A lo largo de la historia han sido casi siempre los hombres teístas quienes han provocado grandes derramamientos de sangre alrededor del globo. Principalmente hay dos actitudes ante las situaciones que nos generan un fuerte rechazo o con respecto a quienes actúan de una forma que nos disgusta. Se puede acosar, perseguir, matar y ocasionar grandes masacres o cabe ofrecer una alternativa. Los fieles de las viejas religiones místicas y de las revelaciones, a menudo han tomado el primer camino. Este texto intenta seguir el segundo: como cada vez somos más quienes rechazamos ciertas dimensiones antiguas y opresoras de la cultura, es hora de proponer otras diferentes más actuales y emancipadoras.
Lo que daña las sociedades no es tanto la existencia de una serie de organizaciones de carácter religioso, como la creencia en unos dioses omnipotentes que nos observan y juzgan. Lo más habitual en los ámbitos cristiano, judío y musulmán, si no se está en contacto con otros sistemas espirituales no teístas como el budismo, es pensar —incluso siendo no creyente— que me estoy refiriendo a dos fenómenos iguales, pero no lo son. Uniéndonos en torno a una que sea atea/agnóstica (mas no dogmática, como mínimo no teísta) les podemos demostrar que esto no es así y que tenemos la capacidad de añadir comunitarismo a nuestra cultura. Seguramente conseguiríamos influir de manera positiva en las sociedades.
También, ha habido momentos en la historia en los que los no teístas han sido muy crueles. Es cierto que en el Japón del siglo XVII —que se podría calificar como una cultura animista, ya que el sintoísmo que allí se practica reúne las características para ser llamado así— las autoridades aplicaron tortura y ejecutaron a numerosos misioneros cristianos1. Igualmente es cierto que estos misioneros eran extranjeros que estaban convirtiendo gente a una religión que entonces era muy fundamentalista. Pese a que nada justifica torturas ni ejecuciones, al juzgar estos hechos hay que tener en cuenta la mentalidad del Japón de esa época.
La Congregación del Infinito nunca podría ejercer tal represión porque pone la vida en el centro y defenderá los Derechos Humanos. Mi intención al escribir esto tampoco es desatar la cristianofobia ni la islamofobia, ni el antisemitismo, ni la hindufobia, ni ningún sentimiento semejante. En ocasiones, aquellos que no creen en las religiones teístas ejercen la violencia y la discriminación hacia teístas, como en el caso de China con lxs uigures, que son hostigadxs y, a veces obligadxs a ingresar en campos de reeducación; o como ocurre en Birmania/Myanmar, de mayoría budista, con el genocidio que se cometió y el acoso que ha hecho que miles de rohinyá se exiliasen en el vecino Bangladés. Tanto uigures como rohinyá tienen creencias musulmanas. Son contadas las veces en las que se produce un acoso así. Generalmente se dan otro tipo de relaciones: teístas que persiguen a no teístas; o teístas de una religión que ejercen violencia (incluso cometiendo actos de terrorismo) hacia lxs de otra; o teístas de determinada secta hostigan a quienes profesan una versión diferente de la misma creencia, como en el caso de cristianos protestantes y católicos en Irlanda del Norte o los conflictos entre musulmanes chiíes y suníes.
Pareciera que el ateísmo/agnosticismo y la irreligiosidad fueran actitudes que solo tienen éxito en algunas partes del occidente que se enriqueció, y por tanto mayoritariamente de blancxs y de determinados países. Pero ni estas dos posturas son exclusivas de los territorios enriquecidos ni lxs migradxs deberían adoptarlas para “integrarse mejor” en sus lugares de acogida. La organización aquí propuesta tiene que acabar con todas estas ideas preconcebidas, ha de desplegarse en diversos países y podría ser anticolonial, si se constituye en una alternativa al laicismo individualista que se va volviendo hegemónico en varias naciones enriquecidas, al tiempo que también debe suponer una nueva opción diferente a las que ofrecen las religiones teístas. Un sendero necesario para demostrar que no hace falta ser individualista para no creer.
Al intentar levantar esta estructura no trato tanto de oponerme a las redes religiosas tradicionales, como de construir un arma defensiva frente a esa brutal cantidad de racistas, generalmente machistas, xenófobos y LGTBfobos que proliferan por todas partes, pero especialmente en esos reservorios de supremacismo blanco (localidades con un porcentaje alto de sus habitantes a favor de la omnipresente supremacía blanca) que encontramos sobre todo en Europa, norte de Abya Yala (América), Rusia, Australia y Nueva Zelanda.
El laicismo ha sido utilizado en algunos casos por la derecha y la ultraderecha para justificar la islamofobia. Esta, en los emplazamientos donde no estaban acostumbradxs a la convivencia con practicantes del islam, se ha convertido en una extendida fobia que ha acabado revelándose además como una fuente de rechazo hacia lxs extranjerxs. Tiene como efecto que las personas percibidas —habitualmente basándose en estereotipos— como de origen árabe, norteafricano, asiático-occidental o asiático-central, se conviertan en sospechosas (sobre todo en el transporte público) de cometer actos de terrorismo y que la gente blanca en general desconfíe de quienes exhiban indicios que les lleven a pensar que son musulmanxs. Esta fobia invisibiliza a otrxs seguidorxs de esta religión negrxs, del sudeste asiático, rusxs, europexs…
La islamofobia es una constante en los países occidentales, aunque donde causa realmente estragos es en los orientales. Solo es necesario recordar la persecución a uigures, el genocidio rohinyá, o los constantes disturbios en India para verlo. Su auge y su relación con ambientes laicistas es una de las razones que hace que me parezca más interesante una religión atea/agnóstica que un ateísmo/agnosticismo sin religión o un pseudolaicismo en el que las creencias se circunscriben al ámbito de lo privado. Esto último tiende a mostrarse como una actitud esencial actualmente en la mayoría de países en los que es hegemónica la cultura occidental.
Con el posible efecto de disuadir a algunos de los que queman en público ejemplares de El Corán —terrible acto que desde sectores musulmanes ha sido comparado con que alguien se dedicase a quemar la bandera LGTBQIA+—, es urgente ofrecer una alternativa a todxs lxs que que no se sienten aceptadxs por las viejas religiones teístas y patriarcales.
Ante las abundantes acciones terroristas islámicas o ante acciones terroristas supremacistas cristianas, como la ocurrida en Cristchurch (Nueva Zelanda) en 20192 o la sucedida en Pittsburgh (Pensilvania, EE. UU.) en 20183, estimo que es más útil condenar los ataques en sí que el conjunto de creencias que sirve de pretexto para que se cometan.
Las viejas religiones místicas y de las revelaciones se rigen por unos preceptos muy anticuados. No las considero positivas, pero resultan verdaderamente negativas cuando en algún lugar solo una de ellas determina la vida de la gran mayoría de la gente. Son peligrosas en el momento en que se asocian a las bombas y a las armas, sobre todo en las ocasiones en que los mismos Estados, con el considerable poder coercitivo del que disponen (ejército, educativo, legal o medios de comunicación, por ejemplo), se presentan como garantes de una de ellas o cuando se organizan grupos terroristas para “defender” sus preceptos.
Actúan casi siempre como vectores para propagar el conservadurismo. Incluso cuando parece que no lo hacen o que están trabajando por quienes son más pobres, transmiten una visión de las relaciones humanas que se apoya en un trato diferente según te adscriban a uno u otro género. Es hora de que haya una organización que también asista a lxs que lo necesitan pero desde posiciones menos anticuadas y que tiendan más al igualitarismo.
En algunos casos, el laicismo resulta opresor en vez de ser liberador. Es la situación a la que se enfrentan multitud de migradxs o personas ya nacidas aquí pero con ascendientes de otros países, que interactúan en unas culturas en las que la religión es la norma y chocan con unas instituciones, que prohíben el uso de determinadas prendas en nombre del laicismo, como en los conocidos casos en los que no se ha permitido la entrada de niñas a escuelas por llevar el hiyab en Francia. Sucesos islamófobos similares han ocurrido varias veces en diversos países, sin embargo, frecuentemente de lo que se trataba en realidad, era de casos de xenofobia.
En mi opinión, no es positivo intentar disuadir a quienesquiera que así lo crean, de la convicción de que son escuchadxs por un dios. Es una mala costumbre que molesta particularmente a teístas que forman parte de una minoría. Yo, comparo descubrir esta realidad con el desengaño que sufres en el momento en el cual, siendo todavía una criatura te das cuenta de que el Ratoncito Pérez, Ratón o Hada de los Dientes, Papá Noel-San Nicolás-Santa Claus, los Reyes Magos —-con esa historia que se cuenta a lxs niñxs de que lxs ven todo el año si se portan mal (tan parecida a la de Dios)— no existen. Quizás sea porque empecé a no creer en Dios a raíz de descubrir esas mentirijillas. Llegar a la conclusión de que es otra creación cultural puede ser un hecho harto desagradable y suponer una grandísima decepción —aunque hay no teístas que no la sufren, sino que experimentan un gran alivio al pensar en ello— similar a las de la época infantil pero mucho más intensa. En resumidas cuentas, tomar conciencia de que no somos tan especiales y de que no nos acompaña ningún dios (si acaso existe), desencadena un descubrimiento que, cuando eres teísta, suele producir tristeza o rabia y que debería averiguar cada cual por sí mismx, al reflexionar tras recibir cualquier mensaje que pueda inducir a tal pensamiento. No porque alguien se lo diga, se lo imponga o le fuerce a no creer. La edición y difusión de cualquier producto cultural —de ficción o no, como este texto— en el que se promueva el no teísmo sí que me parece muy positiva. Se trata, no tanto de enfrentarse a las creencias de la gente como de sembrar la duda y ofrecer una alternativa.
En cambio, perseguir a aquellxs que se distinguen por su teísmo, algo semejante (salvando las distancias) al hostigamiento, que derivaría en genocidio, que el partido nazi hizo con la persecución del pueblo judío (aunque lo hacía por motivos racistas, no religiosos) o proscribir cualquier religión organizada —como ocurrió durante varias décadas del siglo XX, en la Albania de Hoxha—, son graves atentados contra los Derechos Humanos.
De la misma forma también atenta contra los Derechos Humanos el hecho de que lxs teístas se empeñen en que creamos en sus dioses y de la forma que creen ellxs.
1 Sobre este hecho hay una novela histórica muy interesante: Silencio, de Shusaku Endo de 1966, que fue adaptada en 2017 al cine por Martin Scorsese.
2 El viernes 15 de marzo de 2019, un supremacista cristiano atacó las congregaciones de las mezquitas de Al Noor y Linwood en la ciudad neozelandesa de Christchurch, causando 51 víctimas mortales. https://es.wikipedia.org/wiki/Atentados_de_Christchurch_de_2019
3 El sábado 27 de octubre de 2018, un extremista disparó contra la multitud reunida en la sinagoga Tree of life-Or L´Simcha Congregation de Pittsburgh (Pensilvania) durante los servicios matutinos del Shabat, matando a 11 personas. https://es.wikipedia.org/wiki/Tiroteo_de_la_sinagoga_de_Pittsburgh
