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La vida en el centro 1/8

La ética de la Congregación del Infinito, sobre una base de respeto a los derechos humanos —y de todxs lxs1 seres vivxs—, se construye en torno al hecho de poner la vida en el centro de las relaciones. El encabezado de este capítulo es el título de al menos dos libros y una máxima en los feminismos que no debemos olvidar a la hora de construir cualquier estructura social. Quizás se haya convertido en un lugar común, aunque no por ello hay que dejar de tenerlo siempre presente.

Poner la vida en el centro era en las antiguas sociedades el motivo último que estaba en la raíz de la mayoría de las acciones de casi todas las mujeres. En los últimos siglos, gracias a las diversas olas de los feminismos se han ido aceptando también otros. La entidad que aquí propongo solo puede ser antipatriarcal, al contrario que las religiones hegemónicas, tan influenciadas por el machismo y el heteropatriarcado. Ese hecho explica que encontremos en ellas importantes dosis de misoginia y persecución de disidentes sexuales y de género.

Como nos explicaron hace años los movimientos feministas, desde el inicio de la historia, los hombres supuestamente cishetero —que eran los que mandaban— dieron más importancia al trabajo productivo que al trabajo reproductivo, desarrollado en el hogar y a cargo de las mujeres. Nos narraron unos relatos históricos protagonizados casi siempre por unos héroes masculinos. Y sin embargo, alguien tenía que sostener la vida de todos esos héroes.

Muchas criaturas de los años sesenta, setenta y ochenta del siglo pasado tuvimos todavía una madre que, por el machismo de ciertos maridos de su generación y, en algunos casos por el de su familia, amigas o el propio interiorizado, no trabajaba fuera del ámbito doméstico: una mujer que se veía obligada a quedarse en casa cuidando de sus hijxs. Y como señalaron hace décadas diferentes teóricas feministas: tanto si trabajaban fuera como si no, las mujeres se solían ocupar de hacer las tareas domésticas, sin apenas compartirlas con el hombre que ejercía el rol de padre2

Otras autoras nos expusieron cómo cuando las mujeres se incorporaron de forma masiva al mercado laboral —a raíz de cierto reconocimiento obtenido por los feminismos de la segunda ola—, se produjo una gran crisis en el trabajo de cuidados. Crisis que se ha ido parcheando con medidas (claramente insuficientes) para fomentar la conciliación en el trabajo, recurriendo a personas de la familia —casi siempre también mujeres— o amigas que no trabajaban fuera de casa y pagando (quienes pudiesen permitírselo), para que empleadas —que suelen ser de nuevo mujeres— realizasen las tareas del hogar, recogiesen a lxs niñxs del colegio o se ocupasen de quienes requerían cuidados. Estos empleos a menudo son precarios y suelen estar mal pagados. Todavía queda mucha tarea por delante en lo tocante a conseguir un reparto equitativo de los trabajos reproductivos y de cuidados. Poner la vida en el centro significa, avanzar en este reparto, concederle al trabajo reproductivo la importancia que se merece y fomentar la conciliación de la vida familiar con la laboral.

Sin embargo, que la vida se sitúe en el centro no significa que esta organización de carácter religioso no dogmática se oponga al derecho al aborto. Ante un estado de gestación, la vida que se pone en el centro es la que podría existir por sí misma, la de quien va a experimentarlo personalmente, que tendrá que decidir si va a interrumpir su embarazo o si quiere continuar con él.

Otra forma de poner la vida en el centro es cuidar el medio ambiente y aprender a sentirse parte de él. Al mismo tiempo que nos reunamos y construyamos comunidades de mujeres, personas de géneros no binarios y hombres, fomentaremos un culto a la clorofila. Esta sustancia es la responsable de que plantas y algas verdes fijen el CO2 del aire, a través de la energía aportada por el sol, y nos devuelvan oxígeno, intercambio que reduce ese peligroso gas de efecto invernadero, principal responsable del caos climático que hemos generado. Esta actitud seguramente nos resultaría útil para mitigarlo. El culto a la clorofila se puede concretar en un amor por los bosques, las selvas y también, aunque sean espacios creados por las criaturas humanas, por los huertos (frente a las grandes explotaciones agrícolas) y los bosques comestibles3. Restaurar los ecosistemas destruidos por siglos de acción humana es una medida que ayudaría a reducir la cantidad de dióxido de carbono que hay en el aire. Dentro de las técnicas dedicadas a ello hay una que se conoce como rewilding que consistiría en dejar que se asilvestraran diferentes tierras, recuperando así plantas, animales y otros tipos de vida.

Habría que dejar de fomentar el desarrollo económico a costa de la naturaleza. No la podemos seguir contemplando como algo que explotar: es necesario romper con la lógica extractivista. Tampoco nadie puede vivir “emancipadx de ella” porque somos ecológicamente dependientes, como lo cuenta Yayo Herrero en su artículo Lo personal es político: ecofeminismos en los territorios del Norte Global, inserto en el volumen recopilatorio de varias autoras Por qué las mujeres salvarán el planeta:

Occidente ha conformado a través de la historia una noción de Progreso que hace creer que es posible vivir como individuos aislados, emancipados de la naturaleza y desresponsabilizados del cuidado de quienes nos rodean. Esa triple emancipación es ficticia y sólo se pueden beneficiar de ella algunos sujetos, mayoritariamente hombres, pero el analfabetismo ecológico generalizado, el mito del crecimiento exponencial -imposible en un planeta con límites físicos- y la fe tecnológica que hace creer que siempre se inventará algo que resuelva todos los problemas, incluso los que la misma tecnología provoca, hace mirar a otro lado cuando llegan noticias y señales de la crisis civilizatoria que atravesamos.4

Poner la vida en el centro sería también presionar para eliminar las actualmente muy restrictivas leyes y directivas de extranjería, que regulan el movimiento de las personas. Mientras lo conseguimos habría que dedicar más medios para evitar las muertes de migrantes en todo el globo y, especialmente, en la frontera meridional de EE. UU. y en el Mediterráneo. Tendría que haber en este mar y en el Océano Atlántico, al menos en la ruta del archipiélago canario, una cantidad mayor de barcos de salvamento  —en las Islas Canarias durante los últimos meses, ha estado fondeado el barco Open Arms pero no está realizando labores de rescate— y no se deberían poner impedimentos a su trabajo, como hace el gobierno italiano. Lxs que se juegan la vida adentrándose en el mar para llegar a otro Estado que ofrece mejores condiciones de vida, lo hacen intentando burlar las crueles leyes sobre inmigración y extranjería, normas que, como ya he señalado, deberían ser derogadas, ya que moverse por el mundo es un derecho humano5.

Podemos marcarnos como meta reducir la diferencia entre los Estados con mayor IDH y aparentemente garantes de los derechos humanos y los que tienen los peores índices, en los que frecuentemente encontramos situaciones de violencia y que de este modo, nadie se viese forzadx a dejar su casa, abordando la raíz del drama. Pero en tanto alcanzamos ese deseado horizonte, deberíamos acoger mejor a lxs que migran, que no vienen, como a menudo escuchamos, ni a quitarnos el trabajo, ni a vivir de los subsidios, ni a delinquir. Los grandes flujos migratorios se seguirán produciendo. Es más, la llegada de población a los lugares donde se perciben más posibilidades aumentará en los próximos años. Una de las principales causas de esto será el desigual impacto de la crisis climática, dada la mayor capacidad de ciertos Estados de movilizar dinero para adaptarse a sus efectos. El resultado que está teniendo el hecho de poner dificultades a quienes migran, es que mueran más personas al intentar, de una manera desesperada, llegar a nuestras tierras. Pero no solo tendríamos que reducir las trabas a la migración. Del mismo modo, deberíamos revisar nuestros regímenes supuestamente democráticos para que lxs que tienen otro pasaporte no sean consideradxs ciudadanxs de segunda clase y puedan ejercitar libremente su voluntad política así como, asumir nuestra historia colonial y neocolonial y entender que recibir migración es consecuencia de ella. Ya es muy injusto poner dificultades a la entrada de migrantes en los territorios con mayor IDH, pero aún lo es más en un contexto en el que se empiezan a notar los efectos de un caos climático que estimularon las naciones del Norte Global al industrializarse y quemar combustibles fósiles. Además, la gente blanca ha estado yendo a vivir a otras tierras y expandiéndose por todo el planeta desde hace quinientos años. ¿Por qué lxs que no son blancxs no iban a poder hacerlo en el siglo XXI? Ya lo escribí antes pero insisto: quienes siembran colonización o neocolonización recogen migración.

No hay un alma inmortal para las criaturas animales ni para las humanas (que no son más que un tipo de las primeras), ni tampoco otro plano en el que pudiésemos existir eternamente, como predican las principales religiones patriarcales, de modo que hay que vivir en este y proteger la vida. Aquellxs que están creciendo hoy en día, tendrán que lidiar durante toda su existencia con una crisis climática, aunque seguramente con más amenazas ecológicas. Si realmente queremos que se mantenga la civilización humana en la Tierra, tenemos que actuar de otra manera, de forma que gastemos menos recursos naturales y que emitamos menor cantidad de gases de efecto invernadero. No podemos seguir residiendo a tanta distancia de los sitios a los que vamos a diario, lejanía que nos obliga a utilizar medios de transporte que suelen ser contaminantes y generadores de CO2, para llegar a ellos. Frecuentemente usamos vehículos automóviles de forma individual en vez de desplazarnos en unos transportes colectivos que, por otra parte, fueron maltratados durante décadas por las diversas administraciones y hoy prestan un servicio insuficiente. Tampoco podemos habitar viviendas tan lejos de los lugares de producción de nuestros alimentos, circunstancia que supone que tengan que recorrer una desproporcionada cantidad de kilómetros hasta llegar a nuestras mesas. Lograríamos emitir menos —y llevaríamos una existencia mucho más ética— si nos acostumbramos a llevar una dieta vegetariana o vegana. Para conseguirlo y afrontar un futuro descenso energético va a ser imprescindible una economía relocalizada, que como señala en muchas ocasiones Luis González Reyes, necesariamente será diversa. Hay que hacer un esfuerzo por relocalizar ya la industria y obtener la mayor parte de los alimentos de granjas agroecológicas que no se encuentren a demasiada distancia.

1   No me sentiría cómodo usando siempre el masculino como genérico. La lengua española sigue una norma que dice que los sustantivos referidos a personas o animales deben ponerse en masculino cuando se desconoce el género de las aludidas o en cuanto se suponga que hay un hombre. Así, se dice “tres hermanos” aunque sean dos mujeres y un hombre. Para representar también a las personas con géneros no binarios que utilizan la “e” al hablar de sí mismas, tendría que incluir en este texto las tres versiones de cada palabra de género variable, pero no lo haré. Me siento más cómodo usando la “x” en las palabras que varían con el género. Debería pronunciarse con el sonido vocálico “e” o “i”. Prefiero la “x” antes que la “e” porque esta última vocal se utiliza para construir la forma del masculino plural en las palabras que terminan en consonante. De este modo, para usarla en un lenguaje inclusivo, tenemos que escribir: diosas/es, trabajadoras/es, autores/as, lectoras/es, escritoras/es, musulmanes/as, etc. Sin embargo, en algunos casos no lo usaré la “X” porque no lo encuentre justo, me resulte extraño o no lo considere necesario ni oportuno debido a la histórica opresión sobre las mujeres. En esas ocasiones escribiré de forma tradicional. 

2 Si es que alguien lo hacía, ya que siempre existió una pequeña minoría de familias lésbicas que pasaban desapercibidas y muchas monomarentales (por viudedad, abandono o elección).

3 Un bosque comestible es uno formado por todo tipo de plantas que se ha diseñado de tal forma que pueda producir gran cantidad de alimentos de manera natural. Es una técnica de permacultura. En esta web viene muy bien explicado https://www.agrohuerto.com/los-bosques-comestibles-que-son/

4 Herrero, Yayo: Lo personal es político: ecofeminismos en los territorios del Norte Global. En: Por qué las mujeres salvarán el planeta. Varias Autoras. Barcelona: Rayo Verde, 2019.

5 Recogido en el art. 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

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Uroboros 5/8

Debemos tener presente que los partidos de ultraderecha o con políticas neoliberales son perjudiciales para el sostenimiento de la vida. Los que se definen como socialdemócratas (en realidad son socio-liberales) también pueden parecer dañinos pero tienen unos ideales de justicia, diversidad y equidad que es probable que queden como poso cuando el clima, el traspaso de los límites planetarios, así como la crisis de energías y minerales hagan obvio que es imposible mantener las prácticas del liberalismo económico. Y todavía no encontramos partidos claramente ecofascistas, pero en el momento en que sea evidente la crisis ecológica sin duda aparecerán, aunque esperemos que no seduzcan a un significativo número de votantes. 

Lxs migrantes, al viajar al Norte Global, trabajando intentan conseguir solo un poquito de lo muchísimo que, descarada e impunemente, hemos robado a sus pueblos —desde hace tiempo con nuestras empresas, sin necesidad de ocupar sus países— para terminar desestabilizando el clima universal y contaminando una enorme cantidad de espacios naturales.

Además, si nos paramos a pensarlo, es absurdo que alguien se arrogue los derechos sobre una tierra solo por haber llegado antes.

Los europeos de hace siglos cometieron con la colonización graves violaciones de eso que hoy conocemos como derechos humanos. Quedó una situación de colonialidad como secuela: quienes habitamos hoy en Europa, EE. UU. y otras zonas privilegiadas, nos seguimos beneficiando de la explotación a la que empresas de nuestros territorios continúan sometiendo a trabajadorxs y recursos de países del Sur, de los que llegan indispensables productos de consumo a los hogares y para propósitos energéticos.

Es necesario que ciudadanxs de todos los rincones nos agrupemos en torno a una nueva organización que parta de posturas ecologistas, con criterios antirracistas, anticolonial, en contra de la xenofobia, de la minusvaloración de las mujeres, así como de la discriminación de disidentes sexuales y de género, capaz de reconocer el derecho a moverse libremente por el planeta para intentar llevar una vida mejor.

Debido a nuestra inacción, multitud de grupos reaccionarios se han ido adueñando de las instituciones, llegando a ocupar gobiernos —lo comprobamos de manera especialmente acusada en los casos de India, Rusia, EE. UU., Filipinas, Italia, Argentina, Países Bajos, Túnez, Israel, Hungría, El Salvador o Panamá pero ocurre en muchos más sitios—, así que es urgente que cambiemos y dejemos de estar tan atomizadxs.

Volviendo a los Encuentros Asamblearios del Infinito, estos podrían celebrarse todas las semanas, los viernes, sábados o domingos (dependiendo de la ubicación de cada grupo), de manera que fuesen programados de forma simultánea a las reuniones de las otras religiones. Lo bueno de utilizar las mismas fechas que usa la religión hegemónica, es que nuestras rutinas están diseñadas para que una vez por semana acudamos a una reunión religiosa y ya hay días semanales de libranza en los trabajos, que en principio fueron creados para ello. Usar los días señalados para la oración por parte de las religiones oficiales no sería adecuado cuando se trate de practicar la taqiyya.

Estas reuniones se podrían convertir en referentes para lxs están habituadxs a acudir a un templo todos los fines de semana, a vivir en el seno de una religión. En diversas tierras, encontramos dentro de las grandes religiones patriarcales a fieles sin demasiada fe pero, que valoran las actividades comunitarias o la labor que se hace a favor de aquellxs que tienen menos recursos, frente a la pasividad de un individualismo que tiene cierto regusto neoliberal, soslayando lo contaminadas con misoginia que están esas instituciones.

Tradicionalmente las reuniones políticas han sido vigiladas por las autoridades. Pero no ocurre lo mismo cuando estas tienen un cariz religioso. No es tolerable por no ser democrático que puedan ser prohibidas y sería posible que la policía no se infiltrase en ellas. El hecho de que una reunión sea religiosa la dota de un sentido diferente. Constituir una organización de carácter religioso y no una de otro tipo otorga ciertos beneficios. De este modo, atentaría contra la libertad religiosa, ilegalizar la Congregación del Infinito en cualquier territorio.

Los Encuentros Asamblearios del Infinito consistirían en unas reuniones religiosas periódicas de no teístas. Como todas, en el fondo serían un evento con cierto matiz excluyente (excluirían a monoteístas, politeístas o a quienes no quieren saber nada de este tipo de organizaciones). Por eso, al tiempo que convocamos en un pueblo o barrio una de ellas, nuestra obligación será participar en las convocatorias también de otras reuniones más inclusivas, cuando sea necesario, o intentar revitalizar las que ya estén normalizadas: las asambleas vecinales o ciudadanas1 —ya sean estas de barrio, de pueblo, de comunidad indígena local o de mancomunidad de municipios— y tratar de constituir un nuevo “poder de la democracia”. Podemos aprender de ejemplos como las de Rosario (Argentina) en 2001, las de Quito (Ecuador) en 2005, las que surgieron en todo el Estado Español a raíz del 15M de 2011 o las que se han ido articulando por el planeta con el paso de los años. En estas asambleas, además de practicantes de esta nueva confesión, también han de participar cristianxs, musulmanxs, judíxs, hinduistas, adeptxs de cualquier religión teísta o lxs que no profesen ninguna. De ellas podrían salir delegadxs para formar una asamblea local, de esta para una autonómica, regional o estatal —en caso de Estados federados— y, a su vez, de esa para una estatal nacional o federal. Unas reuniones que tienen que ser periódicas, no como las extraordinarias Asambleas Ciudadanas para el Clima2 que también han de servir de ejemplo. 

Igual que parece inteligente hacer coincidir en el tiempo los Encuentros Asamblearios del Infinito con los días asignados semanalmente a las festividades religiosas hegemónicas, sería deseable que se estos encuentros se llevasen a cabo un día diferente de aquel en el que tenga lugar la asamblea vecinal o ciudadana. 

Quienes formemos parte de la Congregación del Infinito, hemos de ayudar en la convocatoria periódica (lo idóneo sería con una frecuencia semanal) de las asambleas vecinales o ciudadanas para toda la comunidad y difundir —ya sea con carteles, nuestras RR.SS. o cualquier otro medio— sus convocatorias. Tenemos que tomar el rol de facilitadorxs o azafatxs en estas asambleas.

Es conveniente que nuestros Encuentros Asamblearios del Infinito, sean reuniones de pequeño tamaño, ajustadas como máximo a unas 150 personas, o sea al número de Dunbar3, y utilizar mecanismos de confederación para dimensiones más grandes. Parece prudente encontrarse de forma oculta y comunicarlo después, sin mencionar el nombre de quienes han acudido, para aquellxs que no deseen “salir del armario”. También será necesario hacerlo escondiéndose en todos los lugares donde no esté garantizada la seguridad de sus integrantes. 

Podrían constituirse en foros en los que reunirse semanalmente para discutir y elaborar estrategias con el fin de mitigar, paliar y adaptarse a las diversas amenazas, como el caos climático, la crisis energética, la de materiales, el brutal descenso en la biodiversidad, el aumento en la producción de desechos y contaminación que requiere una economía que necesita estar en constante crecimiento o cualquier otro tema que está causando o es causado por la emergencia ecológica. También para compartir experiencias de discriminación (solo si a lx afectadx le apetece) y discutir acerca de machismo, racismo, LGTBfobia, capacitismo, xenofobia… Aun en el caso de que no se llegase a consenso alguno convendría tomar acta de ellas para reflejar, al menos de manera aproximada, por donde han ido las discusiones. El objetivo real es crear una comunidad cohesionada, incluso sabiendo que dentro de ella van a aparecer diferentes cosmovisiones. 

En dichas asambleas participaría cualquiera que no se haya dejado seducir por las promesas de los teísmos, independientemente de lo que pueda creer que encierra la palabra infinito. Podrían intervenir personas materialistas, ateas, agnósticas, deístas o panteístas y las que tengan creencias espiritualistas, en energías o en reencarnaciones. Igualmente podrían hacerlo quienes crean en determinados espíritus de la naturaleza aunque los llamen dioses. La finalidad no es crear un movimiento anti-teísta, sino de construir una alternativa no teísta.

En el presente, es una práctica habitual, después de cada reunión de un grupo, sindicato o asociación, quedarse bebiendo en un bar, para favorecer la creación de una comunidad en base a la camaradería. Que a partir de nuestros eventos se construya una es el principal motivo por el que se van a producir los Encuentros Asamblearios del Infinito. Sin embargo, esta colectividad resultaría demasiado sectaria si se ciñese solo a lxs que formasen parte de esta entidad religiosa no patriarcal. Convendría aprovechar también la diversidad que encontramos en las asambleas vecinales o ciudadanas y conseguir que se formasen otras allí.

1 Es destacable que no hace falta tener ningún tipo de documento identificativo oficial para participar en ellas, al contrario de lo que ocurre en las elecciones municipales, insulares, autonómicas, generales o europeas. En consecuencia, será posible que lxs que se encuentran en situación administrativa irregular se expresen allí.

2 Entre 2021 y 2022 tuvieron lugar en el Estado Español y en otros de la UE las Asambleas Ciudadanas por el Clima. En ellas se hicieron varias recomendaciones para cada país pero no tenían un carácter vinculante.


3 El antropólogo Robin Dunbar (1947) elaboró en los 90 del siglo XX una teoría según la cual 150 es la cantidad de personas con las que podemos mantener relaciones significativas, más allá de considerarlas simples conocidas.