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Pero verdaderamente ¿era indispensable una organización de carácter religioso? 5/10

Pareciera que el ateísmo/agnosticismo y la irreligiosidad fueran actitudes que solo tienen éxito en algunas partes del occidente que se enriqueció, y por tanto mayoritariamente de blancxs y de determinados países. Pero ni estas dos posturas son exclusivas de los territorios enriquecidos ni lxs migradxs deberían adoptarlas para “integrarse mejor” en sus lugares de acogida. La organización aquí propuesta tiene que acabar con todas estas ideas preconcebidas, ha de desplegarse en diversos países y podría ser anticolonial, si se constituye en una alternativa al laicismo individualista que se va volviendo hegemónico en varias naciones enriquecidas, al tiempo que también debe suponer una nueva opción diferente a las que ofrecen las religiones teístas. Una alternativa necesaria para demostrar que no hace falta ser individualista para no creer.

Al intentar levantar esta estructura no trato tanto de oponerme a las redes religiosas tradicionales, como de construir un arma defensiva frente a esa brutal cantidad de racistas, generalmente machistas, xenófobos y LGTBfobos que proliferan por todas partes y ante esos reservorios de supremacismo blanco (localidades con un porcentaje alto de sus habitantes a favor de la omnipresente supremacía blanca) que encontramos sobre todo en Europa, norte de Abya Yala (América), Rusia, Australia y Nueva Zelanda.

El laicismo ha sido utilizado en algunos casos por la derecha y la ultraderecha para justificar la islamofobia. En los emplazamientos donde no estaban acostumbradxs a la convivencia con practicantes del islam, se ha convertido en una extendida fobia religiosa que ha acabado revelándose además como una fuente de rechazo hacia lxs extranjerxs. Tiene como efecto que las personas percibidas —a menudo basándose en estereotipos— como de origen árabe, norteafricano, asiático-occidental o asiático-central, se conviertan en  sospechosas (sobre todo en el transporte público) de cometer actos de terrorismo y que la gente blanca en general desconfíe de quienes exhiban indicios que les lleven a pensar que son musulmanxs. Esta fobia invisibiliza a otrxs seguidorxs de esta religión negrxs, del sudeste asiático, rusxs, europexs…

La islamofobia es una constante en los países occidentales, aunque donde causa realmente estragos es en los orientales. Solo es necesario recordar la persecución a uigures, el genocidio rohinyá, o los constantes disturbios en India para verlo. Su auge y su relación con ambientes laicistas es una de las razones que hace que me parezca más interesante una religión atea/agnóstica que un ateísmo/agnosticismo sin religión o un pseudolaicismo en el que las creencias se circunscriben al ámbito de lo privado. Esto último tiende a mostrarse como una actitud esencial actualmente en la mayoría de países en los que es hegemónica la cultura occidental.

Con el posible efecto de disuadir a algunos de los que queman en público ejemplares de El Corán —terrible acto que desde sectores musulmanes ha sido comparado con que alguien se dedicase a quemar la bandera LGTBQIA+—, es urgente ofrecer una alternativa a todxs lxs que que no se sienten aceptadxs por las viejas religiones teístas y patriarcales.

Ante las abundantes acciones terroristas islámicas o ante acciones terroristas supremacistas cristianas, como la ocurrida en Cristchurch (Nueva Zelanda) en 20191 o la sucedida en Pittsburgh (Pensilvania, EE. UU.) en 20182, estimo que es más útil condenar los ataques en sí que el conjunto de creencias que sirve de pretexto para que se cometan. 

Las viejas religiones místicas y de las revelaciones se rigen por unos preceptos muy anticuados. No las considero positivas, pero resultan verdaderamente negativas cuando en algún lugar solo una de ellas determina la vida de la gran mayoría de la gente. Son peligrosas en el momento en que se asocian a las bombas y a las armas, sobre todo en las ocasiones en que los mismos Estados, con el enorme poder coercitivo del que disponen (ejército, educativo, legal o medios de comunicación, por ejemplo), se presentan como garantes de una de ellas o cuando se organizan grupos terroristas para “defender” sus preceptos.

Actúan casi siempre como vectores para propagar el conservadurismo. Incluso cuando parece que no lo hacen o que están trabajando por quienes son más pobres, transmiten una visión de las relaciones humanas que se apoya en un trato diferente según te adscriban a uno u otro género. Es hora de que haya una organización que también asista a lxs que lo necesitan pero desde posiciones menos anticuadas y que tiendan más al igualitarismo.

En algunos casos, el laicismo resulta opresor en vez de ser liberador. Es la situación a la que se enfrentan multitud de migradxs o personas ya nacidas aquí pero con ascendientes de otros países, que interactúan en unas culturas en las que la religión es la norma y chocan con unas instituciones, que prohíben el uso de determinadas prendas en nombre del laicismo, como en los conocidos casos en los que no se ha permitido la entrada de niñas a escuelas por llevar el hiyab en Francia. Sucesos islamófobos similares han ocurrido varias veces en diversos países, sin embargo, frecuentemente de lo que se trataba en realidad, era de casos de xenofobia.

En mi opinión, no es positivo intentar disuadir a quienesquiera que así lo crean, de la convicción de que son escuchadxs por un dios. Es una mala costumbre que molesta particularmente a teístas que forman parte de una minoría. Yo, comparo descubrir esta realidad con el desengaño que sufres en el momento en el cual, siendo todavía una criatura te das cuenta de que el Ratoncito Pérez, Ratón o Hada de los Dientes, Papá Noel-San Nicolás-Santa Claus, los Reyes Magos —con esa historia que se cuenta a lxs niñxs de que las ven todo el año si se portan mal (tan parecida a la de Dios)- no existen. Quizás sea porque empecé a no creer en Dios a raíz de descubrir esas mentirijillas. Llegar a la conclusión de que es otra creación cultural puede ser un hecho harto desagradable y suponer una grandísima decepción —aunque hay no teístas que no la sufren, sino que experimentan un gran alivio al pensar en ello— similar a las de la época infantil pero mucho más intensa. En resumidas cuentas, tomar conciencia de que no somos tan especiales y de que no nos acompaña ningún dios (si acaso existe), desencadena un descubrimiento que, cuando eres teísta, suele producir tristeza o rabia y que debería averiguar cada cual por sí mismx, al reflexionar tras recibir cualquier mensaje que pueda inducir a tal pensamiento. No porque alguien se lo diga, se lo imponga o le fuerce a no creer. La producción y difusión de cualquier producto cultural —de ficción o no, como este texto— en el que se promueva el ateísmo sí que me parece muy positiva. Se trata, no tanto de enfrentarse a las creencias de la gente como de sembrar la duda y ofrecer una alternativa. 

En cambio, perseguir a aquellxs que se distinguen por su teísmo, algo semejante (salvando las distancias) al hostigamiento, que derivaría en genocidio, que el partido nazi  hizo con la persecución del pueblo judío (aunque lo hacía por motivos racistas, no religiosos) o proscribir cualquier religión organizada —como ocurrió durante varias décadas del siglo XX, en la Albania de Hoxha—, son graves atentados contra los Derechos Humanos. 

De la misma forma también atenta contra los Derechos Humanos el hecho de que lxs teístas se empeñen en que creamos en sus dioses y de la forma que creen ellxs.

La Congregación del Infinito ha de ser una alternativa de paz. No podemos perseguir a teístas. Qué cada cual crea lo que quiera. Y si le hace feliz pensar que hay un dios vigilando sus actos, no hay ningún inconveniente para que siga, dentro de su estructura religiosa, con sus prácticas y creencias de siempre. 

Los colonizadores europeos pasaron siglos evangelizando con su inseparable religión cristiana a quienes habitaban las zonas colonizadas, sobre todo en los sitios donde se practicaba cualquier suerte de culto relacionado con la naturaleza. No tanto en los que dominaba una religión monoteísta y que debía ser respetada, como la musulmana. En unas áreas evangelizadas fundamentalmente a través de las lenguas europeas, hicieron proselitismo no solo de las creencias cristianas, también del sistema de valores que las acompañaba.

Oyèrónké Oyewùmí (1957) en su libro La invención de las mujeres nos explica como la sociedad yorùbá, pueblo del oeste de África que, además de en Nigeria, Benín, Ghana y Togo, está presente en otros países debido a la trata de personas esclavizadas, no se regía por criterios de género sino de antigüedad, ancianidad o senioridad y que fueron los misioneros los que impusieron su clasificación por géneros. Escribe: 

Para 1861, la biblia había sido traducida al Yorùbá, y la nueva élite cristiana se concentraba en la codificación de las costumbres, las tradiciones y la religión de la gente. Sin embargo, con frecuencia su visión estuvo seriamente coloreada por el cristianismo. Esto es particularmente notorio en relación al sexo. Tendían frecuentemente al sesgo androcéntrico en el lenguaje y la interpretación de las tradiciones Yorùbá. En las manos de seglares, teólogos y líderes cristianos de las iglesias Yorùbá, los pilares de la religión Yorùbá fueron masculinizándose. Olódùmarè3 comenzó a verse como “nuestro padre celestial”; si se les reconocía, las òrìṣà hembra se visualizaban nebulosamente con menos poder que los òrìṣà macho; y “nuestras ancestras y nuestros ancestros” se convirtieron en nuestros antepasados.

A lo largo de los siglos XIX (en la mayoría de Abya Yala) y XX, los grandes imperios coloniales fueron desarticulados y la mayor parte de las tierras ocupadas consiguieron liberarse y constituirse en Estados independientes, aun cuando hoy quedan colonias con cierto grado de autonomía. En todas, entre otras muchas cosas, quedó el efecto que causaron los misioneros.

Quienes habitábamos en el entonces Reino de España —un Estado plurinacional que, hoy todavía, sigue siendo un reino, a pesar del anacronismo y la profunda injusticia que caracterizan a la institución monárquica—, fuimos muy insistentes con la evangelización asociada indisolublemente a la cruel colonización. Entiendo que predicar —acabando con multitud de prácticas culturales locales— y extender alrededor del globo una religión surgida en el extremo occidente asiático, que consiguió, aproximadamente a los trescientos años de su llegada a Roma, ser la oficial del Imperio Romano (incluso para cuando este cayó había logrado arraigar en el continente europeo), fue una actividad muy perniciosa para las culturas colonizadas.

Quizá sea esa la razón por la que intento divulgar una alternativa como esta, porque me siento culpable del daño que causaron algunos de mis antepasados. Los procesos de colonización son un fenómeno histórico por el que, los Estados del injustamente llamado “viejo continente” que fueron colonizadores deberían pedir perdón a cada país del que fueron metrópoli. Son la causa de que encontremos una situación de colonialidad desde que terminaron los procesos de descolonización administrativa, situación en la que además, las empresas de las antiguas metrópolis siguen obteniendo beneficios de los territorios que eran colonias en un proceso de neocolonización.

En gran parte de las zonas que fueron colonizadas por países de Europa, el cristianismo en sus diferentes versiones determina la vida de una mayoría aplastante de habitantes4. Allí, en mi opinión, no van a tener nunca éxito los modelos de laicismo e irreligiosidad que se han seguido en este continente en el que escribo. Se necesitan estructuras diferentes. La organización propuesta en estas páginas puede ser una solución. Con ella lograríamos llegar a estratos de la sociedad que no acudirán jamás a centros comunitarios o sociales, que nunca formarán parte de sindicatos, asambleas permanentes, partidos políticos, asociaciones, grupos de consumo…

1 El viernes 15 de marzo de 2019, un supremacista cristiano atacó las congregaciones de las mezquitas de Al Noor y Linwood en la ciudad neozelandesa de Christchurch, causando 51 víctimas mortales.  https://es.wikipedia.org/wiki/Atentados_de_Christchurch_de_2019 

2 El sábado 27 de octubre de 2018, un extremista disparó contra la multitud reunida en la sinagoga Tree of life-Or L´Simcha Congregation de Pittsburgh (Pensilvania) durante los servicios matutinos del Shabat, matando a 11 personas. https://es.wikipedia.org/wiki/Tiroteo_de_la_sinagoga_de_Pittsburgh

3 Olódùmaré es el nombre dado al ser supremo, omnipotente y creador de todo lo que existe.

4 El cristianismo es mayoritario, pero de una forma menos absoluta que en otras territorios donde actuaron los misioneros, en Australia y Nueva Zelanda, antiguas colonias de poblamiento, en las que se instalaron una gran cantidad de habitantes de la metrópoli, para lo cual, la población autóctona fue masacrada hasta que se convirtió en una minoría. Crimen que también fue cometido en la mayor parte del norte de Abya Yala (Las Américas), en las tierras que se convertirían en EE.UU y Canadá, naciones más religiosas dada la importante raíz puritana de sus colonos.

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Pero verdaderamente ¿era indispensable una organización de carácter religioso? 4/10

El patriarcado durante milenios ha dominado ampliamente —y aún hoy domina— nuestros pensamientos y comportamientos. Uno de los instrumentos que ha usado para hacerlo son las religiones. Hace falta una nueva realmente diferente: atea/agnóstica (o no teísta), no dogmática y ecologista, que luche contra la supremacía blanca, este maldito orden patriarcal y la xenofobia. Una que, partiendo del respeto a la tierra y al medio ambiente en general, conociendo los límites del planeta y basándose en la igualdad de derechos y la no discriminación, pueda intentar disminuir la tristeza de la gente ante la desaparición de sus seres queridxs y aminorar la inquietud ante el futuro de su propia muerte, al tiempo que articula nuevas comunidades. Debemos intentar que los contextos en los cuales actuamos sean más igualitarios en este siglo y, si bien, siendo realistas, el androcentrismo va a continuar existiendo y hemos de perseverar en la lucha contra él, que ya no sea capaz de determinar tanto las vidas de las criaturas humanas. Las viejas religiones teístas (y no teístas) siempre lo han sostenido. Incluso en las últimas décadas, cuando sus cimientos han empezado a hundirse, han apuntalado el edificio. Instrumentos muy útiles para intentar impedir que siga siendo hegemónico son la discriminación positiva, la exigencia de paridad y la herramienta que yo llamo “listas cremallera no binarias”1

Que si la mujer salió de una costilla, que si no pueden oficiar misa, que si mujeres y hombres (por supuesto, para este tipo de caducas entidades no existen las personas de géneros no binarios) tienen que estar separadxs en los lugares de culto, que si no pueden realizar varias actividades, que si tienen que vestir con decoro, que si no pueden tocar instrumentos musicales, que si tienen que llevar en público el cabello cubierto con tela o peluca… Encuentro de muy mal gusto incidir en que una mujer haya tenido o no relaciones sexuales con penetración y, al no haberlo hecho, aludir a ella después como la Virgen de nosequé o la Virgen de nosecuantitos. Todo está organizado a partir de una terrible misoginia que logra obstaculizar las vidas de las mujeres. Intenta subyugarlas, pero como esto cada vez es más imposible, lo que consigue es ponerles impedimentos y dificultades en la tarea de equiparar su posición en la sociedad con la de los hombres.

Continuamente tenemos noticias de violencia contra las mujeres, de agresiones sexuales y de feminicidios. Son hechos contra los que toda la sociedad ha de seguir luchando cada día. Constituyen todo un sistema de terrorismo machista que se ha ido agudizando quizá como reacción al auge de los feminismos2, que tiene como resultado una enorme cantidad de mujeres muertas —también algunas criaturas, víctimas de la abominable violencia vicaria— y que logra infundir miedo a la mitad de la población. 

La Congregación del Infinito debe crear centros comunitarios autónomos donde haya, entre otros, grupos de mujeres en los que se impartan talleres feministas (de los cuales, el más necesario, a mi juicio, sería el de autodefensa para mujeres). La programación de esos centros, además de otros asuntos como su uso para encierros de protesta, sus pautas de limpieza o su horario de apertura, serán decididos por su propia asamblea. Se podrían realizar en ellos, talleres abiertos a todo el público de: agricultura ecológica, permacultura3 (también la urbana), Derechos Humanos y de la igualdad, reparación de bicis, idiomas, cocina vegana, juegos de mesa… Los talleres funcionan como actividades en las cuales, además de aprender, es fácil que socialicemos. 

Igualmente, en cada centro comunitario sería deseable que se reuniese un grupo LGTBQIA+. También se pueden impartir talleres de autodefensa, específicamente dirigidos a quienes nos identificamos dentro del acrónimo. Quizá así, antes de agredirnos, se lo piensen dos veces. Hemos de conseguir que mujeres y disidentes sexuales o de género sean efectivamente respetadxs. Podría suceder que intuyendo que formamos parte de una organización que debería a ser grande, esos machos acostumbrados al uso de la fuerza, no cometan unas agresiones violentas que en ocasiones se convierten en asesinatos y que frecuentemente tienen como víctimas a mujeres cis y trans o personas de géneros no binarios. Es posible que esto nunca ocurra. No obstante, merece la pena intentarlo.

Todas las organizaciones no feministas adolecen de un tremendo exceso de representación masculina (a menudo señoros o machirulos) en sus cuadros dirigentes. Esta es la condición que produce el verdadero borrado de las mujeres. Demasiadas mujeres que se definen como feministas radicales, aceptan doctrinas tránsfobas y se centran en luchar contra quienes apoyan la causa queer que, por otra parte, también pueden ser feministas radicales. Toda esta lucha a quien beneficia, sin duda, es a los agentes del patriarcado.

Lxs que no vivimos como el sistema patriarcal esperaría, hemos de exhibir más unión, empoderarnos y proyectar una imagen de fuerza, pero para ello tenemos que dejar atrás el individualismo exacerbado que ha sido predominante desde hace bastantes décadas. Debemos organizarnos mejor, al menos de un modo tan eficaz como el de aquellxs que se encuentran todos los fines de semana en sus diferentes templos. En torno a una entidad religiosa radicalmente diferente a las que conocemos, lo conseguiríamos y podríamos lograr que se formasen multitud de comunidades —autogestionadas y con fuertes relaciones de cuidados entre sus integrantes— de mujeres, personas de géneros no binarios y hombres.

Es indignante comprobar la cantidad de víctimas provocadas en el mundo por las violencias machistas, las agresiones racistas y las que van dirigidas a LGTBQIA+ y está en nuestra mano construir un movimiento fuerte que pueda amedrentar en algún caso a la gente que las comete.

A lo largo de la historia han sido casi siempre los hombres teístas quienes han provocado grandes derramamientos de sangre alrededor del globo. Principalmente hay dos actitudes ante las situaciones que nos generan un fuerte rechazo o con respecto a quienes actúan de una forma que nos disgusta. Se puede acosar, perseguir, matar y ocasionar grandes masacres o cabe ofrecer una alternativa. Los fieles de las viejas religiones místicas y de las revelaciones, a menudo han tomado el primer camino. Este texto intenta seguir el segundo: como cada vez somos más quienes rechazamos ciertas dimensiones antiguas y opresoras de la cultura, es hora de proponer otras diferentes más actuales y emancipadoras.

Lo que daña las sociedades no es tanto la existencia de unas organizaciones de carácter religioso, como la creencia en unos dioses omnipotentes que nos observan y juzgan. Lo más habitual en los ámbitos cristiano, judío y musulmán, si no se está en contacto con otros sistemas espirituales no teístas como el budismo, es pensar —incluso siendo no creyente— que me estoy refiriendo a dos fenómenos iguales, pero no lo son. Uniéndonos en torno a una que sea atea/agnóstica (mas no dogmática, como mínimo no teísta) les podemos demostrar que esto no es así y que tenemos la capacidad de añadir comunitarismo a nuestra cultura. Seguramente conseguiríamos influir de manera positiva en las sociedades.

También, ha habido momentos en la historia en los que los no teístas han sido muy crueles. Es cierto que en el Japón del siglo XVII —que se podría calificar como una cultura animista, ya que el sintoísmo que allí se practica reúne las características para ser llamado así— las autoridades aplicaron tortura y ejecutaron a numerosos misioneros cristianos4. Igualmente es cierto que estos misioneros eran extranjeros que estaban convirtiendo gente a una religión que entonces era muy fundamentalista. Pese a que nada justifica torturas ni ejecuciones, al juzgar estos hechos hay que tener en cuenta la mentalidad del Japón de esa época.

La Congregación del Infinito nunca podría ejercer tal represión porque pone la vida en el centro y defenderá los Derechos Humanos. Mi intención al escribir esto tampoco es desatar la cristianofobia ni la islamofobia, ni el antisemitismo, ni la hindufobia, ni ningún sentimiento semejante. En ocasiones, aquellos que no creen en las religiones teístas ejercen la violencia y la discriminación hacia teístas, como en el caso de China con lxs uigures, que son hostigadxs y, a veces obligadxs a ingresar en campos de reeducación; o como ocurre en Birmania/Myanmar, de mayoría budista, con el genocidio que se cometió y el acoso que ha hecho que miles de rohinyá se exiliasen en el vecino Bangladés. Tanto uigures como rohinyá tienen creencias musulmanas. Son contadas las veces en las que se produce un acoso así. Generalmente se dan otro tipo de relaciones: teístas que persiguen a no teístas; o teístas de una religión que ejercen violencia (incluso cometiendo actos de terrorismo) hacia lxs de otra; o teístas de determinada secta hostigan a quienes profesan una versión diferente de la misma creencia, como en el caso de cristianos protestantes y católicos en Irlanda del Norte o los conflictos entre musulmanes chiíes y suníes.

 1 Unas listas en las que se alternan hombres con mujeres que, en cualquier caso, podrían ser sustituidos o sustituidas por personas de géneros no binarios.

2 Al respecto Rita Segato en su texto de 2017 La guerra contra las mujeres sostiene que una función de los feminicidios en México es atemorizar y servir de ejemplo.

3 Como explican en esta web la permacultura es un “sistema de diseño agrícola y social que busca crear sistemas sostenibles y regenerativos que trabajen en armonía con la naturaleza”. A pesar de lo que pueda parecer por esta definición es muy diferente a la agricultura ecológica.  https://www.plataformatierra.es/innovacion/que-es-y-como-funciona-la-permacultura

4 Sobre este hecho hay una novela histórica muy interesante: Silencio, de Shusaku Endo de 1966, que fue adaptada en 2017 al cine por Martin Scorsese.