El patriarcado durante milenios ha dominado ampliamente —y aún hoy domina— nuestros pensamientos y comportamientos. Uno de los instrumentos que ha usado para hacerlo son las religiones. Hace falta una nueva realmente diferente: atea/agnóstica (o no teísta), no dogmática y ecologista, que luche contra la supremacía blanca, este maldito orden patriarcal y la xenofobia. Una que, partiendo del respeto a la tierra y al medio ambiente en general, conociendo los límites del planeta y basándose en la igualdad de derechos y la no discriminación, pueda intentar disminuir la tristeza de la gente ante la desaparición de sus seres queridxs y aminorar la inquietud ante el futuro de su propia muerte, al tiempo que articula nuevas comunidades. Debemos intentar que los contextos en los cuales actuamos sean más igualitarios en este siglo y, si bien, siendo realistas, el androcentrismo va a continuar existiendo y hemos de perseverar en la lucha contra él, que ya no sea capaz de determinar tanto las vidas de las criaturas humanas. Las viejas religiones teístas (y no teístas) siempre lo han sostenido. Incluso en las últimas décadas, cuando sus cimientos han empezado a hundirse, han apuntalado el edificio. Instrumentos muy útiles para intentar impedir que siga siendo hegemónico son la discriminación positiva, la exigencia de paridad y la herramienta que yo llamo “listas cremallera no binarias”1.
Que si la mujer salió de una costilla, que si no pueden oficiar misa, que si mujeres y hombres (por supuesto, para este tipo de caducas entidades no existen las personas de géneros no binarios) tienen que estar separadxs en los lugares de culto, que si no pueden realizar varias actividades, que si tienen que vestir con decoro, que si no pueden tocar instrumentos musicales, que si tienen que llevar en público el cabello cubierto con tela o peluca… Encuentro de muy mal gusto incidir en que una mujer haya tenido o no relaciones sexuales con penetración y, al no haberlo hecho, aludir a ella después como la Virgen de nosequé o la Virgen de nosecuantitos. Todo está organizado a partir de una terrible misoginia que logra obstaculizar las vidas de las mujeres. Intenta subyugarlas, pero como esto cada vez es más imposible, lo que consigue es ponerles impedimentos y dificultades en la tarea de equiparar su posición en la sociedad con la de los hombres.
Continuamente tenemos noticias de violencia contra las mujeres, de agresiones sexuales y de feminicidios. Son hechos contra los que toda la sociedad ha de seguir luchando cada día. Constituyen todo un sistema de terrorismo machista que se ha ido agudizando quizá como reacción al auge de los feminismos2, que tiene como resultado una enorme cantidad de mujeres muertas —también algunas criaturas, víctimas de la abominable violencia vicaria— y que logra infundir miedo a la mitad de la población.
La Congregación del Infinito debe crear centros comunitarios autónomos donde haya, entre otros, grupos de mujeres en los que se impartan talleres feministas (de los cuales, el más necesario, a mi juicio, sería el de autodefensa para mujeres). La programación de esos centros, además de otros asuntos como su uso para encierros de protesta, sus pautas de limpieza o su horario de apertura, serán decididos por su propia asamblea. Se podrían realizar en ellos, talleres abiertos a todo el público de: agricultura ecológica, permacultura3 (también la urbana), Derechos Humanos y de la igualdad, reparación de bicis, idiomas, cocina vegana, juegos de mesa… Los talleres funcionan como actividades en las cuales, además de aprender, es fácil que socialicemos.
Igualmente, en cada centro comunitario sería deseable que se reuniese un grupo LGTBQIA+. También se pueden impartir talleres de autodefensa, específicamente dirigidos a quienes nos identificamos dentro del acrónimo. Quizá así, antes de agredirnos, se lo piensen dos veces. Hemos de conseguir que mujeres y disidentes sexuales o de género sean efectivamente respetadxs. Podría suceder que intuyendo que formamos parte de una organización que debería a ser grande, esos machos acostumbrados al uso de la fuerza, no cometan unas agresiones violentas que en ocasiones se convierten en asesinatos y que frecuentemente tienen como víctimas a mujeres cis y trans o personas de géneros no binarios. Es posible que esto nunca ocurra. No obstante, merece la pena intentarlo.
Todas las organizaciones no feministas adolecen de un tremendo exceso de representación masculina (a menudo señoros o machirulos) en sus cuadros dirigentes. Esta es la condición que produce el verdadero borrado de las mujeres. Demasiadas mujeres que se definen como feministas radicales, aceptan doctrinas tránsfobas y se centran en luchar contra quienes apoyan la causa queer que, por otra parte, también pueden ser feministas radicales. Toda esta lucha a quien beneficia, sin duda, es a los agentes del patriarcado.
Lxs que no vivimos como el sistema patriarcal esperaría, hemos de exhibir más unión, empoderarnos y proyectar una imagen de fuerza, pero para ello tenemos que dejar atrás el individualismo exacerbado que ha sido predominante desde hace bastantes décadas. Debemos organizarnos mejor, al menos de un modo tan eficaz como el de aquellxs que se encuentran todos los fines de semana en sus diferentes templos. En torno a una entidad religiosa radicalmente diferente a las que conocemos, lo conseguiríamos y podríamos lograr que se formasen multitud de comunidades —autogestionadas y con fuertes relaciones de cuidados entre sus integrantes— de mujeres, personas de géneros no binarios y hombres.
Es indignante comprobar la cantidad de víctimas provocadas en el mundo por las violencias machistas, las agresiones racistas y las que van dirigidas a LGTBQIA+ y está en nuestra mano construir un movimiento fuerte que pueda amedrentar en algún caso a la gente que las comete.
A lo largo de la historia han sido casi siempre los hombres teístas quienes han provocado grandes derramamientos de sangre alrededor del globo. Principalmente hay dos actitudes ante las situaciones que nos generan un fuerte rechazo o con respecto a quienes actúan de una forma que nos disgusta. Se puede acosar, perseguir, matar y ocasionar grandes masacres o cabe ofrecer una alternativa. Los fieles de las viejas religiones místicas y de las revelaciones, a menudo han tomado el primer camino. Este texto intenta seguir el segundo: como cada vez somos más quienes rechazamos ciertas dimensiones antiguas y opresoras de la cultura, es hora de proponer otras diferentes más actuales y emancipadoras.
Lo que daña las sociedades no es tanto la existencia de unas organizaciones de carácter religioso, como la creencia en unos dioses omnipotentes que nos observan y juzgan. Lo más habitual en los ámbitos cristiano, judío y musulmán, si no se está en contacto con otros sistemas espirituales no teístas como el budismo, es pensar —incluso siendo no creyente— que me estoy refiriendo a dos fenómenos iguales, pero no lo son. Uniéndonos en torno a una que sea atea/agnóstica (mas no dogmática, como mínimo no teísta) les podemos demostrar que esto no es así y que tenemos la capacidad de añadir comunitarismo a nuestra cultura. Seguramente conseguiríamos influir de manera positiva en las sociedades.
También, ha habido momentos en la historia en los que los no teístas han sido muy crueles. Es cierto que en el Japón del siglo XVII —que se podría calificar como una cultura animista, ya que el sintoísmo que allí se practica reúne las características para ser llamado así— las autoridades aplicaron tortura y ejecutaron a numerosos misioneros cristianos4. Igualmente es cierto que estos misioneros eran extranjeros que estaban convirtiendo gente a una religión que entonces era muy fundamentalista. Pese a que nada justifica torturas ni ejecuciones, al juzgar estos hechos hay que tener en cuenta la mentalidad del Japón de esa época.
La Congregación del Infinito nunca podría ejercer tal represión porque pone la vida en el centro y defenderá los Derechos Humanos. Mi intención al escribir esto tampoco es desatar la cristianofobia ni la islamofobia, ni el antisemitismo, ni la hindufobia, ni ningún sentimiento semejante. En ocasiones, aquellos que no creen en las religiones teístas ejercen la violencia y la discriminación hacia teístas, como en el caso de China con lxs uigures, que son hostigadxs y, a veces obligadxs a ingresar en campos de reeducación; o como ocurre en Birmania/Myanmar, de mayoría budista, con el genocidio que se cometió y el acoso que ha hecho que miles de rohinyá se exiliasen en el vecino Bangladés. Tanto uigures como rohinyá tienen creencias musulmanas. Son contadas las veces en las que se produce un acoso así. Generalmente se dan otro tipo de relaciones: teístas que persiguen a no teístas; o teístas de una religión que ejercen violencia (incluso cometiendo actos de terrorismo) hacia lxs de otra; o teístas de determinada secta hostigan a quienes profesan una versión diferente de la misma creencia, como en el caso de cristianos protestantes y católicos en Irlanda del Norte o los conflictos entre musulmanes chiíes y suníes.
1 Unas listas en las que se alternan hombres con mujeres que, en cualquier caso, podrían ser sustituidos o sustituidas por personas de géneros no binarios.
2 Al respecto Rita Segato en su texto de 2017 La guerra contra las mujeres sostiene que una función de los feminicidios en México es atemorizar y servir de ejemplo.
3 Como explican en esta web la permacultura es un “sistema de diseño agrícola y social que busca crear sistemas sostenibles y regenerativos que trabajen en armonía con la naturaleza”. A pesar de lo que pueda parecer por esta definición es muy diferente a la agricultura ecológica. https://www.plataformatierra.es/innovacion/que-es-y-como-funciona-la-permacultura
4 Sobre este hecho hay una novela histórica muy interesante: Silencio, de Shusaku Endo de 1966, que fue adaptada en 2017 al cine por Martin Scorsese.
