones como objetivo a destruir: wiccanxs, aquellxs que profesan religiones árticas, precoloniales —africanas, americanas, oceánicas o asiáticas—, de síntesis afroamericanaa (como la umbanda, la quimbanda, la santería, el vudú o el candomblé), chamánicas o animistas. Este último es el caso de una grandísima cantidad de pobladorxs originales en muchos territorios, a lxs que en numerosas ocasiones, los colonos de origen europeo intentaron imponer su modo de vida y cuyas creencias trataron de sustituir por el cristianismo. Sus comunidades se han construido tradicionalmente alrededor del respeto a la naturaleza. Para afrontar la crisis ecosocial a la que nos enfrentamos, tendríamos que aprender de las culturas en las que florecen, sobre todo en lo referente a formar agrupaciones sostenibles y con buen vivir.

1 Asociaciones como la gallega Vespera de Nada https://www.vesperadenada.org/ o la francesa Instituto Momentum https://institutmomentum.org/ y medios de comunicación como la revista 15/15\15 http://www.15-15-15.org/webzine/es/ o el blog The Oil Crash, de Antonio Turiel  https://crashoil.blogspot.com/

2 Battlestar Galactica fue una serie de televisión del género de ciencia ficción, emitida internacionalmente en diversas cadenas entre 2004 y 2008 y basada en otra que cosechó gran éxito a finales de los años 70 del siglo XX. Se trata de una epopeya espacial profundamente monoteísta, en la que lxs únicxs extraterrestres que aparecen son unxs robots y lxs supervivientes de una civilización humana que busca la Tierra.

Rick y Morty es una serie de televisión de animación para adultas que se ha emitido hasta ahora entre 2013 y 2025. En ella el abuelo Rick Sanchez dispone de un artefacto que genera portales entre diferente universos y va viajando por ellos con su nieto Morty.

4 La evolución tradicionalmente ha sido explicada basándose en modelos darwinistas de supervivencia de quien es más aptx. Sin embargo, los estudios de Piotr Kropotkin (1842-1921) establecieron que en ella hay un fuerte componente del apoyo mutuo y aproximadamente un siglo después, el gran impulso de Lynn  Margulis a la teoría simbiogenética, nos demostraron que no sabemos de esa evolución tanto cómo creíamos.

5 Riechmann, Jorge: Simbioética: Homo Sapiens en el entramado de la vida. (Elementos para una ética ecologista y animalista en el seno de una Nueva Cultura de la Tierra gaiana), Madrid: Plaza y Valdés, 2022.

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Uroboros 7/8

El laicismo institucional fue, es y siempre será un instrumento esencial para la construcción de cualquier país en el que se intente establecer un gobierno que se pretenda democrático. Permitió a los organismos públicos, mientras iban consolidándose, que se separasen de las religiones. Todavía tiene una ingente tarea por delante, debe ser más fuerte en todo el globo terráqueo y hay que profundizar en él.

En cambio, el laicismo individualista es realmente un caballo de Troya del neoliberalismo en la guerra por mejorar la realidad. Se trata de una cualidad que en principio parece positiva —un regalo de la modernidad occidental— pero que a la larga resulta negativa. La ultraderecha, marchando de su mano, no para de crecer en nuestro entorno, ya sea a través de unos partidos o de otros. 

Estoy seguro de que esta actitud vital no es un factor desdeñable en el hecho de que los partidos neoliberales, conservadores o ultraderechistas estén sumando cada vez más ciudadanxs a su causa, circunstancia que nos podría hacer perder derechos y conquistas. Es necesario actuar de manera diferente, ofreciendo una alternativa y estimo que fomentar la creación de grupos que otorguen, a lxs que formen parte de ellos, sentimientos de pertenencia a una entidad superior —por supuesto, en un marco de respeto a los Derechos Humanos— es una buena estrategia. Al proveer de sentimientos tales, esta nueva organización puede constituir también una opción suplente a las bandas callejeras. Si consigue conformar una corriente, situándose más allá de lo marginal, podría devenir en una herramienta eficaz para luchar contra pandillas, gangas, maras y entidades similares —sin necesidad de cometer atrocidades, como han hecho ciertos gobernantes—, en esta ocasión formando una comunidad ecologista, anticolonialista, en la que no impere la cisheteronormatividad, que luche contra el orden patriarcal, la supremacía blanca y la xenofobia.

Jorge Riechmann en este fragmento de Ecoespiritualidad para laicos, reflexiona sobre la importancia del fenómeno religioso en la vida humana:

Antropólogas y etnólogos han identificado más de cien mil religiones. Aunque la cultura europea gusta de pensarse a sí misma como secularizada, resulta dudoso que vayamos a superar el horizonte religioso alguna vez: parece formar parte de la condición humana como una suerte de universal antropológico.

Para hacer frente a la finitud humana, para encarar nuestra muerte, la estrategia básica siempre ha consistido en tratar de formar parte de algo más grande y perdurable que nosotros mismos. Esto puede intentarse sumiéndose uno en ciertas formas de alienación (por ejemplo, creencias extravagantes sobre formas de vida ultraterrena) o buscando vías de emancipación (las luchas por construir una buena comunidad humana, o la teoría Gaia).1

La teoría Gaia surgió en la década de los sesenta del siglo pasado como “hipótesis Gaia”. Sostiene que la biosfera de la Tierra conforma un superorganismo compuesto por los demás organismos vivientes. Fue desarrollada por el químico James Lovelock (1919-2022) al que se unió después la bióloga Lynn Margulis (1938-2011), y explica que dicho superorganismo regula las reacciones del planeta. Por tanto, la gran transformación antrópica que estamos produciendo, la que es provocada por la contaminación y el caos climático están dañando a Gaia. Y ella, a pesar de que nos creamos tan importantes, no necesita de la especie humana para seguir existiendo. 

Este es el orden de las cosas actual, marcado por la destrucción del medio ambiente, el extractivismo a cualquier precio y el individualismo. Los grupos dominantes encuentran muy positivo que quienes nos alejamos de posiciones conservadoras sigamos actuando de manera individualizada, como el maltratador de mujeres —que lo primero que hace es aislar a su víctima—, como los dirigentes de las multinacionales —que pondrán dificultades para que sus trabajadorxs se sindiquen— o los animales depredadores, que prefieren que sus presas no vayan en manada. Favorecerán que permanezcamos consumiendo atomizadxs en unidades familiares y no nos encontremos semanalmente, ya que podríamos organizarnos para realizar cualquier actividad. En las últimas décadas, en las opiniones y saberes oficiales nos estamos liberando de antiguos yugos mentales como el machismo, la cisheteronormatividad o la supremacía blanca y nuestro horizonte es la igualdad de derechos, así que intentarán fomentar la desconfianza entre lxs ciudadanxs y trabajarán para que los discursos culturales apunten en esa dirección.

Cualquier noción de colectivización o empresa pública ha sido ampliamente criticada. Lo comunal fue completamente demonizado por la opinión pública (o más bien publicada). Incluso siendo conscientes de que estructuras de este tipo, a veces sin ser estatales, en ocasiones pueden ofrecer servicios públicos. 

Nos iría mejor dejando atrás comportamientos individualistas y aceptando habitar una propiedad comunal. Por ejemplo, lxs mayores podrían mejorar su calidad de vida si, llegado el momento, renunciasen a vivir solxs y se organizasen colectivamente para hacerlo mediante un sistema de cooperativa de cohousing, contando con espacios privados y otros comunitarios. Hoy ya existen alternativas para mayores, como por ejemplo Trabensol2, cooperativa de cohousing senior localizada en Torremocha (Madrid), o el Residencial Santa Clara, de Málaga, aunque siguen siendo muy minoritarios, ya que precisan que quienes elijan estas opciones tengan un capital y dejen sus barrios o localidades de origen. Podríamos intentar ampliar este modelo a viviendas en los edificios de apartamentos de cualquier ciudad o pueblo, mediante la incentivación pública de permutas de pisos y de alquileres para mayores en determinados bloques, con la doble función de llegar a todas las clases sociales y no desarraigar a nadie de su entorno tradicional. Todo el proyecto tendría que ser gestionado por la propia vecindad. En estos pisos sería insuficiente tener solo un dormitorio para cada inquilinx, harían falta otras habitaciones para montar comedores o salas de estar para recibir a amistades y familiares. Y si faltasen cuartos se compartirían los destinados a dormir. Entre todxs lxs que allí morasen se podrían contratar algunxs profesionales. Residiendo de este modo seríamos capaces de evitar la soledad no deseada en la que se encuentran una gran cantidad de ancianxs, que ya no se pueden mover como cuando eran un poco menos viejxs y era posible la independencia. Una forma de ir acercándose a esta situación se podría producir si lxs individuxs que pasan de los setenta años, decidiesen residir compartiendo pisos grandes. Tristemente son habituales esas noticias en las que hallan el cadáver de alguien de avanzada edad semanas después de que se produzca su fallecimiento. Con esta forma colectiva de llevar ese momento en el que la vejez resulta imposibilitadora de importantes tareas, claro que se perdería intimidad y espacio. Sin embargo, se ganaría calidad de vida para lxs mayores, que no olvidemos, son una fuente de conocimiento surgido de la experiencia indispensable para cualquier colectividad.

Esta importante presencia de la situación de soledad no deseada es fruto de que nuestra sociedad esté edificada a partir de las relaciones amorosas de dos y de las familias nucleares. Lxs hijxs se hacen adultxs y se independizan. Un gran porcentaje de mujeres sobreviven a sus parejas y se quedan solas. Algunas de esas personas preferirían vivir acompañadas. Sería muy positivo que tuviesen una comunidad para hacerlo si quisieran.

1 Riechmann, Jorge: Ecoespiritualidad para laicos, Santander (Cantabria): El Desvelo Ediciones, 2024

2 El artículo Cohousing senior, un envejecimiento hiperactivo en número 69 de la revista de El Salto nos explica su funcionamiento, cómo se formó el histórico Residencial Santa Clara y ofrece un buen acercamiento al tema. https://www.elsaltodiario.com/vejez/cohousing-senior-un-envejecimiento-hiperactivo