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Infinito

No olvidemos la inmensidad del universo 3/4

Ante la recurrente pregunta sobre si la humanidad de la Tierra constituye la única civilización en la galaxia, la respuesta a la que nos conduce la probabilidad es la negativa. Sin embargo, eso plantea el problema que se conoce como paradoja de Fermi. Dicha contradicción establece que, dada la gran cantidad de estrellas que existen en la Vía Láctea, así como la de planetas y demás cuerpos aptos para la vida, han de habitar en ella varias civilizaciones extraterrestres. Alguna nos tendría que haber visitado ya o, al menos, haberse dado a conocer enviando una señal a través de años luz. Sin embargo, ni siquiera hemos encontrado una transmisión de radio de alguna de estas culturas con los proyectos SETI1. Hay una serie de hipótesis que intentan responder al enigma de que esto no haya sucedido: una es que las distancias son demasiado grandes para hacerlo y que, en realidad, solo hemos llegado a rastrear un sector muy pequeño de nuestra galaxia; otra es que ni su tecnología ni los recursos naturales de sus planetas fuesen capaces de permitir los viajes ni las comunicaciones interestelares; quizá haya un gran filtro que impida que las diferentes culturas lleguen a desarrollarse tanto como para comunicarse a gran distancia y conocer civilizaciones en otros planetas; puede que se comuniquen de una forma muy distinta a la nuestra, o sea que no hayamos usado un lenguaje inteligible por quienes nos pudiesen escuchar; es posible que sepan de nuestra existencia pero se mantengan en silencio hasta que nuestra cultura esté más avanzada…Tenemos hasta una propuesta de explicación conocida como la del Bosque Oscuro que viene a decir que todas las civilizaciones planetarias se mantienen ocultas y que la que llama la atención sobre su existencia es exterminada. 

El caso es que por ahora la Tierra se encuentra en la más absoluta soledad.

Se escuchan relatos que intentan negar una de las premisas de esta paradoja: no solo nos estarían visitando extraterrestres, sino que además abducirían a algunas criaturas humanas, hecho que estarían investigando diversas agencias gubernamentales pero habrían acordado un pacto de silencio que funcionaría pese a las ambiciones internacionales de cada Estado. 

También se oyen las voces de quienes no comparten el otro punto de partida. Sostienen que no hay tal paradoja porque no hay otra civilización en la galaxia. La vida sería un fenómeno que se produce solo aquí y por eso no hemos recibido ninguna visita ni hemos captado ninguna transmisión. Es la ya mencionada “Hipótesis de la Tierra rara”. Para sus defensorxs, la Tierra sería, en ese aspecto, un lugar sin igual. A mí me recuerda poderosamente a la idea de “pueblo elegido por Dios” de la doctrina que encontramos en el Antiguo Testamento.

Tal vez la vida en el universo sea un estado de la materia mucho más difícil de mantenerse en el tiempo de lo que se pensaba cincuenta años atrás, en la época de Carl Sagan, pero eso no significa que las nuestras sean las únicas formas de vida inteligente y capaces de comunicarse a grandes distancias que ahora existan en la galaxia. Es muy posible que se desarrollen varias en cada una pero ya es más improbable que puedan coincidir en el mismo instante y existen ínfimas posibilidades de que, a través de inmensas distancias,  lograsen contactar.

Sin duda el planeta en el que vivimos es muy especial y, además de su apropiada composición, configuración y estructura (agua, atmósfera, campo magnético…), se dan unas condiciones aparentemente únicas para que la vida surja y se mantenga en él, como por ejemplo, que no sufra el impacto de demasiados meteoritos (en nuestro caso muchos son atraídos por un gigante gaseoso como Júpiter); que se encuentre en una zona con baja radiación cósmica; que orbite en la zona de habitabilidad de una estrella estable (concretamente, que no produzca grandes fluctuaciones en la cantidad de energía que le envía) o que se ubique en un lugar relativamente libre de supernovas; la presencia de una gran luna estabilizadora o la existencia de una tectónica de placas, entre otras no citadas aquí;. Pero el número de astros habitables en la galaxia es tan apabullante que es fácil llegar a la conclusión de que la Tierra no puede ser el único cuerpo de ella que vaya a albergar vida con conciencia de sí misma y capaz de comunicarse a grandes distancias. Y menos aún en el universo. Las “condiciones únicas” del planeta Tierra para que surja la vida, aunque no lo podamos comprobar, seguramente no lo sean tanto. Se calcula que la Vía Láctea tiene entre 200.000 millones y 400.000 millones de estrellas, y que gran cantidad de ellas tienen alrededor planetas o  satélites habitables. De acuerdo, la mayoría serán desiertos sin vida. Pero la probabilidad nos dice que esta excepcionalidad del globo terráqueo es irreal.

En 2023, mediante las imágenes obtenidas por el telescopio espacial James Webb, se observó que en el exoplaneta, que se supone hicéano2, K2-18b —ubicado a 124 años luz en nuestra galaxia3— hay dimetil sulfuro (DMS). En una nueva observación, dos años más tarde, además de aumentar la confianza estadística en la presencia de DMS, se  registró dimetil disulfuro de (DMDS). Estos compuestos en la Tierra solo son producidos por organismos vivos. Parece que la absoluta singularidad no era tal.

Ya en 2026, tenemos que ser conscientes de que más pronto que tarde alguno de nuestros telescopios logrará examinar con claridad alguna estructura espacial de las sospechosas de ser artificiales y la paradoja de Fermi se convertirá en un planteamiento del pasado. 

La verdad es que podríamos desaparecer súbitamente como efecto de algún imprevisible evento espacial: un cambio en la órbita terrestre, el desplazamiento del sistema solar hacia una fuente de radiación cósmica, la colisión con un objeto de grandes dimensiones, un cometa, un planeta o estrella errante, una modificación repentina en el astro que nos alimenta, un inesperado brote de rayos gamma en nuestra galaxia, la activación repentina de un cuásar cercano o cualquier suceso aquí no citado. Por eso, mientras tales fenómenos no sucedan, me parece un despropósito dedicar nuestro tiempo y nuestros esfuerzos a adorar a un ser posiblemente imaginario y que, en caso de que exista, no va a escucharnos.

La hipótesis de la panspermia propone que la vida en el planeta Tierra surgió a partir de material contenido en meteoritos procedentes de cometas o asteroides que viajan entre distintos sistemas estelares. Estos irían difundiendo organismos vivos por el universo que en el medio adecuado podrían evolucionar hasta la autoconciencia. En las diferentes galaxias es probable que existan enormes cantidades de civilizaciones parecidas a la terráquea, si no las hay iguales. Poseen de media una cantidad que oscila entre 107 y 1014 de estrellas y algunas disponen de planetas y satélites capaces de albergar vida. En el universo observable se calcula que hay 2•1012 galaxias.

Podemos contemplar la inmensidad del cosmos y desde esa perspectiva es fácil llegar a la conclusión de que somos insignificantes. Esta constatación se produce al reflexionar sobre el hecho de que nuestra civilización solo ocupe un planeta y nuestra especie también, al menos según nuestros actuales conocimientos. También es adecuado calificarnos como irrelevantes, en el sentido de que no somos el centro del universo como se creyó durante mucho tiempo. Hay quienes todavía lo creen, al menos figuradamente, pero la realidad es que tenemos muy poca capacidad de actuación en él.

Con la Congregación del Infinito, le restaríamos importancia a unos teísmos que surgieron en las antiguas culturas. Por ejemplo, el cristianismo apareció en una provincia romana, aunque con el tiempo se convirtió en la religión oficial del Imperio posterior. Esto facilitó su implantación en Europa, hecho que desembocaría siglos después en su expansión mundial a través del colonialismo, hasta llegar a su desmesurada dimensión actual. Unos teísmos que pese a que hoy están muy extendidos, no dejan de mostrar muchas características que responden al hecho de partir de una raíz local. Nos pondríamos al nivel, al menos en cuanto a creencias se refiere, de cualquier civilización que quisiese ponerse en contacto con la raza humana. Ahora sería el momento perfecto, pues la Tierra ha de soportar las necesidades de alrededor de 8.200 millones de individuxs (algunxs de lxs cuales se han acostumbrado a consumir demasiado); las guerras, el sufrimiento y la desigualdad crecen; nos podríamos destruir con las armas nucleares (como se sabe desde hace décadas) y hemos traspasado varios de los límites del planeta, esquilmado sus recursos, cambiando rápidamente su clima, contaminando numerosos ecosistemas, así como llevando a la extinción a multitud de especies.

Es muy presuntuoso pensar que en un rincón de la Vía Láctea, en un planeta llamado Tierra, el tal Dios le dio unas tablas con los diez mandamientos a un señor llamado Moisés o se hizo carne en la figura de Jesucristo en un país determinado. A esto se añade que la vieja leyenda palestina es una historia que privilegia a las criaturas humanas —a quienes se supone que Dios hizo a su imagen y semejanza— sobre el resto de seres vivxs del planeta. Y dentro de ellas a los varones. Dejarse llevar por semejantes creencias  implica caer en un ego-andro-antropocentrismo que, como siempre, es machista y especista. 

En la versión más ecuménica del cristianismo, Dios se habría revelado en las diferentes regiones del mundo a través de sus religiones. Pero pensar en un dios mostrándose a todas las civilizaciones del universo y encarnándose en algunas de ellas parece tan absurdo como hilarante.

Lo mismo que ocurre con la vieja leyenda palestina, sucede con el varias veces milenario mito hebreo, el vetusto relato mahometano o las antiquísimas historias hindúes. Puede que hace más de mil años consiguieran explicar la realidad pero hoy ya no. Solo tenemos a la ciencia para ir explicando parcelas de ella.

1 SETI es el acrónimo en inglés de Search for Extra Terrestrial Intelligence (búsqueda de inteligencia extraterrestre). Hay muchos proyectos SETI aunque los primeros surgieron en la década de 1970 bajo el patrocinio de la NASA. En 2015 comenzaron escuchas de radiofrecuencias y observación visual de posibles tecnologías LASER usadas en el espacio dentro del proyecto Breakthrough Listen, ampliando en 2025 la búsqueda a exoplanetas previamente seleccionados.

2 Hicéanos son aquellos exoplanetas (planetas más allá de nuestro sistema solar) que están, completamente o casi en su totalidad, cubiertos por agua líquida.

3 Todos los exoplanetas cuyo descubrimiento ha sido posible con los actuales telescopios se ubican en la Vía Láctea. Se asume que habrá muchos más en otras galaxias pero no se puede comprobar.