Debemos tener presente que los partidos de ultraderecha o con políticas neoliberales son perjudiciales para el sostenimiento de la vida. Los que se definen como socialdemócratas (en realidad son socio-liberales) también pueden parecer dañinos pero tienen unos ideales de justicia, diversidad y equidad que es probable que queden como poso cuando el clima, el traspaso de los límites planetarios, así como la crisis de energías y minerales hagan obvio que es imposible mantener las prácticas del liberalismo económico. Y todavía no encontramos partidos claramente ecofascistas, pero en el momento en que sea evidente la crisis ecológica sin duda aparecerán, aunque esperemos que no seduzcan a un significativo número de votantes.
Lxs migrantes, al viajar al Norte Global, trabajando intentan conseguir solo un poquito de lo muchísimo que, descarada e impunemente, hemos robado a sus pueblos —desde hace tiempo con nuestras empresas, sin necesidad de ocupar sus países— para terminar desestabilizando el clima universal y contaminando una enorme cantidad de espacios naturales.
Además, si nos paramos a pensarlo, es absurdo que alguien se arrogue los derechos sobre una tierra solo por haber llegado antes.
Los europeos de hace siglos cometieron con la colonización graves violaciones de eso que hoy conocemos como derechos humanos. Quedó una situación de colonialidad como secuela: quienes habitamos hoy en Europa, EE. UU. y otras zonas privilegiadas, nos seguimos beneficiando de la explotación a la que empresas de nuestros territorios continúan sometiendo a trabajadorxs y recursos de países del Sur, de los que llegan indispensables productos de consumo a los hogares y para propósitos energéticos.
Es necesario que ciudadanxs de todos los rincones nos agrupemos en torno a una nueva organización que parta de posturas ecologistas, con criterios antirracistas, anticolonial, en contra de la xenofobia, de la minusvaloración de las mujeres, así como de la discriminación de disidentes sexuales y de género, capaz de reconocer el derecho a moverse libremente por el planeta para intentar llevar una vida mejor.
Debido a nuestra inacción, multitud de grupos reaccionarios se han ido adueñando de las instituciones, llegando a ocupar gobiernos —lo comprobamos de manera especialmente acusada en los casos de India, Rusia, EE. UU., Filipinas, Italia, Argentina, Países Bajos, Túnez, Israel, Hungría, El Salvador o Panamá pero ocurre en muchos más sitios—, así que es urgente que cambiemos y dejemos de estar tan atomizadxs.
Volviendo a los Encuentros Asamblearios del Infinito, estos podrían celebrarse todas las semanas, los viernes, sábados o domingos (dependiendo de la ubicación de cada grupo), de manera que fuesen programados de forma simultánea a las reuniones de las otras religiones. Lo bueno de utilizar las mismas fechas que usa la religión hegemónica, es que nuestras rutinas están diseñadas para que una vez por semana acudamos a una reunión religiosa y ya hay días semanales de libranza en los trabajos, que en principio fueron creados para ello. Usar los días señalados para la oración por parte de las religiones oficiales no sería adecuado cuando se trate de practicar la taqiyya.
Estas reuniones se podrían convertir en referentes para lxs están habituadxs a acudir a un templo todos los fines de semana, a vivir en el seno de una religión. En diversas tierras, encontramos dentro de las grandes religiones patriarcales a fieles sin demasiada fe pero, que valoran las actividades comunitarias o la labor que se hace a favor de aquellxs que tienen menos recursos, frente a la pasividad de un individualismo que tiene cierto regusto neoliberal, soslayando lo contaminadas con misoginia que están esas instituciones.
Tradicionalmente las reuniones políticas han sido vigiladas por las autoridades. Pero no ocurre lo mismo cuando estas tienen un cariz religioso. No es tolerable por no ser democrático que puedan ser prohibidas y sería posible que la policía no se infiltrase en ellas. El hecho de que una reunión sea religiosa la dota de un sentido diferente. Constituir una organización de carácter religioso y no una de otro tipo otorga ciertos beneficios. De este modo, atentaría contra la libertad religiosa, ilegalizar la Congregación del Infinito en cualquier territorio.
Los Encuentros Asamblearios del Infinito consistirían en unas reuniones religiosas periódicas de no teístas. Como todas, en el fondo serían un evento con cierto matiz excluyente (excluirían a monoteístas, politeístas o a quienes no quieren saber nada de este tipo de organizaciones). Por eso, al tiempo que convocamos en un pueblo o barrio una de ellas, nuestra obligación será participar en las convocatorias también de otras reuniones más inclusivas, cuando sea necesario, o intentar revitalizar las que ya estén normalizadas: las asambleas vecinales o ciudadanas1 —ya sean estas de barrio, de pueblo, de comunidad indígena local o de mancomunidad de municipios— y tratar de constituir un nuevo “poder de la democracia”. Podemos aprender de ejemplos como las de Rosario (Argentina) en 2001, las de Quito (Ecuador) en 2005, las que surgieron en todo el Estado Español a raíz del 15M de 2011 o las que se han ido articulando por el planeta con el paso de los años. En estas asambleas, además de practicantes de esta nueva confesión, también han de participar cristianxs, musulmanxs, judíxs, hinduistas, adeptxs de cualquier religión teísta o lxs que no profesen ninguna. De ellas podrían salir delegadxs para formar una asamblea local, de esta para una autonómica, regional o estatal —en caso de Estados federados— y, a su vez, de esa para una estatal nacional o federal. Unas reuniones que tienen que ser periódicas, no como las extraordinarias Asambleas Ciudadanas para el Clima2 que también han de servir de ejemplo.
Igual que parece inteligente hacer coincidir en el tiempo los Encuentros Asamblearios del Infinito con los días asignados semanalmente a las festividades religiosas hegemónicas, sería deseable que se estos encuentros se llevasen a cabo un día diferente de aquel en el que tenga lugar la asamblea vecinal o ciudadana.
Quienes formemos parte de la Congregación del Infinito, hemos de ayudar en la convocatoria periódica (lo idóneo sería con una frecuencia semanal) de las asambleas vecinales o ciudadanas para toda la comunidad y difundir —ya sea con carteles, nuestras RR.SS. o cualquier otro medio— sus convocatorias. Tenemos que tomar el rol de facilitadorxs o azafatxs en estas asambleas.
Es conveniente que nuestros Encuentros Asamblearios del Infinito, sean reuniones de pequeño tamaño, ajustadas como máximo a unas 150 personas, o sea al número de Dunbar3, y utilizar mecanismos de confederación para dimensiones más grandes. Parece prudente encontrarse de forma oculta y comunicarlo después, sin mencionar el nombre de quienes han acudido, para aquellxs que no deseen “salir del armario”. También será necesario hacerlo escondiéndose en todos los lugares donde no esté garantizada la seguridad de sus integrantes.
Podrían constituirse en foros en los que reunirse semanalmente para discutir y elaborar estrategias con el fin de mitigar, paliar y adaptarse a las diversas amenazas, como el caos climático, la crisis energética, la de materiales, el brutal descenso en la biodiversidad, el aumento en la producción de desechos y contaminación que requiere una economía que necesita estar en constante crecimiento o cualquier otro tema que está causando o es causado por la emergencia ecológica. También para compartir experiencias de discriminación (solo si a lx afectadx le apetece) y discutir acerca de machismo, racismo, LGTBfobia, capacitismo, xenofobia… Aun en el caso de que no se llegase a consenso alguno convendría tomar acta de ellas para reflejar, al menos de manera aproximada, por donde han ido las discusiones. El objetivo real es crear una comunidad cohesionada, incluso sabiendo que dentro de ella van a aparecer diferentes cosmovisiones.
En dichas asambleas participaría cualquiera que no se haya dejado seducir por las promesas de los teísmos, independientemente de lo que pueda creer que encierra la palabra infinito. Podrían intervenir personas materialistas, ateas, agnósticas, deístas o panteístas y las que tengan creencias espiritualistas, en energías o en reencarnaciones. Igualmente podrían hacerlo quienes crean en determinados espíritus de la naturaleza aunque los llamen dioses. La finalidad no es crear un movimiento anti-teísta, sino de construir una alternativa no teísta.
En el presente, es una práctica habitual, después de cada reunión de un grupo, sindicato o asociación, quedarse bebiendo en un bar, para favorecer la creación de una comunidad en base a la camaradería. Que a partir de nuestros eventos se construya una es el principal motivo por el que se van a producir los Encuentros Asamblearios del Infinito. Sin embargo, esta colectividad resultaría demasiado sectaria si se ciñese solo a lxs que formasen parte de esta entidad religiosa no patriarcal. Convendría aprovechar también la diversidad que encontramos en las asambleas vecinales o ciudadanas y conseguir que se formasen otras allí.
1 Es destacable que no hace falta tener ningún tipo de documento identificativo oficial para participar en ellas, al contrario de lo que ocurre en las elecciones municipales, insulares, autonómicas, generales o europeas. En consecuencia, será posible que lxs que se encuentran en situación administrativa irregular se expresen allí.
2 Entre 2021 y 2022 tuvieron lugar en el Estado Español y en otros de la UE las Asambleas Ciudadanas por el Clima. En ellas se hicieron varias recomendaciones para cada país pero no tenían un carácter vinculante.
3 El antropólogo Robin Dunbar (1947) elaboró en los 90 del siglo XX una teoría según la cual 150 es la cantidad de personas con las que podemos mantener relaciones significativas, más allá de considerarlas simples conocidas.
