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Infinito

No olvidemos la inmensidad del universo 1/4

Lxs que saben más del universo son lxs astrónomxs, que suelen ser doctorxs en astrofísica. Yo me he documentado con el fin de hacer ver lo pequeña e insignificante que resulta la humanidad ante lo vasto que es, pero no soy doctor, ni siquiera estoy graduado en esa materia. Todo el conocimiento que he adquirido y que intento actualizar cada día, apoya la tesis que yo sostengo: que las ideas antropocéntricas apuntaladas (porque como son insostenibles tienden a caerse) durante siglos por las viejas religiones teístas resultan hoy, con todo lo que sabemos, realmente absurdas. Hemos de esforzarnos en que pierdan más peso en nuestras sociedades.

El telescopio espacial James Webb —desarrollado en un proyecto de NASA, ESA y Canadá, lanzado desde la Guayana Francesa en diciembre de 2021 y operativo desde mediados de 2022— ha descubierto varias galaxias más antiguas que su predecesor, el Hubble. Cuando comencé a escribir este texto se estimaba la más antigua era GN-z11. Tras la entrada en servicio de JWST (acrónimo del citado telescopio), había diferentes candidatas a serlo pero hasta la fecha se ha establecido que JADES-GS-z14-0 ostenta este título, ya que se formó solo 290 millones de años después del supuesto Big Bang, que actualmente se cree que tuvo lugar hace 13.800 millones de años. El telescopio espacial ha encontrado galaxias demasiado grandes y bien estructuradas para la presunta edad que tendrían en el momento en el cual las vemos. 

La Tierra se encuentra en el Sistema Solar, que se ubica en la Vía Láctea. Esta galaxia es parte del Grupo Local que pertenece al Cúmulo de Virgo, que a su vez se integra dentro del supercúmulo de galaxias de Laniakea, uno de los múltiples conjuntos de ellas en el universo.

El Sistema Solar se mueve a 790.000 km/h orbitando en la Vía Láctea, en cuyo centro encontramos el agujero negro supermasivo Sagitario A*. Entre 225 y 250 millones de años son los que se tarda en dar una vuelta completa, o sea en completar un año galáctico. Nuestro planeta tendría aproximadamente solo 20 años galácticos. 

A veces se distingue entre universo observable y universo visible, en cualquier caso, diferentes del universo real. Estos límites no se ponen teniendo en cuenta nuestra tecnología, sino las leyes de la física. Establecen lo que se conoce como horizonte cósmico. El espacio que nos separa de las galaxias más lejanas se amplia a velocidades mayores que las de la luz. Por lo tanto, algunas están emitiendo una luz que nunca va a llegar a la Vía Láctea y no podremos verlas. El universo es inmenso, más de lo que desde aquí podamos nunca observar. Hay quienes piensan que es infinito.

El promedio del alejamiento al que se encuentra el Sol es 149.597.870,7 kilómetros, siendo alrededor del 3 de Enero el momento en el que la Tierra está más cerca y alrededor del 4 de Julio el momento del año en que se sitúa más lejos. La separación media entre el Sol y la Tierra es la Unidad Astronómica y esta medida de longitud equivale a 0,00001581 años luz. O sea, la luz del Sol tarda poco más de ocho minutos en llegar. El universo es tan grande que el año luz es una magnitud que se queda pequeña. También tenemos el pársec, que parte de la Unidad Astronómica. Equivale a 3,26 años luz o aproximadamente a 30,9 billones (30,9·10¹²) de kilómetros. Se sigue quedando pequeña. Por eso se utilizan el Kilopársec (mil pársecs), el Megapársec (un millón de pársecs) o el Gigapársec (mil millones de pársecs) para referirse a objetos muy lejanos.

La galaxia más cercana, Andrómeda, se ubica a 2.500.000 años luz, 700.000 pc, 700 kpc o 0,7 Mpc. En el futuro, se prevé que esta galaxia choque con la nuestra, la Vía Láctea, formando una supergalaxia —que se llamaría Milkdromeda o Lactómeda—, aunque no se espera un choque violento por lo lejos que están, en ambas galaxias, unas estrellas de otras.

Con estas distancias, añadidas a la certeza de que no se puede superar la velocidad de la luz, es un poco ridículo el planteamiento de que un ser que se muere algo más tarde de los setenta1 años explore, no ya el universo, sino la Vía Láctea. En algunas narraciones sobre viajes espaciales se pretende salvar esta dificultad con el recurso de la hibernación. Esto resulta, cuando menos, bastante ingenuo. El gran problema para realizar largas travesías a otro sistema solar radicaría en la enorme distancia que habría que cubrir. Es una dificultad mucho mayor que la que se encontraron las primeras Homo sapiens que se internaron en el mar y navegaron. En otras ficciones sobre viajes espaciales como Star Trek utilizan motores supralumínicos, concretamente a partir de los guiones de esta clásica serie se teorizó sobre los dispositivos warp2.

Probablemente lxs únicxs seres vivxs que viajen por el espacio sean unicelulares y vayan adheridos a restos de objetos rocosos, asteroides y cometas. Para explorar las galaxias, dadas las enormes distancias, el tiempo que costaría atravesarlas y el daño que causan al ADN determinadas emisiones que es fácil encontrar en el cosmos, harían falta unos robots con verdadera inteligencia artificial que dejarían de estar operativos con el tremendo paso del tiempo. Así que estos, a su vez, deberían ser capaces de producir otras máquinas iguales. Eso además de una nave, cuyo motor funcione con una energía que esté disponible de manera casi infinita y que permita hacer paradas para aprovisionarse de nuevos materiales para producir los robots, dado que el reciclaje puede existir pero solo hasta cierto punto.

Alfa Centauri, compuesto por tres estrellas (la más cercana de ellas Alfa Centauri C también se conoce como Próxima Centauri), es el sistema más cercano a la Tierra y está a 4,37 años luz, o 1,34 pc, o sea a 41,3 billones de kilómetros de distancia. Desde el siglo pasado sabemos que no se puede superar la velocidad de la luz, así que las posibilidades de la travesía espacial son muy limitadas. Es más que probable que seamos incapaces de salir de esta roca para encontrar otro sitio donde vivir. Tenemos que asumir que no hay planeta B. Por tanto, no podemos continuar dañando aquel en el que vivimos, a menos que queramos suicidarnos como especie. Quienes soñaban con un futuro de la especie humana en el espacio, están empezando a descubrir una verdad que ya conocían en los movimientos ecologistas: que somos ecodependientes, que necesitamos de la naturaleza de la Tierra.

La única opción para viajar mucho más allá de nuestro sistema solar —aparte de la de poder controlar el teletransporte instantáneo— sería poder encontrar y lograr atravesar los hipotéticos agujeros de gusano. Consistirían en lugares en los cuales se pliega el espacio, de manera que quedarían conectados dos puntos extraordinariamente lejanos.

El universo es inmenso e inabarcable. Así escribía Margherita Hack en Mi infinito. Dios, la vida y el universo: reflexiones de una científica atea:

Cuando hablamos de universo entendemos «el conjunto de todo lo que existe», o sea de todo lo que es observable, sobreentendiendo, no obstante, que pueda ser incluso mucho más extenso, infinito, inaccesible para nuestros instrumentos. Pero ¿estamos seguros de que es así? Los antiguos estimaban que el universo era una esfera la Tierra, luego el Sol y el sistema solar; a principios del siglo XX nos preguntábamos si la Vía Láctea abarcaba todo el universo y luego se han descubierto miles de millones de Galaxias. Hoy nos preguntamos si el universo es verdaderamente todo lo que existe, o es sólo uno entre infinitos otros: si las leyes físicas que hemos descubierto fatigosamente son verdaderamente universales o en regiones inconmensurablemente lejanas pueden ser distintas. Una pregunta a la que nunca podremos responder, porque por definición cualquier otro universo estaría fuera de nuestro universo observable. Sin embargo, la idea de que el nuestro sea solo uno entre tantos universos, no se puede descartar.3

1 Aunque no pocxs abuelxs pasen de 90 en el norte global, la media de la esperanza de vida en la Tierra se sitúa entre los 70 y los 73 años.

2 El desplazamiento por curvatura se basa en el principio de que el espacio sí puede moverse a velocidades más altas que la de la luz. Permitiría a una nave espacial viajar moviendo el espacio inserta en una especie de burbuja a la vez que evitaría los problemas asociados con una dilatación relativista del tiempo. El problema principal de estos dispositivos es que necesitarían una energía descomunal, mucho mayor de la que nunca podríamos tener.

3 Margherita Hack Mi infinito. Dios, la vida y el universo: reflexiones de una científica atea. Barcelona: RBA, 2012.